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Una
varita mágica de estreno
David Byrne estrena nuevo viaje musical, "Look
into the eyeball", otro experimento gozoso
de su escudriñe melómano: pop enloquecido, corridos
neoyorquinos, bosa anglófila, tropicalismo del
futuro... Un bocado delicioso con el que se reinventa
otra vez su personaje, un héroe del rescate de
oro sudamericano, antes malvendido a base de regates
más propios de bisutería (una labor magna únicamente
comparable a la de Peter Gabriel en
África).
Las muescas de la "Factoría Byrne" son
tan certeras (Tom Zé, Susana Baca, Waldemar
Bastos, Los Amigos Invisibles, Os Mutantes, Los
de Abajo, Jim White...) que han enmudecido
su propios disparos discográficos, también de
kilates. Pero no parece que esto haya perturbado
la paz de este mago, sino más bien habrá alimentado
justamente su ego al disfrutar del gran espectáculo
que han deparado todos "sus fichajes".
Los
poderes del ex Talking Heads han resucitado
del ostracismo a auténticos genios (el brasileño
Zé, la afro-peruana Baca), aupado
a talentos olvidados (los príncipes del tropicalismo
Os Mutantes, el portento carioca Bastos)
y brindado una oportunidad digna a quien la merecía
(el country hip-hop de Jim White o el lounge de
Los Amigos Invisibles). Este
cantante, guitarrista y neonato dj, escocés 'nacionalizado'
neoyorquino, no ha viajado de mero turista a la
busca y captura de productos exportables. Nos
ha proporcionado la posibilidad impagable de acceder
a terrenos de fertilidad musical excepcional y
ha regado su propio legado con agua bendita prestada
de la cocina de sus 'ahijados'. Esta operación,
promovida por el innegable talento y pasión de
David Byrne, ha fructificado en una colección
musical con el sello de Luaka Bop (Yerbabuena
y Chewaka en España), incomparablemente
superior, casi de otra galaxia, a la mayoría de
las compañías discográficas que inundan el mercado
musical.
"Look
into the eyeball" es uno de los mejores capítulos del reciclaje
de la suprema música popular iberoamericana empanada con la
mejor herencia del pop anglosajón. Ahora sólo cabe esperar
una cita de alguno de estos intérpretes en el CBGB,
el legendario garito de la isla de Manhattan que ha
acogido a lo mejor del r&r, punk y pop de los últimos 30 años.
No hay mejor coda imaginable para la conquista iberoamericana
de Nueva York.
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