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Martes 9
Febrero 2010

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Portada

090630_img.jpg (32 Kb)

Una vez le di de comer a los locos...
30/06/2009

Una vez le di de comer a los locos

Porque pensaba que así estaría cerca de dios

Había sido mala con el chico que me quería

Y esas bocas llenas de baba oscura

Acariciaban hermosamente mis culpas

Esa vez encontré en el manicomio

a jorge del pozo en una camilla

Arrastrada por dos enfermeros

Era el chico más guapo de mi cole

De piel dorada y cabellos dorados

Yo nunca supe que escribía poesía

Hasta que lo vi en el manicomio

Con las piernas rotas

Había querido escapar por una ventana

Para fumar pay y/o mirar las chimeneas apagadas

De los barcos oxidados

Desde el acantilado gris que se llama costa verde

No hice mucho más en mi vida

Que alimentar a los locos

Y acariciar la frente de Jorge del Pozo

En un manicomio que a esa hora también era dorado

O acaso jugaba con mis esperanzas

Pero hoy he dejado que el viento

Me hable de otra cosa

 

            """"""""""""""""

 

Otra vez trabajé en un periódico de economía

Yo era practicante y escribía cosas sobre waters inteligentes

En el piso de abajo trabajaba un amigo de la universidad

Creo que era corrector

A veces nos íbamos juntos

Y él prendía un troncho

Un día se dio un volantín en el pasto

El pasto estaba super verde

Un verde que no he visto muchas veces en Lima

Yo me reí mucho

Porque era muy alto y cuando los altos se dan volantines

dan mucha risa

Creo que yo no tenía temas de conversación

O quizá estaba muy ansiosa por decir algo que no fuera estúpido

Por lo general en la época de la universidad

Todos los chicos se creen del club de la serpiente

Y quieren tirar contigo aunque no sepas nada de poesía alemana

Pero él era maricón

Así que teníamos muchos menos temas de conversación

La tarde del volantín

Me dijo por qué solo haces preguntas

Yo sentí mucha vergüenza

No sabía cómo decirle

Que preguntaba porque no sabía qué decir

Años después escribió un libro

Donde decía que incendiaba su cuerpo

Porque no quería saber nada

Ni de esta realidad

Ni de la otra

Y se quemó vivo

Creía firmemente en el silencio

Escrito por Gabriela Wiener a las 13:31

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teta_asustada_img.jpg (23 Kb)

Para quitar el susto
04/03/2009

La teta ha asustado a muchos. La teta impone. A algunos les asusta que la película toque a sus cholos sanos y sagrados, a otros les asusta que no esté ahí retratada la verdad sobre el drama de la violación de las mujeres durante las décadas de violencia en el Perú, hay a quienes les asusta que la directora peruana más exitosa del momento sea rubia, tenga ojos azules y sea sobrina de Vargas Llosa, hay muchos otros a los que realmente les asusta que pueda ser una buena película y hasta hay algunos a los que les asusta la posibilidad de que sea mala.  

Yo fui a verla también un poco asustada, sobre todo después de leer las polémicas en los blogs peruanos que estaba llenos de opiniones de gente que no la había visto. Fui a verla con mi hermana que es la compañía perfecta para ir al cine y para ver La teta asustada, pese a que es antropóloga y pese a que trabajó para la Comisión de la Verdad. Y digo "pese" porque un curriculum así podría hacer presumir lo peor. Un científico social podría decir en cualquier momento: "esto no es así" o "esto no sucedió" y aguarme toda la diversión. Sin ir muy lejos, Madeinusa fue al paredón por algo parecido a su falta de compromiso con la realidad. ¿De qué no podrían acusar los adictos a la sociología barata a una cinta que trata el tema de las secuelas más íntimas del conflicto interno?  

Pero mi hermana no es de ese tipo de gente. Así que las únicas voces que escuché fueron las (horribles) voces en mi cabeza: a mí no me van a dar gato por cuy en lo que a mundo andino se refiere, mi viejo escribía sobre agro, mi mamá hacía pagos a los apus,  una vez chakché coca con un brujo en el lago Titicaca y fui al entierro de los ocho periodistas.   

Pero  Llosa se había colocado nuevamente en un lugar incómodo desde donde narrar y cuestionar lo narrado, y haciéndolo nos había colocado a todos los espectadores en ese mismo delicado lugar. Y que por eso mismo, y no solo por eso, me pareció que era la mejor película peruana que había visto nunca. Y la mejor película sobre el Perú que había visto, pero una película que es sobre el Perú tanto como las películas de Ripstein son sobre México o las de Berlanga sobre España. Es decir, una película. Llosa no intentaba hacer un tratado etnográfico, intentaba contarme una historia, con una mirada (porque la película tiene una mirada) que penetraba con sutileza y lucidez en nuestros asuntos más dolorosos.  

Claudia Llosa trabaja con este material en bruto de historias vivas –como la anécdota de la supuesta enfermedad de "la teta asustada", un extraño mal que aqueja a las hijas de las mujeres violadas durante la guerra, testimonio que ha sido recogido, según la directora, por la Comisión de la Verdad- con el mismo celo con que la protagonista de su primer largometraje, la niña Madeinusa, guardaba las baratijas femeninas que pertenecieron a su madre prófuga y con el mismo deslumbramiento con que abría la maleta y se ponía a jugar con ellas frente al espejo. Así Llosa se apropia de antiguos y modernos fragmentos de mitología local y universal, fragmentos de realidad y fantasía, de memoria personal, colectiva e histórica, todo lo que está en la maleta sensible de la autora, para reutilizarlos y reinterpretarlos poéticamente. Poco importa si esos ataúdes pintados con los colores de la U o de la Alianza que le ofrecen a Fausta para enterrar a su madre en realidad existen o si los creó la pintora Susana Torres. Lo importante es que podrían existir.  

El planteamiento de Llosa se centra en el rostro perfectamente congelado por el miedo de la "enferma", Fausta (Magalí Solier), y en su silencio solo entrecortado por las bellas canciones en quechua que son el lenguaje de comunicación con la madre muerta y con un tiempo mítico, que recuerdan a los cantos chamánicos de consuelo y sanación.  La música y la ausencia de la música serán los signos de identidad de las vidas que se cruzan en La teta asustada.


"Tu madre está muerta", dice el personaje del tío de Fausta, como diciendo "la guerra terminó", ya no hay peligro, pero no es cierto. El  complejo tramado simbólico del film va conectando las distintas capas de realidad: la del mito -la de la imaginación, la del sueño, la del pasado, la de la vida después de la muerte- en la que habita Fausta; y la otra - la de fuera, la de Lima, la de la "enfermedad real", la del hospital, la del mercado, la de la familia, la de la casa patronal, la de los "asquerosos", los saqueadores de ese mundo idílico y de esa intimidad de raíces cortadas con cortaúñas que siguen siendo una amenaza latente. Inesperadamente, el cruel mundo de afuera, el del presente, es también el de la comedia, el del ingenio cotidiano, el de la convivencia y el de la redención final.  

Polémica y a la vez reflexiva (toda reflexión interesante engendra polémica), Llosa construye una minuciosa e intimista alegoría sobre el miedo y las huellas invisibles que deja el horror de la guerra en las personas pero también un alegato para sacudirnos el terror, a partir de una tensa partitura de notas blancas y negras, castellanas y quechuas, de iconos rotos y reconstruidos, de canciones que podríamos cambiar por perlas (¿como los niños que cantan en las combis por monedas?), violaciones que se evitan con tubérculos en la vagina y una tumba que es también una piscina casera. La pianista seca (¿neo pistacho?) quiere robarle la voz a la Sirenita andina que teme a los hombres, mientras sus allegados organizan bodas masivas a su alrededor; y en medio de todo el cadáver de la madre que no puede ser enterrado y la fosa abierta de nuestro drama reciente. Y al final, al final de todo, mi personaje, mi símbolo favorito, el modesto jardinero que hará florecer la papa.   

En esta ficción visual e imaginativamente desbordante, con el fondo costumbrista de la Lima chola post Sendero y sus invariables fronteras culturales y de clase, que siempre en Lima son fronteras físicas y violentas, esas que tan bien quedan retratadas por el portón que separa la barriada del caserón donde va a trabajar Fausta, la protagonista va recorriendo con su secreto a cuestas ese laberinto que es nuestro pasado irresuelto y nuestra identidad cruzada que cabalga entre la picardía de la cumbia y el canto quebrado de una mujer, el camino de la mortaja a la luz de neón.

Escrito por Gabriela Wiener a las 9:32

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081014_vida_de_puntillas_img.jpg (17 Kb)

Hago una vida de puntillas
14/10/2008

hago todo de puntillas

como un animal tímido

uno de esos que hacen ruido con las patas

pero ponen cara de tener miedo a todo

un venado o algo parecido

al que sus colegas en el bosque

le dicen: nos la estamos pasando

en grande, estás cansado o qué?

abro de puntillas la nevera

bebo coca cola de la botella

los vasos hacen demasiado ruido

eructo para adentro

me acaricio los pechos

bajo mi dulce pijama de chiflada

y me siento Philip Seymour Hoffman

El diablo sabe qué es esto

de susurrar al fantasma del columpio

de reír como Carson McCullers en las fotos

pero yo no apesto a alcohol

ni tengo blusas blancas

con cuellos bien planchados y gotitas de sangre

me siento ante esta misma pantalla

siempre busco lesbianas asiáticas

o besos larguísimos o tetas grandes bamboleándose

hoy descubrí que me gustaban los masajes

vi uno en que una vieja tailandesa

masajea en silencio a una rubia silenciosa de Private

Es por lo mismo

que me gusta hacerme la muerta

cuando tengo sexo

Siempre estoy de puntillas

como una mosca en la muñeca de mi hija

Escrito por Gabriela Wiener a las 10:8

Comentarios (14)

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retrato_blog_080619.jpg (8 Kb)
Gabriela Wiener
Gabriela Wiener (Lima, 1975) es escritora y periodista. En 2008 publicó Sexografías (Melusina), un libro de crónicas escritas al estilo gonzo. Sus primeros textos aparecieron en la revista peruana de periodismo narrativo Etiqueta Negra, de la que es corresponsal en Barcelona. Escribe regularmente para el diario El País, la revista Marie Claire, entre otros periódicos y revistas de España y América. Ha publicado la plaquete de poesía "Cosas que deja la gente cuando se va". En septiembre Mondadori publicará su segundo libro "Nueve lunas".

30/06/2009
Una vez le di de comer a los locos...

04/03/2009
Para quitar el susto

14/10/2008
Hago una vida de puntillas

Begoña en Para quitar el susto (08/02/2010 - 14:24)

hadi en Se busca (29/01/2010 - 04:46)

Astaga.com lifestyle on the net en Se busca (28/01/2010 - 15:25)

LO QUE LEO:
Fun Home (Mondadori, 2008). Alison Bechdel. El cómic autobiográfico de Alison Bechdel es todo lo que necesitaba leer para reafirmarme en mi vocación autorreferencial. Este libro tiene todo lo que me gusta: un yo, padres fríos y barrocos, lesbianas, funerarias, libros clásicos, armarios, diarios íntimos, masturbaciones, identidades en pugna. Trata de una hija que se pregunta quién es su padre. Él quiere que ella se vista como una lady, como a él le hubiera gustado vestirse, pero ella quiere jugar a los soldados y lucir como chico. Gana ella. Juego de espejos.
fun home.bmp (36 Kb)
ESCUCHANDO:
Nick Drake, 'Fruit Tree' (del álbum 'Five Leaves Left'). Un neurótico depresivo que se suicidó atiborrándose de Tryptizol en 1974 a los 26 años, en casa de sus padres. 'Fruit Tree' es una canción que escribió a los 19, cuando estudiaba en Cambridge, y la letra es como un poema de Yeats.
drake.bmp (23 Kb)
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