i las cosas cayesen siempre por su propio peso, sería muy difícil que un grupo con semejante peso específico pudiese elevarse hasta donde Los Planetas han vuelto a hacerlo en este disco. El difícil equilibrio entre la mirada hacia atrás y la experimentación continua es el antídoto infalible de Los Planetas contra el encasillamiento.

Grabado en El Refugio antiaéreo, el laboratorio mágico de los granadinos, Los Planetas Contra la ley de la gravedad es un disco en el que las atmósferas plácidas y luminosas predominan sobre la tensión eléctrica, pero ésta no desaparece; la celebración de lo cotidiano como todo un acontecimiento se manifiesta como estrategia perfecta para evitar el dolor, pero aún queda dolor; la nueva arquitectura sónica reemplaza la mayor parte de los muros de distorsión por paisajes sonoros con clara vocación celestial, pero no todo es tan luminoso: el lado oscuro no queda lejos.

Aún queda tiempo para mirar atrás, para recuperar una forma de interpretar, de decir, que estuvo ahí desde el principio. Así, el hecho de que "No ardieras" parezca sacada de 'Pop'; o que "Canción del fin del mundo" pudiera pertenecer a 'Una semana en el motor de un autobús', viene a dotar de coherencia a este disco y a la ya dilatada trayectoria del grupo.

Himnos generacionales, claro; y, por supuesto, canciones de amor y odio. La amenaza tranquila (¿o acaso es cierto que el rock mesiánico, definitivamente, ha vuelto?), socarronería, ironía y sarcasmo como elementos de distanciamiento, como mecanismos de blindaje. Estructuras circulares que generan terremotos armónicos, melodías adhesivas que se pegan al alma (“Nunca me entero de nada”). Surf y rumba: “laberintos y ventanas” y encuentros con entidades: Bambino, el lado más desgarrado de la pasión, es reivindicado en "Podría volver" por Los Planetas como figura a redescubrir demostrando que hablar de permeabilidad en el sonido del grupo es mucho más que lícito. Y también un hueco para el duelo civilizado entre J e Irantzu, de La Buena Vida en "Y además es imposible", una adictiva canción de ojo por ojo que no necesita más de una escucha para quedarse para siempre.

“Tendrás que hacerte a la idea de que lo nuestro nunca se acaba”.