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Viernes 29
Agosto 2008

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Semana 16. (Del 25.08 al 29.08). Los microrrelatos de agosto.
30/07/2008

Hay tomate (extraído de la serie "El Hombre de los Veintiún Dedos", de Mañas y Leiva, arranque de la quinta aventura que prosigue ahora mismo en adn.es: ver continuación en http://www.adn.es/blog/21dedos/cultura)

 

Resumen de lo acontecido hasta el momento:

Mientras que el famoso escritor Javier Manías fantasea sobre un improbable asesinato, en uno de los vagones del Tren del Crimen, el Maestro, Toni Romero y el acompañante de este, Alex, disertan sobre la literatura y el mundo literario sin sospechar que en esos momentos ya hay un cadáver en este famoso tren…  

 

- Llegado a este punto, sólo puede haber dos opciones: el suicidio literario o el folletín, y yo me quedo con el segundo… ¿Qué te parece, Álex?

            Quien así hablaba era el joven escritor de cráneo afeitado que volvía a ensalzar los medios de la época.

            Le endosó un codazo a su compañero, arremolinado este en el asiento color burdeos, quien sonriendo respondió:

- Mola, mola. Tú sigue ahí, metiendo caña.

            El obeso crítico sentado frente a ellos esbozó una sonrisa complaciente, aunque ignorando olímpicamente la dicha afirmación.

Volvió la cabeza hacia su mujer, un escultural pedazo de hembra a pesar de sus cuarenta y tantos años.

La cónyuge apoyaba la cabeza contra la persiana que velaba la ventanilla del tren.

Ya fuese por la excitación de la charla o por mera pereza, nadie había querido montar todavía las literas.

- ¿Qué te parece nuestra nueva adquisición, Lorna? 

- Guapote pero con un look muy gay -murmuró la rubia, sin mirar a nadie en concreto.

- Es cachondo, ¿eh? Ha leído mucho y todavía no ha digerido nada. Luego le entrará la cagalera y nos dejará tranquilos –sonrió El Crítico, también conocido por los más pelotas como El Maestro, antes de volver la mirada hacia el joven en cuestión-. Al final a mis años he visto lo mismo, lo contrario y lo de más allá, y vuelta a lo mismo.

- Eso es justamente lo que digo.

- No te equivoques, muchachote. Volver al mismo lugar no es como no haberse movido nunca. Bueno, Lorna, no te duermas, ya sé que tú ídolo del momento no está aquí, pero haz un pequeño esfuerzo. Todavía eres mi mujer. Es apetecible, ¿eh, jóvenes?

Los aludidos asintieron, sin saber muy bien qué decir.

            El Crítico soltó un enigmático suspiró, y extrajo del bolsillo interior derecho de su chaqueta un habano.

- Que conste que te aguanto todas estas memeces porque me has caído bien y me apetece. Te voy a convertir en el próximo escritor de moda. Pero como empieces a adularme como el Manías se acabó todo. No me gusta que me tengan tanto respeto.

            Dudó un momento mientras mordía el extremo del puro.

            Se palpó los bolsillos de la chaqueta, antes de encontrar el mechero plateado con el que encendió el veguero.

- Claro que a veces me pasa lo contrario -dijo soltando una bocanada de humo -. En cuanto no me demuestran el suficiente respeto, me mosqueo y les jodo la vida. No encuentro el equilibrio. Me cuesta entenderme…

      Expulsó una nueva bocanada, visiblemente satisfecho.

- Fijaros García Moradas, un alumno mío que se pasaba el día Maestro por aquí, Maestro por allá, pues un día se le olvidó lo de Maestro y a mí se me olvidó aprobarle durante las cuatro oposiciones que se examinó conmigo para profesor de universidad… Al final le dejé hacer lo suyo, pero así se ha quedado de desequilibrado. No hay más que ver la foto que encabeza sus artículos en los suplementos.

            Ahora se reía, envuelto en una nube.

- Parece un perro rabioso, habría que darle un palo y decirle "muerde, muerde". Amaestré bien al Moradas, ¿eh, Lorna?

            Sin esperar respuesta chupó otra calada sumido en sus propios pensamientos.

- Basta con una crítica mala y ya veis lo que le pasó a vuestro amigo, no me acuerdo cómo se llama, ese al que no publica ya nadie… No digo que no lamente lo de su suicidio –aclaró al constatar la expresión desolada del joven escritor -. Pero la vida es dura y he visto muchos de esos. Tú tranquilo, eres un tipo sólido. Aguantarás todo menos una mala crítica mía. Lo del Mazabarría en Babelia no es ningún problema, ese es tonto del culo. Otro amiguete mío se lo encontró este verano en un congreso y le dejó en calzoncillos. Le dijo que cuando todavía no había nacido él ya había escrito ocho libros sobre novela decimonónica. Y eso sin que yo le diera el toque pero ahora, que me has caído bien, ya verás la próxima semana en las listas de ventas del ABC y de El país. Los otros medios los dejaremos para dentro de unas semanas.   

            Se rió de nuevo y empezó a toser entre la humareda.

- ¿No podrías salir al pasillo para fumar, Raimundo? -insinuó con voz desidiosa la esposa.

- No me da la gana, putón.

- Haz lo que quieras –respondió, sin inmutarse, la interpelada.

- Claro que sí, es lo que hago siempre. Desde que decidí coger a todos estos escritores de mierda por los huevos. Y ahora que estoy en la Academia, más que nunca.

            Concedió una mirada de complicidad a los jóvenes.

- Los escritores sois lo más pusilánime que existe, eso lo entendí con un amigo de infancia que fue al primero al que destrocé. Entonces descubrí mi don: destroza-escritores. Sois tan influenciables, tan inseguros, que con dos palabras contundentes se os hace dudar de todo. Ha habido más de uno -y alguno con bastante talento- que ha dejado de escribir después de una crítica mía. ¿Verdad, Lorna?

- Sí, cariño.

- Ella pasa de mí. Por eso me gusta. Es la única mujer que ha pasado tanto de mí. La tuve que perseguir durante años y, cuando la cacé, seguía pasando. Me encantas, Lorna.

- Tú también, gordinflón.

- Bueno, macacos, esto más de uno lo ha reproducido en sus textos. Ni que decir tiene que están picando piedra como correctores en las más oscuras editoriales. ¿Es cierto o no es cierto, Lorna?

- Desde luego, cariño.

- Y hubo uno, en 1986, creo, que llegó a contar por la radio, y esto sí que fue terrible, ¿te acuerdas, Lorna?, que me gustaba que mi mujer aquí presente me la comiese con crema de chocolate. ¿Se lo dijiste tú, Lorna?

- Sí, cariño.

- ¿Os dais cuenta de cómo es? Tenéis suerte de que no os ha hecho mucho caso… Por lo general, cuando le gusta uno no hace más que comerle con la mirada, repitiéndole lo bien que escribe y flirteando de manera insoportable. ¿Es así o no es así, Lorna?

- Es así, cariño.

- El Manías, por ejemplo, le resultaba excitante. Ya lo habréis notado. Lorna tiene un tipo de escritor muy concreto en mente. Es lo único que la anima. No sé quién le habrá metido en la cabeza ese gusto barroco por lo oscuro y pedante...

El Crítico lanzó una nueva bocanada de humo.

- Bueno, veo que os toca dos narices lo que os estoy contando. Os entiendo. Yo también me aburro. Soy insoportable. A ver, ¿no sabes hablar de otra cosa que de revoluciones literarias? ¿Tú, el que has ganado el premiucho este, no has escrito un libro con un montón de sexo?

- Eso dicen. Pero también el sexo puede ser aburrido.

- Tienes razón. Todo es aburrido, pero hay que seguir hablando.

- Beckett.

- No, yo. Y como sigas haciéndote el listillo...

            Sin dejar de manosear la cabeza del bastón de nogal, el picatoste literario le dio una profunda calada a su puro.

- ¿Y tú, el amigo mudo, también te aburre todo o es que te ha comido la lengua el gato?

- No, qué va. Es que habláis de cosas muy complicadas y yo en esto de la literatura ando como pez fuera del agua.  Digamos que no es lo mío.

- De complicado esto no tienen nada, jovenzuelo. Que no te engañen, todos estos charlatanes lo que hacen es leerse un manual una tarde... por cierto, el mío, todos... Y luego a rentabilizarlo para impresionar a los analfabetos. Nadie en este país entiende de literatura. Y yo menos que nadie, claro. Por eso soy el mejor. Y tú, jovenzuelo, sí, tú –le tocó con el bastón -, ya te irás enterando y desaprenderás toda esa mierda que te han metido en la universidad americana. Que si estructuralismo, postmodernismo, multiculturalismo… ¡Basura!  

La velocidad del tren empezaba a aumentar.

- Siempre pasa igual. Cada nueva remesa venís con nuevas ideas, queriendo revolucionarlo todo. En cuanto se ve que sois bastantes, se os publica, se os da un puestecillo en la universidad, un premiete, una columnita en cualquier periodicucho, y hala, en pocos años más de lo mismo, a chuparme la polla. Ya veis el Manías, cómo vino de Oxford y como está ahora.

            Lo dijo con una nueva calada.

- Y tú, vas por el buen camino. Primero se grita, se protesta contra todo, luego se abre el culo. Tranquilo, que no duele, ¿verdad, Lorna?

- No, cariño.

            A través de las tablillas de la persiana se adivinaba la luz eléctrica de un pueblo que atravesaban. 

- Y los que más gritan al principio, es porque lo están pidiendo y luego son los que más les gusta. ¿No es así, Lorna?

- Sí, cariño.

- Esto es España, muchachos. Y al que no le gusta, se va y tan contentos. Los ejemplos no faltan en los últimos años. Ahí tenéis al Sénder, al Aub o a Semprún. Los he conocido a los tres. No los lee ni su madre, a tomar por culo. El culo hay que ponerlo en el suelo patrio, no fuera –repitió, agitando el puro.

- Tienes razón, cariño.

- No es por tí, zorrona…. Cómo le gusta –comentó guiñando el ojo a sus interlocutores.

            El joven escritor se incorporó.

- Bueno, voy a mear.

- Buen diálogo. Típico tuyo. Dale al riñón... Mea a nuestra salud, ¿eh, Lorna?

            El aspirante a escritor abrió la portezuela corredera del compartimento y salió al traqueteante pasillo. Lorna tuvo el tiempo de soltar un pequeño bostezo antes de que la portezuela se descorriera de nuevo.

Enmarcado en el vano, el rostro del joven relucía espantosamente pálido.

- Hay un fiambre en el pasillo -murmuró con voz temblorosa.

Escrito por José Ángel Mañas a las 11:48

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Semana 15. (Del 18.08 al 22.08). Los microrrelatos de agosto.
30/07/2008

Los médicos asesinos (extraído de la serie "El Hombre de los Veintiún Dedos", de Mañas y Leiva, arranque de la quinta aventura que prosigue ahora mismo en adn.es: http://www.adn.es/blog/21dedos/)

Resumen de lo acontecido hasta el momento:

Tras haberse deshecho del residente Raúl, los siniestros doctores Martínez y Fernández ven despejado el campo y pueden considerar por fin el suprimir al molesto chantajista –quien no es otro que El Hombre de los Veintiún Dedos- que ha estado poniendo en peligro su buena fama y su futuro profesional. 

- Bueno, bueno, bueno –dijo Martínez -. Aquí tenemos a nuestro pequeño chantajista.

            21 empezó a gruñir, mirando la jeringuilla que se le acercaba.

- Nos las has hecho pasar putas todos estos días -aclaró Fernández.

- So cabrón, te vas a enterar –dijo su compañero -. Fernández, déjame hacerle algo…

- Martínez, no queremos dejar huellas. Contrólate. Se trata de una simple inyección. Y que no te pase como con Marqués…

            Marqués era el banquero al que habían operado el lado equivocado de la cara, una chapuza que los había obligado, para evitar el escándalo médico, a suprimir al paciente.

- Descuida –dijo Martínez -, que este no se puede mover.

- Espera un momento, que voy a repasar los hechos con él. Tú –murmuró Fernández, apostrofando a nuestro aterrorizado héroe- conténtate con mover los párpados afirmativamente. Yo te cuento: Le pediste la cámara a Gloria para fotografiar a Martínez mientras que inyectaba, unas noches atrás, el veneno a Marqués. Luego le comiste la cabeza al viejo para que nos hiciese llegar, junto con la foto, las cartas exigiéndonos el dinero…

            El impotente 21 veía cómo la aguja hipodérmica se acercaba cada vez más a su rostro.

- … Querías que sospechásemos de todos, menos de ti. Por suerte, te ha salido mal la jugada. Lo ha pagado tres inocentes, pero al fin hemos llegado hasta ti.

- ¡Al mismísimo Hijo de la Gran Chingada!- bufó, colérico, Martínez.

- Martínez, tranquilo. Ya lo pinchamos ahora…

- ¡Y tanto! Esta vez no hay duda posible. Yo inyecto…

            El Hombre de los Veintiún Dedos cerró los ojos.

            Esto era el fin. No más Brasil, nunca más podría hacer nada de nada. Porca miseria...

De pronto se acordó de las imágenes de su primera infancia, cuando su madre le paseaba al borde de un lago suizo.

Allí empezó a andar. Ahora nunca más podría moverse. Ni respirar.

Ya presentía el pinchazo: la aguja metálica penetrando a través de su sensible piel, buscando inclementemente la vena... Martínez le remangaba el brazo.

Sintió el algodón y los tres golpecitos en el anverso del codo.

Adiós...

            De repente sonó un disparo. El estruendo provenía del pasillo.

- ¿Qué coño es eso?

            Martínez, jeringuilla en mano, dirigió una mirada atemorizada a su colega.

            Este se volvió hacia la puerta.

- No sé. Se diría que hay gente viniendo. Esos gritos...

- Eso era un disparo.

- ¿Quién puede ser a estas horas?

- ¿Quién coño dispara un arma de fuego en un hospital?

Se dirigieron precipitadamente hacia la puerta y 21 abrió los ojos.

La providencia, en su vida, siempre parecía en forma de una bala.

Pero esta vez no tenía nada que ver con ello. ¿O sí…?

            Martínez había abierto la puerta. Ante él se extendía una visión infernal.

El cuerpo del residente nadaba en un charco de sangre en mitad del pasillo. De rodillas sobre él, una mujer vestida con un anorak blanco blandía una escopeta de perdigones y se le abrazaba chillando:

- ¡Mi Raúl! ¡Te lo había advertido!

            Detrás y avanzando en su dirección, un grupo de enmascaradas esgrimía desde escopetas de caza hasta palos de escoba y enormes cuchillos de cocina. Gritaban en confusa algarabía y golpeaban histéricamente contra las puertas de las habitaciones por donde asomaban ya las caras de algunos enfermos. No se veía ningún médico a la redonda.

- ¡Libertad para Pepa! ¡Aborto, no!

- ¡Muerte a los asesinos!

-¡Pepa, las Hijas de Dios están contigo!

            Las voces bramaban, presas de una ira irreprimible.

- ¡La cólera de Dios está con nosotros! ¡Os arrasaremos, moriréis entre las llamas del infierno!

-¡Infanticidas herejes!

Escrito por José Ángel Mañas a las 11:27

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Semana 14. (Del 11.08 al 15.08). Los microrrelatos de agosto.
30/07/2008

El hospital de la muerte (extraído de la serie "El Hombre de los Veintiún Dedos", de Mañas y Leiva, arranque de la quinta aventura que prosigue ahora mismo en adn.es: ver continuación en http://www.adn.es/blog/21dedos/cultura/20080615/POS-0004-Segunda-21dedos.html)

Resumen de lo acontecido hasta el momento:

Después de ser mudo testigo del asesinato de uno de sus compañeros de habitación por dos de los médicos del hospital, nuestro héroe, El Hombre de los Veintiún Dedos, ha intentado sacar provecho de la situación utilizando como emisario a un tercer paciente, un viejo víctima de un atentado terrorista que espera ansioso la visita del rey.

Desafortunadamente, los dos galenos han descubierto quien es el autor de las misivas chantajistas que tan asustados los han tenido durante los últimos días...

            Los médicos lo querían matar.

La pareja de recién llegados –el uno alto y con barbas, el otro pequeñajo y rubiales- no le quitaba ojo al siniestro residente que se erguía sobre el cuerpo inmovilizado en la cama 210, blandiendo una enorme jeringuilla entre los dedos junto al conspicuo maletín negro abierto de par en par a sus pies.

El más tocho de los intrusos levantó a su vez su propia jeringuilla y preguntó de nuevo con voz cavernosa:

- ¿Qué haces aquí? ¿Qué le estás inyectando?

            La luz eléctrica iluminaba el rostro enrojecido del joven residente.

Fuera, una noche negra y sin luna envolvía el hospital madrileño.

La luz de las farolas se filtraba por entre las rendijas de las persianas de la famosa Clínica Puerta de Hierro.

- Martínez, tranquilízate -indicó el médico renacuajo a su compañero. Le tiró de la manga de la bata blanca -. Mira lo que ha pasado con Gloria.

            El residente bajó la aguja decidiendo que sería mejor escaquearse: ya pincharía a su paciente otro día menos concurrido.

Lo que había ocurrido en esta habitación era francamente inusual. De sus tres especimenes, uno, el banquero, había fallecido en circunstancias inexplicadas, otro estaba ingresado en la UVI (tras un sospechoso accidente), y el tercero atraía a demasiado público.

Con todo ello no resultaba reconfortante encontrarse a estas horas de la madrugada con los doctores Martínez y Fernández.

El joven había oído hablar de las irregularidades que ennegrecían los historiales de aquella pintoresca pareja. Pensar que al principio se odiaban y que ahora no se separaban ni para las guardias...un momento, no era su hora de guardia…

- ¿Qué es lo que llevas en ese maletín, Raúl? -preguntó Fernández acercándose.

            El residente levantó instintivamente la jeringuilla.

            Su voz tímida contrastaba con la violencia del gesto.   

- No lo entenderían...

            Martínez se irguió detrás de Fernández, y de paso dirigió desde su altura una mirada sombría al peculiar residente.

            A ver si al final resultaba que las sospechas de Fernández iban a ser ciertas. Luis Buenaventura era tan perro que era capaz de haberles colado un submarino. Y ahora que el mundo había abierto la puerta a sus oscuras pulsiones se sentía dispuesto a jeringarle.

            Después de acabar con el chantajista, desde luego.

- ¿Qué es lo que hay que entender?

            Raúl ya había cerrado su maletín y lo sostenía con mano firme sin bajar la aguja.

- Voy a salir, si no les importa.

            Ninguno de los dos médicos se movió.

- De eso nada, monada -dijo Martínez, todo chulo. Su jeringuilla era tan grande como la de su hasta ahora ayudante.

            Entretanto 21 los observaba aterrorizado desde la cama 210, donde yacía vendado hasta el cuello. Tenía la pierna escayolada colgando del cabestrillo y un pañuelo metido en la boca.

Le quedaba la esperanza de que se matasen entre ellos. Porque si Raúl se iba, era el final. Los matasanos acabarían con él.

21 se preguntó qué le habrían hecho a Gloria...

Pero no era el momento para enternecerse.

Habían venido a matarlo.

Y eso no era lo peor…

Con lo chapuceros que habían demostrado ser, seguro que le ocurría como al banquero de la cama de al lado, Juan Marqués, y tardaba dos días en palmarla.

21 presentía infecciones y complicaciones varias…

Después del incendio, no le apetecía espichar en el hospital.

Estaba allí para curarse, no para estirar la pata.

            Pero Martínez y Fernández parecían convencidos de lo contrario.

-         No vas a salir de aquí hasta que nos expliques todo –anunció el rubio Fernández, muy seguro de sí mismo.

La imagen de la semana (por Franciam Charlot): "

Escrito por José Ángel Mañas a las 11:8

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José Ángel Mañas
Bio-bibliografía:

Finalista del Premio Nadal 1994, inspiradora de una de las películas españolas más taquillera de los noventa y seleccionada por el diario El Mundo como una de las 100 mejores novelas españolas de todos los tiempos, Historias del Kronen, la opera primera de José Ángel Mañas (Madrid, 1971), ya no necesita presentación y se ha consolidado, por méritos propios, como un auténtico Clásico Contemporáneo, un punto de referencia ineludible en la literatura fin de siècle en castellano.

Al Kronen de Mañas le han seguido 7 novelas más entre las que destacan el psicothriller Soy un escritor frustrado (Booket, 2005, adaptada al cine bajo el título de Imposture) la sofisticada Caso Karen (Destino, 2005, finalista Premio Hammett a la mejor novela negra en castellano 2006) y El secreto del Oráculo (Destino, 2007), una ambiciosa e imaginativa recreación de la epopeya de Alejandro Magno.

Con La pella (Lengua de Trapo, 2008), su más reciente novela, Mañas ha vuelto al universo realista que fue el escenario de sus primeros éxitos.

Tres de sus novelas han sido adaptadas a la gran pantalla (de las que el autor prefiere Mensaka, de Salvador Garcia, 1998), y su obra ha sido traducida a varios idiomas. Es también el co-autor de la serie de pulp El hombre de los Veintiún Dedos.

Para más información: http:www.joseangelmanas.com

30/07/2008
Semana 16. (Del 25.08 al 29.08). Los microrrelatos de agosto.

30/07/2008
Semana 15. (Del 18.08 al 22.08). Los microrrelatos de agosto.

30/07/2008
Semana 14. (Del 11.08 al 15.08). Los microrrelatos de agosto.

Paraguayo en Semana 14. (Del 11.08 al 15.08). Los microrrelatos de agosto. (23/08/2008 - 22:32)

Sergio en Hola a tod@s (20/08/2008 - 03:27)

Lola en Semana 14. (Del 11.08 al 15.08). Los microrrelatos de agosto. (17/08/2008 - 13:06)

LO QUE LEO:

Una extraordinaria novela. Una de las mejores que he leído en los últimos años. "Nunca debí desembalar aquel cuadro. "Qué tomadura de pelo", pensé.>> Así arranca esta obra momentos antes de que Martín López López, el narrador, asista atónito al desaguisado que le van a hacer al cuadro –monocromático y con espirales, como casi todos los del el artista en cuestión- que él acaba de dejar boca arriba en mitad del salón de su cuñado los tres dogos que tiene a su cargo. A partir de este incidente, tan patético como divertido, este ex pintor se va a ver envuelto en una serie de peripecias para tapar el estropicio que lo van a llevar a adentrarse en el turbio mundo de los falsificadores de arte.

Lo mejor: el universo mental de López López, un ergotista, un razonador empedernido, absolutamente encerrado en sí mismo, que os fascinará sin remedio. Un entrañable perdedor, tan solitario como, en el fondo, desgraciado, que con su lucidez a menudo sarcástica y su singular visión de las cosas hace las delicias del lector durante estas doscientas magníficas páginas.

Una novela que te agarra por el cuello desde la primera frase y no permite que la sueltes hasta la última.  

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Paco Galván
El hombre de los Veintiún Dedos
Juan Aparicio
Nacho del Valle
Antonio Domínguez
Leandro Pérez
José Antonio Motril
Esteban Aúriga