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Con Final, una irónica fábula sobre el suicidio, este tarraconense ha sido elegido Nuevo Talento Fnac de Cortometrajes 2004. Además, obtuvo recientemente el Premio al Mejor Cortometraje en el III Encuentro Internacional de Escuelas de Cine celebrado en la 52 edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, galardón que se suma a los veintiséis premios que ha cosechado en más de 74 festivales nacionales y 4 internacionales desde su estreno en agosto de 2003
Empecemos por el final.
Al final, un jovencísimo José Luis Montesinos (Tarragona, 1978), se
llevó el Premio Nuevo Talento Fnac de Cortometrajes con una arriesgada
y original historia, donde la cámara -y nosotros, un tanto nerviosos, con
ella- recorre cuatro décadas en la vida de Manuel, quien, para decirlo
de algún modo, tiene un oficio peculiar.
Manuel es escritor, flirteó por un tiempo con el periodismo, bueno, con las
necrológicas en un diario de pueblo, y atendió voces atormentadas -sin demasiado
éxito- en el teléfono de la esperanza. Eso hasta reencontrarse con su verdadera
y un tanto mórbida vocación... Manuel descubrió que la gente, en general,
anda bastante desesperada. Descubrió también que la mayoría de esa gente no
sabe escribir demasiado bien y que por ello, lastimosamente, no podían dar
el paso final con la elegancia y buenas maneras de una nota suicida conmovedoramente
bien redactada. Así es, Manuel -lo dice en su tarjeta de visita- escribe cartas
de suicidio. Y lo hace con extremada seriedad, con un envidiable y casi inquebrantable
celo profesional.
Lo primero que sorprende en Final, el cortometraje escrito y dirigido
por José Luis Montesinos, es un guión atrevido que, sin remilgos y con la
dosis exacta de humor negro, se lanza a contar a una historia diferente, sin
demasiados fuegos artificiales ni piruetas técnicas, confiando plenamente
en sus virtudes como relato. "De vez en cuando me gusta escribir cuentos.
En realidad, siempre comienzo los guiones escribiendo una historia que se
pueda leer de corrido y que cualquiera pueda entender. Lo primero que escribí
de Final era así, un cuento de dos páginas" responde Montesinos cuando
se le pregunta si ha flirteado con alguna otra forma de escritura además del
guión cinematográfico. Señala, además, una diferencia entre el cine de personajes
y el cine de historias: "A veces, para compararlo con el día a día,
quieres estar con tus amigos, hablar durante horas y conoceros íntimamente,
mientras que otras sencillamente quieres salir de fiesta y pasar una noche
divertida". A decir suyo, en Europa se hace más cine de personajes
y olvidamos muchas veces la necesidad de una buena historia: "A todos
nos ha gustado de pequeños que nos cuenten un cuento, y cuando seguimos yendo
al cine de mayores, a veces, queremos retomar ese deseo infantil".
¿De dónde nace la idea para Final?
La idea original sale de un íntimo amigo en Tarragona, con quien ya había
trabajado en un anterior guión y que tenía una idea sobre lo que podía ser
un escritor de cartas de suicida. De inmediato le dije que eso daba para un
muy buen guión, incluso uno que podía extenderse muchísimo. A partir de ahí
empecé a escribir una primera versión que contara toda la historia de este
escritor de notas suicidas, desde su infancia, su desarrollo laboral y bueno,
el final. Se hicieron muchas versiones, hasta que tuvimos una historia compacta
por la que apostar.
¿Cuánto tardaste desde la concepción de la idea hasta la realización?
Aproximadamente cinco o seis meses. En total ha sido casi un año de trabajo.
Entre que hice diez versiones del guión pasaron dos, tres meses, eso sumado
a la preproducción que fue un trabajo impresionante para conseguir 60 localizaciones,
90 personajes, etc.
¿Qué fue lo más complicado del proyecto?
Como siempre, en los cortometrajes lo más difícil fue conseguir el dinero.
Nosotros conseguimos el apoyo del Ayuntamiento de Tarragona y también el de
Grup Cinema Art. El resto lo pusimos nosotros, sacando dinero de debajo de
las piedras.
El tema en Final es el suicidio. El suicidio visto desde los ojos de un escritor adicto a historias tremebundas que, indefectiblemente, concluirán con una soga al cuello, un balazo en la sien, una sobredosis de barbitúricos o en las vías de un tren. Y el suicidio, el terminar con la propia vida-ahora que Amenábar ha llevado al cine la historia de Ramón Sampedro y su odisea en busca de una muerte digna-, es siempre un tema polémico. "Tuvimos bastantes problemas a la hora de conseguir los apoyos para el corto. Imagínate, vas a un ayuntamiento o donde sea y planteas la idea de un escritor de cartas suicida o queremos rodar aquí un suicidio, una muerte. Y esto, en una cárcel, en la RENFE o en una iglesia" cuenta Montesinos.
¿Y cómo lograste que colaboraran?
Bueno, engañando mucho. Usando mil y un artimañas, disfrazando la realidad.
Para mí, como escritor del guión, el suicidio era un mecanismo para hablar
de muchas cosas. En ningún momento pretendí hacer escarnio del tema, pero
es evidente que tratar el suicidio siempre es un poco complicado.
Imagino que si escribiste el guión diez veces, y estando frente a un tema
un poco tabú, uno de los puntos más peliagudos fue dotarlo de ese sentido
del humor, esa ironía...
Así es. Esa ironía se fue ganando de versión en versión. Conforme vas avanzando
empiezas a tener el aspecto visual en la cabeza, cómo jugar con la imagen
y la voz en off. Ese humor fue ganando espacio poco a poco, procurando no
caer en el mal gusto en ningún momento. De alguna manera era un tanto arriesgado.
Ha habido casos, en los pases que hemos hechos por toda España, en que el
corto no ha gustado nada. El director de Versión Española, Santiago Tabernero,
en principio opinó que frivolizábamos con el tema. En otros, por el contrario,
sencillamente le encantó al público. Por suerte, éstas han sido la mayoría
de las veces.
El corto transcurre en cuatro décadas diferentes, ¿cómo fue conseguir
esa textura y color propio que acentuase las diferencias de una a otra?
Eso fue un reto, necesitábamos que el espectador sintiese de verdad que el
personaje va evolucionando a través de un montón de cosas que la van sucediendo
a lo largo de los años y los diversos personajes que va conociendo. Trabajamos
mucho con el vestuario, con filtros para la cámara que diesen la textura apropiada
a cada década.
¿Fue difícil trabajar con tantos personajes, hacer que todos entendiesen
qué querías a partir del guión?
Para mí, como director de actores, fue una experiencia muy fuerte. Teniendo
90 actores, haciendo ensayos a veces con 25 de ellos, debía cambiar de chip
constantemente para meterme en el personaje de cada uno. Cambiar de uno a
otro era complicadísimo, teníamos muy poco tiempo, como mucho un par de semanas
para ensayar con todos.
Por último, ¿cómo ves el panorama actual del cine español?
Yo veo que hay cierta forma de conservadurismo, de productores muy veteranos,
demasiado clásicos, que apuestan sólo por un tipo de historia repetido hasta
el hartazgo. Creo que falta aire en el cine español, caras nuevas, ideas nuevas,
historias
más arriesgadas, más comprometidas y atrevidas.
Diego Salazar
Más información en la Revista ClubCultura #4

