"Whole lotta love" de Led Zeppelin |
02/03/2010 |
Mis primeros recuerdos musicales provienen de la pequeña colección de discos y casetes de mi padre, que todavía conservo: The Beatles, Simon and Garfunkel, Raimon, Serrat, Moustaki, María Ostiz, Harry Belafonte… Uno de los elepés de la discoteca familiar era un recopilatorio de Hispavox llamado Lo Mejor del Año Vol. 7 fechado en 1970 y que incluía éxitos del momento como Himno a la alegría de Miguel Ríos o El Baúl de los Recuerdos de Karina. Justo después de Los Payos y cerrando la cara B (seguro que de forma intencionada, para que no molestara demasiado), aparecía Muchísimo Amor de Led Zeppelin, por cortesía de Atlantic Records.
En plena infancia, en aquellos años de la Transición, escuchar este tema me producía inquietud. Una voz chillona, una guitarra demoledora y un caos de ruido y gritos. Aquello estaba muy alejado de la música más amable que había escuchado hasta el momento e intuía algo prohibido, primario y nada inocente en aquellos sonidos. Me atraía y repelía al mismo tiempo. Básicamente, acababa de descubrir el rock and roll.
Whole lotta love empieza con uno de los riffs más famosos de la historia, creado por Jimmy Page. Poco después entran el bajo y la voz de Robert Plant cantando una letra de alto contenido sexual. Junto a la batería, conforman una secuencia pionera del hard rock, que ya se intuía en otras bandas de blues rock de la época. Curiosamente, después del estribillo, cuando la canción está prácticamente en ciernes y de forma muy audaz, la música cambia por completo. Lo que sigue son casi dos minutos de locura. El ingeniero de sonido de la grabación, Eddie Kramer, comenta que Page y él se dedicaron a toquetear todos los botones posibles en la mesa de mezclas. El fragmento empieza con un solo de batería al que se le van añadiendo elementos extraños, como percusiones lejanas, ecos siniestros, aullidos y un theremin. El final se resuelve en un punteo y la vuelta al riff del principio. En total, cinco minutos treinta y cinco segundos que abrían su segundo álbum.
La discográfica decidió reducir el tema eliminando la parte central para que pudiera ser emitido por la radio, aunque se mantuviera la versión íntegra en el disco a la venta. Fue un gran éxito en todo el mundo y alcanzó el puesto cuarto de la lista española de singles. Led Zeppelin se convirtió en una banda famosa y poco después empezó su historia de excesos y afición al ocultismo, una leyenda más de la historia del rock. En Argentina la canción se difundió inicialmente como el "Íntegro amor de Lotta", error comprensible debido a las diabluras fonéticas y ortográficas de la lengua inglesa (la frase correcta sería Whole lot of love) Finalmente, se editó como Un montón de amor, una traducción que creo más acertada que el Muchísimo amor de la edición española.
Desgraciadamente, la autoría del tema no es del todo propia. Al contrario del riff de guitarra, que es original, parte de la letra de la canción y la melodía vocal fueron tomadas prestadas de un blues de Willie Dixon cantado por Muddy Waters titulado "You need love". El autor denunció el presunto plagio y finalmente el tribunal falló en 1985 a favor de Dixon. Escuchad los dos temas y juzgad. En la red todavía existen agrios debates sobre esta cuestión, desde aquellos que hablan de mera influencia y práctica corriente en el mundo de la música a otros que lo argumentan como el típico expolio de músicos blancos a músicos negros.
Más de una década después de mi primera escucha, a los veintiún años, viajé a Praga con mi mochila a cuestas, poco después de la caída del muro de Berlín. Checoslovaquia, que ya no existe con ese nombre, era un país que estaba viviendo su propia transición. En una tienda de discos poco abastecida compré dos elepés por menos de cuatro euros. Uno de ellos era de Pulnoc, un grupo checo del que había leído que gustaba a Lou Reed. El otro era un recopilatorio ruso de Led Zeppelin, escrito con caracteres cirílicos y que extrañamente no incluía Whole lotta love.
He de reconocer que Led Zeppelín distan de ser una de mis bandas favoritas, pero en algún rincón de mi cabeza dejaron la puerta abierta al blues, las guitarras saturadas y la experimentación. También es significativo que ni el franquismo ni el comunismo soviético pudieran obviar la tremenda fuerza de esta banda de rock, quizás una de las más influyentes de todos los tiempos.
NOTA: Descubre dos faltas de ortografía en la foto de la portada que ilustra este artículo.
Escrito por Guillermo Artés
a las 17:34 |
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“Been smokin’ too long” de Nick Drake |
29/01/2010 |
La primera vez que escuché a Nick Drake fue en Nottingham, mientras estudiaba en la universidad. Algunas noches, Javi, un compañero de Valencia y yo, acudíamos a la habitación de Will en uno de los colegios mayores del campus y entre nubes de hash y rodeados de cojines grandes y telas hindúes, escuchábamos vinilos a 33 revoluciones.
Uno de los temas que pinchaba Will insistentemente y al que recuerdo tumbado con los ojos cerrados mientras sonaba, era "Been smokin' too long". Se trataba de una grabación precaria, con Drake susurrando un blues únicamente con su guitarra. El tema era distinto al repertorio habitual del artista, al que empezaba ya a conocer y valorar. La canción ambientaba perfectamente el momento y nos hacía permanecer en silencio.
A principios de los noventa, entre los estudiantes británicos existía ya un culto hacia Nick Drake, un cantautor atractivo, introvertido, poco valorado en su tiempo y que falleció joven (como muchas estrellas de la época, con sólo 28 años)
Antes de volver a Valencia, mi amigo Javi y yo decidimos traernos dos elepés a casa. Javi compró "Time of no reply", un disco de rarezas que recogía este tema mágico, mientras que yo adquirí "Heaven in a wild flower", un recopilatorio de sus tres únicos discos de estudio.
Como solíamos hacer antes de la digitalización masiva, intercambiamos los elepés y yo grabé en casete el que me había prestado. Recuerdo que utilicé una buena cinta de cromo. Me sorprendió leer en los créditos que "Been smokin' too long" no era un tema propio, sino de un tal Robin Frederick. Esto explicaba la diferencia, y sin pensarlo demasiado, siempre imaginé que el autor original era un bluesman sureño poco conocido.
Años más tarde, gracias a internet, y para mi sorpresa, averigüé que Robin Frederick no era un hombre, sino una cantautora de folk blanca, eso sí, norteamericana. Tenía una página web propia y una carrera musical larga que se iniciaba a finales de los sesenta. En uno de los textos explicaba su relación con Drake.
Robin y Nick se conocieron en el sur de Francia, en Aix-en-Provence, poco antes del famoso verano de 1967. Ella actuaba en un local y al acabar, Nick se acercó para proponerle que tocaran juntos. Se reunieron en algunas ocasiones en el piso de ella, donde interpretaban versiones de Bob Dylan o Phil Ochs, entre otros. Nick nunca tocó canciones propias, quizás por inseguridad, y en una ocasión, Robin cantó "Been smokin' too long". A él le gustó y le pidió que le escribiera la letra en un papel, sin preguntarle los acordes.
Pocas semanas después, Drake se fue a Marruecos y no volvieron a verse más. Robin confiesa que, a sus diecinueve años, era fácil enamorarse de alguien tan guapo y tímido y construir fantasías sobre él. Al fin y al cabo, estaban en una ciudad histórica, donde habían paseado Cezanne y Rimbaud y costaba poco convertir a alguien que realmente no conocía en una especie de Baudelaire.
La primera vez que Robin escuchó la versión de Nick de su propia canción fue en 1992(curiosamente, más tarde que yo mismo) cuando le regalaron el álbum"Time of no reply". La autora confiesa que la sensación que experimentó al principio fue como caer por el agujero de Alicia en el País de las Maravillas y quedarse suspendida en un puente entre el pasado y el presente al acabar de oírla.
Drake había adaptado la canción a su voz suave y había construido un arreglo diferente y más fluido para la guitarra. Incluso cambió un verso y en lugar de "got the Marijuana blues", cantaba "got no other life to choose", un detalle que a Robin le pareció muy propio de él y que resultaba de lo más fatalista.
No fue hasta 1997 y a través de internet, cuando ella se enteró de todo lo que había ocurrido en la vida de Drake desde su encuentro treinta años atrás hasta su muerte en 1974. A partir de ese momento, ella comenzó a valorar verdaderamente sus composiciones, su gran técnica como guitarrista y su estilo vocal.
Got opium in my chimney Got no other life to choose Got a nightmare made of hash dreams Got the devil in my shoes Tell me, tell me, what have I done wrong Ain't nothin' goin' right for me Must be I been smoking too long…
Escrito por Guillermo Artés
a las 12:0 |
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Guillermo Artés
Me llamo Guillermo Artés y vivo en la costa este. Me encanta hacer canciones. Mi proyecto musical actual es Guillemka, aunque hace tiempo estuve en Kindergarten. Algunos me meten en el saco indie, aunque prefiero considerarme un cantautor eléctrico. También escribo historias que no canto. Aquí van. Contadme cosas, prometo contestar. |
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LO
QUE LEO:
"El Ruido Eterno" de Alex Ross. Como bien dice el prólogo, "en el siglo XX la vida musical se desintegró en una masa ingente de culturas y subculturas, cada una de ellas con su canon y su jerga propios". En este tiempo en que la música está tan devaluada, esta obra nos sitúa algunos compositores influyentes del siglo pasado (Strauss, Shostakovich, Cage…) en su contexto histórico. Al final aparece gente del rock como The Velvet Underground o Radiohead. Es lectura amena y accesible. Alterno este libro con los relatos de Tobias Wolff, maestro en sacarle partido a lo cotidiano, comparado muchas veces con Raymond Carver. |
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ESCUCHANDO:
"Hijos del Agobio" de Triana. Tengo la sensación de que ahora en España se valora a los artistas de aquí que copian lo de allá y no a los que realmente intentan hacer algo propio. Triana sería un buen ejemplo de creatividad, un honesto trabajo de fusión del rock progresivo anglosajón con las raíces andaluzas y que tuvo éxito en su día. King Crimson y Pink Floyd con flamenco y sintetizadores moog. Yo colocaría este disco junto al trabajo homónimo de Veneno, este último más fresco y gamberro, otro álbum histórico del rock español que tuvo en su momento peor suerte. Hace más de treinta años… |
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