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Entrevista I
El escritor peruano publica una divertida colección de relatos eróticos.
Decía Bryce Echenique años,
décadas, atrás que la literatura latinoamericana se tomaba demasiado en
serio a sí misma, que era difícil sonreír con una novela o un volumen
de relatos. Decía también que quien cambió eso fue, sin ninguna duda,
el argentino Julio Cortázar. Y el propio Bryce Echenique, podríamos
añadir los lectores contemporáneos. De un tiempo a esta
parte, hay un escritor peruano afincado en Sevilla que, recogiendo esa
herencia, viene intentando arrancar carcajadas –oficio noble donde los
haya- a los lectores hispanoamericanos. Responde al nombre de Fernando
Iwasaki (Lima, 1961) y ya lo hizo, arrancar carcajadas digo, con 'El
libro del mal amor' (2001); volvió a ello con 'Un milagro informal'
(2003); reincidió, con formidable éxito de crítica y público, con
los "terroríficos" microrrelatos de 'Ajuar funerario'(2004);
continuó con una novela a caballo entre la risa y el dolor de muelas (y
los retortijones estomacales ante la apariencia de las bocas ahí
descritas), que respondía al nombre de 'Neguijón' (2005); y ahora
continúa esa estela con los relatos eróticos ("ciencia-fricción" les
llama él) de, como de costumbre con Iwasaki, la broma arranca en el
título, 'Helarte de amar', que acaba de publicar en España la editorial
Páginas de Espuma. ¿Por qué
no empezamos definiendo la "ciencia-fricción", el género al que, según
el prólogo, se adscriben los relatos de 'Helarte de amar'?
La "ciencia-fricción" es una clase de mitología explicada por un
profesor de resistencias materiales. Creo que es el lado más humano de
la literatura erótica. La literatura erótica no es para mí solamente
'El amante de Lady Chatterley' o 'El cuarteto de Alejandría', creo que
el erotismo es algo que consiente muchos registros y entonces, yo en
lugar de decir "literatura erótica" digo "ciencia-fricción" y me parece
que con ello le hago más justicia a cómo entiendo yo el erotismo. Me
parece muy bien Anais Nin, me parece muy bien Lawrence Durres y D.H.
Lawrence, pero también está Manuel Puig, Cabrera Infante y Eduardo
Mendicutti. Tú lees las aventuras eróticas, galantes, de los personajes
de estos escritores y yo, sinceramente, conecto más. Creo que eso es la
"ciencia-fricción". La
literatura erótica tenía sentido cuando en la literatura seria, por
llamarla de una forma, ocurría como en las películas de Capra, cuando
una pareja se ponía melosa y empezaba a entrar en materia, la cámara se
dirigía a la chimenea. Hoy en día en que cualquier se atreve a pergeñar
un polvo en las páginas de un libro ¿tiene algún sentido?
No, ninguno. La literatura erótica funciona cuando hay trasgresión,
cuando hay tabú, cuando existe lo prohibido. Y hoy en día no existe
nada prohibido, nada tabú y no hay ninguna trasgresión. Por eso la
gente cuando busca lo erótico lo busca en Internet. La gente se excita,
le entran unos estertores genitales, chateando con "Avispa nocturna"
sin verle la cara, y precisamente por eso, porque no ven. Yo creo que
esa es la dimensión real donde transcurre y discurre el erotismo
contemporáneo. Tú vas a un kiosko de periódicos y lo ves todo lleno de
revistas explícitas en sus imágenes, y eso lo único que va a conseguir
es que un chico de 12 años esté vacunado, inmunizado, contra el
erotismo. Cosa que no nos ocurría a los que teníamos 12 años en los
años setenta. Yo recuerdo que en Lima había un cine, el cine Rívoli,
donde si querías ver las películas para mayores de 21 años tenías que
comprar un chocolate en la tienda del cine. Entonces, el portero nos
veía y, según la edad que te calculaba, te mandaba a comprar un
chocolate más o menos caro: "Tú un sublime" o "Tú un sorrento". Yo era
toblerone, o sea que estaba jodido. Pero eso lo disfrutaba mucho más, y
mira que a Laura Antonelli nunca la vi absolutamente desnuda en una
película, pero creo que el medio pecho que yo le veía a Laura Antonelli
me parecía muchísimo más erótico que los dos completos que le veo a
cualquiera de Gran Hermano que sale en la portada de Interviú.
Es por eso entonces que, en este contexto donde la literatura ya no
existe ni tiene sentido, usted intenta acercarla al humor. Ya que no va
a lograr excitar a nadie, al menos que suelte una carcajada…
Efectivamente. Por eso en este libro hay cuentos que, yo digo, a lo
mejor de erótico tienen muy poco. El que le da título al libro,
'Helarte de amar', es sobre uno al que se le queda congelada. 'Travesía
espacial' es acerca de una misión espacial donde se supone que hay que
echar un polvo en el espacio. En 'Entre las piernas de Luciana' hay un
tipo que hace todo lo que le piden sus parejas y al final no sabe que
está con una bruja. Y así por el estilo, propuestas que creo que son
auténticos disparates, conviviendo con otros relatos en los que las
historias quizá ya tengan una cierta contemporaneidad, como puede ser
'Mírame cuando te amo', que quizá es la concesión más clara a la
realidad.
Me va a disculpar si no le gusta la comparación, pero pareciera que la
principal influencia del libro son los chistes de Jaimito…
Sí, claro. Hay gran literatura escrita en las paredes de los baños, en
graffitis, y creo que los chistes son como los poemas y los
microrrelatos. Un poema, un chiste, tienen la virtud de ser un
chispazo, mientras que los narradores tenemos que hacer es contar lo
que hemos leído u oído. Yo no soy poeta y probablemente jamás podría
escribir una sola línea como las escritas por Neruda. Pero mi misión es
tratar de contar lo que Neruda escribió en un solo verso. Cuenta
en el prólogo que éste es un proyecto antiguo, escrito a solicitud de
un editor que al descubrir que le provocaba más carcajadas que
erecciones, no quiso editarlo. ¿De cuándo data el libro?
Así es, nunca se editó hasta ahora. Es un libro de comienzo de los
noventa, creo que lo más reciente es de 1994 o 1995. Es un libro que,
además, escribí inmediatamente después de 'A Troya, Elena', que también
es un libro medio fallido porque se publicó en Bilbao y la editorial
quebró y el libro prácticamente no circuló por España. De aquellos años
son estos cuentos, y se quedaron guardados en un disco duro hasta que
Juan Casamayor de Páginas de Espuma, que ahora empezará a llamarse
"Páginas de Esperma", se enteró que yo tenía esto, me lo pidió, lo leyó
y me animó a publicarlo. Y yo releyéndolos pensé en lo que está escrito
en la contraportada, que con treinta y tantos años me parecía que eran
relatos eróticos pero que con cuarenta y tantos me parecen literatura
fantástica. ¿Y no le dio
cierto vértigo, releer para publicar algo tan antiguo y que se escribió
en un contexto y a raíz de una solicitud tan específica? Me
dio risa. Y además descubrí que es un libro que tiene mucha relación
con 'Ajuar funerario', 'Neguijón' y 'El libro del mal amor'. Es decir,
un libro de cuentos de terror, una novela sobre el dolor, una novela
sobre el amor y éste un libro de cuentos eróticos, pero todos narrados
desde el humor. Por lo tanto, son libros que tienen en común ese tono
humorístico. ¿Y cómo cree que el lector español percibe ese doble sentido tan latinoamericano, tan peruano, presente en tus libros?
Creo que cada día lo entienden mejor. Y prueba de ello es que el
cine latinoamericano funciona muy bien. De hecho, se acaba de estrenar
una película argentina donde un psicoanalista y un policía hacen pareja
patrullando las calles ('Tiempo de valientes'), que está llena de doble
sentidos, es una película de un humor muy inteligente, muy argentino,
muy Les Luthiers. Y eso va a funcionar, sin ningún problema.
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