Revista ClubCultura 19

 

 

editorial

Descubrir el asesino importa menos que conocer la verdad. Esa parece ser la última evidencia lógico-matemática que fascina y habita la mente de Alex de la Iglesia que, por azares de la vida, se ha tomado la filosofía de Wittgenstein muy a pecho. Los crímenes de Oxford será, con toda seguridad, un aliciente para entrar en 2008 con la certeza de que a veces, pocas, las aventuras de la mente y el cine de acción no tienen por que ser enemigos irreconciliables; mejor dicho, que el corazón y el cerebro no han de ser dos hemisferios absolutamente indiferentes en nuestra vida de cada día.

El aplicado jesuita que es De la Iglesia deja aquí a un lado lo que le gusta y va directamente al corazón de lo que admira: Hitchcock, la filosofía de Ludwig, la matemática celestial y el rostro escrito del gran John Hurt, todo un formulario tan indescifrable como la Conjetura de Poincaré. El cine se hace escritura y diálogo intelectual sin dejar de entretener a ese patio de butacas que se convierte en el Aula Magna de una lección magistral.

Subidos a los placeres más intelectuales cambiamos, sin abandonar la sala, Oxford por Oviedo y viajamos en el express de Gonzalo Suárez, otro autor para el que la imagen es un dardo envenenado de escritura, sobre todo cuando La Regenta anda por medio en la heroica ciudad. También fue éxtasis Pedro Páramo, texto breve y canónico de la literatura universal, para el gallego Carlos Velo que se atrevió, nunca mejor dicho, a llevar a la pantalla con todas las deformidades y limitaciones esa historia sonámbula que transcurre en la región de Comala. Era por el año 1965.
Los libros dicen una cosa y la imagen lleva a la pantalla otra. Texto sobre texto. Cada cual atiende su juego. De eso vive el escritor sudafricano J. M. Coetzee, el Nóbel más incontestable de los últimos años, para el que la ficción siempre es un campo minado por la reflexión y abonado a las preguntas de la desgracia y la infelicidad de la condición humana.

El romanticismo de PJ Harvey, la buena estación de Maribel Verdú, las canciones de Vinicius Cantuária o la consagración de El Orfanato como la revelación de la temporada española, son razones de que hay infinitas señales fuera del mundo de la Lógica. Aunque, como decía, Wittgenstein “De lo que no se puede hablar lo mejor es callarse”.

Ramón Reboiras
Director


Detalle del cartel de 'Los crímenes de Oxford'


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