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Rosa Montero: ¿Es éste
el más profundo y melancólico de tus libros?
Se aprecia también más trabajo, tu dibujo es
estupendo...
Maitena: Es diferente a los otros libros y mejor dibujado,
es cierto. Es el que más esfuerzo me costó.
En general hago una página semanal, dibujo bastante
rápido. En otras épocas de mi vida incluso lo
he hecho un poco intoxicada, no siempre he trabajado en los
mejores estados. Este libro, que tiene que ver con una etapa
de mi vida muy buena, tardé mucho tiempo en hacerlo,
más de tres años, y lo dibujé muy bien.
Todavía me falta mucho para aprender a dibujar, pero
creo que es muy diferente a los otros libros: éste
tiene otro trabajo y ha supuesto un crecimiento enorme. Pero
no sé si el libro es más melancólico.
Me cuesta entender qué es la melancolía: para
mí la melancolía es un uruguo, algo difícil
de explicar. Puede que haya un uruguayo en mí, porque
viví mucho tiempo allí.
RM: La melancolía es la percepción
de la fugacidad de las cosas. La percepción de la belleza
sin perder de vista en ningún momento que se acaba,
que todo termina. Esa sería la definición de
la melancolía, creo yo...
M: Una linda definición. Puede ser, en ese sentido
entonces soy melancólica. Como todos los humoristas,
soy una persona muy dramática, pero creo que este libro
tiene temas tocados más profundamente. Esto tiene que
ver con que a veces, hay temas que toco todos los años,
porque yo trabajo para una revista. Por ejemplo, el día
de la madre. Lo hice el primer año, y fue algo divertido;
después del quinto o sexto año, el tema te pone
en otro lugar y le das otra vuelta. Y en este libro me animé
a decir cosas a las que antes no me animaba, como hablar mal
de las madres, que las hay buenas y malas. Y eso es algo que
creo tiene todo el libro: una mirada tal vez menos superficial
que en otros libros.
RM: Me ha hecho gracia lo de hablar mal
de las madres. ¿Hasta qué punto usas cosas de
tu vida cotidiana?
M: Todo el tiempo. A veces, cuando hago notas o hablo
de cosas personales, tengo amigos y familiares que me preguntan
qué necesidad tengo de hablar de ello... Siempre estoy
hablando de mis cosas. Cualquier persona más o menos
aguda se da cuenta de que estoy siempre contando mi vida.
No me parece tan absurdo contar cosas que me ubican. Todo
lo que me pasa tiene que ver con lo que hago, pero eso no
quiere decir que sea auto-referencial: no cuento lo que me
pasa a mí, pero cuando hay un tema que me toca y me
da vueltas, pienso en ello y en qué le pasa con ese
tema a la gente que conozco.
RM: ¿Y hay temas que no has podido
tocar todavía, porque te hayas sentido demasiado desnuda,
o te duelan, o que no entiendes ?
M: No, en general nunca tuve autocensura. A menudo
me preguntan si por trabajar en Buenos Aires en una revista
femenina bastante tradicionalista, dejo de hablar de algunos
temas. Y la verdad es que no, me siento muy cómoda
hablando de lo que hablo. Y hay asuntos sobre los que no hablo
-el aborto, los desaparecidos- porque no me nacen, no porque
me los censuren y no los publiquen. A veces, hay gente que
me dice "nunca hablas de tal cosa": en una ocasión,
un señor se me acercó y me dijo que nunca había
hablado del estreñimiento femenino. Gran observación
la de este señor. Y me di cuenta de que no había
hablado porque no lo sufro, pero mis hermanas sí. Desconozco
los pequeños detalles para poder contarlo. Pero el
tipo me dijo "yo me casé tres veces, y las tres
eran estreñidas, y las cosas que me pasaron. Ese es
un tema muy de la mujer, y nunca hablaste de ello". Así
que traté de hacer una historieta, y me quedó
una cagada. No conozco el tema, si alguien sabe algo...
RM: ¿Te escriben los fans dándote
ideas? ¿Cómo es tu relación con ellos?
M: Pasa algo raro con mi trabajo. Más que dándome
temas, a veces me ponen en un lugar en el que yo no quisiera
estar, que es el de sociólogo-psicólogo. A veces
me hacen preguntas raras en las entrevistas: preguntas que
no pudieron contestar ni Freud ni Lacan. Como por ejemplo,
"¿qué quiere la mujer?" ¿La
mujer de quién? O me escriben, y me cuentan sus problemas
personales como un consultorio sentimental. En general me
escriben y me cuentan sus cosas, y me parece bueno que haya
algo de intimidad. Cuando se acercan, y me cuentan cosas privadas,
me da mucha ternura...
RM: ¿Como es tu mecánica
de trabajo?
M: Escribo el guión y después lo dibujo.
Cada historieta es un tema, no tengo personajes. Tomo ese
tema, pienso de qué lado lo tomo (eso se me da con
el título) y después busco cuatro, seis u ocho
cosas sobre el tema (necesito que sea par), saco la cosa que
me parezca menos relevante y voy dejando seis, o dejo dos;
en definitiva, hago un poco de síntesis. Pero sí
me ha pasado ponerme a pensar algo para escribir y terminar
escribiendo cosas que yo no sabía que sabía.
Eso es algo muy gratificante.
RM: Tu acercamiento a la cotidianeidad
me recuerda un poco a Woody Allen. De algún modo, tu
obra es como un espejo existencial...
M: Bueno, la verdad es que me gusta mucho retratar
mujeres de todas las edades. No me siento parte del fenómeno
Bridget Jones, con quien a veces me comparan. Puede haber
Bridgets en mi trabajo, pero hay mujeres de muchas edades.
Me gustan mucho las adolescentes y me gustan mucho las viejas.
No hay tantas viejas en "Mujeres alteradas", pero
sí en el diario La Nación, donde publico todos
los días. Me gusta muchísimo el personaje de
la gente grande: te pueden decir cualquier barbaridad. Y me
gustan esas mujeres opinando del mundo, de las mujeres o de
la familia desde ese lugar. Y a veces me encuentro con señoras
en la calle que me dicen "¿Pero cómo puede
ser que vos sepás eso si no sos vieja?"
RM: ¿Piensas en el futuro, tienes
proyectos de futuro?
M: Desde hace poco tiempo, sí, desde que estoy
muy enamorada.
RM: ¿Y en qué piensas?
M: En que no tengo ganas de morirme, y me preocupa
pensar que me voy a morir. No es que antes me planteara "voy
a morir mañana", pero llevaba una vida mucho más
al límite y no medía riesgos. No pensaba en
eso. Y ahora sí, hasta si tomo un avión pienso
"¡Ay!... Mejor me voy con la bebé y morimos
todos juntos". Ése es el pensamiento más
dramático. Pero también pienso que me quedan
treinta o cuarenta años de vida, y no me los quiero
pasar trabajando. Me gustaría hacer las cosas que me
gustan: dibujar y escribir. Pero no publicar en revistas,
entregando semanalmente mi trabajo.
RM: Te gusta dibujar y escribir, pero
no tener una fecha fija...
M: Trabajar es lo que no me gusta, dibujar y escribir
sí.
RM: ¿Te gustaría escribir
narrativa, por ejemplo?
M: No sé qué me gustaría escribir,
pero disfruto escribiendo.
RM: ¿Más que dibujando?
M: Son muy difíciles las dos cosas. Yo no hago
bien ninguna de las dos, pero me defiendo más o menos
con las dos, y juntas funcionan. Si me dedicara a una sola,
sería a la que mejor me sale. Y no sé cual me
sale mejor. Me cuesta mucho tiempo dibujar, es un trabajo
muy solitario.
RM: ¿Y dibujas, además
de tus tiras, otras cosas para ti?
M: No. Yo no me considero una artista, sino una gran
trabajadora que ha aprendido su oficio muy bien. No soy una
persona que si no dibujara se moriría, o que necesito
dibujar... Podría dejar de dibujar y dedicarme a cocinar,
y la pasaría fantástico.
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