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Los buscadores de talentos que han buceado en el rico caudal de la literatura
latinoamericana, sin duda han encontrado en Rodrigo Fresán (Buenos Aires,
1963) un sorprendente descubrimiento. Desde que a principios de los años noventa
despegara su proyecto literario con "Historia argentina" y "Vidas
de Santos", hasta que en 1995 la novela "Esperanto" supuso
su irrupción en el escaparate mundial, Fresán ha multiplicado su magnético
poder de combinar cuentos, crónicas periodísticas y narraciones largas en
las que se une su amor por la gran tradición anglosajona y el papel de un
formidable cultivador del collage al estilo Cortázar.
"Mantra" (Mondadori,2001) su segunda novela, supone la confirmación
de todas esas buenas expectativas ya conocidas por una amplia minoría pero
todavía considerado para muchos un novísimo. Un año en el Distrito Federal
de México nunca ha sido tan bienaventurado para un autor que se adentra en
las enloquecidas y disparatadas existencias que pueblan la ciudad. Nuestro
Nuevo talento Fnac es, sin duda, un imparable torrente de creación literaria.
"Mantra" es un canto al México DF que, según
tu Martín Mantra "es algo más poderoso que una ciudad, un país".
México está presente en todas las páginas del libro como un personaje más.
¿Qué relación te une -si la hay- con México? ¿o no es más que un recurso?
Rodrigo Fresán: Para empezar: todo "Mantra" surgió de un
encargo para la Colección Año 0 de Mondadori. Una colección de libros sobre
ciudades. No elegí México, México me eligió. O, mejor dicho, me eligieron
para México. Lo que no me disgustó en absoluto: el D. F. es una ciudad plena
de posibilidades narrativas --su tamaño y el tamaño del libro son prueba de
ello-- y de algún modo todos somos un poco mexicanos porque, tarde o temprano,
todo y todos pasan por México. Ya se sabe: la gente se pierde en México o
se encuentra en México. Por otra parte, difícil resistir la tentación de hacer
otra muesca en la empuñadura de esa pistola, la de las novelas mexicanas escritas
por extranjeros, casi un subgénero literario: "Tirano Banderas",
"La serpiente emplumada", "El poder y la gloria", "Bajo
el volcán", "Los detectives salvajes", todos esos libros de
todos esos beatniks... México como territorio mega-mix al que "Mantra",
creo, le hace los honores que corresponden y como corresponde: una novela
firmada por un argentino, escrita en Barcelona, que transcurre en México y
con un "héroe" obsesionado por los íconos pop norteamericanos...
A título personal, un par de detalles interesantes, supongo: mi primer cuento
conservado --que apareció en mi primer libro "Historia argentina"
y que reaparece en "Mantra" como episodio fantasma de "Dimensión
Desconocida", esa serie de tv de Rod Serling con la que buena parte de
nosotros aprendimos a narrar, a contar una historia-- lo escribí a los ocho
años y ya trataba sobre un hombre que viajaba al México de los aztecas. Y
--atención-- mi esposa es mexicana. Nada es casual...
La novela recrea la infancia como una época feliz desde
el recuerdo: ¿es algo en lo que piensas?
RF: No sé si definiría a la infancia --o a la
infancia que aparece en "Mantra"-- como "época feliz".
Prefiero entenderla como una especie de Big Bang del que sale todo y al que
uno siempre está volviendo. La culpa de todo la tiene Marcel Proust, supongo.
La casi refleja recuperación del tiempo perdido como manual a la hora de comprender
ciertas claves que rigen a la adultez. Ese es, después de todo, El Tema, ¿no?
En cualquier caso, fue durante mi infancia descubrí a México: las películas
y los comics del luchador enmascarado Santo, Zapata, el Día de los Muertos,
los grabados necrófilos de José Guadalupe Posada, ciertas canciones, ese lugar
hacia el que huían buena parte de los héroes en las películas de Sam Peckinpah
(algunos de ellos morían allí, en cámara lenta, por supuesto, como corresponde),
las telenovelas donde los ricos también lloran, las pirámides aztecas... No
sé: México me pareció siempre otro planeta adentro de éste. No viajé a México
sino hasta 1997. Ahí descubrí a mi esposa.
Se oye constantemente la frase 'mi hoy inexistente
país de origen'. ¿Porqué es hoy inexistente? Y resulta inevitable pedirte
tu opinión sobre lo que está pasando ahora mismo en Argentina...
RF: Es una frase que aparece en todos mis libros
y que, sí, puede o no aludir a la Argentina pero ahí está. Es decir: vengo
de un país caníbal de sí mismo. Carne argentina, ya saben. Y así nos va. Quién
sabe, tal vez la Argentina sea un inmenso experimento sociológico. Una especie
de "Gran Hermano" sin límites de cámaras ni estudio. Cada vez me
cuesta más pensar en Argentina y, también, dejar de pensar en Argentina. Supongo
que a la Argentina todo esto le resulta perversamente divertido. O tal vez
no. En cualquier caso, está claro que --a diferencia de lo que ocurre con
otros países-- la Argentina y los argentinos son dos cosas muy pero muy diferentes...
La Argentina --o lo que sea-- que aparece en la primera parte de "Mantra"
ya ni siquiera conserva su nombre propio y se va disolviendo como un Alka-Seltzer
en el cerebro devastado de uno de los narradores. Para siempre. Tal vez --casi
sin darme cuenta-- haya escrito una especie de novela de anticipación casi
sin darme cuenta...
Dices en Mantra, hablando del compromiso revolucionario
de los padres, que "[...] se mataba y moría para que el mundo fuera mejor
(...) asombrándose tantos años después por la poca distancia que separaba
entonces al ejecutor del ejecutado y, ahora, del ejecutivo". ¿Sigue habiendo
un desencanto post-caída del muro en el mundo de la cultura?
RF: Está claro que la narrativa de la generación
de escritores latinoamericanos a la que pertenezco --aunque no me siento demasiado
cercano a nadie generacionalmente a no ser por la fecha de nacimiento-- no
está apoyada sobre la compulsión militante o la búsqueda y hallazgo de una
utopía. Yo no lo llamaría desencanto... Simplemente que no me interesa repetir
lo que algunos de mis mayores ya hicieron de un modo tan pero tan... Seré
breve: a mi me gusta escribir. Y leer. Y seguir escribiendo. A solas. En silencio.
Y escribir y leer con el puño en alto y gritando y rodeado de personas es
un poco incómodo, ¿no?
Como autor, ¿qué crees se podría hacer para que la
cultura fluyera entre España e Iberoamérica? ¿Porqué resulta tan difícil romper
las fronteras del arte, cuando compartimos -entre miles de cosas- el idioma?
RF: No lo sé. No es culpa mía. Creo que los escritores,
otra vez, tienen que escribir. Y conocerse y leerse entre ellos. Y no creo
que puedan --o les corresponda-- hacer más que eso. No hay tiempo para más.
El problema está en que la parte operativa o estratégica de una política cultural
a nivel institucional --la que debería ocuparse del asunto-- suele caer en
manos de las personas equivocadas. Por suerte, cada vez van apareciendo más
individuos verdaderamente preocupados más por construir puentes que por quemarlos.
Y, si no hay puentes, cruzan nadando. Conozco a algunos y son mis amigos.
Gracias a todos ellos.
Háblanos de cómo han llegado a ser tus influencias referencias
culturales tan dispares como Bierce, Rulfo, Bioy Casares, la "Magnolia"
de Paul Thomas Anderson... y los míticos tebeos de la Novaro, las ediciones
mexicanas de DC Comics.
RF: Ah... digamos que soy un escritor muy influenciable,
muy fácil de contagiarme. Manía referencial y virus pop. Tal vez la culpa
la tengan los Beatles. Así componían y graban ellos, ¿no? Uno de los momentos
más importantes de mi formación cultural es el descubrimiento de la portada
--tenía unos cinco años-- del álbum "Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club
Band"... Toda esa gente. ¿Quiénes eran? ¿Qué hacían allí? (Uno de los
que aparecen allí es Bob Dylan, otra de mis referencias imprescindibles).
Desde entonces me encanta escribir libros con muchos invitados y las puertas
abiertas de par en par... Si se lo piensa un poco, el mecanismo de un libro
es igual al de una puerta. Así que vayan pasando, hay lugar de sobra... Por
otra parte, a mí me gusta reconocer mis influencias en lugar de barrerlas
bajo la alfombra para que no se noten. Me parece honesto y necesario y justo.
"Mantra" --que transcurre en México, territorio hospitalario donde
caben tanto los Sea Monkeys como David Lynch filmando "Dune" en
los Estudios Churubusco-- sigue escribiéndose en otra parte y en otro libro,
seguro, para albergar a los que llegaron tarde a la fiesta. Seguiremos informando.
En lo que a la Editorial Novaro respecta, bueno, todos vivimos allí adentro
durante años...
¿Qué te parecen las iniciativas encaminadas a apoyar
a los nuevos creadores?
RF: Todo iniciativa que señale a alguien que
ha escrito un libro, grabado un disco, pintado un cuadro o filmado una película
me parece motivo de alegría. Se señalan tantas cosas desagradables así que
de vez en cuando no está mal demostrar que señalar, también, puede ser un
gesto de buena educación. En lo que a mí respecta: gracias por señalarme.


