El hombre de hielo |
21/08/2008 |
"CLEOPATRA: Ponme mi mantón y la corona: Siento la sed de la inmortalidad." ANTONIO Y CLEOPATRA - W. Shakespeare.
Con estas palabras la derrotada Reina de Egipto da paso a un cesto con higos que contiene la serpiente venenosa que acabará con su vida y que, efectivamente, le dará la victoria y la inmortalizará para siempre en nuestro imaginario.
Y tal vez es también esta sed de inmortalidad tan profundamente humana, la que nos lleva a querer un determinado trabajo, o a viajar, o a ser padres. Nuestro trabajo, el testimonio de nuestro paso en el mundo, la paternidad, serían pues exorcismos para vencer el olvido y la muerte. Y a la vez sería precisamente esta búsqueda la que nos impulsa frenéticamente a encontrar un sentido a nuestra vida. Hamlet, el príncipe de la duda ante la conveniencia de actuar o no, es nuestro contemporáneo.
El tema principal de THE FROST es la factura que tenemos que pagar por aquellas cosas que tendríamos y podríamos que haber hecho pero que no hicimos, invadidos por el miedo o preocupados en otras consideraciones secundarias. Y esta factura nos puede costar, a veces, literalmente, la vida: de poder pagarla o no dependerá que nos sintamos o no como unos fracasados, que podamos concluir si nuestra vida ha valido o no la pena: es nuestro pasaje a la inmortalidad, y todos tenemos uno. Para cada uno, el precio es diferente.
Alfred Allmers ha querido apaciguar su sed de inmortalidad durante años queriendo escribir y se ha olvidado de ser padre. Consciente de ese fallo en su vida, al principio de la historia quiere ponerle remedio abandonando la escritura para dedicarse de lleno a la educación de su hijo Eyolf. Desgraciadamente aún no entiende que esta dedicación es el resultado de su frustración como escritor y no fruto del verdadero amor por su hijo: la muerte súbita del niño le obligará a encararse con esta mentira, y de paso, a estirar del hilo de Ariadna de su vida para encontrar las razones profundas de sus angustias en el corazón del laberinto de su ser. Alfred es un personaje contemporáneo en el sentido que sufre la enfermedad de la "doble visión", es víctima de la lucha entre el hombre que es en el fondo, y que desconoce, y el que se ha imaginado que debería ser: un escritor de renombre, un padre moderno, un marido y hermano modelo, etc.
Esta enfermedad afecta por igual, aunque con diferentes síntomas, a los otros personajes de la historia. Rita Allmers quiere huir de la angustia de madurar y hacerse mayor, y en este sentido se quiere perpetuar como mujer seductora y deseable, eternamente joven, a los ojos de su marido Alfred, y se siente incómoda ante su maternidad. Asta Allmers quisiera perpetuar una relación sublimizándola en primer lugar, postulándose como consejera literaria y cómplice de Alfred en la escritura, y en segundo lugar, como la tía responsable de Eyolf que compensa las carencias de una madre irresponsable. La muerte de Eyolf desnudará a las dos, dejándolas sin excusa posible: Rita tendrá que combatir su vacío emocional sin Alfred y Asta tendrá que poner remedio urgente a una herida que le ha dejado estéril como pintora y emocionalmente yerma como persona, tal vez para siempre.
Como contrapunto de las tensiones entre el trío formado por Alfred, Rita y Asta, Raúl intenta hacerse útil asumiendo el papel de "buena persona", quisiera poner remedio a su soledad ayudando a Rita y especialmente a Asta, de quien está enamorado, a tirar para delante de una manera u otra. Pero cuando las tensiones llegan a su paroxismo después de la muerte de Eyolf, su ayuda es rechazada tanto por la una como por la otra y Raúl se convierte en un alma a la deriva, sin objetivo fijo.
¿THE FROST es una tragedia? En el sentido clásico de la palabra, no lo sería, ya que ninguno de los "héroes" muere al final; y sin duda tiene todo el espíritu, ya que como los personajes de una tragedia clásica, nuestros personajes luchan por su supervivencia. Dicho de otra manera, luchan por el sentido verdadero de sus vidas, por su "pasaje" a la inmortalidad, siguiendo la metáfora que he planteado al principio.
Y es precisamente bajo este prisma que El Hombre de Hielo adquiere su pleno sentido en la historia. Planteado al principio como un enfermo terminal de cáncer que decide acabar con su vida enterrándose en posición fetal en el hielo, su presencia viene anunciada por la historia rigurosamente cierta que explica el Guía al principio de la película. En ella, habla sobre el fósil humano de la época de las Glaciaciones que se ha encontrado recientemente en un glaciar de Suiza.
El Hombre del Hielo abre y cierra la historia. Es una imagen poderosa que expresa la búsqueda de Alfred Allmers por un sentido en su vida, y por extensión, la de el resto de personajes. Su posición fetal se puede leer como un interrogante esculpido en la tierra misma, inapelable ante las decisiones cruciales entre la muerte, la vida y el hielo; el elemento necesario que lo preservará del inexorable paso del tiempo, inmortalizando de esta manera su decisión crucial para siempre. La imagen de El Hombre de Hielo en su agujero de hielo es una imagen de muerte pero también de afirmación ética ante la vida, quisiera ser una forma pictórica del "ser o no ser" hamletiano expresado con una desnudez y una sencillez tan misteriosas como simbólicas y poéticas.
De algún modo, es también la expresión gráfica de una cierta solución que nos plantea THE FROST. Tal vez El Hombre de Hielo no ha existido nunca, no es más que una proyección imaginada por Alfred. Él mismo parece explicarlo así cuando al final de la historia hace de ello un símbolo de la muerte en el monólogo que abre su última conversación con Rita en el jardín cubierto de Escarcha. Pero tal y como ha explicado la misma Rita "¿qué diferencia hay si el fantasma que he visto es real o producto de mi imaginación?", lo que importa pues, es que creo en él y esta fe puede relanzar mi vida. Y es que, tal y como dice La Viuda Rata, "La escarcha mata la planta, pero también conserva la semilla". Tal vez, en la aceptación plena de esta paradoja fundamental de la existencia, radica el raudal fértil de todo amor y de toda posibilidad de inmortalidad. El Hombre de Hielo es la expresión de esta verdad y de esta esperanza.
Es por esta razón que creo que esta imagen es para mí la que mejor acompaña al título de la película THE FROST, ya que articula de manera simple, contundente y subliminalmente eficaz la esencia mágica y existencial de la historia.
FERRAN AUDÍ. Director de THE FROST
Escrito por The Frost a las 13:14
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