Los cheguevaristas románticos |
09/03/2010 |
Esta semana se ha montado un gran cirio mediático alrededor del actor español
Willy Toledo, quien, en declaraciones a los medios de comunicación, insistió en
el carácter de preso común de Orlando Zapata, el albañil y fontanero que murió
recientemente en Cuba tras pasar ochenta y seis día en huelga de hambre. Zapata
fue encarcelado durante la llamada Primavera
Negra de marzo de 2003, la oleada represiva que llevó a la cárcel a
decenas de disidentes cubanos, entre ellos al periodista y poeta Raúl Rivero. En
el momento de su detención participaba en una huelga de hambre colectiva,
organizada por el movimiento prodemocrático Asamblea para Promover
la Sociedad
Civil. Fue acusado de desacato, desórdenes públicos y
desobediencia civil, y condenado, tras varios juicios posteriores celebrados
dentro de la cárcel, a un total de treinta y seis años de prisión. Cabe decir
que Amnistía Internacional considera a Orlando Zapata un “preso de conciencia”,
y que su investigador para el Caribe, Gerardo Ducos, ha declarado que su muerte
es un ejemplo de la desesperación a la que se enfrentan quienes, como él, “no
albergan esperanzas de ser liberados de su injusto y prolongado
encarcelamiento”. AI reclama también una investigación sobre las clamorosas
denuncias de torturas en las cárceles cubanas, y Human Rights Watch, rigurosa
organización a la que conozco y a la que me honro en pertenecer desde hace años,
tiene colgado en la portada de su página web (www.hrw.org/es) un demoledor informe de nueve
capítulos cuya lectura les recomiendo a los revolucionarios de café y
cheguevaristas románticos que tanto abundan por estos pagos, y cuyo monumental
extravío parece haberse concentrado en las palabras del mencionado Willy Toledo.
Leídas y escuchadas con detenimiento, y contemplado con asombro, una vez más,
ese cajón desastre ideológico donde cabe todo para justificar la barbarie
cubana (la represión en Gaza, Guantánamo, los torturadores gobiernos de Occidente,
China, el bueno de Chávez contra el malo de Uribe y, claro, el imperialismo
yanqui), uno no puede sentir más que tristeza ante el patético espectáculo de
este actor que, gracias a la libertad de expresión que aquí sí se le concede,
carga contra un muerto utilizando esa mezquina calificación de preso común, utilizada a la desesperada
por el régimen castrista para desprestigiar al fallecido disidente. Pero la
cuestión no es tanto este Toledo cuanto quienes como él persisten aquí en la
defensa numantina de este antiguo sueño convertido pronto en pesadilla. Quienes
continúan, un poco de coña, otro poco no tanto, calificándonos de gusanos a los que escribimos estas cosas.
Quienes se niegan a reconocer que la Historia ha dado la vuelta en Cuba,
y que la lucha de entonces tiene que estar ahora con los verdaderos valientes,
con los que se juegan la vida por sus ideas, con Zapata y con Rivero y con
Guillermo Fariñas, que se extingue lentamente y, por encima, todavía tiene que
soportar la patética visita del recadero de Moratinos, uf, pidiéndole que no se
muera en plena presidencia española de la Unión Europea. Este, y no
otro, es el verdadero calado de la Alianzade Civilizaciones que
defienden algunos. La del compadreo y el pasteleo. La de la cobardía. Y en el
medio, como corifeos, los Willy Toledo de turno.
Escrito por Álvaro Otero
a las 11:19 |
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Una nueva novela: El esplendor |
02/03/2010 |
Aparece estos días en las librerías mi nueva novela, El esplendor, y por eso quiero compartir la noticia con vosotros, lectores de este rincón en el universo de la Red. Podéis acceder a través de este enlace a sus primeras páginas, y a través de este (El esplendor-Álvaro Otero) a un vídeo que trata de ofrecer, en poco más de un minuto, algunas pinceladas sobre la historia. Desde que escribí su primera frase, hasta que la he visto publicada, he defendido esta novela como a un hijo al que le cuesta salir adelante. Y estoy tan orgulloso de esa lucha como de ese hijo. Espero, de quienes lo leáis, que acabéis compartiendo conmigo esa convicción y, por qué no, también ese amor.
Escrito por Álvaro Otero
a las 9:37 |
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La mariscada de Nicandro |
23/02/2010 |
Tameirón, en la raia seca de A Gudiña, a tiro de piedra de Portugal, presume de ser la aldea natal de Francisco Blanco, un santo que, además de gallego, es de los pocos que aparecen en el santoral con nombre y apellido. San Francisco Blanco es, también, el enésimo ejemplo de que, santos o no, los gallegos somos viajeros de carallo, porque lo mataron en 1597, con treinta años cumplidos, nada menos que en el lugar donde cuatro siglos después caería la bomba atómica que terminaría con la II Guerra Mundial, o sea en la ciudad japonesa de Nagasaki. San Francisco Blanco ya apuntaba maneras de milagrero desde pequeño, pues en Tameirón se decía que donde él apacentaba el ganado crecía el centeno a velocidad de vértigo, pero semejantes dotes de nada le sirvieron para salvarse de morir crucificado a la japonesa, es decir, como a la romana pero atravesado por dos lanzas en cruz que entran por los costados y salen por los hombros. Antes, en el pueblo de Meako, le cortaron la oreja y después lo llevaron en carreta, junto a sus veinticinco compañeros de infortunio, hasta la colina de su sacrificio, el mismo promontorio que todavía hoy se conoce como la Colina de los Mártires. Francisco Blanco andaba por Japón, oficialmente, evangelizando, pero sospecho que también por conocer mundo, así venía ya de Filipinas y, antes, de México. Su calavera se venera en la parroquia de Outarelo, en el Barco de Valdeorras, bien guardada sobre paño rojo en urna de reluciente cristal, y la sacan todos los 5 de febrero en procesión y olor de multitud. San Francisco Blanco, con fama de curar esos males de cabeza y locuras que tanto abundan hoy en día, también pasa por ser de los pocos santos, sino el único, que hasta hace unos años tenía -y quizá siga teniendo- su propia Cofradía Gastronómica, cuyo símbolo distintivo es una caracola en cuyo reverso puede leerse la máxima Nos summus cojunudus. A dicha cofradía pertenecía un jubilado vigués de la Marina Mercante, Nicandro, solterón para más señas, que cuando murió en 1993 les dejó en herencia a los cofrades una paparota monumental con mariscada de primero, caldeirada de raya –su plato favorito- de segundo, y de tercero guiso de perdiz, rematando con tarta de buñuelos y bien regado todo con buen vino, claro, de Valdeorras, que es bien recio y sabroso. Todo, a cuenta de Nicandro, cuyo testamento fue cumplido a rajatabla tras la romería del 5 de febrero de aquel año en una bodega de la parroquia de Xagoaza donde, dicen, la presencia del finado se notó "de manera casi física". ¿Y por qué hablamos hoy, aquí, de San Francisco Blanco? Acaso por nada. Acaso para entretenernos, en estos tiempos de crisis, con intrahistorias verdaderas de santos viajeros y mártires, o de cofrades como Nicandro, solterón y jubilado de la Mercante, cuya foto contemplo ahora, mientras escribo, sonriente y abrazado a sus amigos de devoción y parranda, en la paz que corresponde a todo devoto de un santo con apellido.
Escrito por Álvaro Otero
a las 10:0 |
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Álvaro Otero
Álvaro Otero nació en Bueu (Pontevedra) en 1967. Periodista y escritor, sus artículos y reportajes aparecen regularmente en distintos medios regionales y nacionales. En 1995 publicó la novela corta Waelrad (editorial Nigra), y dos años después Mambrúes a la Guerra (Edicións Xerais). En el año 2000 recibió el premio Nostromo por su novela Días de Agua (Editorial Juventud), y en 2006 apareció su tercera novela, De mar y de muerte (Ellago Ediciones). Reside en la actualidad en Vigo.
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LO
QUE LEO:
La Mansión. William Faulkner. "La Mansión" contiene, a mi modo de ver, todas las virtudes y defectos de este escritor. A ratos intensa, a ratos descuidada, a ratos oscura, a ratos farragosa pero siempre con ese punto fascinante y extraño que crea una suerte de adicción. Un duro hueso que no puedes dejar de roer. A veces, mientras leo a Faulkner, me convenzo de que hoy en día, en estos tiempos de levedad, jamás habría sido aceptado por las editoriales. .
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ESCUCHANDO:
Shostakovich. Jazz and Ballet Suites. Film Music. Creo que ya hable aquí alguna vez del sello Brilliant, una verdadera gozada de relación/calidad precio. Disfruto estos días de un triple CD de Shostakovich con sus "Jazz Suites" y su música para cine y ballet. Todo por poco más de 11 euros. Así, con esa filosofía, se combate la piratería.
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