El cantante
por Mónica Maristain
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Siempre me impresionó la letra de "Jorge de Capadócia", sobre todo esa idea de que nuestros enemigos tengan manos y pies, pero que no me toquen ni me alcancen. ¿Tan generoso es Jorge Ben, tan angelical como parece?
-Jorge Ben es uno de mis artistas favoritos de todos los tiempos. Generoso no es una palabra que me surge cuando pienso en él. Angelical, sí. Pero esa letra de "Jorge de Capadócia" él la sacó de una oración popular a San Jorge, muy conocida en Brasil. Él la adaptó y le puso música. Las frases que te impresionan son de la oración tradicional.

¿Qué les responde a aquellos que dicen que ningún artista nuevo puede surgir en Brasil para el mundo sin la bendición de Caetano Veloso?
-Que eso es totalmente falso. Los Racionais Mcs ya eran un fenómeno de ventas y prestigio en ciertos círculos cuando los oí por primera vez. Todos los grupos de rock de los 80 se afirmaron sin mi intervención (con la sola excepción de Barao Vermelho, sobre quien hablé mucho porque oí el disco antes de que saliera). Gabriel o Pensador, Marcelo D2, Naçao Zumbi, Lobao, el artista que quieras: todos se impusieron, sea a la crítica, sea al mercado, sea a los dos, sin una palabra mía. Algunos, incluso, con duras palabras suyas en mi contra. Por otro lado, artistas de quienes hablo repetidas veces -como Afroreggae o Martnália o Virginia Rodrigues- no encuentran espacio en la escena brasileña.

¿Se mete mucho en la carrera de Moreno?
-Estoy interesado en todo lo que respecta a Moreno. Pero no hago nada relativo a su música que no sea a pedido suyo. La verdad es que él es un gran consejero. Nadie en el mundo me ayuda más que él.

¿Cómo ve la carrera de Belô Veloso?
-Con cariño de tío. Belô tuvo muy buena acogida de crítica cuando salió su primer disco. La gente sentía que una inteligencia personal comandaba las elecciones de repertorio y el estilo de los arreglos. Y que esa inteligencia era suya. Yo estaba de acuerdo con esa visión.

A veces me cuesta ver los puntos positivos que usted encuentra en la música de Daniela Mercury.
-Para mí son obvios. Daniela representa la madurez de una tradición sagrada de la ciudad de Bahía: la música de carnaval, de los llamados "tríos eléctricos". Y ella representa esa madurez en todos los niveles: técnico, emocional y comercial. Es increíble ver a esas chicas (como ella e Ivete Sangalo o Margareth Menezes) sobre un camión durante seis o siete horas seguidas, arrastrando multitudes que bailan, cantando sin cansarse y sin perder el entusiasmo o la afinación. Y son estrellas nacionales, podrían guardarse más, pero no, les gusta hacerlo. Y todo viene de la idea de Moraes Moreira de llevar a los "tríos" el cante y los ritmos de los "blocos" afro. Yo soy el autor de la canción "Atrás do Trio Elétrico", de 1968, que llamó la atención del Brasil hacia la fuerza del carnaval de Salvador. Cuando Daniela canta una canción del Ilê Aiyê y hace que todas las chicas de Río y Sao Paulo la canten, me siento reconfirmado y sé la importancia histórica que eso tiene. No hace falta que tú lo entiendas inmediatamente. A veces peleo con los periodistas brasileños cuando pareciera que quieren o pueden matar esa fuerza. Y es muy curioso que a esos mismos periodistas Elvis Presley les parezca una visión clásica.

¿Le gustan todos los discos de su hermana, Maria Bethânia, o a veces es crítico con ella?
-Amo todo lo que viene de ella. Es mi hermanita. Y es un genio. Sobre el escenario no hay nadie igual. Y sus nuevos discos son todavía mejores que los antiguos. Brasileirinho fue mi disco favorito el año pasado.

"El mundo ahora sabe que hay una música popular brasileña interesante e importante. El mundo tampoco creía en la existencia real del Brasil."

¿Qué es lo que más le gusta de la nueva música brasileña?
-Su capacidad de repetir: ¡soy fuerte! Cuando oigo a Naçao Zumbi, DJ Dolores y Osquestra Santa Massa, Racionais Mcs, Marcelo D2, Seu Jorge, Maria Rita, Jair Oliveira, Max de Castro, la música del carnaval de Bahía, los pagodes comerciales de Río y Sao Paulo y Minas, Moreno, Domênico e Kassin, pienso que Pixiguinha, Joao Gilberto, Tom Jobim, Chico, Djavan, nosotros, los tropicalistas, no tuvimos la oportunidad de trabajar con un piso histórico tan consistente.

Se dice que los músicos brasileños son los únicos del mundo que pueden vivir sin ser conocidos fuera de las fronteras de su país y que en general son displicentes con la posibilidad de trasponer los límites nacionales. ¿Es esto cierto o es un mito?
-Los brasileños no creían en la existencia real del mundo exterior. El Brasil es muy grande territorialmente y muy singular culturalmente (hablamos portugués en América, estamos muy mezclados racialmente desde los comienzos). Además, todas las grandes concentraciones urbanas crecieron lejos de las fronteras, en la orilla del océano. Pero eso ha cambiado. Hay muchos emigrantes brasileños en Estados Unidos y también en Europa. Y ya sabemos que hay vida real fuera del mapa del Brasil. Carmen Miranda lo anunció. Jobim y Joao Gilberto lo consolidaron. Milton Nascimento lo reconfirmó. El mundo ahora sabe que hay una música popular brasileña interesante e importante. El mundo tampoco creía en la existencia real del Brasil.

Una vez Gil le dijo a Marília Gabriela que de los dos el verdadero intelectual era usted. ¿Se siente más un artista que un intelectual o esos dos conceptos van unidos en su imaginario?
-Me siento más un artista. Pero escribí un libro y hablo mucho. Leo mucho también. Pero sin método.

¿Qué está leyendo ahora?
-Sin método, estoy releyendo a Nietzsche en la traducción de mi amigo Paulo Cesar de Souza (Humano, Demasiado Humano y Aurora), mientras tomo conocimiento de la obra del angoleño Agualusa, estudio los textos teóricos del psicoanalista brasileño M.D. Magno, y los del jurista y cientista político Mangabeira Unger. En medio de todo eso, pasé dos semanas afuera de Brasil (Londres y Nueva York) y allí leí No Woman No Cry, una biografía de Bob Marley escrita por Rita Marley, seguida del libro de Kapucinszki sobre Ailé Selasié, The Emperor. Fue una gran experiencia leer esos dos libros uno después del otro.

De todos sus discos, ¿hay alguno que quisiera volver a grabar?
-Todos, para hacerlos mejor.

¿Qué es lo que hace vigente a una obra, la suya, en este caso?
-No pienso que mi trabajo esté todo vigente. Hago lo que puedo.

¿Qué valor le da a la crítica?
-Sin duda, soy un artista crítico. El aspecto crítico está adentro de mi trabajo artístico. Y se nota. Así que estoy siempre a favor de competir con los críticos en su campo. Y no hay mayor señal de respeto al trabajo de los críticos que ésa.

¿Qué les dice a aquellos que preferían al Caetano experimental de Transa al intérprete de covers latinoamericanos?
-Bueno, por empezar, Transa no es tan experimental. Araçá Azul sí lo es. Eso sí, acepto el concepto usual de "experimental" como algo que no ha terminado en mí. Porque si sigo la línea de mi mente, encuentro que grabar algunas canciones latinoamericanas conocidas pudo ser (y en mi caso fue) algo muy experimental. Fina Estampa no fue un disco para entrar en el mercado convencional de canciones grabadas en español (Miami y México, por ejemplo; y no me estoy refiriendo al pueblo de Miami ni al de México, sino a los dueños de las fábricas de éxitos, que notaron esto que digo muy claramente y desde el principio). Por otra parte, A Foreign Sound es un disco de "difficult easy-listening".

¿Cuándo fue consciente de la trascendencia musical y cultural que tendría (y tiene) lo hecho en Tropicalia?
-Desde el comienzo, siempre estuve muy consciente de ello.

De todos sus productores y arreglistas, ¿es Jaques Morelenbaum quien más lo ha entendido?
-Jaques es a la vez el más capaz musicalmente y el más receptivo a mis ideas, paciente con ellas y conmigo. En A Foreign Sound me enteré que él incluso canta con mi voz: como productor él conduce tan bien mi trabajo frente al micrófono que al final él me ayuda a construir mi canto. Sin hablar de los arreglos.


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