Sabemos Nada (Creta Lateral Travelling) |
19/08/2008 |
Playa Elunda, inmediaciones de Agios Nikolaos, noche de agosto, sentado en el porche, la gabardina repele la niebla que desde la costa sube en busca del calor de los cuerpos para disiparse, bocaneo, el humo dibuja con el cigarro la punta de una flecha, la silueta móvil del jardín, el vibrar de la maleza descoloca las sombras, como si se agitara un cubilete, otro trago, el licor, atontado, recupera su espesor en la botella, y nubes metálicas, y un techo de caña, y bocaneo, y dentro de casa, desnuda, una mujer duerme, es muy bella, pezones oscuros de almendra, el blanquísimo haz lunar medio ilumina su cuerpo, otro trago, bocaneo, yace boca abajo, simplificada, neolíticos trazos, los labios, cerrojos del irreductible secreto cuando dice te quiero, sonríen, y sodomizada por la nada, como en la playa o en las películas, abraza el colchón, la tierra, el sueño, bocaneo, de un golpe el último trago, me levanto, el mimbre cruje como una popa podrida y seca, anudo la gabardina a la cintura y empujo la puerta, a tientas descubro el cuerpo, no debiste ser tan bella, pienso, la primera será al corazón, el brazo cae con fuerza, de súbito, se despierta, abre los ojos, sudor, qué difícil respirar, se palpa la espalda, repasa el cuerpo, el cabello dorado, los pezones de almendra, y afuera, la noche, colgada en la entrada hay una gabardina, se la anuda y sale al porche, sentada en el mimbre enciende un Lucky, sin filtro, viento cálido, una botella, un vaso en los labios, dos piernas detestan la herida que las une y se cierran, no debí ser tan bella, piensa, y entonces, Marilyn aplasta la colilla con la suavidad de quien tiene todo el tiempo por delante, se levanta, y dejando atrás el humo que discurre vertical como si hubiera abandonado allí la médula espinal, empuja la puerta y entra en casa, me encuentra, la primera será al corazón, cae el brazo con fuerza, abro los ojos, silencio, afuera, el porche, verano, desde la pared un gran poster de Marilyn me mira en penumbra, era de mi hijo, espero que no le importe, me había dicho la dueña al firmar en el registro, pero es que quise dejarlo todo tal como a él le gustaba. [25]
Nacemos y morimos sin saber nada. Quizá, que al principio pesa más el cuerpo que la sombra hasta que en la vejez esta ecuación se invierte, o que hay muchas monedas escondidas en los terrenos y con paciencia podrían contarse pero no serviría de nada [cuya simétrica sería: todas las frases en algún lugar están ya escritas y nada podemos hacer por deconstruirlas], que la astronave constituye una sofisticación del arado, que las pantallas de PC son vitrales de una catedral contemporánea y las heces en la nieve la primera estufa, que podemos atravesar todos los límites, conocerlo todo, rasgar sucesivos decorados, y que a pesar de todo nacemos y morimos sin saber nada porque esos límites los ponemos nosotros: no es posible abrir un cofre desde dentro. [Primer Decorado: una madre se acerca por detrás, junta las manos sobre el pecho del niño y le dice aléjate de las corrientes, antes de cerrar las contraventanas y darle un beso en la nuca; después, aquel niño crece, y viaja, y no puede ver a su madre desde la ventana calle abajo en dirección al colmado: Último Decorado]. [24]
Ambos fragmentos, [25] y [24], son de Creta Lateral Travelling. Los escribí en 1997, o por ahí. Aún no existían los blogs, y mucho menos YouTube, e Internet no estaba popularizado. Por algún motivo que no me explico, este verano he pensado bastante en ese libro. Sobre todo cuando estaba en USA. Imagino que si Creta es el origen de nuestra civilización, también USA es el origen de otra civilización: la suya.
Hay otra cosa. He releído últimamente trozos del libro de JG Ballard, Exhibición de Atrocidades para una mesa redonda que tengo preparar (Kosmopolis, 24 de octubre, CCCB, Barcelona), y sin que mi libro tenga nada que ver con Ballard, y sin que yo hubiera leído esa obra de Ballard antes de escribir mi libro, en mi cabeza algo los emparentó. No es algo estilístico, ni temático, ni, por supuesto (el Hacedor me libre) de calidad, pero en mi cabeza algo los emparentó. Siempre le he dado muchas vueltas a los "aires de familia", es decir, qué hace que dos cosas absolutamente distintas se nos aparezcan en un momento dado cruzadas, para después volver a separarse. Es algo que no entiendo. Pero me gusta el pensamiento por analogías, más que por concatenaciones lógicas.
Volviendo a esos dos fragmentos de Creta Lateral Travelling: algunos escritores, cuando releen textos suyos antiguos, tienen ganas de cambiar cosas. Yo por lo general nunca, o casi nunca, tengo esa tentación.
Hay dos formas de generar epílogos a las obras una vez han sido publicadas, 1)modificándolas cada cierto tiempo, y 2) no modificándolas. En el primer caso, el epílogo es algo muy tangible y tiene la pretensión (muy legítima) de borrar al último epílogo. En el segundo caso, el epílogo es mental y puramente temporal, y vendría a ser la sensación de cercanía o distancia que el autor crea con su propia obra a lo largo del tiempo: el epílogo son las múltiples capas de epílogos, las múltiples relecturas que sobre la obra va haciendo el tiempo Me interesan esas capas de epílogos.
El epílogo de un cuadro o de una foto analógica, además de sus relecturas, es, evidentemente, el polvo que va acumulando, la decadencia, que cambia la impresión visual de la obra. En un libro eso no es posible. Un libro se parece más a una foto digital, que no se corrompe materialmente. Es otro tipo de corrupción, más abstracta, más mental, que entronca, evidentemente, con la paranoia (si es que tal cosa existe).
Eso es todo. Por lo demás, el aire acondicionado sigue trabajando.
NOTA: Creo que en septiembre u octubre se reeditará Creta Lateral Travelling.

Escrito por Agustín Fernández Mallo
a las 10:9 |