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Ricardo Cases, Nuevo Talento Fnac de Fotografía 2007, por su trabajo 'La caza del lobo congelado'.

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La caza del lobo congelado

Cuenta el dueño de un coto del norte de España que hace no mucho cazó un lobo. En los buenos tiempos, el animal hubiera sido disecado o quizás tirado directamente a la basura. Hoy, la pieza escasa e ilegal acabó sus días en un arcón congelador. "Si viene a cazar gente importante, lo sacamos del congelador un día antes y les decimos: mira lo que matamos ayer. Es lo que quieren ver".

A medida que avanza la urbanización en España, la naturaleza va quedando cada vez más confinada. Cada vez es más la población que vive en ciudades, donde se concentra todo el trabajo y la actividad económica. Si uno se queda en el campo nunca será suyo: es necesario emigrar a la ciudad para conquistarlo.

Pero una vez que está en la ciudad, la visión cambia. Se tiene el trabajo, el dinero y el bienestar pero se comienza a echar algo de menos. La conquista del campo se convierte en la conquista de un ideal romántico. El campo que quiere la ciudad no es un lugar salvaje, ni siquiera agrícola. Es un parque temático que representa el campo y al que uno puede acudir para consumir lo auténtico. Las casas rurales se esfuerzan por parecer muy rurales, los quesos muy artesanos, se les ponen nombres a cosas y lugares que no los tenían y la gente de la ciudad cree recordar cosas que fue en vidas o generaciones anteriores.

La lucha contra la naturaleza es una de las cosas que hace hombre al hombre. Para el urbanita que puede pasar años sin ver jamás a los animales que come, sino apenas muslos y filetes, el hecho de matar un animal para comerlo supone un contacto con la realidad casi traumático pero excitante. Es la vida. Poder decir: lo maté YO.

Por supuesto, para eso también existen parques temáticos. Un coto de caza no es un monte salvaje donde aún quedan venados: es un espacio privado y vallado donde se crían venados y se les da de comer durante todo el año. Cuando llega la temporada de caza, el urbanita viene de la ciudad en su todoterreno con asientos de cuero en busca de su experiencia. Se deja llevar y el ambiente rudo que rodea la montería le devuelve aquello que perdió: el ser de pueblo. Con la escopeta en la mano, el español de pueblo que conquistó la ciudad recuerda que aún es un hombre, que puede sobrevivir.

Luego se hace una foto con su lobo congelado y se vuelve a subir a su todoterreno sin acabar de sentir que ha conseguido lo que venía a buscar.

En su mirada brilla la envidia a los perros, que borrachos de sangre, sí saben aún disfrutar como locos.

Luis López Navarro

Sobre Ricardo Cases

Ricardo Cases Marín nació en Orihuela (Alicante) y se licenció en periodismo en la Universidad del País Vasco en Bilbao.

En 2006 entró en el colectivo de fotografía Blank Paper y fue finalista en la sección Descubrimientos de Photo España.

En 2007 fue seleccionado en el concurso Foto reportaje ARCO07 y participó en la muestra colectiva Young Spanish Photographers en el Fotofestival de Lodz, Polonia.

Publica habitualmente sus reportajes y retratos en el diario El Mundo y en otras de sus publicaciones.

En 2007 gana el Nuevo Talento Fnac de Fotografía.

Entrevista

¿Cómo se te ocurrió la idea del reportaje?

Nace de un encargo para el Magazine de El Mundo. Tenía que retratar una familia de guardeses con motivo del aniversario de "los santos inocentes" en una finca de la provincia de Córdoba. Supe que en esta finca se llevaban a cabo monterías y les propuse que me dejaran bucear en este mundo.

Antes de presentarlo al premio Nuevo Talento… ¿habías intentado publicarlo en algún sitio? ¿Te encontraste con obstáculos por parte los medios o salas de exposiciones para hacerlo? ¿Reticencias de tipo ético?
Presenté el proyecto a una galería madrileña y, pese a que les gustó mucho, no quisieron apoyar una exposición.

¿Te planteaste en algún momento no hacerlo por este motivo?
Mi labor en este caso ha sido documentar una actividad que el ser humano viene desarrollando desde hace algún tiempo no cercano.

Personalmente… ¿cómo te sientes ante la práctica de la caza?
Para el personaje de ciudad como yo, las imágenes que se le presentan en una montería son escalofriantes algunas, entrañables otras y surrealistas otras más.

Qué sentido tiene para ti la iluminación (flash, luces directas añadida a la luz natural…) en tus reportajes?
Para mí el uso de flash significa un elemento añadido de diversión en este parque de atracciones que es la fotografía. Es un gran apoyo narrativo y una gran ayuda a la hora de resolver determinadas situaciones en las que la luz ambiente no es la más adecuada.

El Jurado considera que sí, pero tú… ¿consideras que has logrado contar todo lo que querías en tu reportaje? En caso negativo… ¿qué crees que te falta?
Pienso que nunca se termina de contar algo. De hecho, uno abandona el lugar donde trabaja pero eso no quiere decir que allí se acabe la fiesta. Siempre tienes la sensación de que allí se queda la foto redonda.

¿Cómo fue el proceso de contacto e inmersión en el mundo de la caza? ¿Te encontraste con muchas reservas o por el contrario las personas que cazan reivindican esta práctica?
Todo fue muy fácil. Al contrario que en otras situaciones allí la gente estuvo muy receptiva con la cámara.

En este reportaje consigues por un lado que tus fotos huelan a sangre y al mismo tiempo no es un trabajo macabro ni sensacionalista; se ve que te involucras pero no parece que exista juicio por tu parte… ¿Lograste este equilibrio durante el proceso fotográfico o es algo que a lo que llegaste a través de la edición?
Vivo intensamente cada proyecto que realizo, disfruto mucho. En la montería el gesto de mi cara podría asemejarse al de los perros que forman la reala.

¿Por qué escogiste a otra persona para que hiciera el texto sobre tus fotos?Yo soy fotógrafo y  Luis López escribe como los ángeles.

¿Por qué eres fotógrafo?
Porque me lo paso mucho mejor que si fuera radioaficionado, empleado de una caja de ahorros o culturista.

¿Qué esperas del premio Nuevo Talento?
Que mi trabajo lo vean hasta en Chinchilla.

Ana Bolívar

Calendario de la exposición

La muestra 'La caza del lobo congelado' recorrerá las siguientes tiendas Fnac:

Barcelona
Fnac Triangle
Del 17 de julio al 13 de septiembre de 2007

Zaragoza
Fnac Plaza España
Del 1 de octubre al 30 de noviembre de 2007

Asturias
Fnac Parque Principado
Del 3 de diciembre de 2007 al 17 de enero de 2008

Madrid
Fnac Callao
Del 22 de enero al 28 de febrero de 2008

Murcia
Fnac Murcia
Del 5 al 27 de marzo de 2008

Alicante
Fnac Alicante
Del 1 de abril al 27 de mayo de 2008

Donostia
Fnac Donostia
Del 1 de junio al 13 de julio de 2008

Madrid
Fnac Parquesur
Del 16 de julio al 15 de septiembre de 2008

Valencia
Fnac San Agustín
Del 13 de octubre al 13 de noviembre de 2008

Fallo del premio

Treinta imágenes acompañadas de una mirada neutral y la fortuna del cazador. Las fotografías de Ricardo Cases forman un trabajo contemporáneo, joven, fresco y con mucha fuerza, que le han valido ser el Nuevo Talento Fnac de Fotografía 2007. Una manera poética y brutal de retratar la eterna lucha del hombre contra la naturaleza.

Continúa el Nuevo Talento Fnac de Fotografía dando muy gratas sorpresas. Después de unos años en que ha presentado en sus galerías fotográficas a figuras emergentes del panorama español como Leila Méndez, Carlos LujánAlbert Corbí, con Ricardo Cases la buena salud del galardón continúa.

Un jurado formado por Ricky Dávila, Santos Cirilo, Aitor Ortiz y Mikel Aristregi (ganador del pasado año), falló en Bilbao, entre casi 200 trabajos presentados a la edición de este año, que 'La caza del lobo congelado' merecía el reconocimiento de ser exhibido. Una decisión valiente si se tiene en cuenta que las imágenes de Cases apuntan a un tema tan polémico como la caza y se mueven entre el límite de una violencia sangrienta que a unos les puede resultar poética y a otros repulsiva.

En cualquier caso, las casi treinta instantáneas que componen esta incursión en un mundo en principio hostil a las bondades del objetivo son lo bastante contundentes como para que a ningún jurado ni espectador le pasen desapercibidas. A veces la fotografía habita esa zona de dudosa moralidad pero de absoluta inocencia.

Fogonazos de realidad se entrecruzan en una naturaleza grácil en la que los hombres armados aparecen como una figura de verdaderos profanadores. ¿Dónde está el placer? ¿Quién puede presumir de dar muerte a ciervos y rebecos? ¿Por qué el ritual de la cacería?

Quizás nunca pongamos de acuerdo a los partidarios y enemigos de la caza, pero sí podemos argumentar que Cases narra con el neutralismo de un conflicto bélico hechos que ocurren normalmente en cualquier partida privada en la que hombres, escopetas, perros y presas se dan cita en un rito inmemorial al que un coro de disidentes considera anterior a toda la civilización. En este territorio antropológico de bestias aparece el ojo del fotógrafo para agigantar el eco de todo lo que allí ocurre. Y lo que parece una paradoja: seres pacíficos, ciudadanos respetables se convierten en asesinos.

Cases ha tenido la fortuna del cazador: encuentra un filón en este escenario y lo lleva entre los dientes hasta quedar exhausto de la persecución. En sus disparos, nunca mejor dicho, hay siempre un fogonazo de evidencia y otro de crueldad. Está tan cerca del acto que mancha nuestras manos de sangre, aunque con tanta capacidad e ironía que nos sumerge otras veces en un bucólico paisaje campestre de cornamentas encima de la chimenea y chuletas a la parrilla.

Sus fotos no son para estómagos delicados: presentan el apasionante pulso de un cazador que busca en medio de la jauría el tesoro de esas imágenes, la misma emoción que muchos experimentados retratistas literarios de tales escenas como Miguel Delibes, Guillermo Arriaga o José María Castroviejo han contado a través de sus páginas.

Podemos estar con el ánimo cazador o permanecer refugiados en la cueva escuchando de lejos el fragor de las postas. En cualquier caso, las imágenes de este Nuevo Talento 2007 no dejan indiferentes. Están ahí al acecho, con todo su olor a carne salvaje. Tal vez con la premonición de un sacrificio.

6 / 10
Gracias por votar!!!
Solo se puede votar una vez al día

Hasta los veintisiete años August Zollinger no había desarollado ninguna profesión u oficio –ni siquiera alguna actividad esporádica que pudiera considerarse de beneficio público-, motivo por el que todos en Romanshorn, población de la que era oriundo y de donde nunca había salido, se asombraron mucho el día en que el joven Zollinger clavó sobre la puerta de su casa un letrero en el que, con caracteres de gran tamaño, podía leerse la palabra “IMPRENTA” 
(‘Andanzas del impresor Zollinger’, de Pablo D’Ors. Ed. Impedimenta)