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El blog de Guillermo Artés

Guillermo Artés

Me llamo Guillermo Artés y vivo en la costa este. Me encanta hacer canciones. Mi proyecto musical actual es Guillemka, aunque hace tiempo estuve en Kindergarten. Algunos me meten en el saco indie, aunque prefiero considerarme un cantautor eléctrico. También escribo historias que no canto. Aquí van. Contadme cosas, prometo contestar.

Estoy con...

Algo va mal. Tony Judt.

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"Born to be alive" de Patrick Hernandez

Publicación: 13/04/2010

¿Reconocéis a la veinteañera de la foto? Probablemente sí, es una joven Madonna antes de hacerse famosa.

¿Y el treintañero? Se llama Patrick Hernandez y es el autor de un gran tema de éxito internacional, Born to be alive, un "One Hit Wonder" memorable.

¿Qué hacen estos dos juntos?

En el verano de 1979, mis padres decidieron veranear en casa de mis tíos, en el campo, no muy lejos de Valencia. Allí no había mucho que hacer y hasta que no encontré niños con los que jugar, me aficioné a escuchar la radio en un aparato que ahora definiríamos como "vintage". Descartadas la onda larga y corta, donde se oían ruidos extraños y voces lejanas en lenguas ininteligibles, opté por la onda media. La fm estaba todavía en una fase incipiente en aquellos días.

Entre toneladas de publicidad, noticias y seriales radiofónicos, aparecía la música. Por primera vez accedía a melodías de la actualidad, distintas a las que sonaban en casa.

La Disco Music, una mezcla comercial de soul, funk y pop para llenar pistas, reinaba todavía aquel verano y muchos artistas de otros estilos se apuntaban al carro. Por las ondas aparecían Bee Gees, Abba, ELO, Gloria Gaynor, Rod Stewart… Entre todas aquellas canciones me enganchó especialmente una y esperaba durante horas hasta que por fin sonaba de nuevo, cosa que sucedía varias veces al día.

Born to be alive es un ejemplo tardío de perfecta canción de Música Disco. Tiene un ritmo acelerado y contagioso conducido por el charles, un bajo sincopado marcando las octavas, secciones de vientos y cuerdas, un piano, un estribillo pegadizo, coros…

Recuerdo haber visto poco después el aspecto de Patrick en la portada del disco, un tipo moreno con rizos en el pelo y pinta de hortera. Pensé, por el apellido sin tilde, que era un hispano que vivía en Estados Unidos, quizás un puertorriqueño. Un error ingenuo que se desveló años después.

Patrick Hernandez nació en 1949 en un barrio de la periferia de París, hijo de padre español y madre ítalo-austriaca. Siendo un adolescente, marcha a Inglaterra con la intención de aprender el idioma y convertirse en profesor de inglés. Allí descubrirá a The Beatles y le seducirá la música pop de tal manera que, al volver a su país, se convertirá en músico, para disgusto de sus progenitores.

Durante años recorrerá Francia actuando con diversas bandas en salas de fiesta y acompañando a artistas como Francis Cabrel. Es en 1979 cuando conoce al productor Jean Vanloo, que le recomienda grabar algunos de sus temas, actualizándolos con un toque Disco, el ritmo de moda. Tras unos meses en búsqueda de discográfica, el material se publicará a finales de 1979 en Italia y su primer single será Born to be alive.

En poco tiempo se convierte en un hit absoluto en casi todo el planeta, vende la friolera de 25.000.000 de discos y durante tres años el artista gira por todo el mundo, actuando alrededor de 1000 veces en televisión, en una época donde todavía no imperaba el vídeoclip.

En septiembre de 1979 y tras haber triunfado en Europa, Patrick se instala en Nueva York para poder promocionar el disco en Estados Unidos. Es allí donde realizará una audición para contratar bailarinas y coristas para la gira mundial. Según Hernandez, una morenita regordeta con imperdibles en las orejas se presentó y tras preguntarle a ella si sabía cantar, le sorprendió con un rotundo "nada, sólo Jingle Bells". La chica se hacía llamar Madonna y Patrick pensó que era bastante original.

Ella acabó yéndose a París con él, donde estuvo acudiendo a cursos de danza sin ninguna intención de convertirse en cantante, cosa que no ocurrirá hasta su vuelta a Estados Unidos unos meses después.

En 1980 aparecerá el segundo álbum de Patrick Hernandez, grabado en Nashville, que incluye un dueto con el brasileño Jorge Ben, pero ya no repetirá el éxito del anterior. Tras otros intentos, el artista se retiró poco tiempo después, se casó y se dedicó a vivir la vida en la Provenza, en el sur de Francia. Como él mismo dice, "tuve un éxito enorme, sin ningún traumatismo psicológico, soy un tío normal al que le gusta pasárselo bien. Los Rolls, los yates, los palacios, no me han interesado nunca".

En 1984, decidí bajar del armario la vieja guitarra de mi madre y comencé a sacarle notas de forma primitiva. Unos días después, compuse mi primera canción. Como diría Patrick: "…an old guitar and something new to occupy my mind, mind, mind".

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"Whole lotta love", de Led Zeppelin

Publicación: 02/03/2010

Mis primeros recuerdos musicales provienen de la pequeña colección de discos y casetes de mi padre, que todavía conservo: The Beatles, Simon and Garfunkel, Raimon, Serrat, Moustaki, María Ostiz, Harry Belafonte…

Uno de los elepés de la discoteca familiar era un recopilatorio de Hispavox llamado Lo Mejor del Año Vol. 7 fechado en 1970 y que incluía éxitos del momento como Himno a la alegría de Miguel Ríos o El Baúl de los Recuerdos de Karina. Justo después de Los Payos y cerrando la cara B (seguro que de forma intencionada, para que no molestara demasiado), aparecía Muchísimo Amor de Led Zeppelin, por cortesía de Atlantic Records.

En plena infancia, en aquellos años de la Transición, escuchar este tema me producía inquietud. Una voz chillona, una guitarra demoledora y un caos de ruido y gritos. Aquello estaba muy alejado de la música más amable que había escuchado hasta el momento e intuía algo prohibido, primario y nada inocente en aquellos sonidos. Me atraía y repelía al mismo tiempo. Básicamente, acababa de descubrir el rock and roll.

Whole lotta love empieza con uno de los riffs más famosos de la historia, creado por Jimmy Page. Poco después entran el bajo y la voz de Robert Plant cantando una letra de alto contenido sexual. Junto a la batería, conforman una secuencia pionera del hard rock, que ya se intuía en otras bandas de blues rock de la época.

Curiosamente, después del estribillo, cuando la canción está prácticamente en ciernes y de forma muy audaz, la música cambia por completo. Lo que sigue son casi dos minutos de locura. El ingeniero de sonido de la grabación, Eddie Kramer, comenta que Page y él se dedicaron a toquetear todos los botones posibles en la mesa de mezclas. El fragmento empieza con un solo de batería al que se le van añadiendo elementos extraños, como percusiones lejanas, ecos siniestros, aullidos y un theremin. El final se resuelve en un punteo y la vuelta al riff del principio. En total, cinco minutos treinta y cinco segundos que abrían su segundo álbum.

La discográfica decidió reducir el tema eliminando la parte central para que pudiera ser emitido por la radio, aunque se mantuviera la versión íntegra en el disco a la venta. Fue un gran éxito en todo el mundo y alcanzó el puesto cuarto de la lista española de singles. Led Zeppelin se convirtió en una banda famosa y poco después empezó su historia de excesos y afición al ocultismo, una leyenda más de la historia del rock. En Argentina la canción se difundió inicialmente como el "Íntegro amor de Lotta", error comprensible debido a las diabluras fonéticas y ortográficas de la lengua inglesa (la frase correcta sería Whole lot of love) Finalmente, se editó como Un montón de amor, una traducción que creo más acertada que el Muchísimo amor de la edición española.

Desgraciadamente, la autoría del tema no es del todo propia. Al contrario del riff de guitarra, que es original, parte de la letra de la canción y la melodía vocal fueron tomadas prestadas de un blues de Willie Dixon cantado por Muddy Waters titulado "You need love". El autor denunció el presunto plagio y finalmente el tribunal falló en 1985 a favor de Dixon. Escuchad los dos temas y juzgad. En la red todavía existen agrios debates sobre esta cuestión, desde aquellos que hablan de mera influencia y práctica corriente en el mundo de la música a otros que lo argumentan como el típico expolio de músicos blancos a músicos negros.

Más de una década después de mi primera escucha, a los veintiún años, viajé a Praga con mi mochila a cuestas, poco después de la caída del muro de Berlín. Checoslovaquia, que ya no existe con ese nombre, era un país que estaba viviendo su propia transición. En una tienda de discos poco abastecida compré dos elepés por menos de cuatro euros. Uno de ellos era de Pulnoc, un grupo checo del que había leído que gustaba a Lou Reed. El otro era un recopilatorio ruso de Led Zeppelin, escrito con caracteres cirílicos y que extrañamente no incluía Whole lotta love.

He de reconocer que Led Zeppelín distan de ser una de mis bandas favoritas, pero en algún rincón de mi cabeza dejaron la puerta abierta al blues, las guitarras saturadas y la experimentación. También es significativo que ni el franquismo ni el comunismo soviético pudieran obviar la tremenda fuerza de esta banda de rock, quizás una de las más influyentes de todos los tiempos.

NOTA: Descubre dos faltas de ortografía en la foto de la portada que ilustra este artículo.

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"Been smokin’ too long" de Nick Drake

Publicación: 29/01/2010

La primera vez que escuché a Nick Drake fue en Nottingham, mientras estudiaba en la universidad. Algunas noches, Javi, un compañero de Valencia y yo, acudíamos a la habitación de Will en uno de los colegios mayores del campus y entre nubes de hash y rodeados de cojines grandes y telas hindúes, escuchábamos vinilos a 33 revoluciones.

Uno de los temas que pinchaba Will insistentemente y al que recuerdo tumbado con los ojos cerrados mientras sonaba, era "Been smokin' too long". Se trataba de una grabación precaria, con Drake susurrando un blues únicamente con su guitarra. El tema era distinto al repertorio habitual del artista, al que empezaba ya a conocer y valorar. La canción ambientaba perfectamente el momento y nos hacía permanecer en silencio.

A principios de los noventa, entre los estudiantes británicos existía ya un culto hacia Nick Drake, un cantautor atractivo, introvertido, poco valorado en su tiempo y que falleció joven (como muchas estrellas de la época, con sólo 28 años)

Antes de volver a Valencia, mi amigo Javi y yo decidimos traernos dos elepés a casa.

Javi compró "Time of no reply", un disco de rarezas que recogía este tema mágico, mientras que yo adquirí "Heaven in a wild flower", un recopilatorio de sus tres únicos discos de estudio.

Como solíamos hacer antes de la digitalización masiva, intercambiamos los elepés y yo grabé en casete el que me había prestado. Recuerdo que utilicé una buena cinta de cromo. Me sorprendió leer en los créditos que "Been smokin' too long" no era un tema propio, sino de un tal Robin Frederick. Esto explicaba la diferencia, y sin pensarlo demasiado, siempre imaginé que el autor original era un bluesman sureño poco conocido.

Años más tarde, gracias a internet, y para mi sorpresa, averigüé que Robin Frederick no era un hombre, sino una cantautora de folk blanca, eso sí, norteamericana. Tenía una página web propia y una carrera musical larga que se iniciaba a finales de los sesenta. En uno de los textos explicaba su relación con Drake.

Robin y Nick se conocieron en el sur de Francia, en Aix-en-Provence, poco antes del famoso verano de 1967. Ella actuaba en un local y al acabar, Nick se acercó para proponerle que tocaran juntos. Se reunieron en algunas ocasiones en el piso de ella, donde interpretaban versiones de Bob Dylan o Phil Ochs, entre otros. Nick nunca tocó canciones propias, quizás por inseguridad, y en una ocasión, Robin cantó "Been smokin' too long". A él le gustó y le pidió que le escribiera la letra en un papel, sin preguntarle los acordes.

Pocas semanas después, Drake se fue a Marruecos y no volvieron a verse más. Robin confiesa que, a sus diecinueve años, era fácil enamorarse de alguien tan guapo y tímido y construir fantasías sobre él. Al fin y al cabo, estaban en una ciudad histórica, donde habían paseado Cezanne y Rimbaud y costaba poco convertir a alguien que realmente no conocía en una especie de Baudelaire.

La primera vez que Robin escuchó la versión de Nick de su propia canción fue en 1992(curiosamente, más tarde que yo mismo) cuando le regalaron el álbum"Time of no reply". La autora confiesa que la sensación que experimentó al principio fue como caer por el agujero de Alicia en el País de las Maravillas y quedarse suspendida en un puente entre el pasado y el presente al acabar de oírla.

Drake había adaptado la canción a su voz suave y había construido un arreglo diferente y más fluido para la guitarra. Incluso cambió un verso y en lugar de "got the Marijuana blues", cantaba "got no other life to choose", un detalle que a Robin le pareció muy propio de él y que resultaba de lo más fatalista.

No fue hasta 1997 y a través de internet, cuando ella se enteró de todo lo que había ocurrido en la vida de Drake desde su encuentro treinta años atrás hasta su muerte en 1974. A partir de ese momento, ella comenzó a valorar verdaderamente sus composiciones, su gran técnica como guitarrista y su estilo vocal.

Got opium in my chimney

Got no other life to choose

Got a nightmare made of hash dreams

Got the devil in my shoes

Tell me, tell me, what have I done wrong

Ain't nothin' goin' right for me

Must be I been smoking too long…

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La carrera de una estrella de cine consiste en ayudar a los demás a olvidar sus problemas. En usar tu encanto, tu belleza y tu jovialidad para hacer que la vida parezca más fácil. "El problema -dijo una vez Gloria Swanson- es que si no lloras nunca en público... en fin, el público supone que no lloras nunca". CHUCK PALAHNIUK. 'AL DESNUDO' (Mondadori)