Si no estás registrado hazlo
DESDE AQUÍ
¿Has olvidado tu usuario o contraseña?

www.fnac.es
Alejandro Amenábar
Bigas Luna
Isabel Coixet
Álex de la Iglesia
Gutiérrez Alea
Gutiérrez Aragón
Carlos Saura
Gonzalo Suárez
Fernando Trueba
Cine en Construcción
Documentales Fnac
La Cinemateca de Cuba
> El laberinto del fauno
> Yo soy la juani
> El Orfanato
Caótica Ana
> Los Crímenes de Oxford
Vicente Aleixandre
Isabel Allende
Roberto Bolaño
Bryce Echenique
Julio Cortázar
Jesús Ferrero
Espido Freire
Carlos Fuentes
Juan García Hortelano
Adolfo García Ortega
A. Jodorowsky
Gemma Lienas
Juan Marsé
Gustavo Martín Garzo
Ana María Matute
Eduardo Mendoza
Juan José Millás
Rosa Montero
Álvaro Mutis
Juan Carlos Onetti
Carmen Posadas
Abel Posse
Juan Rulfo
José Luis Sampedro
Antonio Skármeta
José Carlos Somoza
G. Torrente Ballester
Mario Vargas Llosa
Vázquez Montalbán
Maitena
Inditendencias
Luis Eduardo Aute
Gilberto Gil
Caetano Veloso
Exposiciones fnac
Jordi Socías
Foros
Blogs de Autor
Agenda Fnac
Nuevo Talento Fnac
Enlaces
Suscríbete
ClubCultura responde
 

Martes 13
Mayo 2008

 

titulo.gif (1 Kb)
semana4_rodaje_imagen.jpg (26 Kb)

'La vergüenza'. Semana cuatro
09/05/2008

Os prometí contaros los detalles sobre mi shock al ver los primeros brutos (ya sabéis, el material rodado que va llegando puntualmente para orientarte y que decidas si lo que ruedas es lo que querías rodar o te está saliendo el tiro por la culata).  

Bien, no voy a dar demasiados pormenores. Creo que he sido muy claro estas semanas al daros el parte: el principio de la peli da miedo (no ritmo, no acting, no atmósfera, no nada). Pánico, terror, etc. (Muchos lo habéis captado a la primera y me mandáis pequeños mensajes entre el apoyo y las condolencias que me reconfortan un montón, os lo aseguro).   

A tiro hecho, esto me lleva a una pequeña reflexión que seguramente os habréis hecho más de una vez: si estoy tan asustado por lo que he hecho estas semanas, ¿cómo es posible que me siga levantando por las mañanas y vaya a rodar como si nada? ¿Cómo puede ser que hable con los actores, agradezca al equipo, tome el bocata con mi ayudante… y todo con la mejor de mis sonrisas?  

Primero porque sé que tengo que dar ejemplo y no provocar una estampida anímica masiva. El capitán es el último en abandonar el barco, ¿no? (ratas aparte), sobre todo si la tripulación no tiene ni idea de que un iceberg ha provocado un boquete en el casco.   

Segundo porque soy un cobarde, y me asusta mostrar mis terrores y flaquezas. Cualquier cosa menos provocar un parón, una rareza, una meada fuera de tiesto.   

Mi sentido común me pide parar, detener el ritmo de rodaje, pedir más días, revisar planteamientos, despedir a los que zancadillean mis planes...  

Por contra, mi instinto sumiso de sobreadaptado social me indica que la cosa debe continuar, que todo esto es muy caro, que ahora es el momento y que me deje de leches y que siga currando, que para eso he venido.  

Y aunque admiro a colegas de talento brutal (Fernando León es mi modelo español,  y Coppola el universal) que alargan su tiempo de rodaje sobre el tiempo estimado hasta dos y tres y cuatro y cinco, y las semanas que hagan falta para reflejar lo que tienen en mente… yo no tengo el cuajo que hay que tener para hacer eso en mi primera película.  

Así que se impone el modelo obediente del buen chico que me habita. Haré como si nada. Seguiré sonriendo y pretendiendo que estoy contento, y dejaré las pesadillas para el horario nocturno. No soy Fernando, ni mucho menos Francis Ford. 

Pero hay otra cosa que sucede, y a mí me parece fascinante. Y es que, como no hay tiempo para pensar, sólo vives el presente. No anticipas lo que harás, no reflexionas sobre lo ya hecho. Sólo te atienes al momento exacto. Aquí y ahora.

Por eso se pueden hacer tantas cosas estando tan asustado. Simple y llanamente, porque no tienes tiempo. No es una conclusión de superestresado, es la verdad. Si única y exclusivamente nos dedicáramos a pensar en lo que sucede aquí y ahora, mataríamos dos pájaros de un tiro: la mala conciencia de lo que no hicimos (o hicimos mal), y la ansiedad de lo que todavía nos queda por hacer.    

Ya lo sabíamos, ¿no?  Lo dicen los sabios orientales, y los occidentales también. Esto es la prueba de que es verdad. Sin tiempo para pensar no tendríamos ni la mitad del miedo que nos acosa. Es mi lección de hoy amiguitos. Haced cada cosa en su momento y os quitaréis un montón de dolores de cabeza.   

Porque además (sí, hay un además) voy a daros una buena noticia a todos: la peli está empezando a gustarme. Sí, sí, sí, sigo siendo yo, el paranoico, el tiquismiquis, el neurótico, el cobarde. Lo que cambia no es el sujeto. Planell sigue acojonado. Lo que cambia es el objeto directo, porque Planell está empezando a hacer la película que quiere. 

Reconozco lo que hago, me siento cómodo con los tamaños de  planos, tiros de cámara, tono de interpretación. Brandon, el niño, está  suelto y relajado, y hasta aguanta algunos planos secuencia sin cortar. El actor más deseado del país se morrea con mi chica en un solo plano y delante de cuarenta personas. 

Qué guay, qué íntimo orgullo, qué bonito es el cine. De pronto todo empieza a ir bien. Diréis que estoy loco, pero incluso los peces parecen haber cogido el puntito de venir a trabajar y empiezan a actuar como auténticos peces: se ponen en su marca y hacen lo que deben.

Las cosas están empezando a mejorar. ¿A qué estáis contentos? Me alegro. Yo también. Por fin un poco de luz al final del túnel. Ya iba siendo hora. Menos mal que aún me quedan seis días de rodaje. Je. Seguro que en seis días le doy la vuelta a todo y acabo haciendo la película que tenía en la cabeza.

Escrito por David Planell a las 12:18

Comentarios (3)

Enlace directo
semana3_imagen.jpg (17 Kb)

'La vergüenza': Semana tres
15/04/2008

Sois geniales, todo va bien, la peli tiene un pintón.  

No sabía que tanta gente podía seguirme la pista por aquí. Reconozco que cuando me ofrecieron generosamente este hueco en el enjambre cultural de la FNAC me quedé un poco paralizado. A los quince años abandoné la necesidad de llevar un diario íntimo, cuaderno de bitácora o similar. No va conmigo escribir este tipo de cosas. O eso pensaba yo.  

Pero esto es distinto. A no ser que uno tenga un ego desmesurado y escriba en realidad para la posteridad, el diario de uno no está escrito para que nadie lo lea. Pero aquí estáis vosotros, los que leéis esto y en el momento reaccionáis a lo que leéis.   

Esto cambia las cosas.   

No sé qué es más pasmoso, que mis fantásticos amigos, colegas y familia me saluden y me quieran por aquí; que lo haga gente a la que no he visto nunca; o que antiguos conocidos que hace igual veinte años que no veo vuelvan a mi vida a través de este foro. Sorpresa sorpresa.  

Gracias a todos, sin excepción, porque os aseguro que ese chorreo de cariño me reconforta y me desactiva una vieja e intermitente aunque poderosa sensación: todo es un espejismo, yo no debo estar aquí, he vuelto a engañarlos a todos, una vez más no se han dado cuenta de que soy un impostor.   

Gracias de verdad a todos por hacerme sentir que no soy un impostor. ClubCultura incluido, por el hueco que han buscado para mí y mi película en su cibercomunidad.  

(Otro día hablaré de esta vieja sensación de ser un impostor, porque me ha acompañado demasiado tiempo como para reducirla a una mera mención).   

La peli sigue, y sabéis que estoy preocupado porque creo le falta fiebre, tensión y concentración. Pero no sé bien cómo planteárselo a los actores para que no piensen que la cosa va mal. 

Así que recién comenzada la tercera semana, antes de la primera jornada, me armo de valor y voy a ver a Natalia y Alberto, los dos protas, a su zona de descanso, y me siento ante ellos. Me miran un poco como sin querer alarmarse. Tomo aire y empiezo a hablar.    

"Sois geniales, todo va bien, la peli tiene un pintón…".  

"¿Pero?", se adelanta Natalia, que por algo me conoce. 

"No, no hay "pero". Bueno, sí hay "pero" pero es un "pero" constructivo. Ahora hay que ir para arriba. Todo transcurre en una mañana, así que la presión de los personajes crece y hace falta calor, concentración, sensación de urgencia… No penséis que lo que hemos hecho hasta ahora está mal, al contrario, está genial, todo va bien, la peli tiene un pintón... Pero ha llegado el momento de darle a esto un empujón. Se acabaron las miradas lánguidas, los pudorosos silencios, la creación de la atmósfera…".   

"¿Ya no hay que crear una atmósfera?", leo la sorpresa en su mirada.  

"No, no quiero decir eso… pero la atmósfera ya está creada, prueba superada. Ahora necesitamos fiebre".  

Me miran raro. Reacciono rápido.  

"Pero estáis geniales, ¿eh?, todo va bien, la peli tiene un pintón..". Y con el fin único de  calmar sus posibles dudas e inseguridades, despliego una batería de halagos y refuerzos positivos que harían sentirse cómodo a un delantero ante un penalti en la final de la Copa del Mundo.   

Hay un leve silencio en el que me da tiempo a dudar si habrá colado. Me miran con amor y satisfacción,  y me dan las gracias. Gracias y una mirada de complicidad. Qué más quiero. Me quieren, los admiro, los necesito, los tengo, los… 

Espera espera. ¿Gracias? ¿Por qué? Y me doy cuenta de pronto. ¡Creen que les he llamado para darles ánimo! ¡Se sienten felicitados!   

"¡No, no, no!", grita una voz en mi interior. "¡No os estoy animando, no es una palmadita en la espalda. He venido a deciros que estoy asustado y preocupado, que está todo muy frío y plano y poco interesante y…".  

Lástima que la voz sea sólo interior. Porque no me atrevo a deshacer el malentendido. ¿Cómo voy a decirles eso? Ahora, aquí, el lunes a primera hora, con todo el equipo esperando a que salgamos de nuestra charla… Uf.  

Conclusión, salgo de la habitación sin haber conseguido otra cosa que aumentar su inseguridad, seguro. Seguimos superando pruebas.   

Para que alguien trabaje bien hay que darle confianza pero para dar confianza a alguien hay que estar seguro de que sabe lo que hace… ¿o es al revés?   

Pero… a pesar de mi creciente neurosis y mis graves problemas de comunicación, creo que he podido transmitirles algo.   

Porque los días se empiezan a suceder, y de pronto noto que todos (actores, producción, equipo técnico y artístico, yo), estamos consiguiendo estar un poco más despiertos; o a lo mejor soy yo, que empiezo a sentir todo menos frío, menos confuso, menos titubeante.  

Cuando comento la frialdad de la primera semana con gente que sabe (Antonio Ordóñez, mi superayudante, Gracia Querejeta con la que desahogo mis penas, Mónica Bernuy, mi directora de arte, o Daniel Sánchez Arévalo, mi amoroso colega), me responden que es normal. Todos los rodajes empiezan de forma fría, poco clara, titubeante. No pasa nada. Eso dicen. Luego se coge el ritmo. ¿Frialdad, poca claridad, titubeo? No-pasa-nada.  

Qué encanto son.   

Pues lo siento, pero sí pasa. Porque lo que para un proyecto normal es "el principio" (la primera semana de rodaje), para mí (que sólo tengo cuatro semanas para contar mi historia) es casi un tercio del trabajo.   

¿Luego se coge el ritmo? ¿Cuándo es luego? ¿Habremos cogido el ritmo el día que estrenen la peli en TVE?   

Lo hacen por animarme, pero su explicación no hace sino confirmar lo que yo pensaba. El arranque de la peli va a ser frío, poco claro y titubeante. La he cagado. En fin, no pasa nada. Sudo a mares, pero habrá otras películas, otros proyectos. Será que no está de Dios que yo sea director. Siempre podré dedicarme a escribir, soy guionista, ¿no?, trabajo no tiene por qué faltarme, creo que en la última serie de José Luis Moreno hacen falta guionistas con gracejo en los diálogos y…  

Ups, creo que estoy entrando en zona de peligro. Cuidado. Calma. Que no cunda el pánico. Necesito tranquilizarme. Voy a releer lo escrito.   

Releo lo escrito, no sólo hoy sino todos estos días, y vosotros que me queréis diréis que no, pero creo percibir una cierta tendencia a la queja, a la autocompasión y al victimismo, y a destacar los problemas por encima de las alegrías. 

No me hagáis mucho caso. Gajes del oficio del escritor de ficción: todo es más divertido cuando hay conflictos. Sin embargo odiaría dar la impresión de que no me divierto. Me divierto todo el rato. Cuando sé lo que hago, y en realidad también cuando no lo sé. Lo estoy pasando bien, disfruto del poder que se me ha otorgado para orquestar a este equipo, y todo tiene bastante buena pinta.

Además, no tengo derecho a quejarme. Directores de experiencia y probada eficacia sufren para levantar sus proyectos. Cada nueva película es una guerra. Yo estoy haciendo mi primera película con actores fantásticos, rodeado de amigos, la productora me apoya…   

Estoy siendo un quejica y un cobarde, y decido que esa actitud no conduce a nada, y que se ha terminado.  

Hasta que veo los primeros brutos. Oh, oh. 

Esto os lo cuento el próximo día. Sólo os adelanto dos o tres emociones que me asaltan al ver lo ya rodado: pánico, pánico y pánico. Por no hablar del terror pánico. 

Por cierto, esto era secreto hasta ahora. Antes de que yo decidiera contar el susto que me di con los brutos, mis amigos pensaban que yo estaba muy tranquilo con lo que iba llegando. ¿Veis como sigo siendo un impostor?  

Escrito por David Planell a las 13:26

Comentarios (9)

Enlace directo
verguenza_imagen01.jpg (13 Kb)

La vergüenza. Esta es la historia
02/04/2008

Segunda semana del rodaje de una película de cuatro semanas. De algunas cosas voy tomando conciencia.  

Por ejemplo. A esta alturas de película puedo decir sin asomo de vergüenza (de otras ando sobrado, mira, pero esta no la tengo) que tengo bastante poca idea de óptica; y de luz; y de continuidad; y de mover la cámara; y por supuesto de la auténtica dinámica de un rodaje.  

Lógico: mis cortos son poco más que una gente sentada (o de pie) hablando todo el rato, luego lloran un poco, y al final salen las verdades y la cosa se resuelve sin que se hayan prácticamente movido de su sitio.

Y claro, cuando lo que sé de óptica se resume en frases como "así tipo plano general pero más cerca", o "como en La ley de la calle, pero menos distorsionado"… Y cuando lo que sé de luz es "¿sabes Storaro en Rojos? Igual pero menos contrastado"… 

… en estos casos no tardas en darte cuenta de que estás todo el rato a punto de cagarla. ¿Habéis andado alguna vez por una cuerda floja sobre un foso de skinheads? Yo tampoco, pero la sensación debe ser muy parecida.  

Se me hace obvio en este momento: lo más importante no es tener al equipo más cualificado sino al más generoso con tu ignorancia y el más paciente con tu falta de recursos para decir lo que necesitas ver en el marco de tu plano. 

Menos mal que he leído veintitrés mil veces "Mi primera película", ese libro en el que directores como Almodóvar, Mike Leigh, hermanos Coen, Mike Figgis, Neil Jordan, Ang Lee, Oliver Stone, y otros cracks del cine explican lo que sabían cuando empezaron. Que no era otra cosa que cero. Gracias Frears, por aclararme algo de cajón: la falta de experiencia no es un pecado. 

Me di cuenta hablando con Jesús Ruiz (el script de la peli, que ha dirigido dos pelis y es un hombre de gran cultura). Yo le trasladaba mis ansiosas zozobras sobre la secuencia de la pecera (ya la veréis), y le proponía opciones, tiros de cámara, ángulos... en fin, disertaba sobre la puesta en escena, y que lo importante es no equivocarse al poner la cámara y… hasta que Jesús me miró con calma y me dijo: "Lo importante es lo que pasa dentro del cuadro. Si eso queda claro, prueba superada".  

A veces darse cuenta sólo es recordar. Porque lo que me decía Jesús yo ya lo sabía.  

La historia. La historia. La historia. Lo que alimenta a los directores de cine que a mí me interesan es la pasión por contar una historia.

No pasa nada si no eres un experto en ejes. No pasa nada si no sabes cómo se llama este tipo de grúa. No pasa nada si plano y contraplano no acaban de montar.

En fin, sí pasa, pero nadie ha nacido sabiendo.  

Lo preocupante es no saber qué hay en juego en la secuencia, quién gana, quién pierde, qué hay que mostrar para crear suspense, qué hay que ocultar para sorprender. Lo alarmante es no saber hasta dónde está dispuesto a llegar el personaje para conseguir lo que de verdad desea. Que a veces no es exactamente lo mismo que lo que cree desear, e incluso algunas otras veces es justo lo contrario.  

Lo grave es hablar muchos idiomas y no tener nada que decir.  

Pero tengo que decirlo: para respetar tu historia necesitas la confianza del equipo que te rodea. Que te sigan el rollo, que no te miren como si estuvieras loco, que te cuiden. Que te alerten, sí, de si vas a hacer alguna estupidez, pero que te cuiden.  

Aunque claro, la gente está muy liada, tiene mucho que hacer. Y además ellos no tiene ni idea de que tú quieres que te cuiden. Ellos piensan que tú sabes, controlas, orquestas, coordinas. Se creen que diriges. Ja.  

(De hecho, algunos esperan que tú los cuides a ellos. Por ejemplo los actores, aunque no sólo ellos, pero de ellos hablaré otro día). 

Así que, ¿cómo enfadarte si no te siguen el rollo? ¿Tienes derecho a quejarte si te miran como si estuvieras loco? ¿Puedes echarles en cara que no te cuiden nada de nada?  

No. No puedes. Lo cual te hace sentir muy solo. Estás solo, Planell. Oh, qué pena. Una vez más acabas tu breve relato diciendo que te sientes solo. ¿No te estarás poniendo un poquito autocompasivo?

Quizá sea el momento de decir que la soledad ya no me duele como antes. Y creo que sé por qué es. Es por la confianza. Confío en mi historia porque en realidad sé de lo que estoy hablando, qué hay en juego y qué factura deben pagar mis personajes si de verdad quieren llegar hasta el final de su aventura.

Así que voy a extraer una breve pero enorme moraleja: ten confianza en ti mismo, y en tu historia, y en lo que quieres contar. 

Ten confianza aunque no la tengas. Tenla aunque no lo parezca. Ten confianza aunque tu confianza vaya en contra de la de los demás.

Simplemente porque en algunos momentos, cuando nadie te mire, cuando el actor no tenga claro su texto, cuando el operador te ningunee, cuando sonido diagnostique el caos, cuando el productor interfiera… en esos momentos (que suceden a menudo) tu confianza será la única a la que podrás llevar aparte y escuchar para saber qué coño hay que hacer si quieres acabar esta película.

Escrito por David Planell a las 15:38

Comentarios (8)

Enlace directo
 
retrato_diario_autor.jpg (9 Kb)
David Planell

David Planell (Madrid, 7 diciembre de 1967) es un experimentado guionista que ha trabajado para algunas de las series más exitosas de la parrilla televisiva española (Hospital Central, Lobos, El comisario, MIR, etc.). Con 4 cortos a sus espaldas, acaba de dar el gran salto a la dirección de largometrajes. 
'La vergüenza', protagonizada por Natalia Mateo ('El patio de mi cárcel') y por Alberto San Juan, reciente ganador del Goya al Mejor Actor por su papel en 'Bajo las estrellas', es el nombre de su opera prima. El rodaje comenzó el 11 de febrero de 2008 y se prolongará durante 4 semanas.
Su carrera como realizador arranca en 2004 cuando dirige 'Carisma', su primer cortometraje. Su irrupción en el mundo de la realización cinematográfica no pudo ser mejor. Gracias a 'Carisma' obtuvo su primera nominación a los Premios Goya (Mejor Cortometraje Ficción). Tras él vinieron 'Ponys' (2005) y 'Banal' (2006), cortometrajes con los que ha conseguido más de 60 premios en festivales y el reconocimiento del público y de la industria. En 'Subir y bajar' (2007), su último corto, David Planell elabora todo un alegato contra los malos tratos. El corto, que ya ha roto la frontera simbólica de las 100.000 descargas en YouTube, causó tal impacto que, en Septiembre de 2007, fue presentado por la Fundación Mujeres como material audiovisual de su campaña contra los malos tratos. 'Subir y bajar' es actualmente uno de los dos cortos invitados de la VI edición del Notodofilmfest.  

David Planell se encuentra en un momento inmejorable. Mientras rueda 'La vergüenza' continúa recogiendo premios y nominaciones por sus últimos trabajos. En la última edición de los Premios de la Academia obtuvo su segunda nominación a un Premio Goya. En esta ocasión el reconocimiento le llegaba por su guión, junto a Gracia Querejeta, de 'Siete mesas de billar francés', trabajo con el que también ganó el Premio del Jurado en el Festival de San Sebastián.

Filmografía como Director 

2008 La vergüenza (en rodaje)
2007 Subir y bajar (Cortometraje)
2006 Banal (Cortometraje)
2005 Ponys (Cortometraje)
2003 Carisma (Cortometraje)  

Filmografía como Guionista (cine)       

2007 Subir y bajar (Cortometraje)
2007 Siete mesas de billar francés (Gracia Querejeta) Coescrito con Gracia Querejeta
2006 Banal (Cortometraje)
2005 Ponys  (Cortometraje)
2004 Héctor (Gracia Querejeta) Coescrito con Gracia Querejeta
2003 Carisma (Cortometraje)
2002 La guerrilla de la memoria (Javier Corcuera)
1995 Los hombres siempre mienten (Antonio del Real) Coescrito con Fernando León.  

Filmografía como Guionista (televisión)  

A las once en casa (TVE)
La casa de los líos (Antena 3)
Todos los hombres sois iguales (Tele 5)
El comisario (Tele 5)
Hospital central (Tele 5)
MIR (Tele 5)
Lobos (Tele 5)
7 días al desnudo (Cuatro)

09/05/2008
'La vergüenza'. Semana cuatro

15/04/2008
'La vergüenza': Semana tres

02/04/2008
La vergüenza. Esta es la historia

Brandon en La vergüenza. Esta es la historia(12/05/2008 - 23:35)

Saúl en 'La vergüenza'. Semana cuatro(11/05/2008 - 23:39)

Romi en 'La vergüenza'. Semana cuatro(09/05/2008 - 18:59)

LO QUE LEO:
'La carretera'. Cormac McCarthy
mccarthy.bmp (41 Kb)
ESCUCHANDO:

'Rain'. Joe Jackson

rain.bmp (21 Kb)
Avalon
Alberto San Juan
Natalia Mateo
Marta Aledo
Esther Ortega
Imprimir esta página
Mandar esta página por correo

Haz de ClubCultura.com tu página de inicio | ¿Qué es ClubCultura.com? | Quiénes somos | Escríbenos |
ClubCultura.com es una iniciativa de Fnac España ©2001 | Hospedaje web y dominios por Ferca Network