El portal cultural de la Fnac

De higos a brevas

Antonio Luque

Me llamo Antonio Luque y nací en Sevilla en 1970. Por suerte vivo en Málaga y escribo canciones. Si escribo otras cosas es sólo para que se conozcan más las canciones. He grabado cientos de ellas, pero me gustan sobre todo las de los dos últimos discos. Sacaba sobresaliente en lengua. En clase de música nos echaban al recreo. Así me luce el pelo.

Estoy con...

"Congratulations". MGMT

Enlaces Relacionados

La ciudad y los cerdos III

Publicación: 28/01/2011

Pido perdón al Dios que esté hoy de guardia porque me he pasado la noche deseándole la muerte a alguien, a alguien desconocido, a alguien que quizá tenga hijos. Sí, la muerte, esa muerte que en los entierros parece preferir a los mejores, que permite que los malos se mantengan como embalsamados en su propia pócima apestosa. La muerte que se anuncia con sirenas de ambulancia, tan molestas en su diversidad como la alarma antirrobo de coche que no ha parado de sonar desde ayer tarde, sin que nadie haya hecho nada por evitarlo; no la policía, desde luego, que en su común desdén hacia los diccionarios debe de haber dado ya la ciudad entera por disolvente en lugar de insolvente (así se confundieron en mi cara), aunque quizá el cuerpo nacional atine sin querer y contemple atónito cómo, a la inversa, el mar se traga esta Cuba antipática. Para una noche en que el tráfico nocturno de los festeros era nulo -bien por miedo a una tempestad que no llegó, bien a la pendiente de la cuesta de los excesos de fin de año y de las rebajas de chalecos de pelotillas en plena hinchazón, o sin más a que era lunes y hacía frío y el mar rugía, pero nunca a unos controles de alcoholemia que no existen desde que uso el taxi cuando bebo yo-, voy y me quedo sin el rumor del oleaje que habría acompañado mis sueños imposibles o mis lecturas afortunadas.
Sigue sonando la alarma. Miro las palmas de mis manos. ¿Cuánto habría que apretar un cuello anónimo para que el silencio fuese apreciado poco a poco dentro del pellejo y alrededor? ¿Cuánto tarda en sonar la calma de los reptiles bajo la suela de un zapato? ¿A qué hora empezará a trabajar el que temió en un principio por el destino de su coche, por su olor a concesionario, a espiritualidad mal entendida, a triunfo impostado, a acelerones y frenazos, a prolongación de genitales? ¿Habrá dormido bien? ¿Y si tiene coche sólo porque las ventas del sector aumentaron el pasado año? ¿Y si ya no lo necesita? Entonces le esperaría en vano durante todo un día frío, más cerca del ruido infernal aún, agarrando una pulmonía y no una tráquea. ¿Sería yo capaz? ¿Y sus hijos? ¿Puede el hijo de un bastardo no ser un bastardo si se crían y se juntan? Dependerá de los maestros en buena parte. Seguramente en la mejor parte. Necesitamos maestros sabios. No hace falta que sean Cortázares; bastará con que sus emails no den vergüenza ajena. Invertir en policía es un buen principio para acabar disolviendo la cultura: tal parece el plan. No llamo a la comisaría para avisar de que la alarma vuelve a sonar, de que lleva así catorce horas, porque van a tomarme por loco y sería el primer sospechoso si por fortuna el coche del hombre precavido y posesivo saliera ardiendo. Con él dentro, imaginen. Dejemos la policía como está. De paseo. Turismo para el autoconsumo. Así es nuestra tierra. Sería mejor invertir en maremotos, buscar el punto débil de la falla, del lugar en que la placa tectónica del tercer mundo roza cariñosamente, de momento, con la nuestra, con la de este hatajo de ganapanes.
El tráfico se reanudó pronto, a las seis de la mañana, quizá antes. La duermevela me quemaba en la espalda como un cóctel explosivo de codeína y diazepán, un cóctel inútil contra el dolor que provoca la tensión que debería uno transmitir al cuello del ciudadano que ya no lo es, ni es siquiera hombre de una naturaleza arrinconada, apocada, ladradora y poco mordedora; la naturaleza, esa cosa impotente que insiste contra el muro del malecón repleto del grafiti artístico que oculta a los ojos de los paseantes, con la coartada artística y decadente de la chavalería medio analfabeta, la ruina en general y una acampada de desheredados, de gente sincera que a veces se da el gusto de apuñalarse: los baños del Carmen en particular.
¿Habrá llamado algún vecino para protestar? ¿O aceptan con orgullo cualquier sirena como señal distintiva de una gran metrópoli?
La sirena suena de nuevo. Bajo, voy, ya es suficiente. Seguiré su canto. Puede que este texto me delate. ¿Leen los de uniforme? No sé qué me ocurrirá. Son demasiadas horas. Tengo que hacer algo. No puedo irme de este pueblucho así como así. Si el canto me hace cometer un disparate pediré asilo político en bares ruidosos como el Pimpi Escarlata. Tendré una excusa para el exilio y el anonimato y estaré rodeado.

Comenta este post
Enlace directo a post >>

La ciudad y los cerdos II

Publicación: 27/01/2011

El Excmo. Ayuntamiento de Málaga (PP) contrató a una artista (12000 € más 45000 € en concepto de gastos derivados de su actuación) para que la cabalgata de reyes de este año tuviese un aire más digno (ignoro qué palabras habrá empleado... exactamente; podría mirar en Google, pero acabo de cenar). Yo he visto más o menos lo de siempre. Una banda de música militar anticipando la llegada del autobús descapotable que emitía ondas de villancico, la banda militar marcando el ritmo sin oír los cánticos inocentes y resabidos de las voces blancas (¿una nueva fusión?), el portal de Belén después, etc. No me he quedado a ver más: en el autobús iba quien yo quería, y quien yo quería me lanzaba los caramelos a mí, que no tomo y detesto que la gente se arremoline a mis pies como si fuesen esturiones perdiendo sus propias huevas. Vi una papelera de cartón situada en un lugar estratégico. Estaba vacía y me dio pena; me sentí identificado con su inutilidad en la sociedad, digamos, de modo que quité el envoltorio pegajoso a la chuchería y lo arrojé en la caja con parsimonia, como si votase, y mamé un rato la dulzura falsa de la glucosa, sustancia que sólo se encuentra en la naturaleza en la sangre y en la uva, pero de la uva preferimos el vino, y algunos los prefieren caro porque no son tontos. Yo terminé de mamar antes de que el caramelo se gastase y lo escupí: hice canasta de dos puntos para ver si así llamaba la atención de los paisanos acerca de la existencia de la humilde papelera.
Lo último que uno puede perder entre depredadores son los dientes.
Me pregunto dónde estará cenando la artista. Me gustaría conocerla. Igual me convence. Los artistas tienen salidas para todo. Y algunos saben beber, y codearse con las altas esferas, como si jugaran al baloncesto.
Por muy poco dinero podríamos tener una crisis megapija, tú.

Comenta este post
Enlace directo a post

La ciudad y los cerdos I

Publicación: 26/01/2011

Desde allí arriba, ignorando la irrupción del pomposo centro de interpretación de El Torcal (edificio terminado y cerrado al público de más de 1.300.000 euros), veía el mar a mi espalda, y restos visibles de la ciudad rodeada por las montañas; Málaga. Más cerca, aún oculta por la cumbre, imaginaba Antequera, más sevillana que malagueña tras siglos de carreteras imposibles. A la vuelta obligada, camino del mar y huyendo de un calor que aún queda lejos de molestar, elegí la A-7075, anunciada por carteles de la Junta y de la Diputación en divertida competencia. Sé yo que el trazado de esa carretera es paralelo a la A-45, conveniente porque dispone de dos carriles por sentido y doblemente peligrosa por eso mismo, porque el paralelismo es propio de rallies de Seat Leones, camioneros anisados y domingueros que buscan la morcilla, el chorizo y las patatas fritas como si fueran un invento comarcal. Tras 14 Km recorridos, con la cintura adaptada ya al vaivén, me topé con un cartel que avisaba de que la A (de Andalucía)-7075 estaba cortada. No pude creerlo y continué. Dos kilómetros después el copiloto me advirtió de que me había equivocado de camino. He ahí la foto. Mientras daba la vuelta temí por la cristiana sepultura, puesto que toda la ladera mostraba el mismo aspecto de tobogán terráqueo hacia el pantano. Hace año y medio fuimos de excursión desde el otro lado, por esa misma vía, y de lo que entonces ocurrió y de lo que no ocurrió escribí una letra para una canción. Me encanta pensar, porque así ha sido, que lo que entonces imaginé se haya hecho hoy realidad, si es que tal palabra ha de ser tenida en cuenta por quien quiera mantenerse cuerdo, visto lo visto.

Comenta este post
Enlace directo a post
1 2 3

La carrera de una estrella de cine consiste en ayudar a los demás a olvidar sus problemas. En usar tu encanto, tu belleza y tu jovialidad para hacer que la vida parezca más fácil. "El problema -dijo una vez Gloria Swanson- es que si no lloras nunca en público... en fin, el público supone que no lloras nunca". CHUCK PALAHNIUK. 'AL DESNUDO' (Mondadori)