Hemos querido reunir una selección de crónicas y relatos que hablaran de y desde América Latina, que hablaran de sexo con la desfachatez e intensidad que caracterizan al continente. Porque hoy en día, cuando la novela erótica ha dejado de tener sentido (porque cualquier escribidor se atreve a describir un polvo en cualquier novela), cuando la gente recurre a mil y un formas de erotismo, todas alejadísimas de las páginas de un libro, hace falta reivindicar el poder sexual de la literatura. Para ello, hemos invitado a unas cuantas plumas audaces, conocidas ya por sus muchas ganas de hablar claro, de decir SEXO con todas sus letras.
Así, para hablamos de Miami, el escritor peruano Jaime Bayly escribe en esa primera persona que tantas ampollas ha levantado; para contarnos las intimidades del negocio de la carne en las calles de Lima y Buenos Aires, los cronistas Gabriela Wiener y Juan Pablo Meneses, peruana y chileno respectivamente, se embarcan en sendas aventuras nocturnas; mientras tanto, la joven escritora mexicana Julieta García González nos adelanta un sensual relato de su próximo libro; y para terminar este húmedo recorrido, el también chileno y heterodoxo Pedro Lemebel nos habla del riesgo y voracidad de la noche gay santiaguina.
Desde América con amor. Mejor dicho, con sexo. Que lo disfruten.

Sospecho que soy un idiota
Por Jaime Bayly

E
stoy en el aeropuerto de Miami. Una vez más, estoy en el aeropuerto de Miami, que es uno de los lugares que más odio en el mundo. Odio todos los aeropuertos, y odio a toda la gente que viaja conmigo en los aviones y que se tira pedos a mi lado en los aviones y que hace colas delante mío en los aeropuertos, pero al aeropuerto de Miami lo odio con una saña particular, que no sabría explicar, pero que tal vez tiene que ver con el culo gigante, abusivo, uniformado de azul, de los detestables hombres y mujeres que ejercen allí su autoridad sobre nosotros, los pasajeros. He venido al aeropuerto de Miami porque tengo que mandarle un regalo a mi hija Lola. Me ha pedido un lipstick de chocolate de la tienda Lush. Por suerte lo he encontrado sin mucha dificultad. Es pequeñito y no me costó mucho dinero. Tiene que llegar esta misma noche a Lima porque mañana temprano Lola se va de campamento con sus amigas del colegio y me ha pedido que le mande este regalo para llevarlo al campamento. Tengo que encontrar a alguien que me lleve el lipstick de chocolate a Lima a cambio de un par de billetes. No es fácil. La gente desconfía, cree que uno quiere mandar drogas o algo ilegal. Además, no tengo buena reputación, eso no ayuda, ya estoy acostumbrado a que rechacen mis pedidos de llevar cosas para mis hijas. Lo bueno es que ya he aprendido a reconocer a la gente que me diría que no, así que ni me acerco a esas personas, no pierdo mi tiempo, las desprecio en silencio y les deseo toda clase de sufrimientos. Por fin encuentro al candidato ideal. Es joven, alto, flaco, guapo y tiene una mirada distraída.

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