

Rodrigo Fresán cuenta cómo es
la nueva película de Woody Allen..
Hay personas que todos
los años hacen el Camino de Santiago
para pedir o para agradecer. Otros optan por
internarse en un spa para así intentar
conjurar el inevitable paso del tiempo. Y
hay muchos que –más o menos cada
doce meses, en lo que puede ser considerada
otra de las tantas formas de la fe–
acuden expectantes a ver la nueva película
de Woody Allen. Son los que ordenan sus vidas
–tanto en lo trascendente como en lo
superficial– remontando el río
de sus películas: “Estuve con
ella desde Granujas de medio pelo hasta La
maldición del escorpión de jade;
no fue un gran amor”, o “Llevo
escribiendo esta novela desde Manhattan; no
creo que la termine nunca”. Para todos
ellos llega ahora, puntual, Melinda y Melinda.
Y buena y mala noticia. Primero la mala: Melinda
y Melinda es una de esas películas
de Woody Allen sin Woody Allen. Es decir:
Woody Allen no actúa en ella y, sí,
esa sensación de que te sirven un buen
martini pero sin aceituna. La buena noticia
es que Melinda y Melinda es –pese a
la ausencia de su dueño en el reparto–
la mejor y más redonda y más
claramente woodyallenesca película
en mucho, mucho tiempo.
Entrevistamos al director neoyorquino con
motivo del estreno de Melinda y Melinda.
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