Contra el viento |
17/11/2009 |
Todos, cada uno de nosotros, podríamos llegar a ser una historia lista para ser leída, o contada o recitada. Cada hombre y cada mujer contiene en si mismo una posible novela, lo único que hace falta es que aparezca un inventor de historias que tenga habilidad para acertar con la forma de deshacerse de una naturaleza de carne y hueso, reinterpretarla y convertirla de ese modo en narración, cuento, novela o poema. A veces nos descubrimos a nosotros mismos entre las páginas de un libro, mientras que en otras ocasiones los personajes se nos antojan tan ajenos que nos sorprende enormemente descubrir que esa vida con la que nos estábamos identificando se cruza, de forma inexplicable, con otra vida aparentemente opuesta. Y todavía nos asombra más observar cómo, en definitiva, ambas identidades se funden, envueltas en la adversidad o en la felicidad o en la lucha. En "Contra el viento", Ángeles Caso ha creado una historia paralela entre dos universos supuestamente antagónicos y ha logrado un equilibrio que parecía imposible, porque no resulta nada sencillo encontrar el equilibrio entre un héroe perseguido por atroces estados de sufrimiento extremo y un personaje depresivo que lucha por dejar el Prozac y vivir (¿un antihéroe?). En "Contra el viento" se nos muestran dos mundos inversos: recursos en abundancia frente a miseria absoluta y sin embargo, como si ambos se hallaran dispuestos frente a frente en un espejo donde la proporción es la misma y a la vez opuesta, simétrica pero inversa, súbitamente se pone de manifiesto el vínculo, el equilibrio que parecía imposible. Cuestionar el tema del dolor y la lucha desde tan diferentes perspectivas es arriesgado, sin embargo son bastantes los autores contemporáneos que se atreven a hacerlo, y lo hacen bien. Maravillosamente describe esta convivencia en su novela "Instrucciones para salvar el mundo" Rosa Montero, y David Trueba acierta al procurarnos una visión conmovedora e impecablemente tratada en "Saber perder". Ni Trueba ni Caso ni Montero han caído en la falta de dejar que se eclipsara la narración por las vicisitudes del personaje objetivamente más castigado por la vida; sus visiones no se desvanecen entre sus propios estados de conciencia, los tres se limitan a verter probablemente sus propias percepciones, sus pulsiones, su imaginario de narradores para hablarnos del dolor, pero del dolor universal, independientemente de la forma en que sea percibido. Darwin afirmaba que sólo sobreviven los fuertes a causa de la misma naturaleza, de la selección natural, pero observamos que en "Contra el viento" resisten ambos personajes, convirtiéndose por lo mismo las dos en heroínas. Fácilmente podemos plantearnos ahora: ¿quiénes son realmente los fuertes?¿Quiénes los héroes? Säo, emigrante que sufre violaciones, el secuestro de su hijo y la absoluta precariedad, encajada en una sociedad patriarcal que la derriba constantemente, lucha para sobrevivir: es indudablemente una heroína real. Pero no deja también de ser un héroe aquel que sobrevive vencido por una depresión endógena cuyas causas no logran descifrar los psiquiatras, aquel que disfruta de abundancia económica y aparentemente no tiene derecho a quejarse, y sin embargo sufre, tanto o más que el emigrante objetivamente aplastado por la adversidad. El sufrimiento de una anoréxica que le lleva a la muerte es un sufrimiento real y nadie tiene derecho a juzgarlo ni a compararlo con el sufrimiento de nuestros abuelos en la guerra civil o de los inmigrantes que soportan grandes penurias, porque dentro de su cerebro, del de la anoréxica, del depresivo endógeno, del que no quiere seguir viviendo, el dolor es tan real como en el caso del otro. Cuando, a veces, éste último decide acabar con su vida, inevitablemente la sociedad lo juzgará, medirá, comparará su situación con la del primero, ese héroe que ha sido capaz de salir adelante a pesar de haber nacido en el más hostil de los entornos. Pero la misma Säo, la Säo de carne y hueso de cuya vida nos ha hablado Ángeles Caso, ha declarado en un periódico que ella considera que los pobres de Cabo Verde padecen menos que los indigentes occidentales, y ha observado que allí se puede ser absolutamente feliz. Un caboverdiano baila, radiante, aspirando el aroma del mar, impregnándose del calor de la noche y del calor de sus compañeros y compañeras de baile, mientras tanto un occidental se suicida porque no es capaz de hallar sentido a su vida, ¿quién es el que realmente ha tenido suerte en la vida, quién ha nacido en mejor cuna? El sufrimiento de las dos heroínas es real, ambas se acoplan como en un baile lento, una balada triste, ambas han descendido a la miseria y a las dos les va a tocar recobrarse. Lo imprescindible de la reflexión sobre el dolor desde sus diferentes apariencias y formas es su universalidad, y también la improbabilidad de que pueda cansar el tema, precisamente por la responsabilidad social que comporta: es preciso que sea contado una y otra vez. Ángeles Caso ha sido galardonada con el Premio Planeta por una novela comprometida y bellísima, "Contra el viento". Y a mí me parece muy bien. Y no creo, como algunas personas afirman, que su intención haya sido comparar la situación de Säo con la de la depresiva occidental, sino mostrar ambas formas de dolor. Si acaso, como mucho, llamar la atención en voz alta, decirnos: despierta, hermano-a, y trata de sacar fuerza de donde sea porque tu vida puede que merezca la pena.
Escrito por Isabel Camblor
a las 11:42 |