Amor a la distancia |
22/03/2006 |
Un día le dijo a su mujer que se iba a caminar, y después de cinco años sigue caminando.
Entremedio recorrió todo América, cruzó África y por estos días camina por España. En tiempos donde cada día es más común escuchar "quiero dejar todo y salir a recorrer el mundo", el canadiense Jean Béliveau se ha convertido en la personificación de aquel sueño incumplido. Y a pie.
Conocí a Béliveau en Chile, en octubre de 2002. Como no podía ser de otra manera, nos encontramos en plena carretera. La ruta se ha transformado en su oficina desde el 18 de agosto de 2000 a las nueva de la mañana, cuando comenzó su historia viajera. Llegué media hora atrasado al cruce Canela baja, 53 kilómetros al norte de Los Vilos, cuatro horas al norte de Santiago. Sentado a un lado de la Panamericana estaba el canadiense, junto a un carrito de mano donde lleva ropa, documentos, provisiones, herramientas, documentos y agua: su casa.
La historia de Jean Béliveau era simple de contar. Trabajaba como vendedor de electrodomésticos en Montreal cuando, de un día para otro se dio cuenta que necesitaba hacer un quiebre. "Iba a cumplir 45 años y me faltaba algo", me dijo, justificando el plan que para entonces ya lo había hecho recorrer 15 mil kilómetros entre Montreal y Los Vilos.
Lo más duro fue informarle del proyecto a su mujer. Cuando Luce -su mujer- lo escuchó decirle que se iba a caminar 10 años por el mundo, ella se largó a llorar. ¿Es el fin de lo nuestro?, le preguntó a Béliveau entre lágrimas. Él le dijo que no, que claro que no, que por supuesto que, que se quedara tranquila y lo esperara.
Hace unos días, como ha sucedido desde aquel octubre de 2002, me ha llegado un mail de Luce. La mujer de Béliveau se encarga de actualizar la web (wwwalk.org ) y de mandarnos un reporte a todos los que estamos inscritos en su sitio. Como en toda la travesía, cada siete meses ella viaja a acompañar a su marido al lugar por donde vaya. Ahora están los dos en España.
Cuando Luce está con su marido peatón, la alegría se le nota en los mails. Desde hace un buen rato que la travesía del caminante solitario a pasado a ser, para quienes recibimos sus reportes, en el viaje de una pareja en la distancia. El 11 de enero del 2004 Luce escribía: "Jean está ahora en el corazón de África y el clima es realmente caluroso…más de 40ºC. Que diferencia conmigo… luchando con temperaturas de alrededor de menos 36ºC estos días… Bueno, falta solo 1 mes y medio más y voy a estar más calentita y con la buena compañía de mi Tarzán en Malawi!"
Por ella supimos que él no consiguió visa para caminar por Libia, o que en Mozambique unos suizos le regalaron una llamada de larga distancia para que la llamara a ella, o que en Egipto vivieron su "quinta luna de miel en cinco años". Cuando Luce vuelve a Montreal, pueden pasar dos meses sin que recibamos reportes. En esos días él sigue y sigue y sigue caminando por el mundo, mientras ella, seguramente, mantiene su rutina canadiense. No parece haber apuro entre ambos, salvo cuando ya se avecina un nuevo encuentro o si es que a él le sucede algo: como cuando se le acabaron los zapatos en Sudáfrica, y ella monitoreo el "salvataje" desde Canadá.
Entremedio el plan de la caminata se ha convertido en una organización sin fines de lucro que promueve "La paz y la no-violencia en beneficio de los niños del mundo ", y que dirige ella. El proyecto final le tomará 12 años, lo que corresponde a la declaración de las Naciones Unidas: 2001- 2010 - Decenio Internacional de una cultura de la no-violencia y de la paz en beneficio de los niños del mundo.
De ser cierto eso de que vivimos tiempos donde reinan las relaciones a distancias, la de Jean y Luce parecería ser la pareja ideal. Verse un mes cada siete, y aprovechar esos días para recuperar el tiempo perdido. Sería un absurdo gastar esas semanas en peleas ridículas o en discusiones domesticas. Luce, lo ha dejado entrever en sus cartas, ha ido convirtiendo a su marido en el héroe que no veía en el vendedor de electrodomésticos. Y se ha transformado en la primera promotora de una idea que, seguramente, hubiera significado el fin de cualquier otra pareja.
La duda es pertinente. ¿Qué pasará cuando termine el viaje de Béliveau? ¿Qué sucederá cuando a él ya no le quede mundo por caminar, ni ella tenga a quién esperar? Una posibilidad es que, definitivamente y de una vez, se separen para siempre. Otra es que se vayan juntos a pasear.
Escrito por Juan Pablo Meneses
a las 18:36 |