"Es posible empatizar con casi cualquiera. Desde el oficinista más gris hasta el asesino más implacable".
Sinopsis:
Adrián es un adolescente muy peculiar. No sólo por los marcados rasgos autistas de su comportamiento sino porque es un séptimo hijo, lo que, en la tradición de la sierra, lo convierte en Lobisón. Ello, sumado a los extraños ataques que sufre algunas noches, provoca la incomprensión de todos, salvo de algunos familiares. Por eso se ha ido del pueblo y ahora vive con su hermano Zenón, la novia de este y Compañero, su perro, en una furgoneta con la que vagan por España. Ellos van buscándose la vida con negocios que bordean lo permisible, él alterna su colección de piedras y tebeos con su obsesión por un perro negro con el que reconstruir, y tal vez zanjar, las vivencias terribles de su niñez, marcadas por la confusa y violenta personalidad de su padre, Zacarías Zárate. Y mientras intenta encontrar su lugar en el mundo de los adultos, Adrián se iniciará en el amor y el sexo.
Ginés Sánchez nació en 1967, en Murcia, España. Licenciado en Derecho y abogado en ejercicio durante diez años, ha vivido desde 2003 en diversos lugares de Europa y América y ha desempeñado los más diversos trabajos, desde recepcionista de hotel en las islas Eolias y camarero en Dublín, hasta repartidor de periódicos o vendedor de cuadros puerta a puerta. En el Pacífico costarricense, cerca de la frontera con Nicaragua, fue responsable de campo en un proyecto de protección de tortugas marinas. Es adicto al Testaccio romano y en La Habana ha sido guía turístico. Contada desde la inocencia de un adolescente que apenas entiende el mundo que le rodea, 'Lobisón' es un relato descarnado e hipnótico de supervivencia tras el descenso a las cavernas del monstruo, una historia sobrecogedora surgida como de las hilachas de un sueño, una fábula de inusitada potencia que deja un recuerdo prolongado. Una original y muy prometedora primera novela.
Los ganadores son:
Sara Benavente Martínez
Francisco Serrano Pina
Guadalupe Benéitez González
Miguel Ángel Díez García
Nos encontramos en ‘Lobisón’ una serie de personajes y una maraña de situaciones dementes. ¿Qué hay de estos personajes tan memorables? ¿Cómo ha sido el proceso en el que dibujas desde su identidad hasta su nombre?
Bueno, la novela está sustentada por dos personajes. Adrián y su padre. En el fondo son dos personajes muy parecidos. En cuanto al proceso de creación de los mismos diré que, en realidad, fue muy simple. Digamos que ellos ya estaban dentro de mi cabeza y que yo lo único que tuve que hacer fue abrir el grifo. Salieron a borbotones y casi sin darme yo cuenta ya estaban echando ramas y adquiriendo matices. Luego ya solo hubo que ir podando lo que no era imprescindible. La chispa iniciática, en cualquier caso, y va a resultar macabro, la otorgó Francois Duvalier, el dictador de Haití.
El protagonista es un adolescente muy peculiar, con un comportamiento que puede resultar incomprensible. En parte, por sus marcados rasgos autistas. Un personaje que atrapa, enternece y, a veces, desespera…
Adrián desespera. Mucho. Desespera y vuelve a desesperar. La verdad es que vivir con él tiene que hacerse duro e incomprensible. Lo de que enternezca, siendo bueno, no es más que otra demostración de que, si se dan las condiciones necesarias, en este caso la posibilidad de ver el mundo a través de sus ojos, es posible empatizar con casi cualquiera. Desde el oficinista más gris hasta el asesino más implacable.
¿Por qué has basado la novela en la leyenda del lobisón, fruto del séptimo hijo de un matrimonio?
El lobisón está en todas partes. En el folklore latinoamericano por supuesto. Pero los argentinos, que incluso tienen leyes para proteger a los séptimos hijos, dicen que a ellos el lobisón les llegó desde Rusia a finales del diecinueve. Así que en todas partes. Y como mito es fascinante. Por supuesto que hay versiones pero, en general, el lobisón no es un hombre, ni un lobo, ni un hombre lobo, sino que es un ser pálido y triste, que se oculta en lo oscuro, que se alimenta en los basurales y que, por el día, cuando vuelve a ser persona, está enfermo, vomitando en la cama.
La relación de Adrián con su padre es vital en esta novela, ambos viven obsesionados el uno con el otro...
Encadenados, más bien. Podría decirse que ambos son el mismo personaje. Son complementarios. Cada uno, si no hubiera sido él mismo, probablemente hubiera sido el otro. Digamos que se necesitan para explicarse mutuamente. Por supuesto el azar, que lo sabe, se aprovecha y juega a enlazarlos una vez y otra.
Adrián, el protagonista, allá a donde va se lleva su preciada bolsa con tebeos y piedras. ¿Qué objetos indispensables para ti meterías en esa bolsa?
Pues va a resultar muy manido, pero raro es que yo salga de casa sin mi bolsa y sin un libro en ella. Pero siempre. Aunque vaya a tomar un café o vaya a renovar el carné.
No sólo esta novela es una historia llena de tensión e intriga sino que también tiene un poderoso lenguaje visual. ¿De qué recursos te has aprovechado para conseguir este efecto?
Creo que la fuerza visual se la da a la novela su propia configuración en parágrafos tan cortos. Eso permite prescindir de muchas cosas que en el fondo son “superfluas” y, a cambio, recrearse en el detalle. Si uno se fija la novela es un conjunto de estampas o de fotografías que, al final, puestas juntas, resultan tener un significado. Casi como un test de Rorschach. Es decir, no hay “conducción literaria” de una escena a otra, sino tan solo escena, corte, escena, corte, y así sucesivamente.
¿Consideras que algunos pasajes del libro, cuando Adrián sufre los extraños ataques algunas noches, no están hechos para personas con estómago delicado?
Yo no diría tanto para estómagos como para corazones. Digamos que los personajes tienen un importante déficit de piedad.
¿Cuáles son las obras que te han marcado a la hora de escribir?
Yo, más que obras, diría autores. Borges me cambió el concepto de todo. Más recientemente Rulfo, Bolaño o Cormac McCarthy. En cualquier caso, y para darle a cada uno lo suyo, he de aclarar que yo soy escritor por culpa del gran Tim Powers.
Si tuvieran que decir que tu estilo se parece al de algún escritor, ¿a quién te gustaría que fuera?
A Juan Rulfo, sin dudarlo. Quien pudiera…
¿Da vértigo lanzar la primera novela?
¿Vértigo?, de momento, no. Ya veremos luego. De momento más bien alivio y unas ciertas certezas.
Una crítica que te gustaría recibir de ‘Lobisón’…
Que es una novela honesta, que el autor no hizo trampas con ella.
Una etiqueta incómoda sobre tu estilo:
Me suelen decir, me lo decían ya en el colegio, que soy demasiado esquématico, casi telegráfico. ¿Se nota? En cualquier caso queda mucho por aprender.
¿Eres supersticioso?
Para nada. Pero los rituales existen, ¿eh?
¿Crees en lo paranormal?
Creo, más bien, que probablemente lo paranormal no sea más que la capacidad de determinados cerebros de percibir/ crear cosas que la inmensa mayoría de los cerebros no pueden ni percibir ni crear.
¿Qué otros homenajes escondidos hay en esta ‘Lobisón’?
A la inocencia de los niños. A su manera de contar las cosas. La forma de hablar de Adrián viene directamente de la forma de hablar de mis sobrinos de hace un par de años.
¿Cuáles son tus principales referentes literarios?
Últimamente leo mucho a Murakami. También a Pedro Juan Gutiérrez. Si quiero acordarme de que la literatura no tiene límites me leo un rato a Faulkner o a Steinbeck. En cualquier caso, como hispanohablante, es mi deber amar a Borges sobre todas las cosas.
Si tuvieras que ponerle una banda sonora a este libro, ¿cuál sería?
Algo de Ennio Morricone. En plan 'Chi Mai', de aquella película de Belmondo. Esa canción, en concreto, sería perfecta para Adrián en sus cosas o vagando de aquí para allá.
Un libro en el que te gustaría que apareciese tu nombre:
En uno de aquellos análisis literarios que hacía Borges. Bueno, no. Me lo voy a pensar.
Última película que te hizo reír:
El otro día estuvimos revisitando 'El Jovencito Frankenstein'. Creo que la he visto cerca del millón de veces. Probablemente la mitad de las veces que me he reído viendo una película ha sido viendo esta.
Libro que estás leyendo ahora mismo.
'El amante de Janis Joplin', de Élmer Mendoza, y 'Derrumbe', de Ricardo Menéndez Salmón.
¿Cuál podría ser tu libro de cabecera?
'La carretera', de Cormac McCarthy.
Recomiéndanos una novela de reciente publicación…
No es tan reciente, pero 'Nada', de Janne Teller. Buenísima. Y lean a Margaret Atwood…
Último concierto al que has ido:
Al de la banda murciana Rosewood, en la sala Revólver (Murcia).
Un guión impecable:
'Snatch, cerdos y diamantes'.
Primer libro que recuerdas entre tus manos…
'Los Cinco otra vez en la Isla de Kirrin', aquel faro, aquel mar, aquel pasadizo subterráneo, aquellas meriendas que les preparaba Juana…
Para ti escribir significa…
Escribir es una droga. Sin más.
Te declaras fan de…
El ron con granizado de limón. “Granizado de limón y dos dedos de ron suben un montón”.
Algo que te gustaría hacer a diario pero sólo puedes hacer a veces es…
Ver buenas noticias en los telediarios.
¿Cómo afrontas el futuro literario?
Como un recién llegado al que le falta mucho que trabajar y que aprender.
Porra para esta Eurocopa:
Pues depende de cómo estén los del Barça. Si Xavi e Iniesta están bien, bueno, si no, mal negocio…
Un buen plan para este verano:
Un viajecito. Mochila. Muy lejos. Asia. Como Vietnam o algo. No va a poder ser, pero…
¿En qué estás inmerso ahora mismo?
Acabo de empezar otra novela. Cuarenta folios llevo.





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CARLOS MARZAL ('La arquitectura del aire'. Tusquets)