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VUELTA AL CINE POPULAR
Conquistó al mundo con 'El hijo de la novia'. Ahora,
Juan José Campanella, el crack del cine argentino,
ha llenado las salas de Buenos Aires con la historia de un
club de barrio.
El Hipopótamo, en San Telmo, ciudad de Buenos Aires,
funciona un poco como su oficina. En una mesa junto a la ventana
recibe a periodistas de variada estirpe, tomando coca cola
y encendiendo ocasionales cigarrillos. A punto de estrenar
en España su última película, Luna de
Avellaneda, nuevamente protagonizada por Ricardo Darín,
el guionista y director Juan José Campanella está
muy cómodo en su ciudad natal. Y aunque tras el éxito
de El hijo de la novia Hollywood lo requiera para dirigir
el remake (que se ha negado) o para hacer una película
con Adam Sandler, prefiere seguir trabajando en Argentina.
"Me fui a estudiar a Estados Unidos en el 83 y regresé
en el año 98, y fue como si nunca me hubiera ido. En
la primera semana de rodaje de El mismo amor, la misma lluvia,
me di cuenta de que lo que quería era trabajar aquí.
Uno como director puede hacer cosas a nivel técnico
y engancharse emocionalmente en muchos países. Pero
la película personal, a la que le sacas todo el jugo,
es la que haces en tu país de origen".
Un país en el que el cine parece vivir un momento
animado. "Sí que vivimos un momento interesante
en el cine argentino, pero estamos en una encrucijada: ganamos
festivales pero si no llegamos al público todo este
renacer es de corto alcance. "Por suerte yo empecé
con los fracasos. El niño que gritó puta acá
ni siquiera se estrenó. Nadie quería producir
El hijo de la novia, les parecía un guión deprimente,
dos viejos, ella enferma
los que la produjeron la hicieron
porque les gustaba, pensando que con suerte podríamos
recuperar el dinero invertido. Incluso tras El hijo de la
novia, no fue fácil producir Luna de Avellaneda. Nos
decían: 'Es un bajón, no hay nada, no hay sexo,
no hay violencia, ¿qué vamos a vender?'".
Decidió convertirse en director después de ver
¡Qué bello es vivir!, de Frank Capra, y estudiar
en Nueva York por la admiración que sentía por
la generación de cineastas estadounidenses de los setenta,
pero es la comedia italiana de la que se siente deudor y por
allí circula el cine que le interesa hacer, un cine
popular, 'para reír y llorar'. "Yo me crié
tanto o más con el cine italiano que con el norteamericano.
Pero en un momento se fue perdiendo esa magia de ir a ver
una película para dejarse llevar por la historia. En
todos lados empezó criticarse el cine popular, los
países dejaron de producir cine popular bueno. Aquí
fue muy notorio. Porque ni siquiera había contrapeso
de cine alternativo. Y murió la comedia italiana. Y
se le entregó el cine popular al cine yanqui. Y yo
no les quiero entregar el Multiplex a los yanquis. Que otros
compitan con Kaurismaki. Yo quiero que mi cine se vea en los
Multiplex".
'Luna de Avellaneda' lo ha logrado. Compite en cartelera con
'Shrek 2' y 'El hombre araña 2', y en su primera semana
de estreno se alzaba como la más taquillera del país,
tras 'Troya'. La historia de un Club de barrio que en medio
de la crisis económica comienza a morir, ha producido
un revuelo en Argentina más allá de las salas
de cine. La película ha sido declarada de interés
nacional. Y se ha reabierto en el Congreso la discusión
sobre dos leyes. La primera es una que no permita que los
clubes de barrio sean embargados. "Hay miles en Buenos
Aires y de todos los tamaños, y muchos están
muriendo. El Club es casi un símbolo de otra época.
Hasta los 70 los clubes sociales eran una de las fuerzas vivas
de los barrios".
La segunda ley que se está estudiando es la de protección
al cine nacional. Una cuota de pantalla que obligue a cada
cine, una semana cada tres meses, a proyectar una película
argentina. Cuando aún llenando las salas, 'Luna de
Avellaneda' se comenzó a quitar para poner la última
superproducción made in USA, muchos se levantaron y
reclamaron la cuota de pantalla, muchos cineastas que ya habían
sufrido que sus películas desaparecieran de las salas.
Campanella ha sido uno de los líderes en esta batalla
mediática y legal entre cineastas y exhibidores argentinos.
"Una semana cada doce tienen que tener una película
argentina para apoyar una industria que da trabajo a miles
de personas y que fue la única buena noticia que dio
Argentina al mundo en los últimos años. Los
exhibidores ensayan un montón de excusas, que esto
no respeta las leyes del mercado, que se obliga a la gente
a ver bodrios argentinos, que el cine argentino va a abarrotar
las salas y no va a dejar sitio al cine europeo
La ley
sólo garantiza la permanencia de una película
que la gente quiere ver. A mí me gusta Shrek, pero
en este mercadito se estrenan esas películas con 400
copias. Ahí está el problema, no las 30 películas
argentinas que se estrenan por año, con 10 copias en
todo el país cada una".
Destruir postulados
Muchos han visto en 'Luna de Avellaneda' una metáfora
de la situación actual de Argentina, tanto de la crisis
económica como de la depauperización de la clase
media. Y tal vez parte del éxito que haya tenido se
deba a llegar en un momento muy sensible para el espectador
argentino. "Surgió naturalmente, no está
buscado. A mí todo lo que huela a símbolo me
suena falso, pero si se da, se da. Y nos dimos cuenta en la
etapa de guión. Ciertamente, ha pegado muy fuerte.
Pero aunque el contexto sea muy local, el tema que se trata
está pasando tal vez más en Europa que acá.
Por un lado, la izquierda ganando terreno. Y por otro, el
debate sobre el liberalismo extremo de los noventa, cómo
se están replanteando esos postulados que en los noventa
la gente aceptó como la Biblia. Menem, Chirac, Aznar,
Thatcher, Berlusconi, todos empezaron a tratar al Estado como
si fuera un almacén, se tenía que ver la ganancia
al final. En los noventa parecía que no se podía
luchar contra eso. Y a mí me parece que se está
replanteando, los números de las elecciones están
cantando en todo el mundo. 'Luna de Avellaneda' apuesta a
que es posible destruir esos postulados. Sobre todo uno que
se ha usado mucho aquí, el de 'Tenemos que recuperar
la dignidad', que es la clave de la película. Un argumento
que es un arma de doble filo, porque es aceptar que perdimos
la dignidad en algún momento, y eso es luchar desde
una posición muy débil, ¿cómo
voy a ir a una lucha sintiéndome indigno? Por lo menos
en Argentina la gente ha demostrado bastante capacidad de
protesta, y de dignidad. Hemos bajado presidentes con manifestaciones
populares, no pasa en todos lados del mundo. Donde la gente
puede reaccionar así, ése es mi lugar".
Claudia Larraguibel
'Luna de Avellaneda' se estrena en salas
de España en noviembre.
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