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LITURGIA DEL DESORDEN
(No te sofoques camarada. Otro día
Te hablaré del caos.
Agustín García Calvo)
También producen monstruos:
la fuerza que la razón esgrime,
la matemática del espejo,
dos y dos son cuatro,
los puntos de referencia,
mañana,
las reglas que ejecutan el juego
y el credo anatematizador que proscribe
lo inconmensurable:
yo,
la esfera,
amor o el fuego que se comparte,
la Música,
la liturgia del desorden
y -entre otras magias-
la belleza del Azar en accidente
como por ejemplo:
morir.
ELEGÍA AL ACEITE DE
RICINO
(El hombre histórico es un hombre moldeado,
Construido; el biológico es el origen, lo primero.
Marco Ferreri)
Me apresuré en emitir un vómito,
¡hélas!
Oh gratuidad de la materialización de una
náusea;
dadas las circunstancias políticas
no es conveniente ni oportuno.
Esperanza, compañero, confianza,
¡abajo los escepticismos personalistas,
retrógados e insolidarios!
Vómitos del mundo, uníos
UNO A UNO
y ahogad en bilis pura
a los constructores de futuros.
Que no sean también vuestros jugos gástricos,
víctimas de sus calculadas estrategias. 
LA MÚSICA EN OTRA PARTE
Al piano
se le han puesto los pelos de punta;
le ha puesto la mano encima
un pianista con carnet. 
CUARTETO ELEMENTA
UNO
En su ley de ecuaciones,
no consuela que solicite la combustión
determinados grados de temperatura
ni que dieciséis sea el peso atómico
del oxígeno
ni que lluvia sea la reacción entre dos gases
ni que sean, salvo el mercurio
que sangra planetas de metal,
sólidos todos los minerales
si el quinto elemento se halla, por decreto, fuera
de la ley.
DOS
El aire transcurre y flota y sacia el fuego,
el fuego transcurre y flota y sacia el agua,
el agua
transcurre y flota y sacia la tierra,
la tierra
transcurre y flota en el vacío
de las sepulturas. 
LAS REGLAS DEL JUEGO
No es jugador
Quién impone reglas del juego;
es un impostor. 
LA TERNURA TIEMBLA EN SU LATA
DE SARDINAS
La ternura tiembla en su lata de sardinas
Agazapada como cualquier onceavo dedo;
nostalgia de tacto precarnal.
Profanaré -con voluntad de autoresurreción-
el sepultado altar de avergonzados perfumes
para un reencuentro con la carne viva
de esa (no sé por qué) rechazada
flor. 
TRES PIES NO HACEN UNA YARDA
PRIMER PIE
Todo parece indicar que los pájaros,
en la ortodoxia de las aceras,
se tornan peatones.
SEGUNDO PIE
Peatón apeado.
TERCER PIE
El andar no hace camino;
cava la fosa.
UNA YARDA
La distancia más corta entre dos puntos
es la Música. 
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