El CD Inditendencias vol.4 se regala con la revista ClubCultura # 7

 

Wim Wenders vuelca su mirada más crítica sobre la América bipolar de la era Bush.

A Wim Wenders (Düsseldorf, Alemania, 1945) le fascinan por igual los espacios inmensos y los personajes desolados, como la naturaleza –aunque sea urbana– que los rodea. En un hotel del centro de Los Ángeles o en un polvoriento pueblo tejano, Wenders deja que sus ángeles sin alas, sus maridos sin mujer y sus padres sin hijos se desnuden ante lo que nos parece una cámara inexistente.
Ahora, tras sus brillantes incursiones en el documental musical –ahí están Buena Vista Social Club, su episodio para la serie de Martín Scorsese The Blues o la grabación de Willie Nelson at the Teatro–, Wim vuelve por donde solía: con películas que congregan el favor de miles de creyentes que vieron la luz –cegadora– de París, Texas o lloraron como ángeles en El cielo sobre Berlín. Lo hace, sí, con dos trabajos: Don’t come knocking, estrenada en la reciente edición del Festival de Cannes, y Tierra de abundancia, que presentó en nuestro país y con la que le da un repaso –de los de verdad– a la América bélica del mariscal Bush, gracias a una historia creíble por lo sencilla: dos familiares enfrentados y engañados por su concepción de América –él, la cree en guerra contra un terror que acecha en cualquier papelera; ella, su sobrina, tras vivir años en Oriente Medio, descubre que la miseria y el fanatismo también son acogidos en los brillantes rascacielos de Los Ángeles–. El mejor Wenders, el de Alicia en las ciudades o El amigo americano, ha vuelto sobre algunos de sus temas más queridos –la soledad, el desarraigo, el amor, la familia, el escepticismo– para dar, otra vez, una lección de cómo debe ser y hacerse cine en nuestros días.

¿Por qué cambió el título original de la película, Angustia y alienación en América, por Tierra de abundacia, basado en el tema de Leonard Cohen?
Desde el primer momento sabía que ese título no iba a sobrevivir, era un título más bien irónico, con el que trabajar. Durante el rodaje escuchaba a Leonard Cohen y



sus Ten New Songs, y ese tema y su título [Land Of Plenty] me pareció ideal. Le escribí una carta, fue muy amable y me lo cedió; no sólo eso, sino que escribió una canción adicional para la película.

¿Cómo se enfrentó a este filme?
Con un argumento de película de bajo presupuesto, porque no puedes expresar estas ideas en una gran producción. Pero aún así, para expresar ideas políticas u otras preocupaciones, y hacer el filme un poco más como acto de fe, sólo puedes hacerlo con una película de bajo presupuesto y sale casi como si fuera un documental, pero no lo es. Es una historia de ficción.

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