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Los primeros
años 90 no fueron buenos para el cómic
estadounidense. DC y Marvel seguían
copando el mercado gracias a caducas historias de superhéroes
y una distribución que en nada envidiaba a la
de la prensa diaria: fuera de Las Dos Grandes, apenas
había vida. Los sindicatos vivían de personajes
clásicos y Bill Waterson; las editoriales independientes
arrojaban dados con las caras de Paul Chadwick y los
hermanos Hernández; y los grandes nombres como
Crumb sobrevivían pintando portadas de discos.
En
los años en que se estaba acuñando el
género mainstream comic y algunos veían
venir la debacle de la industria, pocos se atrevían
con la autoedición. Uno de ellos, Jeff Smith.
Un cambio de siglo y millones de ejemplares vendidos
después, el creador de uno de los iconos del
cómic moderno se ha convertido en
un ejemplo a seguir. Ahora, Astiberri recupera en una
estupenda edición a color los 55 números
en los que transcurrió el periplo de los primos
Bone.
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