El portal cultural de la Fnac

El blog de Julián Rodríguez

Julián Rodríguez

Julián Rodríguez (Ceclavín, Cáceres, 1968), director literario de la editorial independiente Periférica, ha publicado sus libros en diferentes sellos del Grupo Random House Mondadori.

En 2001 apareció su primera novela, Lo improbable (Debate); en 2002 un volumen con tres novelas cortas, La sombra y la penumbra (Debate); y en 2006, su segunda novela, Ninguna necesidad (Mondadori), elegida por los críticos del diario El País como uno de los diez mejores libros de narrativa en español del año y Premio Ojo Crítico de Radio Nacional de España. Estos tres libros fueron reunidos en un solo volumen bajo el título Lo improbable y otras novelas (Debolsillo, 2007).

En 2004 fue elegido Nuevo Talento FNAC por su libro Unas vacaciones baratas en la miseria de los demás (Caballo de Troya; 2ª edición en Debolsillo, 2008), con el que abrió un ciclo de "no ficción", entre autobiográfico y ensayístico, llamado "Piezas de resistencia", del que ya ha publicado una segunda entrega: Cultivos (Mondadori, 2008), mientras que actualmente trabaja en la tercera.

En 2010 ha recuperado en el volumen Antecedentes (Mondadori) sus primeros textos en prosa y verso.

Estoy con...

Vier letzte Lieder, de Richard Strauss, cantadas por Elisabeth Schwarzkopf

Desde que era adolescente, he escuchado con atención y devoción una docena de versiones de estas últimas piezas de Richard Strauss, quien tenía más de ochenta años cuando las compuso. Y de entre todas esas versiones prefiero la que nos dejó la gran Elisabeth Schwarzkopf, poderosas y sutiles al mismo tiempo. Tres de las canciones llevan texto, poema, de Hermann Hesse (“Primavera”, “Septiembre”, “Al irme a dormir”); la cuarta, de Joseph von Eichendorff (“En el ocaso”). Pocas obras breves son tan grandes como éstas.


La muerte de la bien amada, de Marc Bernard.

No se me ocurre ahora mejor libro para "acompañar" las canciones de Strauss que este bellísimo texto de Bernard, uno de esos grandes autores franceses especialistas, precisamente, en lo aparentemente menor. Recién publicado en España, con una buena traducción de Regina López Muñoz, es una excelente carta de presentación de Bernard, quien rememora aquí la muerte, y parte de la vida, de su esposa. Pero en ningún momento se deja llevar por lo sentimentaloide; al contrario, estamos ante una verdadera invitación a la vida. Feliz humo.



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Dos de las mejores exposiciones de PHOTOESPAÑA 2013

Publicación: 25/06/2013

Cuerpos. Así se titula la breve, pero contundente, muestra de la fotógrafa chilena Paz Errázuriz (Santiago, 1949) en la galería Espacio mínimo, donde destaca la serie "Tango", de 1986. "Paz Errázuriz arma secuencias vivas que se relatan en los márgenes sociales. No son vidas retratables o afamables. Pero lo son porque nos cautiva la credulidad de los personajes en sus ritos sociales olvidados. Los viejos en un concurso de belleza, el mago en el momento en que su paloma huye, los bailarines arrabaleros que se deslizan en un tango cuarentón, el viejo tocando el tololoche o los travestis con sus dos personalidades en una boite de Talca" (Georgina Gutiérrez).

PHE2013

 

Por su parte, y bajo el título Tempus fugit..., la galería Guillermo de Osma ofrece una buena muestra de la trayectoria de Pierre Molinier (Agen, 1900-Burdeos, 1976), de quien ya se habían ocupado en España críticos como Juan Vicente Aliaga y José Miguel G. Cortés, escritores como Vicente Muñoz Puelles o cineastas como Luis García Berlanga (amigo de Molinier, en quien se inspiró para escribir la película Tamaño natural, con un Piccoli/Molinier inolvidable). "Sus fotografías, especialmente los autorretratos y fotomontajes realizados en los últimos quince años de su vida y recogidas, muchas de ellas, en su libro Cien Fotografías Eróticas, muestran una decoración monótona y repetitiva donde las mismas fantasías son convocadas obsesivamente: la angustia de una identidad troceada, la fragmentación del propio cuerpo, la irremediable ligazón del dolor al placer, el incesante fetichismo y travestismo narcisista. El acto fotográfico supondrá para Molinier la única posibilidad de acceder al otro cuerpo. El fotomontaje le permitirá alcanzar ese cuerpo imposible que la sociedad prohíbe. Su vida se nos aparece como la incesante búsqueda -sin ningún tipo de moral- de la frontera evanescente donde se yuxtaponen en una proximidad improbable y provocadora los diferentes sexos; ese lugar hecho de luz y sombras, ambiguo y confuso donde el deseo se confunde con la angustia y el goce con el sufrimiento. Si en los años sesenta y setenta el mundo del arte se vio inundado por un conjunto de artistas que -mediante el body art y las performances- iban a utilizar su propio cuerpo como objeto artístico y medio ideológico para cuestionar las representaciones corporales y sexuales del momento, muy pocos irán tan lejos en su búsqueda como Pierre Molinier. Éste pasará sus últimos años confinado y solo en un claustrofóbico, decadente y sucio apartamento del viejo Burdeos. Aquel espacio será su universo y su microcosmos, lugar sagrado y obsceno donde comerá, trabajará (es el mismo artista quien construye o transforma todos sus objetos) y dormirá rodeado de pistolas, maniquís, libros, pinturas, muñecas, cuchillos, botas, medias, ropa negra: fetiches y accesorios que le acompañarán hasta el día de su suicidio (el 3 de marzo de 1976). Una angustiosa atmósfera que le permitirá el retiro del mundo real al suyo interior, un espacio inviolado donde poder dar lugar a todo el desarrollo de su psique" (José Miguel G. Cortés). 

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Huevos fritos, foie y Claude Chabrol

Publicación: 14/05/2013

Dos películas, 'Pollo al Vinagre' e 'Inspector Lavardin', que forman un díptico único (sí, esta palabra se usa, en ocasiones, demasiado a la ligera): los crímenes de provincia (como era habitual en el mejor Chabrol); la burguesía y sus "maneras"; los sempiternos homenajes a Hitchcock (pero también a nombres como Balzac, Fournier, Guitry...).

Añadamos la buena mesa (se dice que Chabrol decidía algunos escenarios por los restaurantes de las inmediaciones); el sexo y sus derivas; las herencias y los negocios que "producen" crímenes.

Por último, un notario, un médico, un fin-de-raza, un cartero, un carnicero (el habitual, y de nuevo único, carnicero chabroliano). Ah, y la familia, siempre la familia. Y las mujeres fuera de lo común.

Un díptico que podría haber dibujado otro grande, maestro también en radiografiar los asesinatos de segunda fila: Jacques Tardi.

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Lugares y propuestas (2)

Publicación: 09/04/2013

Ese restaurante "frente" a Lisboa: Atira-te ao rio.

He dejado de llevar la cuenta. ¿Treinta, cuarenta veces? La primera cena, aquella vez, con Antònio y, quizá, Leonel. Hace ya ¿cuánto?

El ferry hasta Caçilhas (ah, el viento), el paseo hasta ese lugar que me parecía tan remoto, el vino que ponía humor y emoción siempre al regresar luego a Lisboa, al caminar, cuesta arriba, desde Cais do Sodré hasta Pavilhão Chinês, primera parada, o Mahjong y Zé dos Bois años después... No había entonces turistas, sólo lisboetas, los happy few habituales. Y tantos caboverdianos cruzando el Tajo después de la jornada.

Me sentía mal a veces: los miraba y me "veía", su clase social, nuestra clase. Pensaba en mis antepasados, los agricultores. Pero, a pesar de la tristeza de algunos momentos o de algunos días, siempre había felicidad en el ambiente. Quizá estaba en mí, y no podía escapar a ella, en uno de esos ataques gramscianos tan de entonces, tan de ahora, después de los análisis pesimistas.

En ocasiones comenzaba a llover y cenábamos dentro. Pero casi todas las noches fueron de la pequeña playa, de las conversaciones sobre el futuro intangible, de las promesas de felicidad.

Anoche soñé que Zama venía con nosotros, con los viejos y los nuevos amigos (entre todos llenábamos el ferry), y corría hasta el lugar donde siempre había dos o tres pescadores nocturnos, no muy lejos de los grandes barracones okupados. Y allí se detenía y miraba hacia las luces de la ciudad. Y aullaba, sí, entonces aullaba a la luna.

Atirate ao rio

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“(…) el otoño existe; el regusto y la reflexión / existen; y el lugar retirado existe; los ángeles, / las viudas y el alce existen; las particularidades / existen, el recuerdo, la luz del recuerdo; / y el resplandor crepuscular existe, el roble y el olmo / existen, y el enebro, la semejanza, la soledad / existen; y el éider y la araña existen, / y el vinagre existe, y la posteridad, la posteridad...” (‘Alfabeto’, de Inger Christensen. Ed. Sexto Piso)

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