Ídolos, amigos y vecinos alientan I Am A Bird Now, un arrebato de poesía.

Cantaba en algún coro e imitando los sonidos de un teclado barato. Esas fueron sus primeras lecciones de música. Entonces seguro pasaba por un niño tímido y quizá retraído, que nació al sur de Inglaterra, pasó por California y por fin, seguro de su destino, a los 19 años aterrizó en Nueva York.

Ahora en una estación de servicio de Minneapolis –el ruido de los coches al otro lado se mezcla con una ambulancia que pasa a toda velocidad aquí–, lejos de sus viejas ataduras y camino de su próximo concierto, Antony, impulsivo y frágil, se sincera: “¿Estás en Madrid? Estoy deseando tocar en esa ciudad. Espero que mi gira pase por ahí –a finales de mayo visitará nuestro país–. Hubo un chico que vino a mis conciertos en Portugal. Era madrileño. Ojalá pueda verle otra vez. Aunque no me acuerdo de su nombre (risas). Era muy callado…”.

Con un primer disco homónimo, un breve ep y el presente I Am A Bird Now, Antony and The Johnsons se han convertido en el último arrebato de poesía, sensibilidad extrema y belleza embriagadora, liderados por un personaje andrógino criado en las entrañas de la Gran Manzana y “adoptado” por Lou Reed, que le llamó para versionar la clásica Perfect Day y acompañarle en varios shows. “Quise vivir donde estaba la gente con la que creía tener algo en común. Es bastante acertado pensar en mi música en términos neoyorquinos; en mis canciones cuento mi vida –atestada, como todas, de amor, nostalgia, deseo y esperanza–.



Y mi vida sin Nueva York no sería ésta sino otra”. Vayan y pregúntenselo al ex Velvet. “Todos mis amigos viven aquí”, apostilla. Algunos de ellos, como Devendra Banhart o Rufus Wainwright, incluso colaboran en su segundo álbum, donde su autor, una voz profunda y un piano cadencioso que dejan petrificado –recibes una corriente alto voltaje (emocional, honesto) de poco más de media hora–, ve cumplida casi una fantasía: “Gracias a Boy George –icono de los ochenta con Culture Club– decidí convertirme en cantante. No tenía casi nada claro hasta que le vi por primera vez.

Gorka Elorrieta.
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