El cantante
por Mónica Maristain
// páginas //

"Las chicas Gilmore no creen en las estadísticas", anuncia una serie de televisión en Warner Channel. Caetano Veloso tampoco cree en las estadísticas, decimos nosotros y siempre a juzgar por esa estampa de hombre joven en plena sesentena, a juzgar por ese discurso de la actualidad para un artista que tiene más pasado que pelos en la cabeza (y ojo que no estamos hablando de un sesentón calvo) y a juzgar, definitivamente, por un disco, el último de su extensa carrera, A Foreign Sound, que lo revela en plena forma física e interpretativa.
Nacido en San Salvador, Bahía, un 7 de agosto de 1942, Veloso no sólo se ha convertido en un referente obligado de su generación en Brasil, sino que también ha sabido, a fuerza de militar con lealtad en las primeras filas de un cosmopolitismo a veces exacerbado (Caetano parece hablar en todas las lenguas y conocer todos los destinos de la Tierra), estar siempre en el lugar adecuado en el momento justo.
Su imagen sofisticada y descuidada a la vez (por momentos una fotocopia gris de algún adolescente perdido en las sartreanas líneas de La náusea), la proverbial timidez que se desmiente a sí misma toda vez que Caetano agarra un micrófono o una pluma para defender con vehemencia alguna idea en la que cree y, sobre todo, una falta de complejos absoluta cuando de dejarse querer se trata, derivaron en un artista "global" que encanta a públicos que, a través suyo, se sienten ingresar en una dimensión estrafalaria, proveedora de un secreto a voces que sólo ellos tuvieron a bien descifrar.

Y a todos les da, Caetano, lo mucho que esperan de él y pa' que tengan.
A los españoles, por ejemplo, que durante la era Aznar (y a pesar suyo) redescubrieron América y avistaron ¡Tierra! desde una carabela con diseños de Custo y boda Real, no hay quien los convenza de que Veloso ya estaba recontradescubierto cuando Pedro Almodóvar comenzó a incluirlo en sus films. Que para cuando el manchego más internacional del mundo comenzaba a presumir de su íntima amistad con el bahiano, éste ya había transitado una larga ruta europea merced a su admiración expresa hacia la filmografía de Federico Fellini (que dio el antológico disco Omaggio a Federico & Giulietta en 1997) y gracias (o a desgracias) de su obligado exilio en Londres (que dio el muy británico Transa en 1969).
Lo cierto es que, desde Fina Estampa en 1994, la cultura más cool de la Madre Patria adoptó a Caetano como un hijo pródigo y exótico al que comenzaron a rendirle pleitesías desmesuradas no por la cantidad sino por la anacronía. Como sea, el Veloso ha sabido (como parece saber siempre todo) plegarse con su habitual aristocracia indiferente al furor castizo y mirar como desde arriba la pasión que despierta entre madrileños, catalanes y ainda mais.

"Veloso ha sabido, a fuerza de militar con lealtad en las primeras filas de un cosmopolitismo a veces exacerbado, estar siempre en el lugar adecuado en el momento justo".

Por lo pronto, ese glorioso sentido de la oportunidad lo ha hecho formar parte del disco más importante de los últimos tiempos en España. Se trata de Lágrimas negras, una idea del cineasta Fernando Trueba que reunió al pianista cubano Bebo Valdés con el cantaor flamenco Diego El Cigala. Y aunque la versión de "Eu sei que vou te amar", de Vinicius de Moraes y Antonio Jobim, acaso sea la menos lograda de la placa, ahí se escucha la voz de Caetano recitando "Corazón vagabundo".

Y aunque no fueron pocas las veces en que el bahiano ha expresado su afecto por Pedro Almodóvar, es prueba de su aristocracia la levedad con que se toma la presencia a su alrededor de las nuevas estrellas castizas. Como ejemplo, el alojamiento en su casa de la hollywoodense Penélope Cruz, "mientras rodaba Woman On Top, pero no coincidí con ella", según contó el propio Caetano a su amigo Pedro en una entrevista que el cineasta le hiciera para la revista Club Cultura.

Por el Norte las cosas no son distintas. Mientras el cantautor Beck anuncia con bombos y platillos su afición a la música de Caetano, evitando con ello cualquier acusación de plagio que puedan merecer (y no merecen) las tonadas brasileñas incluidas en el disco Mutations, la canadiense Nelly Furtado no puede dar crédito al sí de Veloso cuando el brasileño aceptó cantar con ella el tema "Island of Wonder". Y otra vez el sentido de la oportunidad que salva a Caetano del ridículo en el que sí cayó su gran amigo Gilberto Gil cuando aceptó participar en el disco de la mediocre cantante italiana Laura Pausini.

Brasil, en cambio, ha comenzado a mostrar algunas fisuras en torno de la omnipresencia del célebre cantautor. Si bien su figura sigue teniendo un peso enorme en el modo de pensar la música popular brasileña, han empezado a aparecer en la escena algunos artistas que, sin dejar de reconocer la grandeza de la obra de Veloso, cultivan la osadía de crecer lejos de su sombra.

El caso más paradigmático de esta desmarcación la representa el talentosísimo Zeca Baleiro, un cantautor nacido hace 39 años en San Luis de Maranhao y quien con 5 discos en su haber (el último hecho en "parcería" con Raimundo Fagner, un hijo subvalorado de la MPB), ha sido llamado por los críticos "un neotropicalista".

Es interesante ver cómo en "el caso Baleiro", Caetano Veloso pierde sus estribos. Ya no le importa que Zeca haya sido "descubierto" por su gran amiga y socia ideológica Gal Costa (que invitó a Baleiro a cantar en su unplugged de MTV y lo dio a conocer al mundo), o mucho menos quedar como un hombre "no enterado" ("me gusta su voz, creo que canta bien") que no ha escuchado con atención a un letrista original y a un músico ecléctico, realmente poderoso, cuya popularidad crece día a día. Caetano, quizá dolido por la visión crítica que propone Baleiro en torno de la MPB (según Zeca, la MPB dejó afuera a muchos músicos regionales de Brasil), lo ignora por completo. Incluso, fue injustamente crítico con "Lenha", la canción más popular de Baleiro de quien Simone hiciera una versión bastante deficiente. "No sé por qué Simone se empeña en cantar esas tonterías", dijo más o menos Veloso a la prensa de su país. Y aunque luego se disculpó mediante un correo electrónico con Zeca, quedó sentado que el maranhense no goza del dedo pulgar levantado de Caetano.
El agua, de todos modos, no ha desbordado el cauce del río por el que Caetano Veloso, con sus jóvenes 60 y pico, sigue navegando en paz, con la lucidez como última moneda de cambio y el talento como exclusivo pasaporte por el mundo.

// páginas //