Entre la Carta Robada de Edgar Allan Poe y el Aleph de Jorge Luis Borges fluyen los Siete Cuentos Imposibles de Javier Argüello (Chile,1972). El aroma de misterio, la conjura de lo fantástico, la fragancia del secreto perdido y reencontrado son las cartas credenciales de este joven narrador cuya patria son las letras y que reside actualmente en la ciudad de Barcelona. Seres imposibles y destinos marcados por el azar literario, objetos de curiosa memoria y un sentido preciso del narrar al modo de Calvino, convierten a nuestro Nuevo Talento Fnac en uno de esos seres que siguen cultivando desde la humildad el esplendoroso brocado de las letras latinoamericanas.

Tus relatos se mueven entre ecos de Poe y Borges, pero hay espacio para temáticas más contemporáneas (la búsqueda del amor, la importancia de la literatura, el ahuyentar la soledad). ¿Cómo has conjugado temáticas tan diferentes en un género tan difícil como el del cuento?
Esquivándolas, supongo. No pienso en temáticas sino en situaciones. Personajes determinados en circunstancias determinadas. Los observo y veo qué ocurre si muevo una de las piezas. Eso es todo. Las temáticas, de aparecer, aparecen luego y solas. Y no creo que esas que usted menciona -la búsqueda del amor, el ahuyentar la soledad, la literatura (o cualquier otra cosa) como herramienta de salvación- sean más o menos contemporáneas que otras. De hecho no creo que haya muchas más que esas.


Uno de tus personajes dice -o le piensan, mejor dicho: "caminó con esa sensación con que la que se movía por el mundo cuando trabajaba en un relato, sintiendo la extrañeza de todas las cosas cotidianas, sorprendiéndose repetidamente ante una realidad tan ajena a aquella en la que se sumergía cuando entraba en una historia que sólo existía en el papel". ¿Hay que abordar la creación literaria como un letraherido, o basta con asomarse a la realidad que nos rodea?
Hay que abordarla como se pueda y siempre que sea una necesidad. De esta manera no se decide el modo de abordaje sino que más bien es uno el abordado. Y no sé muy bien a qué se refiere el término "letraherido", pero sí puedo decirle que se trata, indiscutiblemente, de tomar contacto con lo que nos rodea, sólo que, como en el caso anterior, yo diría que no es uno el que se asoma a la realidad sino que es ella la que se impone, interrogándolo a uno. Entonces uno responde.


Naciste en Chile, tienes nacionalidad española, te sientes argentino y vives en una ciudad cosmopolita como es Barcelona.¿El contacto con otras realidades es una vacuna contra la intolerancia, o algo inherente a la creación cultural?
El contacto con otras realidades ayuda a comprender la idea de "la diferencia", de que hay cosas que son diferentes, y así como aprender un nuevo idioma hace que uno tome conciencia de las reglas y el funcionamiento del propio, el contacto con otras realidades ayuda a tomar conciencia acerca de sí mismo. ¿Si esto es o no una vacuna contra la intolerancia? Puede pensarse que sí, pero depende de la persona. Hay quienes frente a lo diferente sienten la necesidad de afirmar lo propio. Respecto de la creación cultural, sinceramente no sabría qué contestarle. Si quiere un día, cerveza mediante, me lo explica mejor y lo comentamos.


Uno de tus personajes vende su alma al diablo para averiguar si su obra ha pasado a la historia de la literatura. ¿Porqué venderías tú tu alma al diablo?
Me gustaría pensar que por nada. Lo de vender el alma lo entiendo como una metáfora de la auto-traición (no es el caso del cuento que usted menciona), y después de eso ya no sé qué queda. Un buen amigo me decía hace unos días, hablando de estos temas, que una vez que ya se le ha disparado a un hombre, dispararle a otro cuesta mucho menos. Me parece digno de tener en cuenta.


Barcelona fue escenario de la lucha antiglobalización, uno de los retos a los que se enfrenta nuestra sociedad. En este comienzo de siglo, ¿cómo debe ser el compromiso del creador?
Nunca he entendido eso del compromiso del creador. El único compromiso que se me ocurre que ha de tener es consigo mismo, ser honesto consigo mismo para que ese diálogo con la realidad del que hablábamos más arriba, sea también honesto. Sólo eso se puede ofrecer, un compromiso con la propia percepción acerca de las cosas, la cual no es inmutable, como tampoco las cosas lo son. Está en constante reformulación porque todo está cambiando, y la única manera en que puedo imaginar un diálogo honesto entre dos cosas que no permanecen inalterables, es concibiéndolo dinámico. Un compromiso exterior con alguna idea rígida no puede hacer otra cosa que rigidizarlo, y por lo tanto, a mi juicio, volverlo menos interesante. El diálogo que se mantiene entre la realidad y la percepción, tiene lugar, en mi opinión, a nivel de las sensaciones, y como decía Emile Cioran, "muy bajo tiene que caer una sensación para transformarse en idea". Es por eso que cuando la realidad pregunta, yo prefiero responder con historias.