Semana 9. (Del 07.07 al 11.07) |
14/07/2008 |
Lunes. Promesas y consagrados
Me han invitado a participar en un curso de verano que han titulado así y eso me obliga a meditar sobre ambos términos.
Una promesa tengo la impresión de saber lo que es, pero no un consagrado.
Reflexionando, he llegado a la siguiente definición (no sé si estaréis de acuerdo conmigo): un autor se consagra cuando revalida el prestigio literario obtenido con su primer éxito, probando que no ha sido una cuestión fortuita y que no le ha sonado la flauta, como al burro de la fábula.
Martes. El panorama actual
Siempre ha sido difícil llegar.
Uno, sin embargo, tiene la impresión de que hace 25 años, en época en la que todavía estaban en auge autores como Delibes y Marsé, una vez que se había alcanzado un cierto grado de reconocimiento mantenerse resultaba relativamente sencillo.
Si uno mantenía la calidad –cosa que se presuponía—, entonces sacaba novela; esta llegaba a las librerías, aparecían media docena de artículos, la gente ya sabía que estaba allí y lo largo de los siguientes meses iba tranquilamente pasando por caja, se leía el texto, se comentaba, etc. El proceso tenía un tempo tranquilo y había una fidelidad natural al autor, de modo que muy mala tenía que ser una obra para que no se conservaran más o menos los lectores conseguidos hasta el momento.
Y en cuanto a la publicidad, con un par de cadenas de televisión y un puñado de diarios de máxima tirada, tampoco había que romperse demasiado la cabeza.
Hoy se publican 70.000 libros por año y destacar entre esa avalancha de títulos es extraordinariamente difícil.
En las librerías no hay espacio. Tienes que darte literalmente de codazos con los demás autores; y eso a sabiendas de que, si en dos semanas un título no se mueve, desaparece.
El tiempo de exposición –que es la vida de un libro- se ha reducido bestialmente.
Además se ha perdido, en buena medida, la fidelidad al autor (porque salvo casos excepcionales tengo la impresión de que funciona más un éxito de títulos que de firma); y eso hace que a menudo se tenga que volver a luchar la batalla con cada nueva propuesta casi como si se fuera un novel.
Y luego con veinte cadenas de televisión y una cantidad ingente de prensa escrita, que el público llegue a conocer una obra –no ya literatura, sino un disco— es tremendamente laborioso.
Hay que invertir un esfuerzo publicitario descomunal, y ni siquiera es seguro que valga la pena.
En este panorama las dificultades se han multiplicado y las probabilidades de alcanzar la cima de esa resbaladiza ladera que llega hasta el reconocimiento literario, la consagración, el éxito, llamadlo como queráis, se han reducido drásticamente.
Miércoles. En El Escorial
Acabo de intervenir en una mesa redonda junto con Eloy Fernández, Ferrán Mendoza y Ana Gavín.
Hemos hablado de lo laboriosa que es la carrera del escritor. Hemos coincidido en que es una carrera de fondo, más apta para tortugas que para liebres.
Por mi parte he incidido en mi impresión de que se ha producido una mutación en el mercado editorial. Estamos en una situación casi darwinista de obligada adaptación al medio. Se trata, como dije en un artículo, de "bestsellerizarse o morir".
Jueves. La literatura según Valle
<<Colorín, pingajo y agua>>.
Viernes. La imagen de la semana (según Franciam Charlot):

"El hombre de letras contemporáneo"
Escrito por José Ángel Mañas
a las 9:20 |