'La vergüenza': Semana tres |
15/04/2008 |
Sois geniales, todo va bien, la peli tiene un pintón. No sabía que tanta gente podía seguirme la pista por aquí. Reconozco que cuando me ofrecieron generosamente este hueco en el enjambre cultural de la FNAC me quedé un poco paralizado. A los quince años abandoné la necesidad de llevar un diario íntimo, cuaderno de bitácora o similar. No va conmigo escribir este tipo de cosas. O eso pensaba yo. Pero esto es distinto. A no ser que uno tenga un ego desmesurado y escriba en realidad para la posteridad, el diario de uno no está escrito para que nadie lo lea. Pero aquí estáis vosotros, los que leéis esto y en el momento reaccionáis a lo que leéis. Esto cambia las cosas. No sé qué es más pasmoso, que mis fantásticos amigos, colegas y familia me saluden y me quieran por aquí; que lo haga gente a la que no he visto nunca; o que antiguos conocidos que hace igual veinte años que no veo vuelvan a mi vida a través de este foro. Sorpresa sorpresa. Gracias a todos, sin excepción, porque os aseguro que ese chorreo de cariño me reconforta y me desactiva una vieja e intermitente aunque poderosa sensación: todo es un espejismo, yo no debo estar aquí, he vuelto a engañarlos a todos, una vez más no se han dado cuenta de que soy un impostor. Gracias de verdad a todos por hacerme sentir que no soy un impostor. ClubCultura incluido, por el hueco que han buscado para mí y mi película en su cibercomunidad. (Otro día hablaré de esta vieja sensación de ser un impostor, porque me ha acompañado demasiado tiempo como para reducirla a una mera mención). La peli sigue, y sabéis que estoy preocupado porque creo le falta fiebre, tensión y concentración. Pero no sé bien cómo planteárselo a los actores para que no piensen que la cosa va mal.
Así que recién comenzada la tercera semana, antes de la primera jornada, me armo de valor y voy a ver a Natalia y Alberto, los dos protas, a su zona de descanso, y me siento ante ellos. Me miran un poco como sin querer alarmarse. Tomo aire y empiezo a hablar. "Sois geniales, todo va bien, la peli tiene un pintón…". "¿Pero?", se adelanta Natalia, que por algo me conoce. "No, no hay "pero". Bueno, sí hay "pero" pero es un "pero" constructivo. Ahora hay que ir para arriba. Todo transcurre en una mañana, así que la presión de los personajes crece y hace falta calor, concentración, sensación de urgencia… No penséis que lo que hemos hecho hasta ahora está mal, al contrario, está genial, todo va bien, la peli tiene un pintón... Pero ha llegado el momento de darle a esto un empujón. Se acabaron las miradas lánguidas, los pudorosos silencios, la creación de la atmósfera…". "¿Ya no hay que crear una atmósfera?", leo la sorpresa en su mirada. "No, no quiero decir eso… pero la atmósfera ya está creada, prueba superada. Ahora necesitamos fiebre". Me miran raro. Reacciono rápido. "Pero estáis geniales, ¿eh?, todo va bien, la peli tiene un pintón..". Y con el fin único de calmar sus posibles dudas e inseguridades, despliego una batería de halagos y refuerzos positivos que harían sentirse cómodo a un delantero ante un penalti en la final de la Copa del Mundo. Hay un leve silencio en el que me da tiempo a dudar si habrá colado. Me miran con amor y satisfacción, y me dan las gracias. Gracias y una mirada de complicidad. Qué más quiero. Me quieren, los admiro, los necesito, los tengo, los… Espera espera. ¿Gracias? ¿Por qué? Y me doy cuenta de pronto. ¡Creen que les he llamado para darles ánimo! ¡Se sienten felicitados! "¡No, no, no!", grita una voz en mi interior. "¡No os estoy animando, no es una palmadita en la espalda. He venido a deciros que estoy asustado y preocupado, que está todo muy frío y plano y poco interesante y…". Lástima que la voz sea sólo interior. Porque no me atrevo a deshacer el malentendido. ¿Cómo voy a decirles eso? Ahora, aquí, el lunes a primera hora, con todo el equipo esperando a que salgamos de nuestra charla… Uf. Conclusión, salgo de la habitación sin haber conseguido otra cosa que aumentar su inseguridad, seguro. Seguimos superando pruebas. Para que alguien trabaje bien hay que darle confianza pero para dar confianza a alguien hay que estar seguro de que sabe lo que hace… ¿o es al revés? Pero… a pesar de mi creciente neurosis y mis graves problemas de comunicación, creo que he podido transmitirles algo. Porque los días se empiezan a suceder, y de pronto noto que todos (actores, producción, equipo técnico y artístico, yo), estamos consiguiendo estar un poco más despiertos; o a lo mejor soy yo, que empiezo a sentir todo menos frío, menos confuso, menos titubeante. Cuando comento la frialdad de la primera semana con gente que sabe (Antonio Ordóñez, mi superayudante, Gracia Querejeta con la que desahogo mis penas, Mónica Bernuy, mi directora de arte, o Daniel Sánchez Arévalo, mi amoroso colega), me responden que es normal. Todos los rodajes empiezan de forma fría, poco clara, titubeante. No pasa nada. Eso dicen. Luego se coge el ritmo. ¿Frialdad, poca claridad, titubeo? No-pasa-nada. Qué encanto son. Pues lo siento, pero sí pasa. Porque lo que para un proyecto normal es "el principio" (la primera semana de rodaje), para mí (que sólo tengo cuatro semanas para contar mi historia) es casi un tercio del trabajo. ¿Luego se coge el ritmo? ¿Cuándo es luego? ¿Habremos cogido el ritmo el día que estrenen la peli en TVE? Lo hacen por animarme, pero su explicación no hace sino confirmar lo que yo pensaba. El arranque de la peli va a ser frío, poco claro y titubeante. La he cagado. En fin, no pasa nada. Sudo a mares, pero habrá otras películas, otros proyectos. Será que no está de Dios que yo sea director. Siempre podré dedicarme a escribir, soy guionista, ¿no?, trabajo no tiene por qué faltarme, creo que en la última serie de José Luis Moreno hacen falta guionistas con gracejo en los diálogos y… Ups, creo que estoy entrando en zona de peligro. Cuidado. Calma. Que no cunda el pánico. Necesito tranquilizarme. Voy a releer lo escrito. Releo lo escrito, no sólo hoy sino todos estos días, y vosotros que me queréis diréis que no, pero creo percibir una cierta tendencia a la queja, a la autocompasión y al victimismo, y a destacar los problemas por encima de las alegrías. No me hagáis mucho caso. Gajes del oficio del escritor de ficción: todo es más divertido cuando hay conflictos. Sin embargo odiaría dar la impresión de que no me divierto. Me divierto todo el rato. Cuando sé lo que hago, y en realidad también cuando no lo sé. Lo estoy pasando bien, disfruto del poder que se me ha otorgado para orquestar a este equipo, y todo tiene bastante buena pinta.
Además, no tengo derecho a quejarme. Directores de experiencia y probada eficacia sufren para levantar sus proyectos. Cada nueva película es una guerra. Yo estoy haciendo mi primera película con actores fantásticos, rodeado de amigos, la productora me apoya… Estoy siendo un quejica y un cobarde, y decido que esa actitud no conduce a nada, y que se ha terminado. Hasta que veo los primeros brutos. Oh, oh. Esto os lo cuento el próximo día. Sólo os adelanto dos o tres emociones que me asaltan al ver lo ya rodado: pánico, pánico y pánico. Por no hablar del terror pánico. Por cierto, esto era secreto hasta ahora. Antes de que yo decidiera contar el susto que me di con los brutos, mis amigos pensaban que yo estaba muy tranquilo con lo que iba llegando. ¿Veis como sigo siendo un impostor?
Escrito por David Planell a las 13:26
|