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Jueves 9
Septiembre 2010

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Portada


Un alma en incandescencia
10/11/2008

Interrumpo la serie de los tostones para comentaros que este martes presentaré en La Rioja un cuadernillo de aforismos inspirados en la obra de Franciam Charlot (el autor de "la imagen de la semana"). Os transcribo el prólogo:     

 

<<Decía Maupassant que quince versos bastan para garantizar la inmortalidad de un autor. Lo mismo, referido a pensamientos, estima cualquier escritor de aforismos. Esa es su aspiración. La concentración máxima en un puñado de reflexiones originales, sugerentes y, a ser posible, profundamente iluminadoras.

Como es obvio, son muy pocos los que lo consiguen.

Quizás la maquinaria de producción aforística más potente de la historia reciente de la humanidad haya sido el alemán Friedrich Nietzsche.

No obstante siempre ha habido escritores exclusivamente fragmentarios de gran finura y calidad como el recientemente redescubierto (en España) Joubert.

Y desde luego no faltan, desde el origen de los tiempos letrados, aquellos autores acostumbrados a las máximas como los justamente celebrados La Rochefoucauld o Schopenhauer.

Eso por no mencionar las diferentes literaturas gnómicas, las greguerías, el pensamiento poético, los haikus y un largo etcétera de semejantes. El mundo del aforismo es tan variado y vasto como cualquier otro género.   

En mi caso son apenas un puñado de aforistas los que me han marcado, pero lo han hecho de tal forma que su huella resulta indeleble. Ese, de alguna manera, es el objetivo del aforismo: ha de ser un dardo irrepetiblemente certero y con la suficiente potencia como para "ir al fondo de las cosas", que diría Schopenhauer.

Yo reconozco esa lucidez y esa penetración en autores como La Rochefoucauld ("La muerte, al igual que el sol, no se puede mirar fijamente"); en De Vigny ("Solo el silencio es grande; todo lo demás es debilidad"); en Valéry ("Un clásico es un romántico que ha aprendido su oficio"); y, ya más cerca de nosotros, en los españoles Antonio Machado y Roger Wolfe.

Me detengo un momento en este último, por ser el más cercano a mí en el tiempo y también el menos reconocido. Roger Wolfe es, cuando lo quiere, un gran aforista, y sirva a modo de muestra una de sus reflexiones más acertadas sobre el gusto:

 

"El gusto no es cuestión de capricho. Cuando nos gusta un autor es porque compartimos en mayor o menor medida su mundo, es porque lo que le afecta a él nos afecta también a nosotros, es porque la forma en que ve las cosas es similar a la nuestra. Es porque su mundo es nuestro mundo. Es porque en él estamos también nosotros. Cuando alguien lo descalifica, está descalificando ese mundo, su mundo, nuestro mundo: nos está descalificando a nosotros como seres humanos. Cuando alguien barre de un plumazo nuestras predilecciones literarias o estéticas, artísticas, lo que está haciendo es fulminando nuestro universo: nos está convirtiendo en ceros a la izquierda, nos está reduciendo a la nada."

 

Creo que si pudiéramos mezclar a este puñado de autores, con sus diferentes sensibilidades, y hacer un cóctel imposible con todos ellos, probablemente el resultado sería algo parecido, salvando las lógicas distancias, a los aforismos que van a seguir a continuación.

Su historia es el de un encuentro afortunado con un artista peculiar.

En el año 95, estando yo recién instalado en Toulouse, tuve una importante crisis en mi escritura novelesca. Me aburría, no conseguía encontrarle el sentido a lo que hacía, y hallándome en dique seco conocí a Franciam Charlot, quien me enseñó sus cuadros y me animó a embarcarme en una aventura reflexiva.

Sus obras eran centenares de pinturas que había ido ejecutando a lo largo de los años y durante casi un par de meses quedamos al menos una vez por semana para verlas una por una e intercambiar impresiones y opiniones.

El resultado fue una reflexión sobre la pintura y sobre el arte en general que cuajó en las varias decenas de pensamientos que ahora doy a conocer al público.

Hay en ellos voz y ecos, pero la voz se impone y, además, con una coherencia que el tiempo no ha hecho sino perfilar.
Con que el lector extraiga de ellos al menos una parte de lo que yo extraje de la contemplación de la obra de Charlot me doy por satisfecho.>>


La imagen de la semana (por Franciam Charlot) :

"Mañas y yo"

Escrito por José Ángel Mañas a las 9:16

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La serie del otoño: grandes tostones universales (VII)
03/11/2008

PROUST y su magdalena: En busca del tiempo perdido

 

<<Longtemps je me suis couché de bonne heure. Mucho tiempo he estado acostándome temprano (según Pedro Salinas).>>  

Con esta frase ya está todo dicho. Ya nos podemos ir a dormir. No hacen falta pastillas de ningún tipo; Proust las mejora a todas. ¡Qué vida tan excitante! ¡Qué gran guía para descubrir la intensidad de la existencia! ¡Vivió peligrosamente! Ay, si el viejo Chandler levantara la cabeza: <<Cuando sientas que el lector se duerme, haz aparecer una pistola>>. Esa era su consigna. ¿Cuál es la de Proust? No pares hasta que hayas conseguido que se lleve la pistola a la sien. Hay pocos logorreicos capaces de igualar su sadismo para con el lector. Mon semblable, mon frère, que decía el otro.

Pero vayamos con la obra. ¿Cómo arranca? El pequeño Proust acostado en su habitación, preocupado porque su mamá no le ha dado un beso antes de apagar la luz y reflexionando sobre por qué, cada vez que recupera la conciencia, se vuelven a colocar en su sitio todas las coordenadas mentales. Cosas así. Muy bergsonianas, que diría un cultureta. Ah, y para el listillo de turno: la magdalena todavía no aparece. Faltan dos mil páginas, párrafo más párrafo menos. ¿Y entremedias? Pues entremedias vamos a ver recreadas las historias de familia del señor Proust con ese invitado tan especial que es el célebre monsieur Swann. Ese snob insoportable que se asoma con "humildad" a la choza de estos burgueses –él es un aristócrata- y que, pudiendo apabullarlos con todas sus relaciones o haciendo alarde de su conocimiento del gran mundo, prefiere esconderse tras una supuesta modestia y dejar que los pobres burguesitos vayan soltando sus paridas múltiples; esas paridas que él no contradice sino que espera –y esto no lo cuenta Proust, lo aclaro yo- a salir de allí para descojonarse con sus amigotes del club. Puro turismo antropológico. Lo que hacen los capitalinos cuando se cruzan con los, ejem, paletos.

¿Que qué sigue? Vida de salón a lo largo de los años y los lustros y las décadas y más y más conversaciones infinitas, que el tiempo invertido en leer a Proust es el que no se recupera jamás, os lo anuncio de antemano. Cenas que duran doscientas páginas, flirteos que duran cincuenta, celos que duran dos mil, etcétera, etcétera, etcétera, etcétera, etcétera, etcétera, etcétera, etcétera.

Menos mal que al final el narrador se nos muere (¿o era el autor?); claro que también cabe la posibilidad de que el lector se haya muerto antes de puro fastidio. ¿Una obra maestra de la literatura? Sin lugar a dudas. Pero también un tostonazo de la mayor envergadura. Uno de los mayores de la cultura occidental.

 

Postdata 1: un gran estilista

Lo característico de Proust es que llena a tope "el calcetín de la frase", como decía el amigo Nabokov. Esa escritura barroca y recargada de subordinadas tiene un parentesco muy claro con el castellano italianizante del Siglo de Oro, cosa que hace que Semprún, por ejemplo, haya llegado a afirmar que resulta más natural la traducción de Pedro Salinas que el original (!)


La imagen de la semana (por Franciam Charlot) :

"El espectro de Proust persiguiendo al autor de los tostones"

Escrito por José Ángel Mañas a las 12:36

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La serie del otoño: Grandes tostones universales (VI)
22/10/2008

ED WOOD: Plan 9 Outer Space

 

Decíamos, hace un par de semanas, que los tostones no son patrimonio exclusivo de la alta cultura, y he aquí una nueva prueba. "Todos deberíamos interesarnos por el futuro, porque es el lugar en el que vamos a vivir el resto de nuestras vidas". Con esta frase, brillante y digna de un Woody Allen, que es lo único decente de la peli, se abre esta gran ópera del cine B, esta joyita de la mediocridad intelectual más absoluta, este Ciudadano Kane de las alcantarillas. Y es que todo resulta tan lamentable que es de chiste.

Los platillos volantes son como tapas de cazuelas sujetas con hilos que vibran delante de los decorados, sólo que sin el como. Los decorados son creaciones dignas de una clase de parvulitos dirigidos por un maestro oligofrénico (incluso peor, porque lo de los niños tiene su encanto naïf): en el interior de una cabina de avión los mandos son el respaldo de una silla (literalmente: no exagero). Las interpretaciones tienen un tono perentorio insufrible. Los diálogos, con la salvedad del citado anteriormente, suponen un atentado a la inteligencia narrativa: "¿Qué hace?" "Voy a coger la linterna de mi vehículo para ver mejor en la noche". "¿De dónde vienen? ¿Qué es lo que quieren? ¿Adónde van?" El guión, el popurrí que os podéis imaginar: alienígenas en sus platillos volantes con un look a lo Flash Gordon y pistolas capaces de resucitar a los muertos, zombis que campan a sus anchas por un cementerio pueblerino, vecinos que sufren ataques nocturnos de los muertos vivientes, el ejército de EEUU que interviene.

¿Lo más digno de resaltar? El monólogo shakesperiano final del invasor: "¿Yo, un engendro? Soy un soldado del espacio. Nosotros vinimos en son de paz y no nos quisisteis. Nos disparasteis". En fin. Si todavía fuera hecho con humor, pero qué va. El director se toma a sí mismo totalmente en serio. Es lo más triste del caso.

En definitiva, es como un chiste que no tiene ni maldita gracia. El peor director de la historia sólo quiere decir eso: el peor. No el más gracioso, ni el más gamberro, ni siquiera el más chapucero, porque es hasta pulcro en bastantes aspectos. Sencillamente eso: el peor. Y este monumental bodrio, esta gilipollez sin nombre, esta insoportable nadería es buena prueba de ello. Que los culturetas cinéfilos de turno, corrompidos por la devoción a lo bizarro de cuatro gafapastas de un esnobismo ultrajante, lo hayan convertido en autor de culto es otro síntoma de la estupidez y pedantería irrecuperable de nuestros tiempos. No por ser guay es menos coñazo. Un tostón será siempre un tostón, lo firme quien lo firme, y no hay vuelta de hoja. A la hoguera con él. 

 

Postdata 1: Tim Burton

Este realizador sobreestimado dirigió una comedia curiosa inspirada en la vida de Wood y protagonizada por Johnny Depp. Fue la obra que puso de moda las castañas de este director del que hasta entonces casi nadie había oído hablar. El largometraje en cuestión recreaba su vida y resulta, en mi opinión, medianito. Burton ha hecho cosas mejores.

 

Postdata 2: Bela Lugosi

Mítico Drácula húngaro y amigo de este héroe del tostón (EW). Participó en varios de sus bodrios. Se tomó tan en serio lo de Drácula que dormía en un ataúd. 


La imagen de la semana (por Franciam Charlot) :

"Bela Lugosi"

Escrito por José Ángel Mañas a las 16:50

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José Ángel Mañas
Bio-bibliografía:

Finalista del Premio Nadal 1994, inspiradora de una de las películas españolas más taquillera de los noventa y seleccionada por el diario El Mundo como una de las 100 mejores novelas españolas de todos los tiempos, Historias del Kronen, la opera primera de José Ángel Mañas (Madrid, 1971), ya no necesita presentación y se ha consolidado, por méritos propios, como un auténtico Clásico Contemporáneo, un punto de referencia ineludible en la literatura fin de siècle en castellano.

Al Kronen de Mañas le han seguido 7 novelas más entre las que destacan el psicothriller Soy un escritor frustrado (Booket, 2005, adaptada al cine bajo el título de Imposture) la sofisticada Caso Karen (Destino, 2005, finalista Premio Hammett a la mejor novela negra en castellano 2006) y El secreto del Oráculo (Destino, 2007), una ambiciosa e imaginativa recreación de la epopeya de Alejandro Magno.

Con La pella (Lengua de Trapo, 2008), su más reciente novela, Mañas ha vuelto al universo realista que fue el escenario de sus primeros éxitos.

Tres de sus novelas han sido adaptadas a la gran pantalla (de las que el autor prefiere Mensaka, de Salvador Garcia, 1998), y su obra ha sido traducida a varios idiomas. Es también el co-autor de la serie de pulp El hombre de los Veintiún Dedos.

Para más información: http:www.joseangelmanas.com

10/11/2008
Un alma en incandescencia

03/11/2008
La serie del otoño: grandes tostones universales (VII)

22/10/2008
La serie del otoño: Grandes tostones universales (VI)

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LO QUE LEO:

<<Sobre arte y literatura ofrece una amplia selección de los pensamientos que acerca de ambos temas escribió uno de los más desconocidos, pero también interesantes, escritores del tránsito del siglo XVIII al XIX: Joseph Joubert, "autor sin libro, escritor sin escrito", según dijera Blanchot, uno de sus mayores exegetas. En 1838, catorce años después de la muerte de Joubert, su amigo Chateaubriand se encargó de realizar la primera selección de los cuadernos de aquél: "A través de la belleza de estas páginas podrá verse lo que perdí yo y lo que perdió el mundo. Podremos no estar de acuerdo con Joubert, pero ¿cómo abarcar el poder de su genio? Nunca pensamiento alguno había suscitado tantas dudas a la inteligencia, ni planteado cuestiones tan elevadas, ni inquietado tanto.">> Una preciosidad de libro editado con gran cariño  por Periférica. Absolutamente recomendable. 

LO_QUE_LEO_sobre_arte_y_lit.gif (3 Kb)
Paco Galván
El hombre de los Veintiún Dedos
Juan Aparicio
Nacho del Valle
Antonio Domínguez
Leandro Pérez
José Antonio Motril
Esteban Aúriga

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