Los arrogantes |
22/03/2010 |
Las declaraciones de Luis Francisco Esplá en el debate tauromáquico catalán, filosofando entre otras lindezas sobre la supuesta "arrogancia" del toro en la hora de la muerte, me han hecho recordar la historia triste de Timothy Treadwell. Este chico estadounidense quería ser actor, pero nunca pudo superar la frustración de resultar eliminado en el casting para la serie Cheers, así que cayó en una espiral de drogas y decadencia hasta que renació al mundo donde nadie jamás habría imaginado en él: en el Parque Nacional de Katmai, en Alaska, y reconvertido en un ecologista y documentalista aficionado. Para escándalo de los guías del parque, Treadwell comenzó a filmar a los osos pardos de Alaska, los grizzly, acercándose a ellos más de lo recomendable en un animal cuyo nombre biológico es Ursus arctos horribilis. Treadwell convivió trece veranos con sus nuevos amigos y rodó cien horas de video en las que se puede ver cómo llegaba a tocarlos y a jugar con ellos. En su afán por interaccionar con lo grizzlies, violó sistemáticamente las normas de seguridad del parque, al punto que su dirección creó la regla Treadwell, que prohíbe acampar en un mismo lugar durante más de siete días. Pero Timothy, poco a poco, se fue haciendo famoso. Apareció en Discovery Channel y en el célebre programa televisivo de David Letterman, en invierno recorría los Estados Unidos dando charlas a los niños, escribió un libro (Entre grizzlies: viviendo con osos salvajes en Alaska) que se vendió como churros y, como colofón inevitable, fundó la asociación Grizzly People. En realidad, Timothy, como parece evidente cuando uno revisa sus videos, estaba profundamente desequilibrado; era un hombre que volcaba todas sus frustraciones personales en el amor a los grizzlies y, además, estaba atravesando una peligrosa línea roja, cometiendo una lamentable equivocación, acaso una herejía: la de creer que el hombre se puede fundir con un animal libérrimo y salvaje. El 5 de octubre de 2003 estaba acampado con su novia, Amie Huguenard, junto al río donde al día siguiente amerizaría un hidroavión para recogerlos tras el fin de la temporada en el Katmai. El oso 141, un macho de gran tamaño que Timothy conocía bien, decidió que la broma ya había durado demasiado y los devoró a los dos. Lo poco que quedó de ellos, lo encontraron en su estómago. Werner Herzog, el impredecible cineasta, le dedicó un magnífico documental, Grizzly Man, elaborado en su mayoría con las filmaciones de Timothy. En un momento determinado, Herzog se detiene en la imagen del oso 141, al que Treadwell filmó en varias ocasiones. Durante un primer plano de su poderosa cabeza, de sus ojos, el cineasta comenta, como lo haríamos nosotros, que no ve en esa mirada ni arrogancia ni violencia, ni siquiera agresividad, sino tan sólo la insondable indiferencia de la Naturaleza. Esa Naturaleza que Timothy quiso alcanzar; esa cuya rotunda, elegante manifestación en forma de oso, o de toro, otros como Esplá confunden con su propia arrogancia, la humana. Y el oso 141, por cierto, fue abatido al día siguiente. Porque los arrogantes de esta historia, es curioso, siempre acaban perdiendo.
Escrito por Álvaro Otero
a las 9:37 |
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Los cheguevaristas románticos |
09/03/2010 |
Esta semana se ha montado un gran cirio mediático alrededor del actor español
Willy Toledo, quien, en declaraciones a los medios de comunicación, insistió en
el carácter de preso común de Orlando Zapata, el albañil y fontanero que murió
recientemente en Cuba tras pasar ochenta y seis día en huelga de hambre. Zapata
fue encarcelado durante la llamada Primavera
Negra de marzo de 2003, la oleada represiva que llevó a la cárcel a
decenas de disidentes cubanos, entre ellos al periodista y poeta Raúl Rivero. En
el momento de su detención participaba en una huelga de hambre colectiva,
organizada por el movimiento prodemocrático Asamblea para Promover
la Sociedad
Civil. Fue acusado de desacato, desórdenes públicos y
desobediencia civil, y condenado, tras varios juicios posteriores celebrados
dentro de la cárcel, a un total de treinta y seis años de prisión. Cabe decir
que Amnistía Internacional considera a Orlando Zapata un “preso de conciencia”,
y que su investigador para el Caribe, Gerardo Ducos, ha declarado que su muerte
es un ejemplo de la desesperación a la que se enfrentan quienes, como él, “no
albergan esperanzas de ser liberados de su injusto y prolongado
encarcelamiento”. AI reclama también una investigación sobre las clamorosas
denuncias de torturas en las cárceles cubanas, y Human Rights Watch, rigurosa
organización a la que conozco y a la que me honro en pertenecer desde hace años,
tiene colgado en la portada de su página web (www.hrw.org/es) un demoledor informe de nueve
capítulos cuya lectura les recomiendo a los revolucionarios de café y
cheguevaristas románticos que tanto abundan por estos pagos, y cuyo monumental
extravío parece haberse concentrado en las palabras del mencionado Willy Toledo.
Leídas y escuchadas con detenimiento, y contemplado con asombro, una vez más,
ese cajón desastre ideológico donde cabe todo para justificar la barbarie
cubana (la represión en Gaza, Guantánamo, los torturadores gobiernos de Occidente,
China, el bueno de Chávez contra el malo de Uribe y, claro, el imperialismo
yanqui), uno no puede sentir más que tristeza ante el patético espectáculo de
este actor que, gracias a la libertad de expresión que aquí sí se le concede,
carga contra un muerto utilizando esa mezquina calificación de preso común, utilizada a la desesperada
por el régimen castrista para desprestigiar al fallecido disidente. Pero la
cuestión no es tanto este Toledo cuanto quienes como él persisten aquí en la
defensa numantina de este antiguo sueño convertido pronto en pesadilla. Quienes
continúan, un poco de coña, otro poco no tanto, calificándonos de gusanos a los que escribimos estas cosas.
Quienes se niegan a reconocer que la Historia ha dado la vuelta en Cuba,
y que la lucha de entonces tiene que estar ahora con los verdaderos valientes,
con los que se juegan la vida por sus ideas, con Zapata y con Rivero y con
Guillermo Fariñas, que se extingue lentamente y, por encima, todavía tiene que
soportar la patética visita del recadero de Moratinos, uf, pidiéndole que no se
muera en plena presidencia española de la Unión Europea. Este, y no
otro, es el verdadero calado de la Alianzade Civilizaciones que
defienden algunos. La del compadreo y el pasteleo. La de la cobardía. Y en el
medio, como corifeos, los Willy Toledo de turno.
Escrito por Álvaro Otero
a las 11:19 |
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Una nueva novela: El esplendor |
02/03/2010 |
Aparece estos días en las librerías mi nueva novela, El esplendor, y por eso quiero compartir la noticia con vosotros, lectores de este rincón en el universo de la Red. Podéis acceder a través de este enlace a sus primeras páginas, y a través de este (El esplendor-Álvaro Otero) a un vídeo que trata de ofrecer, en poco más de un minuto, algunas pinceladas sobre la historia. Desde que escribí su primera frase, hasta que la he visto publicada, he defendido esta novela como a un hijo al que le cuesta salir adelante. Y estoy tan orgulloso de esa lucha como de ese hijo. Espero, de quienes lo leáis, que acabéis compartiendo conmigo esa convicción y, por qué no, también ese amor.
Escrito por Álvaro Otero
a las 9:37 |
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Álvaro Otero
Álvaro Otero nació en Bueu (Pontevedra) en 1967. Periodista y escritor, sus artículos y reportajes aparecen regularmente en distintos medios regionales y nacionales. En 1995 publicó la novela corta Waelrad (editorial Nigra), y dos años después Mambrúes a la Guerra (Edicións Xerais). En el año 2000 recibió el premio Nostromo por su novela Días de Agua (Editorial Juventud), y en 2006 apareció su tercera novela, De mar y de muerte (Ellago Ediciones). Reside en la actualidad en Vigo.
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LO
QUE LEO:
La Mansión. William Faulkner. "La Mansión" contiene, a mi modo de ver, todas las virtudes y defectos de este escritor. A ratos intensa, a ratos descuidada, a ratos oscura, a ratos farragosa pero siempre con ese punto fascinante y extraño que crea una suerte de adicción. Un duro hueso que no puedes dejar de roer. A veces, mientras leo a Faulkner, me convenzo de que hoy en día, en estos tiempos de levedad, jamás habría sido aceptado por las editoriales. .
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ESCUCHANDO:
Shostakovich. Jazz and Ballet Suites. Film Music. Creo que ya hable aquí alguna vez del sello Brilliant, una verdadera gozada de relación/calidad precio. Disfruto estos días de un triple CD de Shostakovich con sus "Jazz Suites" y su música para cine y ballet. Todo por poco más de 11 euros. Así, con esa filosofía, se combate la piratería.
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