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El blog de Guillermo Artés

Guillermo Artés

Me llamo Guillermo Artés y vivo en la costa este. Me encanta hacer canciones. Mi nuevo proyecto musical es Pentatronika, blues-rock heterodoxo y sucio, como los tiempos. Hace poco era Guillemka y hace mucho Kindergarten. También escribo sobre canciones que no canto. Aquí van. Dejad vuestros comentarios, prometo contestar.

Estoy con...

The sense of an ending, de Julian Barnes

 

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Radio-aktivität de Kraftwerk

Publicación: 11/04/2013

Una paradoja: los alemanes Kraftwerk, considerados los padres del tecno, son una de las bandas más influyentes de la historia del rock. Sí, del “rock”, los acaban de proponer para ser incluidos en el  Rock and Roll Hall of Fame and Museum de Cleveland, Ohio.

Si pidiéramos a los aficionados  palabras con la que definir a Kraftwerk, es probable que surgieran términos como “frío”, “alemán”, “tecno”, “robot”, “futuro”… pocos dirían “divertido”, “irónico”. En mi opinión, la banda hace gala de un fino sentido del humor. En muchas fotos aparecen repeinados, como si fueran un combo de los años 40, en otras ocasiones muestran la versión en robots de ellos mismos. Hay cierto misterio en torno al grupo: no se puede acceder a su estudio (Kling Klang) y no realizan apenas entrevistas. Sus letras no hablan de sentimientos, sino sobre autovías, maniquíes, trenes o calculadoras de bolsillo, como en esta hilarante actuación televisiva en la RAI, cantando en italiano.

 


Kraftwerk surgieron a finales de los años 60, cuando muchas bandas alemanas buscaban su propia identidad cultural y evitar convertirse en una mera copia del rock anglosajón. Como ellos decían, no habían nacido en el delta del Mississippi ni en Liverpool. Venían de Düsseldorf, prototipo de urbe industrial alemana, reconstruida después de la 2ª Guerra Mundial.

Kraftwerk siempre poseyeron un afán experimentador y sus primeros discos se sitúan cercanos a la música instrumental improvisada. Dos de sus fugaces miembros formarían Neu!, una de las bandas históricas del rock alemán o krautrock, término con que se denominó en Inglaterra a un variopinto número de grupos germanos de rock de vanguardia como Faust o Can.

Radio-aktivität (1975) es su quinto álbum y el primero sin instrumentos convencionales, grabado a base de sintetizadores, percusiones electrónicas y voces con vocoder. Es también el primer disco donde aparece la formación más popular de la banda: Ralf Hütter, Florian Schneider, Karl Bartos y Wolfgang Flür.

El título es ambiguo: se refiere tanto a las ondas radiactivas, como a las ondas radiofónicas. La portada y la contraportada reproducen una radio de los años 30, pero en el interior se puede ver la señal de peligro radioactivo. 

Radio-aktivität, el tema homónimo, viene precedido y enlaza con Geigerzähler (contador Geiger), un breve tema en el que el pulso percusivo de la máquina va acelerándose hasta desembocar en la segunda pista. Sus primeros compases son emocionantes: el coro sintético, la entrada del sintetizador grave, los sonidos del código Morse, las primeras notas de la melodía, la percusión y finalmente la voz monocorde, en inglés y alemán.

Radio-activity is in the air for you and me
Radio-activity, discovered by madame Curie

Radio-activity, tune in to the melody
Radio-activity is in the air for you and me…

 

 

Kraftwerk siguen en activo, aunque sólo conservan a uno de sus miembros originales, Ralf Hütter. Apenas han publicado canciones nuevas en las dos últimas décadas, pero llenan todos los conciertos.  Actuarán próximamente en Barcelona, pero no en China, donde se les ha impedido la entrada porque formaron parte de un cartel a favor de la independencia de Tibet en 1999, que fue cancelado por cuestiones metereológicas…

Recientemente, Kraftwerk se presentaron en Tokio con esta renovada versión de Radioactivity, cantada en japonés, reconvertida en un alegato antinuclear y con mención a los accidentes históricos, incluido el de Fukushima. Tremenda.

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“Mexican Radio” de Wall of Voodoo / “My sex” de Ultravox!

Publicación: 12/02/2013

En 24 Hour Party People (2002), film dirigido por Michael Winterbottom sobre la escena musical de Manchester, se comenta que ninguna banda sobrevive al fallecimiento de su cantante. La excepción habría sido Joy Division, de donde surgió New Order, un grupo que obtuvo un enorme éxito modificando su sonido, pero partiendo de la experiencia de los antiguos miembros de la banda primigenia.

Sin embargo, existieron dos grupos en la época, Wall of Voodoo y Ultravox!, a las que les sonrió el éxito tras la marcha del líder, sobre todo a los segundos. En mi opinión, la primera época de ambos fue más arriesgada y reivindicable artísticamente, sin descalificar lo que harían a posteriori.

Los dos grupos, sumamente heterodoxos, comparten historias similares: un cantante compositor carismático que abandona la banda tras la publicación de tres discos y que iniciará una interesante carrera en solitario, con suma libertad creativa y que llega hasta nuestros días.



Wall of Voodoo se formaron en Los Angeles en 1977, siendo su germen una empresa montada por Stan Ridgway, su cantante y armonicista que pretendía componer bandas sonoras por encargo. Este detalle es importante: la música de Wall of Voodoo será un mezcla de ambiente vaquero a lo Ennio Morricone, guitarras nerviosas punk, sintetizadores desquiciados y cajas de ritmos, un combinado excéntrico e irrepetible. La voz nasal y declamativa de Ridgway hacía el resto. En su ep de debut se atreven con Ring of Fire, la versión más radical posible del tema clásico de Johnny Cash.

Tras su primer álbum, Dark Continent (1981), la repercusión mediática les llegará con Mexican Radio, tema extraído de Call of the West (1982), el último trabajo firmado con Ridgway. La canción incluye extractos en castellano de locutores de emisoras mejicanas que atravesaban la frontera y se podían escuchar en California. La letra evoca el ambiente exótico de Méjico y la extrañeza que le causan al cantante las palabras, que apenas entiende. 30 años después, la población hispana de Los Ángeles alcanza el 50 % del censo de la urbe.

I wish I was in Tijuana
Eating barbequed iguana
I'd take requests on the telephone
I'm on a wavelength far from home
I feel a hot wind on my shoulder
I dial it in from south of the border
I hear the talking of the DJ
Can't understand just what does he say?


Tras un concierto en un festival, Stan Ridgway dejará la banda, ya sumergida en el caos, que incluía excesos con las drogas y un manager que se quedó con gran parte de sus ganancias. Todo esto y más lo relatará en Talkin’ Wall of Voodoo Blues (2005), un curioso resumen de la historia del grupo, ya firmado con su nombre.


 

 

Ultravox!

Ultravox! surgen en Londres en 1976 bajo el liderazgo de John Foxx, estudiante de arte que tenía cierto parecido con Bowie. Su primer álbum homónimo suena musicalmente cercano al krautrock, David Bowie y Roxy Music (de hecho, está coproducido por Brian Eno, antiguo miembro de la banda de Brian Ferry) 

My sex, que cerraba el disco, es un bello tema que evoca un mundo maquinal y tecnológico, similar a los escritos de J.G. Ballard, uno de los autores que admiraban tanto Foxx como Ian Curtis (Joy Division).

 
My sex 
Is often solo 
Sometimes it short circuits then 
Sometimes it's a golden glow 

My sex 
Is invested in 
Suburban photographs 
Skyscraper shadows on a car crash overpass 

My sex 
Is savage, tender 
It wears no future faces 
Owns just random gender …

Su segundo elepé, Ha, ha, ha! (1977), recoge ya el ruidismo punk. Al igual que Wall of Voodoo, mezclaban las guitarras y baterías con los sintetizadores y cajas de ritmos, además del violín. El último álbum con Foxx, Systems of Romance (1978), ya sin el signo de admiración al final del nombre del grupo, refuerza el predominio de la electrónica y está producido por Conny Plank, que trabajó con Kraftwerk, otra de las influencias claras en el sonido de Ultravox. Debido a tensiones en el seno del grupo y el poco éxito cosechado hasta ese momento, Foxx decide dejar la banda tras un concierto en San Francisco. Poco después, Ultravox continuará con otro cantante, Midge Ure y obtendrá un gran éxito con Vienna (1980). Por su parte, Foxx emprenderá una carrera en solitario que estrenará con Metamatic (1980), publicado unos meses antes que Vienna, inaugurando prácticamente el tecnopop británico de los 80 y cuyo tema emblemático fue Underpass, que todavía interpreta en directo en la actualidad.

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"The only living boy in New York" de Simon & Garfunkel

Publicación: 03/12/2012

Es típico preguntar a los músicos cuál es su primer recuerdo musical o el primer artista que les llamó la atención. La mayoría, como es lógico, suelen citar lo que oían en casa o en el coche de sus padres. Para mí la respuesta sería muy clara: Simon & Garfunkel, de los que conservo una cassette original, un álbum y cuatro singles en vinilo que compró mi padre. Para mi familia  y para la mayoría de los ciudadanos españoles de la época eran “Simón y Garfunkel” (no “Saimon” and  Garfunkel).

Recuerdo escuchar canciones con voces angelicales que no entendía y me gustaban, recuerdo intentar comprenderlos más tarde manejando las letras en inglés que figuraban en las contraportadas, recuerdo ver la foto de los dos y parecerme tan distintos: uno, alto, rubio y tirando a guapo y otro, bajito, moreno y tirando a feo. Lo que no sabía entonces es que, aunque cantaran los dos, el segundo (Paul Simon) pintaba más que el primero (Art Garfunkel), como compositor de la música y de las letras de la mayoría de los temas.

Ambos eran de ascendencia judía europea, tenían la misma edad y se conocieron en el instituto, donde formaron el fugaz dúo Tom & Jerry. Más tarde, después de pasar por la universidad, se volverían a juntar y publicarían un primer álbum, Wednesday Morning, 3 A.M. (1964) que pasó bastante desapercibido. Simon acabaría marchándose a Inglaterra a proseguir su carrera de cantante folk. Mientras tanto, uno de los temas del disco, The Sound of Silence, empezó a sonar en distintas emisoras de radio. El productor Tony Wilson aprovechó la grabación original e incluyó otras pistas con guitarra eléctrica, bajo y batería, inspirándose en lo que habían hecho The Byrds con Mr. Tambourine Man de Bob Dylan poco antes, convirtiendo un tema folk en otro de  folk-rock. La canción llegó al número 1 de las listas el día de Año Nuevo de 1966 y obligó a Paul Simon a volver a su país, reencontrarse con Garfunkel y aprovechar el tirón del éxito. Grabarían 4 álbumes más, hasta su segunda disolución en 1970.

Mi padre tenía el single de Cecilia, una canción muy pegadiza y bailable, que se desarrollaba alrededor de percusiones poco ortodoxas (golpeando partes del cuerpo, una banqueta de piano, cuerdas de guitarra) y que hacía las delicias de cualquier niño. Sin embargo, en la cara B aparecía The only living boy in New York, una canción muy diferente, calmada, sugerente, con bonitos coros y que a mí me gustaba mucho. Era el contraste perfecto a la cara A, un tema que raramente aparecería en unos “grandes éxitos”.  Ambas se incluían en su último lp original, Bridge over troubled waters (1970)

Parece ser que la letra de Paul Simon es un sutil reproche hacia su compañero Garfunkel, que se encontraba en México rodando una película, intentando así una carrera paralela como actor de cine.  De ahí el título, ahondando en la sensación de soledad del autor y refiriéndose a Garfunkel como “Tom”,  recordando los viejos tiempos, cuando eran Tom & Jerry.

En 1993, otro dúo peculiar y exquisito, Everything but the girl, pareja sentimental y artística, realizó una versión que fue acompañada de un videoclip dirigido por el cineasta Hal Hartley. Cuando la oí por primera vez, pensé que no había nadie mejor que ellos para rescatar The only living boy in New York.

 



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Hasta los veintisiete años August Zollinger no había desarollado ninguna profesión u oficio –ni siquiera alguna actividad esporádica que pudiera considerarse de beneficio público-, motivo por el que todos en Romanshorn, población de la que era oriundo y de donde nunca había salido, se asombraron mucho el día en que el joven Zollinger clavó sobre la puerta de su casa un letrero en el que, con caracteres de gran tamaño, podía leerse la palabra “IMPRENTA” 
(‘Andanzas del impresor Zollinger’, de Pablo D’Ors. Ed. Impedimenta)