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Jueves 8
Enero 2009

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Portada

herman_dune_noticia.jpg (13 Kb)

El último disco de Herman Düne
05/01/2009

Nunca he podido contagiar mi entusiasmo por los discos de Herman Düne. Sólo a dos o tres personas. Aunque he voceado su nombre, incluso sus canciones, aquí y allá, en todas partes, desde hace años. Nunca gustaban lo suficiente. ¿Hay alguien ahí, me pregunto ahora? ¿Me estás leyendo? Si es así, si aún sigues aquí, escucha a Herman Düne. No sólo en myspace. No sólo en su web. Compra uno de sus discos.  

Atención, juego de palabras: compra primero el último. Lo escucho a todas horas. Ya no está André, la ex mitad de Herman Düne, pero su hermano David-Ivar, la otra mitad, le ha pedido a Neman (el batería) que dé la cara. Ellos dos son ahora Herman Düne.  

Herman Düne son franceses. Pero cantan en inglés. Los hemos oído acompañando a Julie Doiron, acompañando a Kimya Dawson. Los hemos oído cantando en el metro de Roma, así, sin anunciarse (la noticia corría de boca en boca por toda la ciudad).  

No pensé que su último disco fuera a gustarme tanto. Pensé que echaría de menos la "tristeza" de las canciones de André, su voz, su guitarra. Que me sobraría el anti-laconismo expresivo, digo en la producción, que ya comenzaron a lucir en Non on top y confirmaron en Giant. Será porque, aunque ambos discos me gustaron mucho, yo prefería Turn off the light, su primera entrega.  

Estoy fascinado con esos coros. En tantas nuevas canciones.  

¿Te gustan The Velvet Underground? ¿Te gusta Jonathan Richman? ¿Te gusta Lou Reed? ¿Te gustan Leonard Cohen y Bob Dylan y los Beach Boys? ¿Y Otis Redding, Muddy Waters, el Elvis "leído" por Morrisey y Marr, etcétera? Bien, pues entonces quizá te gusten Herman Düne.  

André firma ahora como Stanley Brinks, pero ya en 2004 publicó un disco en solitario (quizá hubiera otro antes, pero no lo conozco): Täglich Brot (New York-Berlin). Canciones grabadas en un portátil, y en un cuatro pistas, y en un ocho pistas. Nada de delicadezas. Sólo las canciones. Como acompañamiento, unas veces tan sólo una batería, otras una caja de ritmos o un bajo o una voz. "Give me some of your love", "Berlin song", "Birthday song", "New York song"… Canciones para todos. Para todos los días. También ese año, 2004, apareció Ya ya, el disco en solitario de su hermano David-Ivar ("Song for the family", "My brand new bike"…), donde versiona precisamente a Otis Redding ("These arms of mine"). Creo que los dos dan lo mejor de sí cuando firman como "Herman Düne", pero cualquiera de estos dos discos bastaría para aficionarme a su manera de hacer canciones.

Escrito por Julián Rodríguez a las 11:59

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La última novela de Ismael Grasa
18/12/2008

UNO
¿Cuántos años tiene Juan, el protagonista de Brindis? ¿Los mismos que Ismael Grasa? ¿Cuarenta?  

Brindis (editorial Xordica) es la novela-resumen de la vida de Juan y de la vida como escritor de Grasa: están aquí todos sus temas, están aquí todas sus otras novelas, sus otros libros. No sé si intencionadamente.
Están aquí De Madrid al cielo y Días en China y La Tercera Guerra Mundial. No sé si intencionadamente.
Están también algunos personajes que ya habíamos visto o leído o intuido en esos otros libros y me he preguntado: ¿Los Oliván felices, esos vecinos de Juan en Brindis, los que brindan, los que raspan botellas de anís con un tenedor, son el "mismo" Oliván de La Tercera Guerra Mundial?  

Todos esas otras novelas anteriores parecían explorar (ya sé que eran mucho más) el "tiempo de la iniciación", los ritos de paso, incluso eso que alguien llamó en broma "el tiempo de los desconsuelos"… Un tiempo largo, extenso, que iba, que va, más allá de la adolescencia. Pero Brindis es ya, está ya en "el tiempo de la madurez", representa la llegada a la madurez: es la novela de los cuarenta años, ya con suficiente vida a cuestas.
"Juan pensó entonces en la bondad humana, en los errores acumulados, en la belleza y en la muerte". En ese momento, ya al final del texto, Grasa "se concede", digo se concede, no sólo una hermosa frase, una Gran Frase, sino que escapa a propósito, aquí sí a propósito, estoy seguro, del desaliento y de la infelicidad. Como si nos dijera: esta vida "vulgar", esta vida corriente, encierra toda la belleza de la vida, toda la belleza del mundo, todo el deseo de seguir viviendo. Es el Gran Momento de la novela, es el momento que le da sentido a toda la novela, el instante en que Juan, que antes ya era nosotros, se vuelve ahora nuestro guía: nos ayudará a sobrevivir, a vivir.
Ojalá fuéramos ya él… Porque ha comprendido, porque puede ser feliz, "aunque el concierto" de música clásica (una música que Juan aprendió a amar sólo para encontrar un amor o algo de sexo) "dure más de lo esperado".
Ser feliz un instante, unos minutos, aun sólo durante los primeros compases de un concierto cualquiera, puede ser un verdadero indicio. O mejor dicho: el único indicio posible para saber que podemos ser felices. 

DOS
"Juan recuerda", "Juan recordaría".
Creo que sucede en dos ocasiones que "Juan recuerda". Y en otras dos que "Juan recordaría". Me ha parecido importante este dato, incluso esa simetría.
Juan piensa desde un supuesto presente narrativo, el de la novela, esto es: "Juan recuerda". Juan piensa desde el futuro, ya fuera de la novela, más allá de la literatura, piensa desde fuera de la novela, del texto, esto es: "Juan recordaría".
Esta "dualidad" me hizo pensar en que la novela, lo intuí antes de acabarse, no tendría fin (no tiene fin), sino que sigue hacia delante, siempre hacia delante… Juan se queda con nosotros una vez cerrado el texto.  

TRES
Todos hemos conocido a Juan, o a alguien, Ernesto, Luis, Antonio, Jesús, David, Olmo, César, Pedro, como Juan. Ya estaba incluso en los otros libros de Ismael Grasa, allí "aprendido a vivir", atravesando la adolescencia, la primera juventud, como decía antes, la segunda juventud… Aquí viviendo, pues ha llegado a la madurez, ya puede mirar hacia atrás. En eso el libro es tan Cheever como Ginzburg. Es tan Juncos salvajes, de Techiné, como Doinel, todas las pelis de Doinel, de Truffaut…
Vida total. Es vida total.
Como cuando se dice, y se trata de Juan, por supuesto: "Luego Juan siguió encontrándola de vez en cuando, junto a su novio, en las colas de los cines a los que había ido con ella alguna vez. Se fijó entonces en que ella tenía las piernas demasiado cortas en relación al resto del cuerpo".
Por eso decía tan Cheever como Ginzburg: es ese fragmento (y sirva como ejemplo) un momento muy Ginzburg. Esa descripción, esas "piernas demasiado cortas".
No se puede decir mejor, no se puede decir más con menos, no se puede hablar de lo que ya no existe con menos palabras. 

CUATRO
He leído todos los libros publicados por Grasa en su momento, es decir, cuando fueron saliendo a las librerías: mucho antes de conocerlo a él en persona, de ser amigos, leí De Madrid al cielo o Días en China. Los compré en una librería de Cáceres, mi ciudad, que ya no existe.
Siempre he creído que Ismael era uno de los mejores escritores españoles del presente. Ni siquiera acotaré con un "de mi generación". No creo que haya muchos otros escritores de las generaciones vivas de este país, perdón por el énfasis o la grandilocuencia de la expresión, con una obra tan singular y tan coherente y, añadiré, porque es lo que de verdad cuenta, tan atractiva.
Cuando ha publicado poemas, unos pocos poemas, eran muy hermosos y singulares, es decir, diferentes, tan suyos. Cuando ha publicado cuentos, unos pocos cuentos, también eran muy hermosos y singulares: como fragmentos de sus novelas, pero con sentido propio, con principio y fin, fuera el final abierto o no, más abierto o menos abierto.
He dicho coherencia: ahora nos debía, a todos los que tenemos ya cuarenta años, como yo, que nací el mismo año que él, esta novela, que, claro, va mucho más allá de "lo generacional", pero que yo he leído, y me he leído en ella, como si fuera, encerrara, un "prospecto" medicinal para, como dije antes, sobrevivir…
Ismael nos debía esa novela, su novela de madurez, y nos la ha entregado. No sé qué escribirá ahora. En parte ha cerrado aquí un ciclo que abría Zenón, el protagonista de De Madrid al cielo, aquel tipo tan adulto que ya tendría entonces cuarenta años (cuando nosotros teníamos veinticinco y aún éramos muy jóvenes). Adulto por sabio, quiero decir… Zenón, sabio de la calle, sabio popular. Y ahora Juan, que no habla en primera persona como aquél, que no se ríe tanto como aquél, que es ya el personaje total de un escritor maduro.

CINCO
No sé si me he expresado con la suficiente claridad, la necesaria para recomendar vivamente Brindis, que ofrece "un trozo de vida" con una humildad a ratos conmovedora, que emociona cuando más común nos parece la historia que narra. Que nunca, nunca, se permite juzgar ni pensar ni decidir por nosotros los lectores, algo por lo que hemos de darle las gracias a su autor.

Escrito por Julián Rodríguez a las 13:30

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Gente corriente
02/12/2008

Al correo personal me has escrito, me has escrito y me has escrito, tres veces me has escrito. Que estuviste en Barcelona, en aquella jornada, "El pop también se lee", y que escuchaste esta canción, digo este texto, esta versión de una canción, de esa canción de Pulp, y que le dijiste luego a tu chica, en casa, ella volvía del trabajo, de El Corte Inglés de Plaza de Cataluña, que alguien había leído su canción preferida, "Common People", del disco Different Class, de 1995, creo, y luego me escribiste, porque ese alguien era yo, me has escrito, me has escrito, me has escrito, porque encontraste mi dirección de correo electrónico no sé dónde y me has escrito porque querías que ella leyese esta versión, mi versión, que, ya avisé en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona antes de leerla yo mismo, era muy particular, muy versión, a mi aire, interpretando la canción a mi aire. Ahora, con mis palabras, dice así:    

 

Ella era griega y quería aprender, eso decía. Estudiaba escultura en Saint Martin, y allí nos conocimos.  

Me contó que su padre era rico, así que pedí un ron cola. Está bien, dijo ella riéndose. Y a continuación: Quiero vivir como la gente corriente, quiero hacer todo lo que hace la gente corriente, quiero acostarme con tipos corrientes como tú.  

No supe negarme. Así que le dije: Veré qué puedo hacer.  

La llevé a un supermercado. No sé por qué, pero por algún sitio tenía que empezar. Le dije: Haz como si no fueras rica, y ella se echó a reír. Eres muy gracioso, dijo. Pues yo no veo a nadie más riéndose aquí. ¿Estás segura de que quieres vivir como la gente corriente, de que quieres hacer lo que hace la gente corriente, de que quieres acostarte con tipos corrientes como yo?  

Pero ella parecía no entenderme. Sólo sonrío y me cogió de la mano.  

Alquila un cuchitril sobre algún bar ruidoso, córtate el pelo lo más feo posible, búscate un trabajo cutre, haz como sin nunca hubieras sido una niña bien… Pero aun así nunca podrás cambiar tu vida, porque cuando estés mirando a las cucarachas caminar por las paredes, llamarás a papá para que acabe con todo eso.  

Nunca vas a vivir como la gente corriente. Ni a fracasar como fracasa la gente corriente, que se dedica a bailar, a beber, a follar porque no hay otra cosa mejor que hacer cuando eres sólo eso: gente corriente que odia a los que logran ser turistas, gente corriente que te sacaría las tripas si pudiera.  

Nunca vas a saber lo que es vivir una vida sin propósito, sin poder elegir más que manchas de grasa que no se van del suelo del baño. Nunca sabrás cómo es arder por dentro.

Escrito por Julián Rodríguez a las 16:1

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Julián Rodríguez

Julián Rodríguez (Ceclavín, Cáceres, 1968), director literario de la editorial independiente Periférica, ha publicado sus libros en diferentes sellos del Grupo Random House Mondadori: en 2001 apareció su primera novela, Lo improbable (Debate); en 2002 un volumen con tres novelas cortas, La sombra y la penumbra (Debate); y en 2006, su segunda novela, Ninguna necesidad (Mondadori), elegida por los críticos del diario El País como uno de los diez mejores libros de narrativa en español del año y Premio Ojo Crítico de Radio Nacional de España. Recientemente, estos tres libros de ficción han aparecido en un solo volumen bajo el título Lo improbable y otras novelas (Debolsillo).

En 2004, fue elegido Nuevo Talento FNAC por su libro Unas vacaciones baratas en la miseria de los demás (Caballo de Troya; 2ª edición en Debolsillo, 2008), con el que abrió un ciclo de "no ficción", entre autobiográfico y ensayístico, llamado "Piezas de resistencia", y del que acaba de publicar su segunda entrega: Cultivos (Mondadori).  

05/01/2009
El último disco de Herman Düne

18/12/2008
La última novela de Ismael Grasa

02/12/2008
Gente corriente

Ester en El último disco de Herman Düne (08/01/2009 - 15:01)

Marco en El último disco de Herman Düne (07/01/2009 - 15:49)

Montxo Armendariz en El último disco de Herman Düne (05/01/2009 - 18:53)

LO QUE LEO:
El número especial de la revista Eñe dedicado a los nuevos escritores de América Latina, con especial atención a Maximiliano Barrientos. Y también (además de, poco a poco, la Correspondencia entre Paul Celan y Gisèle Celan-Lestrange, en Siruela) Fantasmagorías, de Clément Rosset, en Abada, y Correspondencia Carl Einstein-Daniel Henry Kahnweiler 1921-1939, en Ediciones de La Central.
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ESCUCHANDO:
Madera y poca luz (Bankrobber), de Espaldamaceta, alias del tarraconense José Juan González. O cómo arrancar de Silvio Rodríguez (dicen que también de Elliot Smith, de Nick Drake, de Jeff Buckley, sí, sobre todo de éste último) para acabar en Los Planetas desenchufados de "Mil millones de veces" (ya hay quien lo ama y quien lo detesta por esa versión).
O cómo escribir post-rancheras: "Y ahora que la mierda ya me llega hasta los ojos / y ahora que no hago otra cosa que limpiarme / será que no he querido oír tus llantos / será que también lloro".
O cómo hacer del gimoteo arte.
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Ninguna necesidad
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