Don DeLillo, el poeta de la paranoia |
24/05/2007 |
A pesar de que, como dijo Borges, es muy difícil conocer quiénes de nuestros escritores contemporáneos valen porque el tiempo todavía no ha ha hecho su antología, está claro que Don DeLillo es uno de esos clásicos instantáneos que algún día servirá de guía para los futuros lectores que quieran entender el tiempo confuso en que nos tocó vivir. DeLillo ha escrito tres novelas con garantía de permanencia: "White Noise" (1985), acerca de un profesor que estudia a Hitler y de un derrame de gases tóxicos en una pequeña ciudad universitaria: "Libra" (1988), una polémica ficcionalización de la vida de Lee Harvey Oswald y de la supuesta conspiración que acabó con Kennedy; y "Underworld" (1997), una vasta exploración del vacío moral subterráneo dejado en la sociedad norteamericana por la guerra fría. En cada uno de estos casos, la novela es, para DeLillo, “el escape a través del sueño, la suspensión de la realidad que necesita la historia para escapar de su brutal confinamiento”.
DeLillo nació en el Bronx en 1936. Descubrió la literatura a los dieciocho, leyendo a Faulkner. Poco después, con Joyce, descubriría que cada palabra tiene su propia historia, y que la tarea del escritor era encontrar el lenguaje que le sirviera para combatir las pesadillas de la historia. Después de estudiar Comunicación en la universidad de Fordham, DeLillo se dedicó durante cinco años a escribir slogans para una agencia publicitaria. Mientras lo hacía, iba formando una visión del mundo que le debe más al cine europeo del período –Godard, Fellini--, al jazz, al Expresionismo Abstracto de Rauschenberg y Pollock, que a otros escritores. Hacia 1966, ya estaba listo para asumirse como escritor en serio y embarcarse en su primera novela, "Americana", que le tomó cuatro años y fue publicada en 1970. El título ya indicaba la desmesurada ambición de DeLillo: tomar como tema literario toda la cultura, toda la historia de ese país-continente que es los Estados Unidos.
"White Noise" es una de esas novelas totales. Aquí, DeLillo escribe una tragicomedia posmo sobre la sociedad norteamericana contemporánea, dominada por el “ruido blanco”, anestésico de la cultura popular y saturada por el consumo (una de las mejores escenas transcurre en un supermercado). Jack Gladney estudia a Hitler, pero no tiene ninguna relación emocional con el jerarca nazi; Hitler es un tema académico más.En la novela, todo está mediado por el cine y la televisión: los personajes parecen estar viviendo “momentos televisivos”, y los turistas que visitan el granero más fotografiado del país para sacarle fotos, en realidad lo que quieren es sacarle fotos a los que le sacan fotos al granero. Cuando ocurre el desastre que obliga a Gladney, su familia y sus vecinos a evacuar la ciudad, la gente protesta porque el accidente no ha aparecido todavía en las cadenas nacionales de televisión. No hay cobertura televisiva, pero está el miedo a la muerte, lo único que en esta cultura parece ser auténtico y que influye en cada uno de los actos de Gladney a partir de la segunda parte de la novela.
El “poeta de la paranoia” (las palabras son de Martin Amis) vivió su infancia y adolescencia en la calle 182 del Bronx, a tres cuadras de la casa de Oswald (no lo llegó a conocer en persona). Hoy vive en Wetchester, Nueva York. Está casado hace treinta años y no tiene hijos. Es, junto a Pynchon y Salinger, uno de los tres escritores reclusos de los Estados Unidos, alguien que hace todo lo posible por mantener su privacidad y darle la espalda al circo mediático del que, hoy por hoy, ni siquiera los escritores escapan. Dice que se convirtió en escritor gracias a su denodado esfuerzo por “evitar un compromiso serio y responsible con cualquier otra cosa”. Escribe siete horas al día, y acaba de publicar una nueva novela, "Falling Man", que gira en torno a la destrucción de las Torres Gemelas; un libro solemne, grave, de prosa magnífica pero que no alcanza a convertirse en un texto memorable. Quizás el 11 de septiembre es muy reciente como para dar lugar a gran literatura; o quizás simplemente es muy difícil, incluso para DeLillo, competir con las mejores novelas de DeLillo.
Escrito por Edmundo Paz Soldan
a las 15:9 |
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Bryce tiene la palabra |
09/04/2007 |
El 19 de enero de 1996, el académico español Ángel Esteban publicó en el periódico Ideal de Granada un ensayo titulado "Mi amigo Alfredo Bryce Echenique". El texto, desbordante en elogios, hablaba de cómo Esteban consideraba al amigo como "la única arma contra el egoísmo, el desánimo o la simple necesidad de realizarse en el otro"; Esteban terminaba contando cómo había llegado a conocer a Bryce, y cómo había salido de la casa del peruano "con la seguridad de haber ganado un amigo más, de los de verdad".
El texto volvió a ser publicado en La Nación de Buenos Aires, el 29 dediciembre de 1996, y en Somos (revista de El Comercio peruano) el 12 de abril de 1997. Había ligeras modificaciones, pero en general era el mismo,con frases como esa de que el amigo es "la única arma contra el egoísmo,el desánimo o la simple necesidad de realizarse en el otro". Ahora, sin embargo, el ensayo se titulaba "Amistad, bendito tesoro", y. estaba firmado por Alfredo Bryce Echenique.
Está claro que no se trata de un experimento a lo Pierre Menard. A este texto, el más antiguo de la serie, se suman otras siete acusaciones de artículos recientes que habrían sido plagiados por Bryce, a autores que muy pocos conocían hasta hoy. Las pruebas son contundentes. Todo, por lo pronto, parece inexcusable. Aun así, los que admiramos a Bryce esperamos una explicación, una aclaración, unas disculpas, la asunción de la falta, algo más que el portazo con que Bryce ha respondido a todo esto, la simple respuesta de que una torpe secretaria que se equivocó de carpetas es la responsable de todo, y que por ello Bryce sólo asume como culpa suya la "falta de control al hacerse esos envíos".
Esteban nos cuenta que, gracias a la generosidad de Bryce, se fue de la casa del autor peruano con varios libros suyos, entre ellos los Cuentos Completos y El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz. Cuando pase el escándalo, yo me quedaré con el Bryce de Un mundo para Julius. Ojalá pueda quedarme también, para bien o para mal, con algunas certezas en torno a lo ocurrido. Bryce tiene la palabra.
Escrito por Edmundo Paz Soldan
a las 9:34 |
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Las cartas de Manuel Puig |
18/01/2007 |
Bajo el cuidado de Graciela Goldchuck, la editorial Entropía acaba de publicar el segundo volumen de las cartas de Manuel Puig: Querida familia: cartas americanas. Las doscientas treinta y cinco cartas pertenecen a dos períodos: Nueva York (1963-1967) y Río de Janeiro (1980-1983). Los que han leído a este influyente escritor argentino descubrirán en varios pasajes un tono similar al de esa voz coloquial inconfundible de sus mejores novelas, en especial La traición de Rita Hayworth. Sin embargo, el efecto general es distinto: en las novelas de Puig, las cartas producen una sensación vivificante, incluso audaz: nos hallamos ante el escritor que se atrevió a prescindir de narrador y dejar que escucháramos directamente a sus personajes, y que incluso viéramos sus errores ortográficos a la hora de escribir. En cambio, como documento, las cartas a su familia son repetitivas, monocordes, planas. El fascinante Puig se convierte aquí en un hombre ordinario y poco dispuesto a abrir su intimidad.
En el período neoyorquino, está el descubrimiento, siempre sorprendente para un argentino, de que Estados Unidos puede competir con Europa: Nueva York es fascinante y además "no se siente soledad como puede ocurrir en París o Milán o la misma Roma". Puig se gana la vida primero como traductor, luego consigue un trabajo en el aeropuerto, en Air France, que le permite viajar por el mundo gracias a pasajes muy baratos (sólo tiene que pagar el 10% del costo del pasaje). En cada carta, siempre hay menciones a dos temas caros al escritor: la ropa ("acá no hay una sin tapado blanco de lana pero me parecen ordinarias las telas") y el cine ("Vi la primera sonora de Greta, 'Anna Christie', al principio ella está frenada, GENIAL, pero después se desata").
Los que quieran entrar al taller del escritor se decepcionarán: hay pocas menciones a su escritura. Sólo al final de este período, cuando Puig inicia su consagración internacional gracias a que la editorial francesa Gallimard publica La traición, aparecen atisbos inmodestos: "el chisme se corre en París de que Sarduy y yo somos las dos súper revelaciones castellanas y que todo lo demás queda superado. ¿Qué me cuentan?" Otro detalle interesante es que el cinéfilo Puig resulta aquí más bien un populista: ni Antonioni ni Fellini ni Godard le llaman tanto la atención como el cine de entretenimiento apoyado en el star system de Hollywood (para Puig, las estrellas son siempre mujeres: Jean Harlow, Joan Crawford, etc).
El Puig que aparece en el período de Río de Janeiro es ya un escritor consagrado, que dedica sus horas a revisar traducciones, a seguir los estrenos teatrales de El beso de la mujer araña en varias capitales latinoamericanas, y a intentar salvar el guión de El beso para la adaptación cinematográfica ("estoy saturado del burro de Babenco"). En Río, Puig ya se ha convertido en un coleccionista obsesivo de películas, y varias cartas son más bien listas de las copias que acaba de recibir de películas antiguas enviadas por amigos desde Italia o los Estados Unidos.
A la hora de juzgar este libro, uno debe tener en cuenta que es el destinatario quien influye en gran medida en el tenor de la carta. Manuel Puig baja pocas veces la guardia ante su familia. Hay cosas que no se pueden contar a los padres: su vida de hombre gay, por ejemplo. Por ello, estas cartas aparentemente muy reveladoras apenas nos entregan una visión parcial de Puig.
Escrito por Edmundo Paz Soldan
a las 12:56 |
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Edmundo Paz Soldan
Edmundo Paz Soldán nació en Cochabamba, Bolivia (1967). Es profesor de literatura hispanoamericana en la universidad de Cornell (Ithaca, Nueva York). Tiene varias novelas y libros de cuentos publicados, entre los que destacan Río Fugitivo (1998) y El delirio de Turing (2003). Ha ganado dos veces el premio nacional de novela en Bolivia. Es también ganador del premio de cuento Juan Rulfo (1997), y ha sido finalista del premio de novela Rómulo Gallegos. Es columnista de temas de cultura y política en La Tercera (Chile). También ha escrito para medios como El País,The New York Times, Time y Etiqueta Negra. Es uno de los autores más representativos de la generación latinoamericana de los 90 (McOndo). Ha vivido un año en Sevilla, y a partir de agosto vivirá por otro año en Madrid o Barcelona. |
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LO
QUE LEO:
| Tales of H.P. Lovecraft, editadas por Joyce Carol Oates. Un amigo me pidió un cuento lovecraftiano para una antología. Sin haber leído a Lovecraft, le dije que sí, por supuesto. Ahora que lo leo, me digo que hay locuras y locuras, y más allá de eso, está la locura de Lovecraft: tanlúcida, en la que la arquitectura y la geografía del lugar son descritas con tanta vividez que uno piensa que el escritor escribió sus cuentos mientras los vivía dormido. Borges dijo que la literatura era un sueño dirigido; Lovecraft lo hubiera corregido: la literatura es una pesadilla dirigida. Para sentir la abrumadora soledad del individuo en el cosmos,nada mejor que un cuento como "The shadow out of Time". |
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ESCUCHANDO:
| The Magic Numbers. The Magic Numbers. Cada año hay una nueva invasión de Britpop. Esta década comenzó con Coldplay, siguió con Keane, y ahora esel turno de grupos como The Magic Numbers y the Kaiser Chiefs. The Magic Numbers se especializa en una suerte de género perverso: la balada con letra como para deprimir al más optimista, pero con un ritmo tan contagioso que uno en lo que menos piensa es en deprimirse. Todo un desafío, escuchar una canción como "Love Me like You" y evitar que se tepegue. El estilo es un paseo por la historia de la música pop-rock: coros que recuerdan a los grupos de los 60, un ritmo que trae a Blur y compañía a la memoria, y una mezcla que sólo puede ser de hoy. |
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