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Un
tablao de jazz
El Coliseum de Madrid, la Plaza de las
Ventas del flamenco, el escenario ineludible
si una opta al firmamento del jondo, reventó las
palmas en el concierto de Tomatito del
4 de junio. La legendaria guitarra de Camarón,
quien cogió el testigo de Paco de Lucía,
triunfó con estruendo en la presentación de "Paseo
de los Castaños", su reciente nuevo disco.
Después
de flirtear con el latin jazz en su anterior trabajo
(con Michel Camilo, "Spain"), equipaje
con el que ha emocionado a todas las nacionalidades
a las que lo ha presentado (desde Nueva York
hasta Tokio), este trozo vivo de la historia
musical ha inventado un nuevo género.
Tomatito
ha elevado la revolución del flamenco que comenzó
Camarón a cotas desconocidas, opuestas en esencia
a los rumbos por los que lo han maleado otros
compañeros de generación. Ha fusionado el flamenco
con el jazz como nunca antes nadie lo había ni
intentado: interpreta puro flamenco pero lo introduce
en los parámetros del género más libre. Estira
las frases, las desune, rehace el puzzle, disfraza
los acordes flamencos en jazzeros y los devuelve
a la 'realidad', cada miembro de su pionera orquesta
tiene su foco de improvisación...
Y
todo esta gama de pintura dentro de una vuelta,
en espíritu, al flamenco más clásico. El cante,
el baile, las soleás, las seguirillas y hasta
un tango argentino fueron los formatos por los
que Tomatito emocionó al público que abarrotó
ansioso el teatro. Nunca jamás la imaginería de
Camarón se acercó tanto a Reinhart. 
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