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Mala Rodríguez
es el femenino de Albert Pla, la novia de los
Extremoduro, la cantaora de Pata Negra y los latidos
de Carlos Jean. "Lujo Ibérico"
(Superego), su presentación discográfica,
garbea por el lado más salvaje de la vida
(musical): el flamenco a ritmo de hip-hop. Como
una corrida de toros en Internet.
De momento el boca a boca está
copado por el fenómeno de La Mala y su
estreno acapara estrellas de los críticos
en todas las revistas de papel y virtuales, desde
las más recónditas y pretendidamente
cultivadas hasta aquellas que encabezan las listas
de ventas o pinchazos. "Tengo un trato, lo
mío pa' mi saco"... tiene visos de
himno y La Mala, que va de eso, provoca los suspiros
de España.
"Yo marco el minuto / Tambalea",
un maxi single, fue la banderilla que nos preparó
el gusto. Una picoteo para hacer boca. El descaro
y la verborrea a ritmo de breakdance fueron tales
que no podía quedar mucho para degustar
algo magno de 'la Lauryn Hill del tablao'.
Los diestros con el scrath y su
antítesis fandanguera, comandada por Raimundo
Amador, entre asustados y fascinados, hicieron
las llamadas pertinentes. Y María Rodríguez
en seguida consiguió pasaporte para su
Mala.
"Lujo Ibérico"
reúne 11 canciones que retan las normas
de la casa del rapeo tanto como los principios
del flamenco. Porque ella siempre es la protagonista,
el regalo. Todo lo demás se reduce al envoltorio
(lustroso) con el que María adorna sus
declaraciones visionarias salpicadas de prehistoria,
o al revés.
Los títulos dan una idea
inequívoca de quién estamos hablando,
de todo un personaje equidistante del discurso
okupa y del de la ama de casa: "Con diez
o con veinte", "Especias y especies",
"En mi ciudad hace caló", "La
cocinera", "Con los ojos de engañá",
"A jierro"...
Esta alternativa de La Mala
en la capital cuajó todas las expectativas
de su pegada (dio miedo como sólo lo logran
las buenas películas del género),
pero confirmó también el exceso
de equivocadas compañías que ya
su compacto atisba. Todo el devenir de este descubrimiento
depende de que esta balanza entre el zapateado
y el breakdance mantenga la virtud.
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