Apio Onix, perro mestizo y ciego, y su dueño protagonizan la primera novela del escritor catalán.
Sí, lo han adivinado: 'Apio. Notas caninas' es una novela a la que no le falta humor. Pero tampoco le sobra, no se crean, ni se confíen. Salvo que quieran llevarse una dentellada. Porque Apio es una novela un tanto perra, de la que conviene recelar, escrita con un lenguaje canino, es decir, preciso y afilado, pero en la que tan pronto asoma la sonrisa como ésta se convierte en mordedura. Ah, sí, disculpen, me olvidaba de contarles cuál es su trama: 'Apio. Notas caninas' es la historia de Apio Onix Dorantes, perro mestizo y ciego, y de su dueño, José Alfredo Dorantes, pintor de marinas que adora los tonos pastel y expone su arte en las galerías de Puerto Banus, Marbella.
¿Ya está? También puedo contarles, con la intención de acaparar su interés, que en la novela hay varios asesinatos de bellísima factura y una profesora de Kamasutra. Y que durante su lectura yo me acordé del escritor Mario Levrero y del cineasta Michael Haneke.
Gino Rubert nació en 1969 y estudió Bellas Artes en la Parsons School of Design de Nueva York y en la Universitat de Barcelona. En 1994 fue becado en la Academia de España en Roma y desde entonces su pintura se ha visto en museos y galerías nacionales e internacionales como el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona, el Künstlerhaus Bethanien de Berlín, la galería Mizuma de Tokio, la galería Michael Haas de Berlín o la galería Claire Oliver de Nueva York. Esta es su primera novela.
¿Da vértigo lanzar esta primera novela?
¡Cómo no! Pero vértigo del bueno.
Ya eras conocido. Tu trabajo como pintor ha sido expuesto en numerosas galerías, centros culturales, ferias nacionales e internacionales. ¿Por qué el salto de la pintura a la escritura?
No fue un salto. Más bien un accidente. Me quedé sin estudio, sin piano, sin poder ver a mi hijo durante casi un año... Allí apareció el esqueleto de Apio.
Entre el collage y la pintura, tus obras poseen un registro ambiguo, muy particular. Esta ambigüedad también se palpa en esta novela. Hay momentos dramáticos que pueden resultar cómicos…
Y sí, así es como tiendo a mirar y relacionarme con "las cosas de la vida". Desde ese estrecho y arriesgado sendero que separa lo seriamente triste de lo seriamente cómico.
El libro se mueve entre la angustia existencial y la sutil ironía…
Para reírse de uno mismo conviene darse lástima primero.
Los personajes y las escenografías, las historias familiares y las relaciones de pareja, las alusiones al sexo -metafóricas o evidentes- poseen, como en tus pinturas, un carácter dramático y, a veces, un poco espeluznante. ¿Has querido plasmarlo de este modo?
Comencé Apio pensando que practicaba mecanografía. Luego comprendí que más bien hacía eso que los surrealistas o psicoanalistas llamarían escritura automática. Por fin llegó la travesía del desierto que representó darle forma y estructura a todo eso. No tengo la sensación de haber querido plasmar nada de ningún modo en concreto. Apio salió sin más, quizás por una bajada de defensas como lo harían un herpes o un orzuelo.
Los perros son los protagonistas de esta novela. No sólo Apio, sino todos los que van apareciendo en los diferentes capítulos (historias). ¿Por qué tal protagonismo?
¿Le suena aquello de: cuanto más conozco a los hombres más quiero a mi perro?
Las mujeres, también, tienen mucho protagonismo en 'Apio. Notas caninas'.
Si me tuviera que enfrentar al más temible enemigo y, como en Matrix de los hermanos Wachowski, me llevaran a un almacén donde poder escoger entre las armas más sofisticadas del universo, yo iría directo a la sección "armas de mujer".
¿Nos cuentas aquí la historia de una resaca amorosa?
¡Sin duda! Una resaca de las malas. ¡Ni alka seltzers, ni ibuprofenos, ni paracetamoles, ni cañitas a media mañana...!
¿Qué hay de autobiográfico en estas historias?
Alguna cosilla, casi nada.
¿Escribías cartas de amor?
Cuando leí la bellísima definición de J. J. Rousseau: “las cartas de amor se empiezan sin saber lo que se va a decir y se acaban sin saber lo que se ha dicho”, pensé que no volvería a encontrar unas palabras más simples y precisas para definir como trabajo.
Puede, que se te haya conocido como ‘el de las portadas de Larsson’, ¿te molesta o te halaga esta etiqueta?
Como todo lo que uno es y no puede cambiar... Una mezcla de ambas cosas.
¿Las portadas de la trilogía Millennium te han abierto puertas?
Diría que no, pero a mí mismo me cuesta creerlo. ¡¿Serán puertas que no veo?!
¿Qué opinas sobre el fenómeno Larsson?
Interesante, como todos los fenómenos. Pero sinceramente, cuando vi las películas pensé: “¡Caray! Las dos mil y pico páginas que me pude ahorrar!”
¿Cómo es que no has ilustrado tu primera novela?
¡Intenta batir un huevo mientras abres una botella de vino!
¿Qué libro te hubiese gustado ilustrar?
No se me ocurre ninguno. Es que ilustrar es dificilísimo, no nos damos cuenta, y a mí no se me da muy bien.
Un libro en el que te gustaría que apareciese tu nombre:
'La verdadera historia de la conquista', Bernal Díaz del Castillo.
¿Cuál podría ser tu libro de cabecera?
'Juan de Mairena' de Machado, 'Pedro Páramo' de Juan Rulfo...
¿Qué te inspira a la hora de escribir? ¿ y a la hora de pintar?
Descubrir y desvelar esas cosas algunas oscuras y otras brillantes, escurridizas, que me habitan pero son ajenas a mí, como un cáncer. A veces pienso que me hubiera gustado ser médico... o al menos casarme con una doctora.
Influencias palpables en 'Apio. Notas caninas'
Ninguna en concreto, pero tal vez podría citar a Oscar Wilde, David Linch, Fellini, Woody Allen, Agnes Varda, Lars Von Trier...
¿Algún homenaje?
A todos los culpables quizás.
¿Qué artistas te marcaron y te marcan, a día de hoy?
¡Tantos! Leonardo, Fra Angélico, Vermeer, Henri Rousseau, Balthus, F. Bacon...
Una crítica que te gustaría recibir:
¡Qué joven y guapo!
Primer libro que recuerdas entre tus manos:
'Les aventures d'en Boi Delit' de Folch i Torres.
Libro que estás leyendo ahora mismo:
'El arte de tratar con las mujeres' de A. Schopenhauer. Me lo ha pasado mi novia, que conste.
Una exposición muy recomendable:
Serra versus Brancusi en el Guggenheim de Bilbao.
Un buen plan para este otoño:
¡Nada de mala vida!. Ejercicio, comer bien, trabajar muchísimo. No decir ni una mentira. ¿Sexo? Lo mínimo. ¿Masturbación? Ni hablar. Espera. ¿Puedo cambiar la respuesta?
Para ti escribir significa...
Contar secretos que parezcan mentiras. Y mentiras que cuelen.
¿Proyectos a medio plazo?
Viajar a Tokio. Exposición en la galería Claire Oliver en NY. Concentrarme en algunos textos que han ido brotando por ahí como malas hierbas.





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La carrera de una estrella de cine consiste en ayudar a los demás a olvidar sus problemas. En usar tu encanto, tu belleza y tu jovialidad para hacer que la vida parezca más fácil. "El problema -dijo una vez Gloria Swanson- es que si no lloras nunca en público... en fin, el público supone que no lloras nunca". CHUCK PALAHNIUK. 'AL DESNUDO' (Mondadori)