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Actor y también director
Después de probarse como director en 'Pasos', estrena la película 'El Viento' de Eduardo Mignogna.
Piense en un actor emblemático. Piense en el actor. Una figura inconfundible, alta, delgada, coronada por una cabellera blanca furiosa, maneras de gentleman, voz profunda. Piense en todos esos personajes que a lo largo de treinta años ha llevado a la pantalla. Federico Luppi (Ramallo, Argentina, 1936) ha dicho en voz alta y con una dicción perfecta y definitiva, cosas que hemos pensado y sentido tantas veces. El desencanto, la soledad, la rabia, el miedo, el amor en los tiempos del cólera, también la esperanza. Su colaboración con prácticamente todos los directores importantes de ambos lados del Atlántico (de Adolfo Aristarain, Héctor Olivera o Francisco Lombardi a Mario Camus. De Eduardo Mignogna y Marcelo Piñeyro a Agustín Díaz Yánez, Gerardo Herrero o Antonio Hernández. De Guillermo del Toro o Arturo Ripstein a John Sayles. De Andrés Wood a Miguel Bardem o Mariano Barroso) ha estado marcada por el buen tino a la hora de seleccionar las películas en las que participa. Pocos claroscuros en una filmografía luminosa. Y no es azar. La conciencia lucidísima de este hombre al que le entusiasma la política como a poca gente hoy día, ha sabido guiar una carrera coherente con su manera de pensar y estar en el mundo. “Soy una persona realista, abjuro de los mundos rosas, creo que la vida es más intensa, más atractiva y más agradable si uno puede mirarla cara a cara y estar en el ojo de la tormenta. Me parece mejor enfrentarme a la política día a día, con todo lo que eso implica, que mirar para otro lado. Eso me permite no ver catástrofes donde otros las ven. El ‘No’ francés, por ejemplo, para muchos es una catástrofe. Pero yo no lo creo. Sólo demora un proceso que inevitablemente se va a cumplir”. El estreno de 'El Viento', de Eduardo Mignogna, en la que Luppi interpreta a Frank, un campesino de la Patagonia que nunca salió de su pueblo pero al que la muerte de su hija lleva hasta Buenos Aires para reencontrarse con su nieta Alina (Antonella Costa), lo trae de nuevo a las pantallas tras su reciente incursión tras la cámara. En junio de este año pudimos ver en las pantallas 'Pasos', dirigida por el propio actor y con guión de Susana Hornos, una película situada en 1981, justo después del golpe de Tejero, y en la que seis personajes muestran los desencuentros y contradicciones en los que puede recalar la amistad cuando el enemigo común externo ha desaparecido y el proyecto social que los unía ya no es el mismo. “Alguna gente se empeña en ver en Pasos una crítica a la transición. Y no. Fue un momento importante para España y para el mundo, y tenía su dinámica interna. Pero lo que la gente hace con la transición es otra cosa. Lo que quería contar es que la eclosión de algo social no modifica instantánea y necesariamente el alma de lo que interviene. Un cambio social se produce por una revolución, un golpe de estado, un ‘No’ en Francia, pero el cambio más lento, más difícil y a trompicones, es el cambio interno, llegar a aceptar que uno debe cambiar, llegar a aceptarse... Las condiciones sociales han cambiado muchísimo en estos años, pero muy poco interiormente. Han pasado 30 años de la muerte de Franco, 25 del Tejerazo y sigue habiendo una suerte de derecha recalcitrante que quiere el poder, no el gobierno, y sigue habiendo una Iglesia que llama a la desobediencia civil desconociendo el Parlamento del estado español”. Un pasaje esperado La pregunta no es el porqué de este tránsito de actor a director; más raro es que no se haya producido antes. Luppi encoge los hombros y reconoce que hubo algo de azar en el origen de la decisión de dirigir. “Susana [Hornos, la guionista] había repartido el guión en varias productoras, una de ellas le dijo que sí y al mes me llamaron a preguntarme si quería dirigirla. Yo no había pensado en un pasaje de mi condición de actor a director. Iba a llamarles con la manifiesta intención de decirles que no, y luego pensé: ‘Me interesa el tema, quiero expresarlo, ¿por qué no lo voy a hacer? ¿Por miedo a qué? ¿Al resultado, a la crítica, al riesgo?’". 'Pasos' es una apuesta dura y deseperanzadora, con personajes cuyas decisiones pueden chocar al espectador, y es un temor que planea en sobre sus palabras. “La película puede gustar o no gustar, pero desearía que la aproximación crítica hacia los personajes no fuera desde la moralina. Si juzgamos a los personajes a través de un prisma psico-moral o ético no podríamos hacer un Macbeth en teatro. Sé que me expongo a cierta condición pesimista pero el mundo rosa ya lo cuenta tanta gente..." Hasta pronto, tiranía de la imagen Federico Luppi acaricia un sueño: poder comer todo lo que quiera, darse un atracón sin necesidad de pensar en ‘la figura’, ‘cuidarse’, la apariencia’, ‘las ojeras’. “No creas que es más agotador dirigir que actuar. Yo tengo varios defectos, y uno de ellos es que soy absolutamente goloso, me gusta comer, cometo excesos con la comida, lo que me obliga a cuidarme siempre, a ir al gimnasio. Cuando diriges no tienes necesidad de cuidar el glamour, las ojeras, la barba, la tripa. Te levantas, te pones cualquier cosa, no te afeitas, te vas al set y no tienes que someterte a horas de maquillaje. Disfruté mucho de eso en el rodaje. Eso es la parte, digamos, más frívola. Pero me gustaría mucho seguir dirigiendo, la pasé muy bien, aunque es muy caro. Se gasta mucho dinero que es difícil de conseguir. Y más allá de los errores que haya podido cometer, diría honestamente que a partir de ahora me gustaría más filmar que actuar”. De todas formas, que el público no se asuste Luppi no dejará de interpretar personajes. “No, por supuesto, no voy a dejar de actuar, es mi trabajo. Dirigir es como un deporte caro”. C.L.
Pasos, de Federico Luppi, se estrenó el 17 de junio tras participar en la Sección Oficial del Festival de Málaga 2005. El viento, de Eduardo Mignogna, protagonizada por Luppi, se estrena el 8 de julio.
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