AUTERRETRATOS VOL. 1
AUTERRETRATOS VOL. 2
AUTERRETRATOS VOL. 1 y 2

ice Alberto Savinio en su Nueva Enciclopedia, a propósito de la entrada "Cultura", lo siguiente: "La cultura tiene por objeto principal dar a conocer muchas cosas. Y cuantas más se conocen, tanta menos importancia se da a cada cosa: a más fe, menos fe absoluta. Conocer muchas cosas significa juzgarlas más libremente y, en consecuencia, mejor."

Este extracto me ha hecho recordar a Luis Eduardo Aute, a lo que Aute representa en el arte, a lo que siempre ha hecho con la música que ha compuesto, con los cuadros que ha pintado y con las películas que ha dirigido. Quiero decir que me parece que Aute ha practicado esta parte de la cultura a que se refiere Savinio en su excéntrico libro que, dicho sea de paso, no deja de ser una atractiva manera de acercarse a las cosas cuando las cosas empiezan a no servir tal y como se estaba acostumbrado a conocerlas. "Tan descontento estoy de las enciclopedias -dice el autor-, que me he hecho la mía propia para mi uso personal." Esto también me recuerda a Eduardo en cuanto que todo lo que ha hecho ha sido construirse un mundo propio, a su medida, porque el que habitaba estaba incompleto, y así, treinta y siete años después de que grabara su primer disco (antes sólo escribía para otros), nosotros, los autistas, hemos tenido la suerte de poder elegir una vida instalada en esas coordenadas lunáticas que Aute ha ido creando en cada canción, porque Aute, como Baudelaire, ya no escucha a la musa, sino solamente a la voz de su propio corazón.

En la gira "Nudo", 1986

"El amor en un país de ateos, es capaz de conseguir que adoren hasta la divinidad", escribió el conde de Rochester. Aute habla del amor como de un milagro, como una unión común, o sea, una comunión, un acto amoroso en el que dos alcanzan el orgasmo y se transforman en dioses. Entre la música y esa unión de dos cuerpos en armonía: "El verbo se hizo carne / tuya / y carne / mía / y conjugó entre nosotros." En el mismo país de ateos, para Ángel González, si Dios está en alguna parte, es en la música. Una noche hace ya algunos años, en que Luis Eduardo Aute actuaba en un cine de Oviedo -allí se juntó el cine, la música, la poesía (Eduardo preguntaría: ¿no es lo mismo?)- Aute supo que Ángel González estaba entre el público y le invitó a subir al escenario, conocedor del gusto del poeta por los boleros. Ángel González subió, supongo que carraspeó mientras le tomaba el pulso a la guitarra y pulsaba las cuerdas, y se despachó a gusto con un par de boleros que contribuyeron a aumentar el clima de amor del que Eduardo se había encargado hacía rato de abrir la espita. En su disco "Templo", Aute también decía cosas como ésta: "No soy digno, mujer, / no soy digno / de entrar en tu morada; / no debe ser el Paraíso / cueva para el ladrón / encarcelado." Pero estábamos en el tándem amor-dios y los versos finales de El universo nos llevan al apoteosis de la carne en su más alta espiritualidad: "Disuelto en tus entrañas / de líquidos secretos / desentrañaba el nudo / de Dios y su Misterio", claro que por eso encabeza el poema con una cita de Cioran que dice: "En pleno delirio sexual, cualquiera tiene el derecho a compararse con Dios." La canción Sin tu latido contiene un verso en el estribillo, con el que he dado título a estas palabras sobre Aute, que encierra todo lo que yo siempre he sentido como un halo que rodea al artista, algo que va más allá de todo lo imaginable, una unión del cuerpo con un interior que le confiere una categoría superior: "Ay, amor mío, / qué terriblemente absurdo / es estar vivo / sin el alma de tu cuerpo / sin tu latido." En fin, que Luis Eduardo Aute es un poeta que ha cantado al amor, las más de las veces a ese amor que se ha perdido y por el que se llora, como mandan los cánones tradicionales de la lírica; pero también lo ha desdramatizado, ha fundido el amor y el humor con el distanciamiento que deben tener ciertos momentos, por poéticos que sean. Así, desmitifica, ironiza y humaniza el tema amoroso con canciones como Una de dos, Ay de ti, ay de mí o Pumpum, Pumpum en la que tras contar que el corazón es insensible, que ni siente ni padece y que no es otra cosa que una víscera, que padece soplos, taquicardias, etc., termina diciendo que siente que se asfixia, que tiene un dolor que le golpea, que le traspasa "…pumpum, pumpum, pumpum, / que me crucifica, pumpum, pumpum, pumpum, / cuando tú me dejas, corazón".

Estamos, pues, ante un autor que maneja todos los registros poéticos conocidos cuyas combinaciones son un lujo para nuestra sensibilidad, y no sólo cuando se trata del amor y sus misterios sino también al adentrarse en el tema político, denunciando situaciones concretas -la guerra, la corrupción-, (hace tiempo que Aute cantaba-vaticinaba que "La guerra que vendrá / será / la más hortera de todas las guerras / que ha habido y habrá", y aún estamos metidos en la refriega), u otras denuncias no tan políticamente concretas pero tan necesarias como la práctica de la ética, estoy ahora recordando una de las canciones que más me han emocionado, La Belleza: "…Y me hablaron de futuros / fraternales, solidarios, / donde todo lo falsario / acabaría en el pilón. / Y ahora que se cae el muro / ya no somos tan iguales, / tanto vendes, tanto vales, / ¡viva la revolución! / Reivindico el espejismo / de intentar ser uno mismo, / ese viaje hacia la nada / que consiste en la certeza / de encontrar en tu mirada / la Belleza." Estas dos canciones están incluidas en el disco "Segundos fuera" que debe de ser uno de los más combativos que se han escrito, con títulos tan expresivos como Todo es mentira, Va como va, Cómo te atreves o el que da título al álbum.

Toda la obra poética de Luis Eduardo Aute es de una coherencia máxima. Desde sus alegatos contra los burgueses o sus versos a favor de la libertad de Rosas en el mar, pasando por los Aleluyas como una "marca de la casa" inconfundible, hasta su último destello poético que es "Alas y balas" que, por cierto, apuntaba ya en uno de los versos de Aire: "…algo más que los vuelos y revuelos / de tus alas y balas", al igual que en "Alevosía" avanzaba lo que vendría después en forma de "Animal" ("Más que amor, lo que siento por ti / es el mal del animal"), un disco en el que me gustaría detenerme porque me parece una de las aventuras más interesantes en las que se metió el artista; más tarde vendría una nueva aventura en forma de película dibujada llamada Un perro llamado dolor, que es otra forma sublime que tiene Aute de atraparnos en la Belleza.

Con "Animal", Aute escribe lo que él llama Poemigas y experimenta con todo: con la música, la letra, la voz y hasta con los tiempos de cada canción. La más larga, Ánimo, animal dura 4 minutos, 43 segundos, y la que menos 0,30; entre ambas, y hasta un total de 25 poemigas, los hay de 1,40, de 0,58 o de 1,03 minutos. Un experimento por el que planean las vanguardias, Duchamp, Buñuel, Eluard, y también el cine, el arte, la literatura y el caligrama en un original juego de hacer versos, que ya sabemos que no es tal juego desde que lo dijera Jaime Gil de Biedma. Al lector de "Animal", al final, Aute le invita a comprarse "la próxima vez un libro de reclamaciones", y concluye: "Como si no hubiera otra cosa que hacer, / tú, / ¡hala…! / leyendo estas incontenidas incontinencias / sin-con, sin-con, sin-con- / tenido." A otros les da por otros métodos al mostrar sus obras, como Luis Buñuel, que llevaba piedras en los bolsillos cuando presentó su primera película a sus amigos surrealistas por si la reacción del público no fuera lo pacífica que luego resultó ser.

Luis Eduardo Aute escribió Siglo XXI, una canción-homenaje al poeta argentino Santos Discépolo, autor del tango Siglo XX, cambalache, cuya letra sigue teniendo idéntica vigencia que cuando la escribió ("…el que no llora no mama / y el que no mama es un gil"). Así reza la primera estrofa de la canción de Aute: "Siglo XX, cambalache, problemático y febril / anunció Santos Discépolo, un poeta del 2000 / y profeta en aquel tango que cantó a la corrupción / que gobierna las cloacas de la humana condición." El tango está en algunas de las canciones de Luis Eduardo Aute y aparece de una forma u otra: en el bandoneón que suena de fondo en Aire, aire; en el homenaje a Carlos Arjona en forma de elegía en Che, qué mal o en su particular versión del cambalache de nuestro tiempo a que hacíamos referencia, en Imán de mujer en donde vuelve a recordar: "Que el mundo fue y será una porquería / ya lo dijo Enrique Santos / y hoy tengo un día de esos en que sufro / toda esa poesía cruel, / aunque me temo que yo mismo soy quien / me produzco más espanto / al verme comprendiendo las razones de Caín / matando a Abel." Como dijo Joaquín Sabina en ¿Quién es Caín, quién es Abel?: "Si chamulláramos lunfardo / los trovadores de Madrid, / sin mi compadre Luis Eduardo / yo no pasaba por aquí." Más tarde, Sabina, en su libro de canciones, Con buena letra, escribiría al margen estos dos versos: "Mi compadrito Luis Eduardo / se llamaría Discepolín."

Esta declaración Autista la he querido subtitular nada desmedida por dos razones: la primera porque es natural que pretenda no tener la medida de la gratuidad, sino la del equilibrio al valorar la obra poética de uno de los autores vivos más importantes del siglo XX. Un autor por el que respiran Aleixandre, Carlos Edmundo de Ory, Lorca, Monterroso, Sábato, Scott Fitzgerald, Goya, Quevedo, Jacques Brel, Stevenson…, y que nos ha dado canciones como Al alba, Las cuatro y diez, Mira que eres canalla, Albanta o No te desnudes todavía. Y si digo obra poética para referirme sólo a sus letras y no a su música o a la pintura o al cine, tendré que volver a recordar a Eduardo preguntándose "¿no es lo mismo?". Pues no sé, pero en este momento sólo estaba intentando abrir la puerta a sus canciones. La segunda razón del comedimiento es un modesto homenaje a José Agustín Goytisolo que en el año 1985 escribió sobre Ángel González un Elogio nada desmedido, un texto cariñoso y cercano para contar una amistad a lo largo.

Este año la efeméride es importante: Aute cumple 60 años (generacionalmente está junto a Mick Jagger, David Bowie y otros monstruos). Será una buena ocasión para volver a escucharle, unirse a su compromiso y leer otra vez su poesía, la poesía que está en todo lo que Luis Eduardo hace, y en todas sus canciones, porque Aute escribe poemas a los que les pone música, que es un nuevo poema, y lo envuelve con un color de voz tan sugerente que forman la STP, o sea, la Santísima Trinidad de la Poesía. Y como yo no puedo escribir auterretrato mejor que este, que ya lo ha escrito él, lo copio y ya está.

ANIMAL de MANILA
sería
este autémata
que ya
soy

Felicidades al maestro y que ustedes disfruten de la lectura.