El portal cultural de la Fnac

Maneras de morir

Rodrigo Cortés

Su interés por la dirección se despierta muy temprano: a los 16 años ya había rodado su primer corto en súper-8. En julio de 1998 realiza el cortometraje YUL, que obtiene una veintena de galardones internacionales, y, en 2001, 15 DÍAS, mítico falso documental que se convierte en el cortometraje más premiado de la Historia del cine español en ese momento. Experimenta con diferentes creaciones y piezas reconocidas en festivales online. CONCURSANTE, su primer largometraje, se estrena en el Festival de Málaga en marzo de 2007, donde obtiene varios galardones, incluyendo el Premio de la Crítica a la Mejor Película. BURIED (Enterrado), que conmocionó a crítica y público en el Festival de Sundance de 2010, se estrena a la vez en 52 países y más de 4.000 salas. Su tercera y última película hasta la fecha, LUCES ROJAS, con Cillian Murphy, Sigourney Weaver y Robert de Niro, se estrenó en España el pasado mes de marzo y llegará a las pantallas de más de 60 países a lo largo de 2012 y 2013.

Estoy con...

"En algún lugar del tiempo", de Richard Matheson.

Un hombre de nuestros días consigue viajar a 1896  para conocer a la mujer de su vida. «Al principio no noté ningún cambio. Me quedé tendido boca arriba, inmóvil, con la cabeza y el cuerpo entumecidos, como si hubiera bebido demasiado». La obra más romántica de Richard Matheson, sin renunciar a su habitual rigor y casi infinita capacidad evocadora.

¿Por qué nadie quiere leer tu guión?

Publicación: 07/05/2013

Hace varios meses recibí un mail de un joven guionista solicitando consejo sobre el funcionamiento de las agencias de talento en Estados Unidos. Como pude y supe, traté de proporcionarle algunas claves y le deseé suerte. Pero sobre todo intenté transmitirle lo prioritario de situarse en la realidad del tablero y trascender las fantasías que a menudo genera quien sueña con llegar a un lugar que poco o nada tiene que ver con el que, como espectador, imagina.

Unas semanas más tarde, me escribió de nuevo para contarme cómo le había ido en su primer tanteo. Y para preguntar si conocía a alguien dispuesto a leer su libreto. Quería escuchar una opinión profesional «brutalmente sincera y directa».

Aunque lo cierto es que no conocía personalmente a mi interlocutor, nobleza obliga: he llegado a llorar de risa con un blog singular del que es autor, y eso merece agradecimiento. Su modo de expresarse era además respetuoso, sin la exigencia disfrazada de cortesía con que la mayoría reclama atención inmediata. De modo que le remití una pequeña explicación sobre las razones por que, en mi opinión, nadie parecía dispuesto a dedicarle lo que, al fin y al cabo, sólo eran dos horas de su tiempo. Razones que ahora transcribo con la esperanza de que aclaren alguna de las dudas que el guionista en formación a menudo se plantea.

Para preservar la identidad de nuestro interlocutor, le llamaremos, por supuesto, Sagitario. Lo cual es, seguramente, mentira. Y sin duda mala idea.

 

Estimado Sagitario:

Estas semanas (casi siempre, en realidad) estoy cargado de trabajo, a punto, además, de salir de viaje. Pero no quiero correr el riesgo de que tu mail se quede en uno de esos limbos paralizadores que te impidan avanzar o retroceder. Intento, pues, abrir un hueco y que sea lo que Dios quiera...

Lo que me cuentas que te pasa es, más o menos, lo que pasa. Sobre todo cuando empiezas. Desde el punto de vista personal (el que cuenta, me dirás), todo lo que uno hace es, legítimamente, importante. Además del fruto de un largo esfuerzo. Así que qué menos que alguien dedique un par de horas de su tiempo a valorarlo. Pero lo que sucede en la práctica es que esa gente que debería abrir un hueco en su agenda por su propio bien, no nos necesita. Si recurrimos a ellos es porque les va bien en lo suyo y querríamos que nos permitieran subir a su tren. Pero ellos no están especialmente ansiosos por que nos subamos a ninguna parte: su tren anda bien como anda, con un montón de gente a bordo que, por lo visto, se las apaña bien sin nosotros. Eso no significa que no estén interesados en conocer nuevos talentos, claro, todos saben que su trabajo depende en gran medida de ir renovando el vagón. Es sólo que no tienen la prisa ni la ansiedad ni la necesidad ni la urgencia por hacerlo que sentimos nosotros desde el otro lado.

Lo difícil es conseguir que el otro tenga una razón para leerte. Un motivo. Y eso, que es más fácil cuando se han demostrado cosas, SIEMPRE es complicado la primera vez.

En mi caso personal, hice algunos cortos. Los escribí, dirigí, produje: era el único modo de crear una situación determinada en lugar de esperarla. Tuvieron éxito, ganaron premios, viajaron, hicieron algún ruido…, pero no abrieron ninguna puerta mágica; el teléfono no se descompuso en una negra nube de humo. Honestamente: no llamó nadie. En EE.UU. las cosas son distintas, es cierto: si has demostrado algo una vez, habrá gente interesada en comprobar si puede beneficiarse de ello. Aquí somos más perezosos, altivos e irresponsables, consideramos que si los demás nos buscan es porque tenemos el don de dar o quitar la vida, de modo que no nos vemos como buscadores de talento sino como magnánimos dispensadores de oportunidades. Pero ni allí ni aquí va a venir nadie a buscarte, ni siquiera en beneficio propio, si no has demostrado, insisto, algo. Podríamos dedicar semanas a hablar del inevitable círculo vicioso que esto supone y lo injusto del mundo real; pero aunque una parte se debe a la mediocridad y la desidia, otra es simplemente natural y obedece a razones fáciles de entender.

En tu caso, como guionista, es más difícil que seas el motor de tus proyectos: dependes de otras figuras. Es más difícil que hagas, por ejemplo, ese famoso cortometraje que despierte un determinado apetito en otros. En España es aún poco común el trabajo de encargo: los directores suelen ser el motor principal de sus proyectos, y cuando algunos productores desean desarrollar una historia prefieren partir de un concepto propio (con propio me refiero a la adaptación de un tebeo), buscando a un guionista que lo desarrolle. Como en otros órdenes de la vida, acaban recurriendo a quienes conocen, en un círculo de confianza reducido y a menudo endogámico. O a alguien que ha hecho algo parecido en el pasado con razonable fortuna. O incluso sin ella. Por eso lo difícil es, en el fondo, «entrar». Y eso explica que a menudo alguien sin especiales capacidades trabaje de forma regular hasta que cambia la moda, el hábito o la inercia. O la pereza determina otra elección por razones igualmente indolentes. Cuando recorres el circuito de festivales con un cortometraje, por ejemplo, puedes conocer a compañeros, miembros del jurado, organizadores, cineastas, actores. Llegado el momento, tal vez desempolves una tarjeta y quites la funda al móvil: «¿te acuerdas de mí?, soy el que te vomitó en la playa, ¿te gustaría leer algo?». Que es lo que estás haciendo ahora conmigo. Si tienes una buena relación con esa persona, quizá lea tu guión, quizá incluso con genuino interés si sus recuerdos le devuelven una imagen interesante de ti o zumba su sentido arácnido. Y, si encuentra en tu guión algo especial, quizá quiera que alguien le eche un ojo.

Aun así, la concatenación de variables que tiene que darse del modo más favorable para que todo culmine en una película acabada dos años más tarde es tal que siempre te moverás en las procelosas aguas de lo estadísticamente improbable. Y no hay fórmulas mágicas.

Al final, todo se basa en mantener una absoluta determinación; profunda, honda, innegociable; que va haciendo que las circunstancias se den y acabe abriéndose una grieta, a menudo estrecha, en ese muro insalvable. No hay fórmulas, insisto: sólo constancia, sensatez, determinación, responsabilidad individual, ubicación, interpretación correcta de la realidad, esfuerzo y, aún más importante: sostenimiento de ese esfuerzo en el tiempo...

Si además tienes talento, claro, mucho mejor: es un valor del que la mayoría carece y que, con suerte, percibirá quien haya desarrollado cierta sensibilidad para separar el grano de la paja; y al menos un puñado de quienes deseas se asomen a tu guión tendrá esa sensibilidad (tal vez por eso está en esa posición que deseas). Luego viene lo de matar al padre, claro, pero es más adelante, se explica en Eva al desnudo y resulta ahora irrelevante.

Me preguntas si conozco a quien podría leer tu guión. Me ofrezco a hacerlo si así lo deseas, pero te anticipo que no podré abordarlo en un largo, largo tiempo: estoy más ocupado de lo que mi cerebro en fuga admite y apenas puedo atender mis propias obligaciones. Si me ofrezco a —cuando pueda— leerlo personalmente es porque tu blog revela una mirada incisiva y porque no sería muy honesto pasárselo a nadie sin haberlo leído antes, ¿no crees?; si alguien me preguntara: «¿por qué quieres que lo lea?», sólo podría responder: «porque no tengo tiempo de hacerlo yo, y, aunque no puedo saber si es bueno o malo, he pensado que tu tiempo es menos importante que el mío y podrías averiguarlo».

Sé, por fin, consciente de una cosa: cuando le enseñas a alguien tu trabajo y le pides que sea «brutalmente sincero y directo», en realidad SÓLO quieres que te diga lo acojonante que es. Puedes aprender mucho sobre eso en este artículo de Josh Olson: http://blogs.villagevoice.com/runninscared/2009/09/i_will_not_read.php

Un abrazo y mucha suerte.

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My come from is Spain

Publicación: 20/02/2013

Por lo visto, hay un montón de gente que, en otros países, habla otras lenguas. Al parecer, no es para ofender a nadie, y por lo visto la mayoría son útiles. En cada nación, es cierto, tienden a expresarse en la suya (en lugares especialmente descontrolados, las suyas), pero algunos intentan conocer alguna otra, porque, como hemos convenido no hace mucho (un par de frases, calculo), todas son útiles. Dicen que cuando en los viejos tiempos la gente culta intentaba conocer el latín y el griego, no era para presumir, sino para comunicarse en las lenguas más universales del momento. Y en tiempos más recientes, o eso cuenta todo aquel con Wikipedia a mano por la mañana y debate en la radio por la tarde, escritores como Conrad se expresaron con palabras diferentes a las de sus padres por el mismo motivo que Séneca, cuando el inglés no estaba disponible, usaba el latín.  

No hace mucho, en una charla en la Filmoteca de Barcelona tras la proyección de Luces Rojas, un educado caballero me preguntó sobre la, en su criterio, difusa nacionalidad de la película (el blog La sonrisa del mapatxe recoge aquí pregunta y respuesta), y, hace unos días, el periodista Julio Vallejo me enviaba un cuestionario interesándose por, entre otras cosas, las películas españolas rodadas en inglés y eso que en general llamamos "cine español" (que, como la mujer del César, no debe conformarse, según parece, con serlo). Vallejo estaba elaborando un artículo para La información y quería conocer la opinión de algunos directores sobre tres o cuatro cosas. Tiendo a desconfiar de la opinión como concepto (que todos tengamos una dice poco en su favor), pero respondí el cuestionario como mejor supe. Como es normal en estos casos, sólo un par de párrafos acabaron en un artículo (puede leerse aquí) que -la actualidad manda- acabó gravitando en torno a un único tema, así que he pedido permiso para recoger aquí la entrevista completa por si alguien tiene el tiempo libre o el aburrimiento necesario para saber qué sucede dentro de esta mejorable cabeza. Al menos a ese respecto.

 

¿Cómo explicaría que muchas producciones españolas se rueden en inglés? Como, por ejemplo, tus dos últimas películas.

En realidad, son una minoría. Si bien es cierto que se hace con mayor frecuencia que antes, muchas películas españolas, históricamente, se han rodado en inglés (Remando al viento, de Gonzalo Suárez; El perro, de Antonio Isasi-Isasmendi; Angustia, de Bigas Luna...), o en otras lenguas, no es un fenómeno nuevo. Cada vez que sucede, desde hace cuarenta años, se pregunta por ello. Pero tendemos a olvidar. Imagino que es una mezcla de factores; en primer lugar, el presupuestario: a partir de determinado costo, es prácticamente imposible que la taquilla nacional permita su amortización; en segundo lugar, la coherencia narrativa: hay determinadas historias que sólo tienen sentido ubicadas en determinados lugares.

 

¿Qué piensa sobre que el público español prefiera esas películas españolas que no parecen españolas a otras que sí lo parecen? Lo comento por el éxito de cintas como Luces rojas, Lo Imposible o Mamá, esta última una coproducción con Canadá.

No estoy seguro de que esa premisa sea exacta. Hay películas de mucho éxito -la mayoría, de hecho- (Tengo ganas de tiTadeo Jones,  Grupo 7) que no se ajustan a esos códigos. De las diez películas españolas más taquilleras de 2012, ocho se rodaron en español, sólo Lo imposible y Luces Rojas lo hicieron en inglés. Y de las cuatro nominadas a Mejor Película en los Goya de este año, una es en inglés, otra en español, otra en francés y otra muda. La muletilla: «no parece española», que en general usamos para decir: «está bien rodada», es una ejemplar expresión de nuestros complejos e inseguridades.

 

¿Por qué el terror o el thriller son los géneros favoritos de este tipo de producciones?

Es difícil saberlo, puede tener que ver con la educación emocional y audiovisual de sus directores, formados como espectadores en la eclosión Amblin de los 80, como otros lo hicieron con la Nouvelle Vague francesa, o quizá simplemente sean los géneros que también triunfan ahora en el resto del mundo, y por tanto en casa. Quizá sea una moda pasajera. O quizá sólo una falsa percepción que la realidad desmiente: Lo imposible, la película española más taquillera del año y también de la Historia, no es un thriller ni una película de terror.

 

¿Cuál es tu opinión sobre la decisión de considerar las películas españolas rodadas en una lengua no oficial como películas europeas y no españolas a los efectos de las ayudas económicas?

Interesante en un país que se esfuerza por potenciar la educación bilingüe. Imagino que una película es española si se rueda en España y por españoles. O incluso fuera y por españoles, ¿o tal vez La reina de África es una película ugandesa-congoleña? Buried, por ejemplo, fue rodada al 100% en España con un equipo íntegramente español; no considerarla española sólo es posible desde una interpretación de la realidad particularmente creativa. Si un equipo español decide rodar una historia en Kioto, o en el centro de Madrid pero en una casa de inmigrantes japoneses, ¿la película será, pues, europea, o directamente debemos saltar a considerarla asiática? ¿Sólo la lengua permite que La línea del cielo, rodada por Colomo en Nueva York, sea española? En realidad, casi cualquier fórmula tiene un componente inevitable de arbitrariedad, y todos, en general, opinemos lo que opinemos, tendemos a actuar de buena fe buscando la mejor y más honesta interpretación posible de la realidad. Pero considerar que el cine español debe «parecer» español equivale a considerarlo un género en sí mismo. Y, por tanto, bajar su cielo y acercar, por decreto, su horizonte. 

My come from

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En estas fechas tan señaladas

Publicación: 02/01/2013

Ir por ahí señalando fechas es como ir por ahí señalando gente. Está feo, es innecesario y, por lo general, acaba uno señalando al más alto, que es el que menos lo necesita.

Hay más cosas que señalar, claro. Los buitres leonados, en lontananza, hacen círculos redundantes, muy tentadores si los ves antes que quien te acompaña: «allí, ¿no lo ves?; allí, entre cerro y cerro; en el cielo, ¿no lo ves?». Y la otra persona, que lo ha visto hace un rato pero se ha educado en la discreción, asiente y echa un trago a la cantimplora; un trago breve, por si la noche os sorprende atrapados en el monte, debe comerte para garantizar la continuidad del apellido y se encuentra, de repente, con sed. Uno sabe de antemano que una persona así masticará en silencio y con la boca cerrada, sin aspavientos.

También se puede señalar la fruta, claro, los perros en celo y a los entrenadores de fútbol. A los feos, a las guapas y a los que no han sido suplantados por vainas extraterrestres. Los estantes elevados, la estrella polar y los barcos cuando asoman por el horizonte. Los coches y las grúas. Las nubes raras. A los curas con sotana. Los directores de cine somos muy de señalar, y tan pronto como lo hacemos escuchamos el sonido de la cámara del foto fija, que nos señala a su modo. También sabemos poner las manos en forma de rectángulo, asomarnos un rato al visor y frotarnos la cara, como cansados. Pero nada motiva tanto a un foto fija como un dedo bien estirado.

Pueden señalarse las fechas, incluso las fiestas, y a fuerza de señalarlas acaban marcadas en rojo, como una isla en un mar de tinta o cualquier otra metáfora pensada desde el cariño. Pero es de mala educación y conviene hacerlo poco, hacerlo en privado o no hacerlo en absoluto. Como rascarse.

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Existe un sistema vistoso de la felicidad: las terrazas de café
CARLOS MARZAL ('La arquitectura del aire'. Tusquets)