ENTREVISTA
// páginas //

3

a: Figúrate, me hubiera animado tanto...
c: Quizá pensaste “esto es demasiado pretencioso” y finges que no lo recibiste.
a: Y tú... ¿qué planes tienes?
c: Yo tengo ganas de regresar a Brasil para entrar en el estudio de grabación. Lo añoro desde que produje a Joao Gilberto. (Se refiere a ‘Voz e violao’, Verve, 2000)
a: ¿Cuántos años tiene?
c: Sesenta y nueve.
a: Creí que era más viejo. Su disco es maravilloso, pero es muy corto. ¿Y qué vas a grabar?
c: Tengo un plan para hacer un disco con canciones angloamericanas, como hice con Fina Estampa.
a: ¡No, Caetano, no!... Me interesan mucho más las sudamericanas. Las prefiero a todo eso de Cole Porter, al country o al funky.
c: Aún me quedan muchas canciones brasileñas, y temas nuevos que en cuanto llegue a Río quiero empezar a grabar, con sonidos nuevos, pero antes tengo que descansar. Antes de salir de Brasil ya quería grabar. Estoy impaciente.

"Hay algo en Pedro que me recuerda a un escritor brasileño llamado Oscar de Andrade, un modernista de los años veinte, que decía: “sólo las mujeres saben conversar”. (Caetano).


a:
Sí, pero ahora vas a llegar mucho más maduro al estudio.
c: Si finalmente grabo el disco de canciones angloamericanas, el repertorio será muy personal, tendrá mucho de brasileño por un lado, pero no faltará toda la gente que canta bien, teniendo en cuenta que los americanos son los que mejor cantan del mundo. Realmente son canciones que uno ni siquiera debiera pensar en retomar, pero tengo algunas ideas que me gustaría experimentar.
a: ¿Qué canciones elegirías?
c: Cosas muy distintas. No sería un repertorio estadounidense, sino angloamericano, y esto incluye también Trinidad y Tobago, Jamaica, Canadá
a: Eso, eso, Leonard Cohen
c: Y tengo un secreto (Caetano busca la oreja de Almodóvar. Es la flor de su secreto. Pero Almodóvar no se contiene y suelta la exclusiva)...
a: Fíjate que a mí nunca se me habría ocurrido, conozco muy bien la discografía de Paul Anka, la primera época, no la de después, cuando todavía no estaba tan bronceado…
Caetano vigila su voz. Tuvo problemas con los hoteles en Barcelona. Ha pasado la noche viajando en autobús desde Málaga para compartir viaje con los músicos que le acompañan. Entre ellos, Jaques Morelembaum, el productor y arreglista de sus últimos discos y director de los conciertos. Está cansado.
a: Santa Teresa lo hacía todo eso andando, y por eso es santa.
Caetano bebe un refresco sin hielo y no prueba el vino. Almodóvar no le deja brindar con Coca Cola, será porque, como Coppola, en el El Deseo ya tienen una bodega.
a: Lo de la bodega es una iniciativa de mi hermano Agustín, que es químico. Pero viene de tradición familiar. Tuvimos una bodega, primero comprábamos vino de La Mancha, después lo hacíamos en casa, primero pisándolo y luego ya con toda la maquinaria, pero era toda maquinaria muy antigua. Recuerdo mucho el olor del azufre, y mi hermano ya con cinco o seis años ayudaba, se metía en la bodega, encendía las luces: le gustaba mucho más que a mí, yo miraba de lejos como si fuera un cuadro, parecía otra realidad, ver a un montón de hombres con los pantalones arremangados, pisando, metidos dentro. Y eso que yo de pequeño me atrevía menos a introducirme en el mundo de los hombres que en el de las mujeres. El mundo de los varones me imponía más.
c: Era una cuestión olfativa.
a: El olor era buenísimo, muy rico, porque de pequeño todos los olores fuertes, desde el pegamento a cualquier otra cosa, son como parte de un juego, de un juego que es real, pero yo creo que todos hemos olido el pegamento, y todas esas cosas, y además el olor de la uva cuando está en fermentación, no sé porqué, es muy especial, será el azufre.
c: Ya estás como Coppola...
a: Pues fíjate que después de muchísimo tiempo, ahora mismo ha conseguido un vino de lo más chic que hay en Estados Unidos y de los más caros, carísimo. Además es un tipo que le gusta cocinar su propia comida. Yo le visité en el plató varias veces, una de ellas estaba rodando Drácula y me dijo que fuese a verle. Cuando llegué, en vez de presentarme a los actores o enseñarme los decorados, me enseñó la roulotte que le habían diseñado. Era como de metal, y dentro tenía todo lleno de pantallas desde las que contemplaba todo lo que ocurría dentro del set y así no tenía que bajar. Pero lo más grande era una cocina inundada de verduras, donde se cocinaba diariamente su propia pasta. Y eso que se trataba de un rodaje en exteriores.
c: Yo me encontré con él en Brasil, estuvo allí, con un chico que quiere hacer una película brasileña. Tropezamos en Bahía y me dijo una cosa muy interesante, que parece obvia pero que nunca se dice y es que, si estás en París puedes comer comida francesa, vietnamita, china o brasileña. Pasa en todas partes, en Los Ángeles, Nueva York, Londres, pero en Italia sólo puedes comer comida italiana. En Italia sólo hay restaurantes italianos.
a: Nunca lo había pensado.
Los postres se derriten en el jardín. Almodóvar hace rato que dio cuenta de su helado bañado en marc de champán, y se encapricha de la tartaleta de Caetano. Mientras Veloso cultiva la charla, Almodóvar se come su postre. Caetano protesta con picardía.
a: Humm... qué rico. Lo hago como el esclavo que prueba para evitar que su amo se envenene.

‘‘En Brasil si comes de mi plato antes de que yo lo pruebe, existe una superstición que dice que ya nunca seremos amantes.” (Caetano).

a: ¿Y por qué?
c: La sabiduría de la superstición.
a: Para mí es una costumbre muy antigua, ancestral, del siervo con el amo. Y como yo te admiro mucho, he representado el papel del ser inferior que prueba, antes que tú, todo lo que vas a comer.
Ante un momento único de seducción gastronómica, entre trufa y trufa aparece el universo femenino musicado o en el negativo como denominador común de ambos.
c: Pedro se muere por sus mujeres porque no lloran de la misma manera que los hombres.
a: Es verdad. Son mucho más arriesgadas, más sorprendentes... Pero también he hecho muchas películas sólo con tíos. Mi ‘feminismo’ viene más de la observación, cuando estaba entre los hombres en la bodega con mi padre o con mis hermanas en el patio aprendiendo a coser.
c: Pero las actrices se quejan de que no tienen papeles, y tú lo sabes porque a ti te persiguen las maduritas.
a: Las actrices se quejan porque una vez que han pasado los 35 ya sólo tienen papeles en el teatro. Yo creo que no tienen papeles femeninos porque el cine se hace para una audiencia juvenil o infantil. Y estamos acostumbrados a que aparezcan como la compañera del héroe o la madre del niño.
c: Hay algo en Pedro que me recuerda a un escritor brasileño llamado Oscar de Andrade, un modernista de los años veinte, que decía: “sólo las mujeres saben conversar”. Y él era enteramente heterosexual y homófobo.
‘‘Canto como mi madre, aprendí a cantar con ella y cuando canto está conmigo”.
a: En Todo sobre mi madre, el personaje de Antonia San Juan, La Agrado dice: “una mujer es tanto más auténtica cuánto más se parece a lo que ha soñado de sí misma”. Y a La Agrado le queda bien, pero a mí me parece el primer anuncio de la locura. Se equivocan los que identifican cada frase de mis personajes con mi persona. Mira, en Carne Trémula me identifico completamente con el sentido de la posesión, casi psicótico, de Pepe Sancho. Y, desgraciadamente, por mucha pluma que tenga, es así de macho como me siento. Yo he conocido a gente como La Agrado, vamos de hecho, La Agrado se llamaba una travesti de París, que no le decía a nada desagradable.

// páginas //