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Un problema
23/12/2008

Partimos de la base de que existe [porque de hecho existe] un hombre sordo a todos los sonidos menos a los de la televisión. Quiero decir que este hombre es sordo de verdad y, sin embargo, sus oídos están dotados de un selector tal que oye perfectamente lo que emite cualquier televisor, lo oye igual que lo oímos el resto de televidentes. Así las cosas, este hombre intenta estar el mayor tiempo posible ante la pantalla. No es que, como a muchos [entre los cuales me encuentro], la tele le haya salvado la vida en varias ocasiones, no, es que la propia tele es su vida.  

Es de madrugada, podemos imaginar a este hombre sentado en su sillón, a oscuras en un piso de 60m2, su rostro inundado por el parpadeo azul de la pantalla, quizá tenga un refresco tipo Coca Cola en la mano, y podemos preguntarnos en qué está pensando. Existen 3 soluciones posibles:  

La primera es de índole negativo. Se ve a sí mismo como una tara, como una persona que viviera en un Universo plano, sin poder acceder a tercera dimensión del común de los mortales. Así, este hombre sordo para todo salvo para la tele, tendría anulada una de las dimensiones auditivas, la de la vida real, y se tomaría  a sí mismo por un infrahombre. Probablemente acabe con su vida.  

La segunda es de índole positivo. Se resume diciendo que hay un argumento transhumano que afirma que las dimensiones tecnológicas son superiores a las palpables [también llamadas, en algunas jergas, "reales"] y que algún día la conciencia de todos los seres humanos habitará exclusivamente dentro de discos duros y las placas madre. En este sentido, este hombre se reconoce como el primer paso, tímido aún pero primer paso al cabo, de un futuro súperhombre. El primer transhumano. Probablemente pase los años esperando en vano la llegada de otros superhombres, y la depresión haga de su mente desierto hasta el final de sus días. Su pasión serán las flores.  

La tercera es moderadamente patética: el hombre está pensando en que, además de no oír el mundo real,  le gustaría también no verlo: apartar la vista del televisor y que absolutamente todo fuera oscuridad. La pantalla sería entonces el equivalente a un faro-guía para un barco que atraviesa un mar en la noche. Probablemente llegue  a puerto, pero por casualidad o porque alguien que pasa lo salva; sólo probablemente.  

Existe una cuarta solución que, aunque perfectamente verosímil, excede el orbe Occidental, y hasta quizá Oriental: este hombre sabe que no es de este Mundo, sino del televisivo, nació y creció en el Universo Televisión, sus tímpanos evolucionaron para recibir señales de ese otro hemisferio, y emergió a este lado de la pantalla el día en que se vio atraído por la voz de una mujer que, en otra cadena, y en el televisor de la cocina, hablaba de la superioridad de las medias sin elástico respecto a las clásicas. Éste hombre logró salir de la pantalla, pero cuando llegó a la cocina, el anuncio de medias había finalizado, la mujer ya no estaba; la pantalla era toda Telediario. Desde entonces, cambia de canal sin parar, inútilmente la busca.  

 

[este cuento pertenece a mi libro inédito El Hacedor (de Borges). Remake]   

Escrito por Agustín Fernández Mallo a las 13:52

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Hablemos del cuerpo: la Palin
01/12/2008

El artículo que sigue aparece este mes, diciembre, en la revista Esquire.

 

Si no fuera un tópico comenzar un texto parafraseando el arranque de El Manifiesto Comunista, "un fantasma recorre Europa", diría sin ninguna clase de problema: "un cuerpo de mujer recorre los Estados Unidos de América". El nombre en el que ese aloja ese cuerpo es Sarah Palin. Ya no será vicepresidenta, pero seguirá representando un nuevo tipo de "cuerpo-ficción".

Desde que hace pocos meses apareció en la escena política americana, la señora Palin ha arrastrado un halo de atracción carnal, en bruto y simultáneamente ingenua, tal, que no pocos seguidores de la opción demócrata asumen el morbo irradiado por esta dama [madre, chacha, mujer a secas, cazadora de osos, parturienta compulsiva y hasta intérprete de flauta travesera a tenor de lo visto en un vídeo disponible en YouTube], al punto de admitir haberle dado su voto para poder verla más a menudo en televisión. En el ámbito de la política, muchos hombres habían representado ese papel, de JFK a Adolfo Suárez, pero no se recuerda un caso similar de mujer política sexo-imán. De repente, esta chica de medidas corporales discretas, gafas de bibliotecaria, cinismo explícito, dulzura condescendiente y mala leche a partes iguales, compite en morbo con Paris Hilton o con cualquier jovencita de puritanas.com. Según la revista del corazón OK, se le había ofrecido posar para el desplegable de Playboy en caso de fracasar en política; si aceptarse, nuestra ganancia por su fracaso político sería doble. Cientos de personas acudieron y acuden al bar Chicago Old Town para ver el desnudo que de Palin ha pintado el dueño del establecimiento, demócrata declarado. En ese lienzo, Palin viste únicamente tacones y empuña un rifle. Muñecas de Palin caracterizada de colegiala exuberante con minifalda de cuadros y sujetador rojo, pura Lolita, se venden por miles en Internet a 30 dólares la unidad. ¿Qué tiene Palin?  Vayamos por partes.

LA CABEZA


A quien, una vez mirado de pasada el rostro de Palin, se le pidiera que dijera el primer paisaje que le viene a la mente, no diría una playa de Florida, ni tampoco la 5ª avenida en hora punta, ni un campo de golf, ni un barrio residencial del sur de California, ni un centro comercial vacío, ni, teniendo en cuenta que en los USA el coche es en sí  mismo un continente, tampoco diría un Buick, no, sino algo mucho más indefinido y elemental: montañas levemente gastadas, de tonos ocres, preferentemente en otoño, de vegetación de hoja caduca, con un manso lago truchero y un par de pequeños picachos despuntando discretamente. El rostro de Palin es ese paisaje neutro, que tanto se llenó de nieve el mes pasado como lo cubrirá mañana un tibio sol de atardecer. Esa característica de ser todo y nada incorpora a su rostro un paréntesis de intranquilidad, inquietud en estado puro, misterio sin pirotecnia. Analizando por partes el paisaje, descubrimos unos pómulos ligeramente sobresalientes [no por efecto de la cirugía], ojos sobredimensionados tras unas gafas sin montura que le dan un aire de pez en su pecera [NOTA 1: volveremos a las gafas más tarde], los labios en su punto de carne, [como una BigMac, ni mucho magro ni mucha grasa], y siempre ligeramente abiertos no en señal de reclamo sexual, sino todo lo contrario, de perplejidad o embobamiento. Todo eso conforma un paisaje natural, sin estridencias, crepuscular, arquetipo de películas como El Hombre que Susurraba a Los Caballos o El Estanque Dorado. Coronando ese mapa aparece el moño, bien atado, pero lo suficientemente revuelto como para dar a entender que estaba cambiando el pañal al pequeño cuando tuvo que salir pitando porque le esperaba un discurso ante 1 millón de conciudadanos que, como ella, también cambian pañales, también cargan escopetas y se anudan moños. Unas orejas y nariz anodinas rematan el cuadro; estridencias, las justas.

Es, en suma, la imagen de la bibliotecaria de provincias, la niña que pierde la virginidad porque, sencillamente, hay que perderla. Estamos ante la más íntima iconografía americana, la Olivia Newton John de Grease antes de su transformación sexo-animal al final de la película. La mujer cuyo afrodisíaco mejor guardado es la debilidad. Hasta que habla.  

En efecto, sus cuerdas vocales modulan palabras de manera casi automática. Entonces, recuerda a un robot, sí, pero en los tiempos que corren esa palabra está gastada y preferimos decir cyborg, criatura que comparte su naturaleza humana con otra más misteriosa, la naturaleza maquínica [paradójicamente, en el cyborg la parte máquina posee una trascendencia superior a la parte humana]. Es en ese momento, el del habla, cuando el rostro de montañas gastadas y barnizadas de ocre, el paisaje otoñal con su infinita fauna, sus escarabajos, pájaros carpinteros, osos y otros seres ocultos aún por catalogar, se torna helado, casi extraterrestre, venusiano. Ya no es Olivia Newton John montada en el caballo de Robert Redford mientras el anciano Henry Fonda les espera en la cabaña con tortitas recién hechas y truchas pescadas en un lago que es de nadie y al mismo tiempo es de todos los americanos, no, ahora se trata de una implacable Mujer Biónica en misión tan especial como secreta en algún lugar perdido de la galaxia americana.

Y estas dos facetas, la "natural" y la biónica, no se anulan, pero tampoco se suman en una adición simple, sino que dan un producto que las supera, resuelto en morbo y sexo claroscuro. En efecto, nada causa más atracción que ver hablar, gesticular y moverse a un ser ligeramente desviado de lo que es considerado "normal" en una sociedad y un momento histórico dados [de ahí que las diferentes variantes del transformismo corporal hayan atravesado la Historia sin inmutarse].

NOTA 2: Tengo para mí que si las filosofías orientales arrasan en Occidente en forma de tratados de autoayuda y otros subproductos, no es porque la postulada fusión de contrarios genere armonía, y en consecuencia paz, sino por todo lo contrario: llaman directamente a la unión sexual no resuelta, permanentemente insatisfecha por inalcanzable: ahí está de nuevo Palin, morbosa fusión de contrarios.    

NOTA A LA NOTA 2: De la misma manera que en Occidente la perversión sexual masculina más reconocida es la que implica la incursión sacrílega en elementos de simbología religiosa, casi siempre cristiana [pervertir a una monja, la religiosa que a determinadas horas del día se transforma en voluptuosa madame, etc], en los USA, dado que su sentido de la religión está totalmente enraizado en la naturaleza y el paisaje pasados por el tamiz eco-puritano protestante, la perversión sexual masculina por antonomasia es la fantasía de una violencia generada espontáneamente por la "madre naturaleza", desatada, ciclónica: la posibilidad de que lo "natural", el espacio, el paisaje, la mismísima Casa de La Pradera, mute en cosa desconocida y totalmente alejada del orden establecido, por ejemplo, en un burdel de carretera. Es como si de repente se albergara la posibilidad de que el libro que cada noche lee la Sra. Ingalls fuera un Kama Sutra camuflado con las tapas de la Biblia. Es ese  magnetismo sexual, de señora Ingalls "desviada", el que olfatearon miles de hombres americanos antes de votar a Palin. FIN  DE LA NOTA A LA NOTA.  

Además hay rasgos añadidos, periféricos, complementos a toda esa indefinición de la que hablamos, como lo andrógino de su rostro, que tiene anulada la separación masculino/femenino. Ahora bien, se puede percibir como lo contrario, la radicalización de los dos géneros sexuales en un mismo rostro, la propia definición de metrosexual: una vez cortado el pelo, bien podría tener los rasgos de hombre feminizado gracias a la exaltación compulsiva de su lado femenino. La fémina más fémina de todas las féminas porque además de trabajar como un hombre amamanta [de su propio pecho, of course] a 5 cachorros [y a los que vengan].  

Pero qué duda cabe de que el elemento que más feromonas hace correr, el que redondea y ata el círculo sin dejar opción a decimales, son las gafas. Desprovistas de la típica montura de pasta o metal, son el paradigma de la transparencia, "yo soy como soy y me muestro así para que todos me vean, me desnudo". No hay elementos que estorben en sus gafas: ni esnobismo gafapasta, ni fastos Dolce Gabbana, ni despilfarros ni trampantojos, no hay ese catolicismo tan falso como romano, sino puro protestantismo, claridad y pureza en la mirada,  puritanas.com. Yo soy la Palin, no hay gafas que puedan con la honestidad de mi mirada. Yo soy Betty y, en lo más hondo, soy guapa; esa hondura me convierte también en la más atractiva.   

Bonus-Track: TRONCO Y EXTREMIDADES


Otra de las muñecas que arrasa en ventas en la Red, es la que presenta a Palin, ya no de sexy colegiala, sino de mujer Matrix: minifalda blanca atada con cinturón ancho, gabardina nazi abierta, negra y larga hasta los pies. Esa iconografía guerrera viene alimentada por el tronco y las extremidades de la Palin real.  

Las fotos que conocemos de la Palin "civil", la presentan como una mujer de piernas compactas, muy musculadas, sobre todo en los músculos recto anterior y vasto externo, y unos pechos pequeños sobre pectorales trabajados. Es, sin duda, el cuerpo de una culturista a medio formar, masa muscular que guarda ecos de una fuerza detenida. A eso, hay que añadir su afición por las armas para despejar la ecuación. El elemento Matrix le aporta la justa contemporaneidad, la justa épica, y la justa ambigüedad argumental. El elemento culturista incide en la heroína de vídeo- juego. Analícese ese cuerpo: es el arquetipo [en mujer real] de Angelina Jolie caracterizada de Lara Croft en Tomb Rider, la justiciera arqueóloga británica con el cuerpo mejor dibujado de la historia del vídeo juego: sexo en estado puro que canaliza su perversión en la pureza de una silueta de mujer irreal, mujer-gag. O la espectacular ucraniana Milla Jovovich, quien en la película Resident Evil (basada en vídeo juego) reparte justicia entre zombis valida de todo tipo de armamento pesado. Esa es Palin, la muñeca Matrix, la muñeca que plantaría cara a los míticos Big-Gym, y daría soberanas palizas a los Mandelman, capaz de ridiculizar a cualquier hombre por cuanto capacidades, el giro de tuerca a la feminista clásica: rostro de abnegada mamá y cuerpo de guerrera, de cazadora, de astronauta, de Miss Estados Unidos de América . Como si pensara: "ahí te quedas, Hillary, soy exactamente la suma de todos mis marines y de ti". Pero no pudo ser, Palin se va, regresa a Alaska; siempre nos quedará el desplegable de Playboy. 

Escrito por Agustín Fernández Mallo a las 9:53

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El Señor D [o el mundo prensado en líneas continuas sobre el asfalto]
23/10/2008

Al señor D, tras hacerle la autopsia, le han encontrado una anomalía: tiene, clavada horizontalmente, una punta en el interior de su cerebro. La pieza metálica une eléctricamente los 2 hemisferios, así que, en el cerebro del  Señor D, cuando estaba vivo, el habla, la lógica y las matemáticas se hacían indistinguibles de las artes visuales, sonoras, y la sublimación poética.  La fusión de esas dos partes del mundo en sólo una era también la responsable de que la derecha y la izquierda convivieran en una sola realidad comprimidas, en un estrecho filo: su percepción visual, sonora y táctil de la realidad era una franja tan estrecha como el canto de una moneda.


Allí donde el resto de humanos vemos una acera con una panadería, una tienda y un bar, y en la otra acera un gimnasio, y una playa al fondo y una amiga que viene hacia nosotros, él sólo veía un aplastamiento de toda esa materia en una línea vertical, como si el mundo fuera la resultante de un gigantesco prensado de productos de desguace.  El Mundo mismo prensado.

Así, el Señor D caminó siempre por ese estrecho pasillo de realidad; más allá, todo oscuridad. Estando todo fundido, lo único que veía entero y autónomo era a sí mismo. Pensó que eso era la soledad de verdad, pensó en unas cuantas estrellas de Hollywood, que afirman a veces estar tremendamente solas, y que así eran sus vidas, una larga marcha entre dos paredes en las que sólo cabe un cuerpo muy delgado y de canto asido a un vaso de tubo de gin-tonic [que es transparente y deja ver a su través un mundo sin armar]. Pensó especialmente en Mickey Rourke, su cara destartalada únicamente podría ser producto de esa soledad en bloque que arrastraba tras Nueve Semanas y Media, pero también se acordó de Buster Keaton, que terminó sus días viendo rodar un tren eléctrico en la buhardilla de su casa. De vez en cuando, una descarga eléctrica en su cabeza le llevaba a reconocer que él, el Señor D, [David Lynch para los amigos], también estaba cósmicamente solo; chatarra espacial.

Él no lo sabía, pero el mundo [y el mundo lo es todo: los gobiernos, los deportistas, las piedras, los lagartos, las monedas, las cajeras del súper] le había asignado la tarea de pintar las líneas continuas de las carreteras, tan estrechas como su prensado campo de visión. A veces, pasando por delante del Neptune, un chiringuito de Malibú a pié de asfalto, los viejos surfer le gritaban, "Qué, David, cómo van hoy las líneas", y se rompían en carcajadas. Él, sin ver ni oír ni distinguir nada, sólo apretaba el pulsador que controla el depósito de pintura blanca y seguía camino; buscar algo reconocible, rumores perdidos. Fue en uno de esos momentos en el que se le pareció la idea de Carretera Perdida.  Los 400km de asfalto que unen Los Ángeles con San Francisco los pintó él. He podido comprobar que son las líneas discontinuas mejor pintadas por las que mi Toyota Corola haya rodado jamás.

Pocos días antes de morir [anteayer], sintió fuertes dolores de cabeza. La percepción se le fue desemborronando. Minuto a minuto, las cosas se separaban como por arte de magia, colocándose en su lugar, a derecha e izquierda, como quien amuebla una casa recién comprada. La estrecha franja del mundo de repente se abría, como un mar hace mucho siglos para que pasase un pueblo casi elegido. El forense encontró partida en 2 la punta metálica que unía los 2 hemisferios de su cerebro.   

 

AFM, 2008

[Este cuento está inspirado en un detalle de un capítulo de CSI Nueva York emitido por Tele 5 el lunes 20 de octubre de 2008]

Escrito por Agustín Fernández Mallo a las 16:2

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Agustín Fernández Mallo

Reside en Palma de Mallorca. Licenciado en Ciencias Físicas. Acuña y pone en marcha la "Poesía Postpoética", cuyo manifiesto teórico-fundacional, "Hacia un Nuevo Paradigma: Poesía Postpoética", fue recogido por la revista Lateral, diciembre de 2004, y por la revista Quimera en 2006. Tiene otro blog en Alfaguara.

NOVELA:

Ha publicado Nocilla Dream (6ª edición), edit Candaya, Barcelona, 2006,

(mejor novela en castellano en 2006 por la revista Quimera y novela revelación del 2006 por El Cultural del el diario El Mundo). Es la primera entrega de la trilogía, Proyecto Nocilla, cuyas otras dos novelas son Nocilla Experience (marzo 2008, editorial Alfaguara) y Nocilla Lab, (inédita, Alfaguara)

Libros de poemas:

-Carne de Píxel, ganador del XXXIV Premio de Poesía Ciudad de Burgos Editorial DVD, Barcelona, marzo 2007.

 -Joan Fontaine Odisea [mi deconstrucción]. Editorial La Poesía, Señor Hidalgo, Barcelona, 2005.

-Creta Lateral Travelling, I Premio Café Mon, 2004, Edit. La Bolsa de Pipas, Palma de Mallorca.

-Yo siempre regreso a los pezones y al Punto 7 del Tractatus, Editorial Ópera Prima, Madrid, 2001.

Ha sido incluido en varias colectivas, la más reciente:

-Antología del poema en prosa en castellano, Campo Abierto, Editorial DVD, Barcelona 2005.

 

Fue uno de los impulsores de la revista de creación contemporánea "Casatomada", revista diletante de arte laxo.

Colabora con diversas revistas literarias y sus textos se han publicado en los principales periódicos nacionales.

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Un problema

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marijo en Un problema (08/01/2009 - 15:41)

agustín en Un problema (28/12/2008 - 20:15)

sólo digo una cosa en Un problema (28/12/2008 - 05:03)

LO QUE LEO:
POPism. The Warhol Sixties, 1960-1969 (ediciones Alfabia)  
Los diarios de Warhol pasados a formato biografía. Muy interesante para conocer no sólo el ambiente neoyorkino de aquellos años, sino el nacimiento del pop-art, lo contingente que era todo y las anécdotas tontas que (como ocurre casi siempre) terminan conformando una visión que cambia el mundo. Pero además, me gusta porque considero a Warhol un escritor de primera fila, tan bueno o mejor que artista plástico. En una frase aparentemente casual es capaz decir cosas de gran profundidad para las que otros usan diez páginas. Divertido y, sobre todo, inteligente. 
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ESCUCHANDO:
Escucho muy a menudo a este grupo de bizarrísmo nombre, Vacabou. Semielectrónica trip-hop con elementos clásicos y hasta ambient. Pop helado en la cálida voz de Pascale, la cantante. Son los Postishead españoles, con recuerdos a Stereolab y a Broadcast. La cuadratura del círculo. En USA, Francia y UK, reciben críticas espectaculares (ver su web y MySpace). Su primer LP, Vacabou, me pareció de lo mejor en muchos años en el pop español, lo escuchaba sin parar cuando escribía el Proyecto Nocilla. El segundo, Twelve songs inside, me lo confirmó. Dos obras maestras.
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