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Lunes 12
Mayo 2008

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Melodías jurásicas y crisis existencial
22/04/2008

Dice Elvira Lindo que a Paul Mc Cartney con los años se le ha puesto cara de señora inglesa. Yo soy algo reticente a aceptar ese supuesto ya que me provoca un terrible desasosiego moral la idea de que el ídolo de mi primera adolescencia tenga cara de señora.  

Pero no sólo es la apreciación de la Lindo sobre el ex Beatle, la verdad es que llega un momento en el cual resulta inevitable sentir ese desasosiego con todo aquello referente a los músicos que nos ambientaron la pubertad. En primer lugar  porque van muriéndose -circunstancia siniestra que lleva a reflexionar sobre el paso del tiempo, a nivel universal pero sobre todo a nivel personal-. Muere John Lennon, muere George Harrison, Paul Mc Cartney adquiere aspecto de lady Madonna… Todas esos acontecimientos, quieras que no, causan un acelerón preocupante en las constantes vitales de cualquier individuo mínimamente sensible. En mi caso complemento la sensiblería con el hecho de que tiendo a rescatar compulsivamente el pasado y a renegar con la misma compulsión del futuro (eso rompe totalmente los esquemas orientales, el "vive–el-aquí-y-ahora"…¿será que no soy feliz porque soy demasiado occidental?)-. Vuelvo a Paul McCartney, que me disperso,  y propongo que cada uno desempolve sus propios modelos adolescentes y comprobará cómo el desasosiego se presenta ahí, es ineludible. Volviendo otra vez a mi caso personal -no es ombliguismo, cuidadito con lo que se dice o se piensa, es que esto es un blog (los de Clubcultura lo registran en su página como "Diario de autor", suena bien, tiene como más caché), y los blogs resulta que tienen eso: referencias constantes al autor, si no no serían blogs, serían otra cosa, yo qué sé, columnas más o menos bien pagadas de prensa, o articulitos en el Glamour o el Cosmopolitan -. Como venía diciendo, tengo la fortuna inmensa de que en muchos de aquellos modelos se produce una coartada bastante creíble que funciona como bálsamo perfecto para mitigar ese malestar existencial que ocasiona el paso del tiempo:  
1) Algunos de mis modelos eran más bien entelequias, no tenían forma física, o si la tenían, la disimulaban muy bien (¿alguien sabe qué aspecto tiene Alan Parsons? ¿Alguien es capaz de precisar con exactitud cómo es y cómo ha evolucionado Mike Oldfield?).   
2) Otros modelos -no musicales pero igualmente catalogables como reliquias adolescentes- pertenecían a una dimensión espacio temporal distinta, por lo que resulta muy gratificante observar que siguen siendo igualitos que entonces (El Corsario de Hierro, Curro Jiménez -el de la primera entrega-, Mafalda…).  
3) Por último están los del desasosiego, pero incluso para éstos dispongo de mecanismo de defensa: sólo tengo que pensar que cuando yo coleccionaba sus fotos ampliadas y adornaba con ellas mi habitación- con un criterio estético, no nos engañemos, francamente hortera-, ellos ya lucían canas.   

Respecto al tercer punto, se trata de anacronismos que se producen sin que uno los busque. Supongo que yo siempre, musicalmente hablando, fui una atrasada a mi tiempo. Cuando se llevaban Madonna y Smashing Pumpkins, yo pinchaba vinilos de los setenta y leía poemas de la Beat Generation. Y lo de los vinilos no es un decir, mi primer cedé me  lo presentó un amigo, Miguel, cuando tendría yo como mínimo veintiún años cumplidos (aún lo recuerdo: dentro de un Ford Escort RS Turbo, Bruce Springsteen contando cómo se había librado de ir a la guerra del Vietnam, seguido de una armónica con los primeros arpegios de "The River"…me ponía los pelos como escarpias ese primer cedé). Añado, sin avergonzarme, que los MP3 e Ipods los estoy conociendo ahora, hasta hace dos días iba en el metro con mi walkman metido en el bolsillo y la cabeza bien alta.   

PD: dedico este post a Emilio (amigo de la adolescencia, nos escribimos una vez por semana para sufrir juntos la nostalgia de la música del pleistoceno); a Javi (amigo de la adolescencia y director de una Big Band –músico profesional, ése sí que no se estanca en el pasado musical-); y a Paco (amigo de la adolescencia, me presentó a Bob Dylan y a la Beat Generation. Mil gracias). Y a todos los que aún se emocionan escuchando todas esas insuperables melodías que en algunos casos nacieron incluso antes de que nosotros mismos naciéramos.

Escrito por Isabel Camblor a las 15:17

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Impresiones (y desventuras) en la entrega del Premio Azorín
13/03/2008

Dickens dio forma literaria al Londres victoriano; Balzac retrató admirablemente la sociedad francesa; Tolstoi hizo lo propio con la Rusia de Pedro el Grande. Los tres debieron ser sin duda observadores atentos, pues todo narrador ha de poseer el don del estado de alerta, si no, no tiene nada que hacer. Esto en cambio no sucede con los poetas; el poeta, siempre introspectivo, tiene la ventaja de poder confinarse si le viene en gana y limitarse a delirar.

Yo quería ser poeta, pero no pudo ser, la poesía no vende, y yo quiero vender (también hay que entenderlo, las hipotecas no se pagan solas). Me ha tocado entonces ser narradora, una narradora que se empeña en retratar Madrid. Pero las dificultades no son pocas en mi caso ya que, a diferencia del excelente Dickens, ni soy espabilada, ni observadora, ni excelente. Soy  despistada. Y ahora me veo obligada, por las circunstancias recientemente vividas en Alicante, a exorcizar mis desdichas, aprovechando, para no variar, el espacio que me ofrece Clubcultura. La idea es también justificarme un poco, ya que no faltaron testigos del dechado de torpezas en las que, sin poder evitarlo, caí la semana pasada.  

Para comenzar presento a Ana: es mi editora en Planeta. Es afectuosa y me mima mucho.

Una soleada mañana de marzo suena el teléfono, es Ana:
-Tienes que venirte a la entrega del premio Azorín, forma parte de tu trabajo, maja, los periodistas tienen que verte la cara.
-Ya, pero es que estoy muy cansada y…
-No hay excusas tontas que valgan, mi niña. Nos vemos en la Terminal 4.

¡Cómo conoce mis resquicios vulnerables la Anita! Sabe que llamándome mi niña no diré que no.

En el aeropuerto estaban Marta Rivera de la Cruz, Carmen (de Planeta) y Lola (también de Planeta). Por supuesto no las reconocí (ni a Marta, y hay que puntualizar el hecho de que yo estuve en la presentación de su libro en Madrid, cuando fue finalista del Planeta); pero, bueno, eso no es grave. Continuemos. Había olvidado desayunar, así que me dio bajón de azúcar por lo que Marta y Carmen tuvieron que conseguirme inminentemente un Donut. Esto tampoco es que sea grave, pero ya empieza a resultar sospechoso de histrionismo o bien de esta tía parece que quiera llamar la atención.

Llegamos por fin a Alicante. Ahí está Sánchez Dragó. Fenomenal: cualquier escritor juicioso, consciente de que el Dragó es el grande entre los impulsores de autores, hubiera tomado posición, hubiera ofrecido su perfil fotogénico y se hubiera hecho con algún espacio común para compartir con el literato ya consagrado. Pues yo no. No sé cómo me lo monté pero como acabé fue peleándome con él. La cosa fue tal que así: allí se estaba hablando de política, pues nada, yo metí baza y ya está. ¿No dice Ana que hay que codearse con los otros escritores? ¡Pues ya está! Faltaban dos días para las elecciones, ahí todos se estaban pronunciando, pues yo también, no voy a ser cobarde (¿o lo prudente es serlo un poquito?). Comenté que yo pensaba votar al PACMA. El partido contra el maltrato animal, antitaurino, para más señas. ¿Y yo qué sabía que Sánchez Dragó era el gran taurino entre los taurinos? ¡Hubiera escogido otro tema! Terrible comienzo, vive Dios.

Llegamos finalmente al hotel. Monto un pollo porque en mi cuarto no hay luz. Y no es que sea tontita, de verdad, ni que provenga de una aldea de la España más profunda imaginable, simplemente no me acordaba de que en los hoteles hay que activar la luz insertando la tarjetita en no sé qué ranurita. Lo olvidé. Igual que había olvidado desayunar aquella mañana. Nada tan raro ¿no? Pues hubo muchas risas al respecto.

Llega la hora de la comida, me siento junto a dos periodistas y dos escritores. Felicito a uno de ellos, Javier Pérez Fernández, ya que tengo su libro en mi biblioteca.
-Felicidades, Javier. Tengo a la cola para leer "La espada de Damocles".

Javier sonríe y da las gracias, pero me advierte que su libro realmente se llama "La crin de Damocles". Cambio de tema como puedo.

Pero eso todavía sigue sin ser nada. Ojito a lo que viene ahora: De pronto veo a Espido Freire ¡Qué alegría! Tenía muchas ganas de conocerla, tanto a ella como a Lucía Etxebarría, pues sé que ambas, al igual que Rosa Montero, defienden activamente los derechos de los animales, y esas causas unen mucho. Corro pues hacia Eugenia Rico, escritora cordial y accesible a la que ya conocía de otras ocasiones.
-¡Eugenia, corre! –exijo-: Preséntame a Espido, necesitaría hablar con ella por el tema de los animales y…
-Esteee, Isabel, es que Espido no ha venido al premio, pero bueno, no te preocupes, algún día quedamos, es muy maja, ya verás…
-Ah! ¿Pero no es esa? –digo señalando a una chica alta y delgada que probablemente fuera una camarera. Juro que es verdad. Tengo de testigo a Eugenia Rico, que por cierto se quedó observándome largo y tendido, como el que trata de entender algo muy, muy raro, pero no alcanza a comprender ni papas.

Llega la hora de la cena. Javier Lorenzo, escritor y periodista de El Mundo que, por cierto, se parece sorprendentemente a Robert de Niro, me debe ver algo perdida, se acerca, mira la tarjeta que nos han entregado a todos los invitados para que podamos ubicarnos, para que sepamos dónde nos toca sentarnos, vaya:
-Aquí te toca a ti, Isabel –trata de aclararme Javier.

Sonrío y agradezco, pero imagino que Javier se ha dejado las gafas porque ahí pone claramente Miguel Mas Soler… Miguel, no Isabel. Bueno, veamos pues dónde me toca…
-¡Isabel!- Ana, mi siempre atenta editora, se acerca muy contenta –¡qué bien! ¡Nos toca juntitas!

Y va y señala la mesa en la cual claramente se halla indicado que ahí quien tiene que ocupar sitio es el tal Miguel Mas Soler.

No digo nada. Se abren las puertas, sigo a Ana, muy pegadita a ella, pisándole los talones. Me siento en la silla que hay a su lado izquierdo. Al rato me fijo y en el centro de la mesa hay un cartel enorme donde pone: Miguel Mas Soler.

Ah, resulta que ese era el nombre de la mesa. Pero, por Dios bendito ¿a quién se le ocurre llamar a las mesas con un nombre y dos apellidos? Además había millones de mesas, y todas estaban designadas así, con los dos apellidos y todo. No sé, aquí tengo que decir que yo no veo tan raro el hecho de que yo buscara mi nombre entre los que había escritos en el papelito, pero creo que sólo me pasó a mí, los demás parecían muy seguros, así que sí que debe de ser raro, aunque a mí no me lo parezca.

Llegan las doce de la noche y yo hago lo que siempre he hecho: ejercer de Cenicienta (lo mismo hice en un encuentro de escritores en Oviedo y aún hay gente que me lo recuerda… qué le voy a hacer, yo soy ave diurna). Estoy cansada y quiero dormir, Además, visto el ritmo que llevo, muchos contactos no voy a hacer, y de los pocos que haga, mañana no recordaré ni sus caras ni sus nombres, (y puede que encima ellos sí recuerden el mío, pero asociado a alguna cosa rara). Huyo, pues, prudentemente.

A la mañana siguiente me encuentro con uno de los escritores que conocí el día anterior (al cual casualmente le reconozco la cara).
-¿Qué tal anoche?
-Ufff –bosteza-. Pues fíjate: hasta las cinco en la biblioteca…
-¡Anda la osa, qué me dices! Yo eso no lo hacía ni en la universidad. Estás hecho un intelectual, chico.

Se ríe. Se ríe muchísimo. ¿Por qué se reirá tanto? Pues lo supe unos minutos después, cuando observé que en frente del hotel Melià de Alicante hay una discoteca bastante grande que se llama "La Biblioteca". Sí, ya se que parece un chistecillo fácil de Mortadelo y Filemón, pero a mí maldita la gracia que me hace que este tipo de tonterías me sucedan constantemente. 

Lo bueno, eso es verdad, es que procuro reírme de mis propias miserias, esta actitud tan sabia me la enseñó mi madre; pero yo voy aún más allá de las enseñanzas de mi madre, yo utilizo Clubcultura para contarlas a quien quiera oírlas, justificarme y de paso hacer terapia gratuita. Y me quedo tan pancha. Todo será que algún día me echen.

Escrito por Isabel Camblor a las 17:48

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Dios podría ser una dama con moño
27/02/2008

Permítanme ustedes clamar al Cielo por lo que acabo de tener que soportar. Vengo de hacer una entrevista, en concreto mi primera entrevista. Soy periodista, y tal es mi vocación, que sé que si existieran reencarnaciones (suposición insostenible, claro, porque sólo hay una vida terrena -y otra Gloriosa y eterna-), en mis vidas pasadas hubiera sido también periodista.  Era esta mi primera ocasión de demostrar ante el mundo lo buena periodista que puedo ser, puesto que con ella me iniciaba en el oficio. Como tengo mis recursos, los utilicé: hice una promesa a la Virgen, a ver si me salía bien, que la primera vez todo el mundo sabe que es la más comprometida.

"Madre mía del Carmelo, por tu escapulario santo, si esta primera entrevista es un éxito, iré a misa todos los días del año".

Habíamos quedado en una cafetería. Y ahí estaba la escritora, algo estrafalaria hay que decirlo, que a quién se le ocurre llevar el cuello estrangulado a base de colgantes étnicos, en lugar de adornarse, por ejemplo, con una medalla colgando de su cadenita de oro. Parecía amable, aunque algo nerviosa. La misión empezó como Dios manda, saludos cordiales, cada una pide su cafetito; enseguida comprendí que poco trabajo me esperaba ya que la tía se preguntaba y contestaba a ella misma -tengo entendido que los escritores que se pierden en sus propios discursos son tipejos vehementes y sin duda esta lo era-. Todo iba bien, hasta que de pronto la cosa se puso fea; estaba la autora disertando sobre su última novela "Dios es una dama con moño" y…

-¿Perdón?¿Cómo ha dicho que se llama su libro? ¿Dios es queee?

Debí haberme documentado, claro. Pero no crean que resulta tan sencillo, avisan con cero antelación estos de Redacción, además a los becarios nos toman por alfombras persas, les encanta pisarnos. Me dieron el nombre de la escritora a entrevistar y hala, ahí te las compongas.

-Pues la novela se llama "Dios es una dama con moño"-contestó como si ese tipo de respuestas fuesen de lo más habitual.

-¡Virgen del amor hermoso! ¿No será usted pariente de Fernando Vallejo? ¡Una dama ¡Y con moño!

(¿A qué tipo de provocaciones estaba yo teniendo que someterme? ¡Por todos los santos! ¿A qué clase de irreverencias?)

-¿Tiene usted algo en contra de los moños? –me preguntó entonces la autora –.

Pues le advierto, señorita entrevistadora, que en la revista Glamour se recomienda para esta temporada el cabello recogido, a la nuca,  casi mejor no muy elevado, hay un amplio abanico de posibilidades… aunque el moño italiano parece ser que es el último grito.

-¡Moño italiano, narices! -descargué mi ira con el que iba a ser un verdadero primer y último grito, pero de indignación-. No me desvíe usted el tema. No le hablo de moños sino de su atrevimiento al afirmar que Dios es una señora. Dios, mire usted, siempre ha sido varón.

-¡Ah! ¡Vaya por Dios!

-Me está usted ofendiendo…

-¡Y usted a mí, no te joroba! Y de paso a la condición femenina. ¿De verdad le parece menos digna una dama que un varón? Me da que va a haber sido usted talibán en una vida pasada.

-¡Lo sabía! Usted cree en reencarnaciones ¡Todos los sacrílegos son ustedes iguales! Que si reencarnaciones, que si damas con moño…

Entonces la hereje de marras se levantó y se fue. Sin contemplaciones. Sin despedirse. ¡Será maleducada, además de blasfema!

Pero, bueno, no hay mal que por bien no venga. La ventaja es que podré seguir yendo a misa sólo los domingos, que se hace muy cuesta arriba levantarse una hora antes para cumplir promesas, aunque se trate de sacrificios tan bien vistos a ojos de Dios.


PD: Dedico a mi madre esta pequeña parodia, o caricatura (como quiera llamarse, pero siempre  bienintencionada). Ni idea de si existe Dios o no, pero ojalá sea así, porque la echo de menos; y si por fortuna existiera, seguro que ella estaría cerca de Él, y sobre todo, en ese caso sucedería el milagro que realmente importa: algún día volveríamos a estar juntas.

Escrito por Isabel Camblor a las 10:41

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Isabel Camblor
Isabel Camblor es licenciada en Filosofía y Letras y diplomada es Psicología. Ha colaborado con prensa y crítica literaria y ha publicado relatos y artículos en diversos medios desde 1998 .  Su primera novela, "Perdona el desorden" fue reconocida por el jurado del premio "Joven y Brillante", con "Mistela con Aristóteles" (Algaida, 2002) resultó finalista del IV premio Río Manzanares. Su tercera novela, "Maldita Cenicienta"(Algaida, 2005), ha sido traducida al alemán, el francés y el rumano. Su última novela, "Dios es una dama con moño", acaba de ser publicada en 2008 por la editorial Planeta.   

22/04/2008
Melodías jurásicas y crisis existencial

13/03/2008
Impresiones (y desventuras) en la entrega del Premio Azorín

27/02/2008
Dios podría ser una dama con moño

Ariete en Melodías jurásicas y crisis existencial (12/05/2008 - 08:40)

Javier en Melodías jurásicas y crisis existencial (11/05/2008 - 06:33)

Roberto Posadero en Melodías jurásicas y crisis existencial (10/05/2008 - 21:48)

LO QUE LEO:
Ya no pisa la tierra tu rey, Cristina Sánchez-Andrade. Un rebaño de monjas de clausura fisgoneando a través de una ventana sin balcón,  un asaltaconventos cuyo único amigo es su infeliz lacayo o una abadesa que mete los dedos en la leche y camina desnuda por el jardín son algunos de los personajes, sencillamente irresistibles, a través de los cuales Sánchez- Andrade ha construido un relato rarísimo y brillante. Se trata de una historia insólita y con aire de leyenda sensual que me sedujo desde el principio hasta el final. Y no es tanto la historia como la manera en que está narrada y sobre todo el diseño de todos y cada uno de sus personajes. Me he sorprendido a mí misma leyendo y releyendo este relato por el simple placer de encontrarme con gente rara
tierrarey.jpg (15 Kb)
ESCUCHANDO:
Retrospectable, de Supertramp. Como adicta a los sonidos de la mejor época musical que ha existido(ELO, Pink Floyd, Alan Parsons o Supertramp) no me resigno a la nostalgia de los vinilos y espero como agua de mayo este tipo de recopilaciones con sabor retro. Lo escucho y  voy recuperando improvisadamente fragmentos sueltos de la Historia que, aunque no he tenido el gusto de conocer de primera mano, me engancha sobremanera. Y no es sólo nostalgia, también es compromiso con lo mejor y, modestia aparte, buen gusto. Por ahora, es mi disco de cabecera.
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