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Cada
una de las miradas esconde un principio.
Cada una de las camisetas, una declaración
de intenciones. Cada uno de los conciertos,
un prejuicio vencido, una norma vulnerada,
una frase cantada, vociferada, que adquiere
sentido precisamente en ese momento, el
de la canción, el del salto, el del
cruce de cuerpos en mitad de la masa que
canta, vocifera y descubre. El roce de cuerpos
que se convierten en propios en mitad del
tiempo, que descubre, se estira y chirría.

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