Mikel Aristregi. 1975. Hernani (Gipuzkoa). Periodista y fotógrafo. Premio Nuevo Talento FNAC de Fotografía en 2006; beca Fotopres’09 de la Fundación La Caixa. Actualmente es fotógrafo y editor del suplemento dominical del diario Segre de Lleida, Lectura.
“Libertad”, Jonathan Franzen.
Mi estreno con este autor no podía haber comenzado mejor. Franzen ahonda en las profundidades más oscuras y siniestras de la naturaleza humana y contextualiza su historia (la de Patty, Walter y Richard) en una sociedad americana tan enferma y miserable como los propios protagonistas.
Publicación: 23/01/2012
Aquí empieza la descripción de una relación.
Un descubrimiento revelador. Nunca mejor nombrado.
Mi historia, nuestro relato.
El cómo, cuándo y por qué empezó lo nuestro.
Nuestro primer contacto se remonta lejos en el pasado, tengo que revirar mis recuerdos para buscar una fecha que no encuentro.
Fue un contacto carnal, pues su forma en esos tiempos no se asemejaba a la que muestra hoy.
Fue sin duda un contacto frío, en forma de joya, seguro.
Un anillo, un colgante o el brazalete de un reloj, sin duda.
En esas épocas su forma era todavía primitiva.
Sin compuestos ni fórmulas.
Con el tiempo la redescubrí en otra apariencia, impregnada en gelatina, adosada a una película.
Con unas medidas inigualables.
Las míticas 1,377 pulgadas, ese 24X36,
¡Qué proporción! ¡Qué número mágico!
En esos días de estudiante empezó nuestro verdadero romance, un primer año difícil, muy duro, lleno de peleas y reconciliaciones, a punto de dejarlo para acabar casados.
Nuestro matrimonio se consumó en nuestra tercera primavera.
En un aula de la planta baja, el maestro de ceremonias la sacó de un minúsculo recipiente y por primera vez la vi realmente en su fórmula perfecta.
Me la esperaba diferente, quizás oscura o casi negra; pero nada mas lejos de eso: Blanca como la nieve y brillante como el cristal.
¡Benditos mis ojos!
Fue una imagen breve, pero en unos días no solo mis ojos, sino mis manos disfrutaban de ella.
¡Y sí! Dejó su mancha en mí, por medio mes por lo menos.
No existió jabón capaz de borrar su rastro de mis dedos.
Nuestro enlace ya estaba sellado.
Hoy, casi seis años después, sigo con ella.
Continuo prefiriéndola en su mejor forma, en una disolución al 15 %, en pequeñas dosis y administrada por capilaridad, por un solo lado, tres minutos y a volar.
Las manos negras, sin olor, altamente irritable y tóxica hasta la muerte.
Así es ella.
Ese nitrato de mi amor.
Didac Cortina
www.nitratodeplata.com

Foto © Mikel Aristregi

Foto © Mikel Aristregi
Publicación: 18/07/2011
Reconozco que desde que he leído la biografía de Artur Domoslawski sobre Kapuscinski, "Non-Fiction", miro al maestro de otra manera. Además, leo "El Imperio", que es precisamente el título del ensayo que Kapuscinski dedicó a los países de la antigua Unión Soviética y que le sirve a Domoslawski como punto de partida para analizar la (re)ubicación de éste respecto al régimen comunista y la ideología marxista en su madurez. La de Kapu, queremos decir. Ciertamente, no sale muy bien parado, y no solo en este capítulo.
Me entero de la existencia de "Non-Fiction" casualmente viajando por Polonia, tierra natal de Kapuscinski, gracias a unos amigos que estamos visitando cerca de Poznan: Kasia, Filo y su hija Matilda. Me ponen al día del revuelo que ha causado su publicación y de cómo ha comenzado a mutar el concepto que los polacos tenían hasta ese momento de uno de sus hijos predilectos. Al parecer, todo empieza con la desclasificación de unos documentos de la época de la guerra fría en los que el nombre de Kapuscinski se relaciona con personas y realidades con las que no se le presuponía ninguna vinculación. Al igual que yo, Kasia siente una gran admiración por su compatriota, pero su relato de los acontecimientos denotan una profunda decepción.
Tengo otro amigo, el Ferràn, que piensa que la biografía escrita por Domoslawski, polaco como Kapuscinski, simplemente humaniza la figura del que fuera distinguido con el título al mejor periodista del siglo XX en su país, además del Premio Príncipe de Asturias en 2003. Que solo lo baja del pedestal al que lo habían elevado colegas de oficio y escritores varios de todo el mundo, pasando de ser un tipo ideal a un hombre de carne y hueso, con sus miedos y sus debilidades. Conclusión: ¡la polémica no es para tanto!
Ya en las citas introductorias del libro, Domoslawski nos da una pista de por donde irán los tiros, recuperando, entre otras, una de Gabriel García Márquez: "Todas las personas tienen una vida pública, una privada y una secreta". Kapuscinski no es una excepción. Yo pienso que el contenido de "Non-Fiction" consigue ir más allá de la mera humanización del maestro, que no se trata simplemente del hecho de que se hayan aireado algunos de los trapos sucios del reportero polaco. Poner en tela de juicio la veracidad de lo que Kapuscinski vendió como literatura de no-ficción equivale a dinamitar los cimientos de toda su obra. En definitiva, su honestidad. De ser así, de ser cierto que Kapuscinski miente en sus relatos, estoy convencido de que las razones que tuvo para hacerlo son "humanamente" comprensibles; tal vez había pensado que un poco de atrezzo no le hacía mal a nadie y mucho bien a sí mismo, o, por lo menos, a sus historias. Total, nadie se iba a enterar. Tal vez no predijo con suficiente exactitud la dimensión que alcanzarían su obra y su figura en el futuro y el gran interés que suscitarían ambas. Tanto, que hasta le escribirían una biografía.
Personalmente pienso que Kapuscinski fue un tipo que estuvo dispuesto a sacrificarlo todo, incluso sus principios, con tal de poder vivir haciendo aquello que le apasionaba hasta el punto de perder, paradójicamente, el mundo de vista: viajar y estar en el meollo de los acontecimientos que en cada momento iban marcando el devenir de la Historia. Ser testigo presencial y narrar cuanto percibía. Y si para ello tenía que "trapichear", por ejemplo, para el servicio de espionaje polaco, pues trapicheaba. Cualquier cosa por vivir el sueño de ser reportero. Ya me gustaría a mí tener su determinación.
No sé si me alegro o no de que todo haya salido a la luz después de que Kapuscinski haya muerto. Su viuda hizo y deshizo para que el texto de Domoslawski no se publicara. Tampoco sé si lo hizo para salvaguardar el hasta entonces inmaculado honor de su marido o si lo hizo para proteger el suyo propio, ya que Domoslawski dedica todo un capítulo, cierto que no demasiado extenso, a hablar de las muchas amantes que el reportero tuvo a lo largo de su vida. Si tuviera que apostar, lo haría por la primera opción.
No conozco a Domoslawski. No conozco su trabajo. Carezco de referencias. Sin embargo, no me parece que se trate de un ajuste de cuentas personal. Para escribir la biografía empleó más de cuatro años de investigación, leyó 33 libros relacionados con el autor (además de los del propio Kapuscinski, 26), más de 150 artículos, más de 25 entrevistas -todas ellas publicadas con anterioridad- a siete personas cercanas al reportero, correspondencia y archivos de diversas universidades en las que Kapuscinski impartió talleres o realizó conferencias. Todas las referencias vienen, obviamente, perfectamente documentadas en el libro.
La pregunta que acudía a mi mente una y otra vez durante la lectura de "Non-Fiction" era "todo esto, por qué, para qué". Es decir, ¿por qué tomarse tantas molestias en socavar la reputación de una persona que ya está muerta y a la que el propio biógrafo, pese a todo, continúa considerándola su maestro? Creo que la intención de Domoslawski es simplemente la de poner las cosas en su sitio; de hacer honor a la verdad. Un intento por que nadie pase a la historia como lo que realmente no fue… o no lo fue tanto, o tan bonito, o tan ideal. La propia historia será quien juzgue al gran maestro del reportaje escrito del que tanto hemos aprendido y tantas veces nos ha servido y nos sigue sirviendo de inspiración. Eso permanece y por ello le estaré eternamente agradecido. Es más, después de haber conocido el contexto y las circunstancias que lo acompañaron, comprendo y, de alguna manera, admiro aun más si cabe a esa persona que siempre buscó y propició el encuentro con el otro.
La hipótesis que sugiere Domoslawski en un momento del libro es si, de tanto buscar el encuentro con los demás, no descuidó el encuentro consigo mismo.
Texto y fotos © Mikel Aristregi
Reconozco que desde que he leído la biografía de Artur Domoslawski sobre Kapuscinski, "Non-Fiction", miro al maestro de otra manera. Además, leo "El Imperio", que es precisamente el título del ensayo que Kapuscinski dedicó a los países de la antigua Unión Soviética y que le sirve a Domoslawski como punto de partida para analizar la (re)ubicación de éste respecto al régimen comunista y la ideología marxista en su madurez. La de Kapu, queremos decir. Ciertamente, no sale muy bien parado, y no solo en este capítulo.
Me entero de la existencia de "Non-Fiction" casualmente viajando por Polonia, tierra natal de Kapuscinski, gracias a unos amigos que estamos visitando cerca de Poznan: Kasia, Filo y su hija Matilda. Me ponen al día del revuelo que ha causado su publicación y de cómo ha comenzado a mutar el concepto que los polacos tenían hasta ese momento de uno de sus hijos predilectos. Al parecer, todo empieza con la desclasificación de unos documentos de la época de la guerra fría en los que el nombre de Kapuscinski se relaciona con personas y realidades con las que no se le presuponía ninguna vinculación. Al igual que yo, Kasia siente una gran admiración por su compatriota, pero su relato de los acontecimientos denotan una profunda decepción.
Tengo otro amigo, el Ferràn, que piensa que la biografía escrita por Domoslawski, polaco como Kapuscinski, simplemente humaniza la figura del que fuera distinguido con el título al mejor periodista del siglo XX en su país, además del Premio Príncipe de Asturias en 2003. Que solo lo baja del pedestal al que lo habían elevado colegas de oficio y escritores varios de todo el mundo, pasando de ser un tipo ideal a un hombre de carne y hueso, con sus miedos y sus debilidades. Conclusión: ¡la polémica no es para tanto!
Ya en las citas introductorias del libro, Domoslawski nos da una pista de por donde irán los tiros, recuperando, entre otras, una de Gabriel García Márquez: "Todas las personas tienen una vida pública, una privada y una secreta". Kapuscinski no es una excepción. Yo pienso que el contenido de "Non-Fiction" consigue ir más allá de la mera humanización del maestro, que no se trata simplemente del hecho de que se hayan aireado algunos de los trapos sucios del reportero polaco. Poner en tela de juicio la veracidad de lo que Kapuscinski vendió como literatura de no-ficción equivale a dinamitar los cimientos de toda su obra. En definitiva, su honestidad. De ser así, de ser cierto que Kapuscinski miente en sus relatos, estoy convencido de que las razones que tuvo para hacerlo son "humanamente" comprensibles; tal vez había pensado que un poco de atrezzo no le hacía mal a nadie y mucho bien a sí mismo, o, por lo menos, a sus historias. Total, nadie se iba a enterar. Tal vez no predijo con suficiente exactitud la dimensión que alcanzarían su obra y su figura en el futuro y el gran interés que suscitarían ambas. Tanto, que hasta le escribirían una biografía.
Personalmente pienso que Kapuscinski fue un tipo que estuvo dispuesto a sacrificarlo todo, incluso sus principios, con tal de poder vivir haciendo aquello que le apasionaba hasta el punto de perder, paradójicamente, el mundo de vista: viajar y estar en el meollo de los acontecimientos que en cada momento iban marcando el devenir de la Historia. Ser testigo presencial y narrar cuanto percibía. Y si para ello tenía que "trapichear", por ejemplo, para el servicio de espionaje polaco, pues trapicheaba. Cualquier cosa por vivir el sueño de ser reportero. Ya me gustaría a mí tener su determinación.
No sé si me alegro o no de que todo haya salido a la luz después de que Kapuscinski haya muerto. Su viuda hizo y deshizo para que el texto de Domoslawski no se publicara. Tampoco sé si lo hizo para salvaguardar el hasta entonces inmaculado honor de su marido o si lo hizo para proteger el suyo propio, ya que Domoslawski dedica todo un capítulo, cierto que no demasiado extenso, a hablar de las muchas amantes que el reportero tuvo a lo largo de su vida. Si tuviera que apostar, lo haría por la primera opción.
No conozco a Domoslawski. No conozco su trabajo. Carezco de referencias. Sin embargo, no me parece que se trate de un ajuste de cuentas personal. Para escribir la biografía empleó más de cuatro años de investigación, leyó 33 libros relacionados con el autor (además de los del propio Kapuscinski, 26), más de 150 artículos, más de 25 entrevistas -todas ellas publicadas con anterioridad- a siete personas cercanas al reportero, correspondencia y archivos de diversas universidades en las que Kapuscinski impartió talleres o realizó conferencias. Todas las referencias vienen, obviamente, perfectamente documentadas en el libro.
La pregunta que acudía a mi mente una y otra vez durante la lectura de "Non-Fiction" era "todo esto, por qué, para qué". Es decir, ¿por qué tomarse tantas molestias en socavar la reputación de una persona que ya está muerta y a la que el propio biógrafo, pese a todo, continúa considerándola su maestro? Creo que la intención de Domoslawski es simplemente la de poner las cosas en su sitio; de hacer honor a la verdad. Un intento por que nadie pase a la historia como lo que realmente no fue… o no lo fue tanto, o tan bonito, o tan ideal. La propia historia será quien juzgue al gran maestro del reportaje escrito del que tanto hemos aprendido y tantas veces nos ha servido y nos sigue sirviendo de inspiración. Eso permanece y por ello le estaré eternamente agradecido. Es más, después de haber conocido el contexto y las circunstancias que lo acompañaron, comprendo y, de alguna manera, admiro aun más si cabe a esa persona que siempre buscó y propició el encuentro con el otro.
La hipótesis que sugiere Domoslawski en un momento del libro es si, de tanto buscar el encuentro con los demás, no descuidó el encuentro consigo mismo.
Publicación: 02/03/2011
Aunque aparentemente es como los demás, Amarsakhan posee un don que no tienen el resto de sus colegas. El don de la Amabilidad.
Al principio todos lo son, sobre todo a primera hora de la mañana cuando aún están relativamente sobrios y descansados, pero en seguida se vuelven agresivos, tanto los que han conseguido beber algo como los que no. Especialmente los que no. Para la mayoría, el tipo blanco con una cámara colgada al hombro que se deja caer por aquí no es más que un sujeto del que poder obtener algún que otro beneficio que alivie su necesidad de consumo: unos cuantos tugrik por aquí, unos cigarrillos por allá, algo de comer… Reclaman una especie de tasa colectiva a cambio de que yo pueda fotografiar sus miserables vidas, lo cual no me parece del todo mal. Incluso me parece justo. El problema es que tan rápido rindo tributo al líder de turno que los represente, vuelven a por más. La pasta o la vida; así de simple. Y no es que Amarsakhan no pida; ¡Por supuesto que lo hace! Lo que lo diferenciaba del resto es la manera que tiene de hacerlo.

© Mikel Aristregi
-40/96º
Serie FotoPres'09
Ante su inquebrantable amabilidad no dejo de preguntarme cómo lo hará; cómo es capaz de mantener la compostura en medio de esta jauría humana. Ni una amenaza, ni un mal gesto, Amarsakhan nunca pierde su cualidad de hombre bondadoso y tranquilo, como si toda esta sordidez que lo impregna todo no fuera con él.
Tal vez, simplemente sea su estrategia para sobrevivir: bajo las numerosas capas de ropa que lleva encima se adivina un hombre vulnerable, de constitución débil, lo peor que se puede ser en una sociedad como la mongola, donde tanto se valora la fuerza física. Más aun si formas parte de esa otra micro-sociedad donde la única ley que impera es la ley del más fuerte. Pero ya conocen el dicho, "quien a buen árbol se arrima…", y eso es lo que hace este pequeño mongol.
La mañana del 28 de noviembre Amarsakhan me invita a su casa, una cabaña de madera y cartones de poco más de seis metros cuadrados que comparte con Bakhsaikhan y Miigaa, las dos buenas sombras que lo vienen cobijando. Un perro blanco guarda la entrada; dentro, unos colchones finos sobre somieres de muelles viejos y una estantería sobre la estufa de leña es todo lo que hay. Sin duda, pertenecen a la clase alta del clan.

© Mikel Aristregi
-40/96º
Serie FotoPres'09
Amarsakhan está cansado después de caminar el kilómetro y medio que separa los tubos de Harhorin de su humilde hogar. Tendido sobre los colchones, enciende un cigarro y me abandona por unos instantes. La iluminación tenue que se cuela por la ventana convierte la pequeña estancia en un cuadro de Tiziano.
Presentamos esta exposición en la que el prestigioso autor se sirve de la sátira para ver con rayos X los huesos del sistema.
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Tras ganar el Premio Herralde con su anterior título, publica su segunda novela, 'Gloria mía', a comienzos de mayo.
La carrera de una estrella de cine consiste en ayudar a los demás a olvidar sus problemas. En usar tu encanto, tu belleza y tu jovialidad para hacer que la vida parezca más fácil. "El problema -dijo una vez Gloria Swanson- es que si no lloras nunca en público... en fin, el público supone que no lloras nunca". CHUCK PALAHNIUK. 'AL DESNUDO' (Mondadori)