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Alberto Savinio en su Nueva Enciclopedia, a propósito
de la entrada "Cultura", lo siguiente: "La
cultura tiene por objeto principal dar a conocer muchas
cosas. Y cuantas más se conocen, tanta menos
importancia se da a cada cosa: a más fe, menos
fe absoluta. Conocer muchas cosas significa juzgarlas
más libremente y, en consecuencia, mejor."
Este extracto me ha hecho recordar a Luis Eduardo
Aute, a lo que Aute representa en el arte, a lo que
siempre ha hecho con la música que ha compuesto,
con los cuadros que ha pintado y con las películas
que ha dirigido. Quiero decir que me parece que Aute
ha practicado esta parte de la cultura a que se refiere
Savinio en su excéntrico libro que, dicho sea
de paso, no deja de ser una atractiva manera de acercarse
a las cosas cuando las cosas empiezan a no servir
tal y como se estaba acostumbrado a conocerlas. "Tan
descontento estoy de las enciclopedias -dice el autor-,
que me he hecho la mía propia para mi uso personal."
Esto también me recuerda a Eduardo en cuanto
que todo lo que ha hecho ha sido construirse un mundo
propio, a su medida, porque el que habitaba estaba
incompleto, y así, treinta y siete años
después de que grabara su primer disco (antes
sólo escribía para otros), nosotros,
los autistas, hemos tenido la suerte de poder elegir
una vida instalada en esas coordenadas lunáticas
que Aute ha ido creando en cada canción, porque
Aute, como Baudelaire, ya no escucha a la musa, sino
solamente a la voz de su propio corazón.
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"El amor en un país de ateos, es capaz
de conseguir que adoren hasta la divinidad",
escribió el conde de Rochester. Aute habla
del amor como de un milagro, como una unión
común, o sea, una comunión, un acto
amoroso en el que dos alcanzan el orgasmo y se transforman
en dioses. Entre la música y esa unión
de dos cuerpos en armonía: "El verbo se
hizo carne / tuya / y carne / mía / y conjugó
entre nosotros." En el mismo país de ateos,
para Ángel González, si Dios está
en alguna parte, es en la música. Una noche
hace ya algunos años, en que Luis Eduardo Aute
actuaba en un cine de Oviedo -allí se juntó
el cine, la música, la poesía (Eduardo
preguntaría: ¿no es lo mismo?)- Aute
supo que Ángel González estaba entre
el público y le invitó a subir al escenario,
conocedor del gusto del poeta por los boleros. Ángel
González subió, supongo que carraspeó
mientras le tomaba el pulso a la guitarra y pulsaba
las cuerdas, y se despachó a gusto con un par
de boleros que contribuyeron a aumentar el clima de
amor del que Eduardo se había encargado hacía
rato de abrir la espita. En su disco "Templo",
Aute también decía cosas como ésta:
"No soy digno, mujer, / no soy digno / de entrar
en tu morada; / no debe ser el Paraíso / cueva
para el ladrón / encarcelado." Pero estábamos
en el tándem amor-dios y los versos finales
de El universo nos llevan al apoteosis de la carne
en su más alta espiritualidad: "Disuelto
en tus entrañas / de líquidos secretos
/ desentrañaba el nudo / de Dios y su Misterio",
claro que por eso encabeza el poema con una cita de
Cioran que dice: "En pleno delirio sexual, cualquiera
tiene el derecho a compararse con Dios." La canción
Sin tu latido contiene un verso en el estribillo,
con el que he dado título a estas palabras
sobre Aute, que encierra todo lo que yo siempre he
sentido como un halo que rodea al artista, algo que
va más allá de todo lo imaginable, una
unión del cuerpo con un interior que le confiere
una categoría superior: "Ay, amor mío,
/ qué terriblemente absurdo / es estar vivo
/ sin el alma de tu cuerpo / sin tu latido."
En fin, que Luis Eduardo Aute es un poeta que ha cantado
al amor, las más de las veces a ese amor que
se ha perdido y por el que se llora, como mandan los
cánones tradicionales de la lírica;
pero también lo ha desdramatizado, ha fundido
el amor y el humor con el distanciamiento que deben
tener ciertos momentos, por poéticos que sean.
Así, desmitifica, ironiza y humaniza el tema
amoroso con canciones como Una de dos, Ay de ti, ay
de mí o Pumpum, Pumpum en la que tras contar
que el corazón es insensible, que ni siente
ni padece y que no es otra cosa que una víscera,
que padece soplos, taquicardias, etc., termina diciendo
que siente que se asfixia, que tiene un dolor que
le golpea, que le traspasa "
pumpum, pumpum,
pumpum, / que me crucifica, pumpum, pumpum, pumpum,
/ cuando tú me dejas, corazón".
Estamos, pues, ante un autor que maneja todos los
registros poéticos conocidos cuyas combinaciones
son un lujo para nuestra sensibilidad, y no sólo
cuando se trata del amor y sus misterios sino también
al adentrarse en el tema político, denunciando
situaciones concretas -la guerra, la corrupción-,
(hace tiempo que Aute cantaba-vaticinaba que "La
guerra que vendrá / será / la más
hortera de todas las guerras / que ha habido y habrá",
y aún estamos metidos en la refriega), u otras
denuncias no tan políticamente concretas pero
tan necesarias como la práctica de la ética,
estoy ahora recordando una de las canciones que más
me han emocionado, La Belleza: "
Y me hablaron
de futuros / fraternales, solidarios, / donde todo
lo falsario / acabaría en el pilón.
/ Y ahora que se cae el muro / ya no somos tan iguales,
/ tanto vendes, tanto vales, / ¡viva la revolución!
/ Reivindico el espejismo / de intentar ser uno mismo,
/ ese viaje hacia la nada / que consiste en la certeza
/ de encontrar en tu mirada / la Belleza." Estas
dos canciones están incluidas en el disco "Segundos
fuera" que debe de ser uno de los más
combativos que se han escrito, con títulos
tan expresivos como Todo es mentira, Va como va, Cómo
te atreves o el que da título al álbum.
Toda la obra poética de Luis Eduardo Aute
es de una coherencia máxima. Desde sus alegatos
contra los burgueses o sus versos a favor de la libertad
de Rosas en el mar, pasando por los Aleluyas como
una "marca de la casa" inconfundible, hasta
su último destello poético que es "Alas
y balas" que, por cierto, apuntaba ya en uno
de los versos de Aire: "
algo más
que los vuelos y revuelos / de tus alas y balas",
al igual que en "Alevosía" avanzaba
lo que vendría después en forma de "Animal"
("Más que amor, lo que siento por ti /
es el mal del animal"), un disco en el que me
gustaría detenerme porque me parece una de
las aventuras más interesantes en las que se
metió el artista; más tarde vendría
una nueva aventura en forma de película dibujada
llamada Un perro llamado dolor, que es otra forma
sublime que tiene Aute de atraparnos en la Belleza.
Con "Animal", Aute escribe lo que él
llama Poemigas y experimenta con todo: con la música,
la letra, la voz y hasta con los tiempos de cada canción.
La más larga, Ánimo, animal dura 4 minutos,
43 segundos, y la que menos 0,30; entre ambas, y hasta
un total de 25 poemigas, los hay de 1,40, de 0,58
o de 1,03 minutos. Un experimento por el que planean
las vanguardias, Duchamp, Buñuel, Eluard, y
también el cine, el arte, la literatura y el
caligrama en un original juego de hacer versos, que
ya sabemos que no es tal juego desde que lo dijera
Jaime Gil de Biedma. Al lector de "Animal",
al final, Aute le invita a comprarse "la próxima
vez un libro de reclamaciones", y concluye: "Como
si no hubiera otra cosa que hacer, / tú, /
¡hala
! / leyendo estas incontenidas incontinencias
/ sin-con, sin-con, sin-con- / tenido." A otros
les da por otros métodos al mostrar sus obras,
como Luis Buñuel, que llevaba piedras en los
bolsillos cuando presentó su primera película
a sus amigos surrealistas por si la reacción
del público no fuera lo pacífica que
luego resultó ser.
Luis Eduardo Aute escribió Siglo XXI, una
canción-homenaje al poeta argentino Santos
Discépolo, autor del tango Siglo XX, cambalache,
cuya letra sigue teniendo idéntica vigencia
que cuando la escribió ("
el que
no llora no mama / y el que no mama es un gil").
Así reza la primera estrofa de la canción
de Aute: "Siglo XX, cambalache, problemático
y febril / anunció Santos Discépolo,
un poeta del 2000 / y profeta en aquel tango que cantó
a la corrupción / que gobierna las cloacas
de la humana condición." El tango está
en algunas de las canciones de Luis Eduardo Aute y
aparece de una forma u otra: en el bandoneón
que suena de fondo en Aire, aire; en el homenaje a
Carlos Arjona en forma de elegía en Che, qué
mal o en su particular versión del cambalache
de nuestro tiempo a que hacíamos referencia,
en Imán de mujer en donde vuelve a recordar:
"Que el mundo fue y será una porquería
/ ya lo dijo Enrique Santos / y hoy tengo un día
de esos en que sufro / toda esa poesía cruel,
/ aunque me temo que yo mismo soy quien / me produzco
más espanto / al verme comprendiendo las razones
de Caín / matando a Abel." Como dijo Joaquín
Sabina en ¿Quién es Caín, quién
es Abel?: "Si chamulláramos lunfardo /
los trovadores de Madrid, / sin mi compadre Luis Eduardo
/ yo no pasaba por aquí." Más tarde,
Sabina, en su libro de canciones, Con buena letra,
escribiría al margen estos dos versos: "Mi
compadrito Luis Eduardo / se llamaría Discepolín."
Esta declaración Autista la he querido subtitular
nada desmedida por dos razones: la primera porque
es natural que pretenda no tener la medida de la gratuidad,
sino la del equilibrio al valorar la obra poética
de uno de los autores vivos más importantes
del siglo XX. Un autor por el que respiran Aleixandre,
Carlos Edmundo de Ory, Lorca, Monterroso, Sábato,
Scott Fitzgerald, Goya, Quevedo, Jacques Brel, Stevenson
,
y que nos ha dado canciones como Al alba, Las cuatro
y diez, Mira que eres canalla, Albanta o No te desnudes
todavía. Y si digo obra poética para
referirme sólo a sus letras y no a su música
o a la pintura o al cine, tendré que volver
a recordar a Eduardo preguntándose "¿no
es lo mismo?". Pues no sé, pero en este
momento sólo estaba intentando abrir la puerta
a sus canciones. La segunda razón del comedimiento
es un modesto homenaje a José Agustín
Goytisolo que en el año 1985 escribió
sobre Ángel González un Elogio nada
desmedido, un texto cariñoso y cercano para
contar una amistad a lo largo.
Este año la efeméride es importante:
Aute cumple 60 años (generacionalmente está
junto a Mick Jagger, David Bowie y otros monstruos).
Será una buena ocasión para volver a
escucharle, unirse a su compromiso y leer otra vez
su poesía, la poesía que está
en todo lo que Luis Eduardo hace, y en todas sus canciones,
porque Aute escribe poemas a los que les pone música,
que es un nuevo poema, y lo envuelve con un color
de voz tan sugerente que forman la STP, o sea, la
Santísima Trinidad de la Poesía. Y como
yo no puedo escribir auterretrato mejor que este,
que ya lo ha escrito él, lo copio y ya está.
ANIMAL de MANILA
sería
este autémata
que ya
soy
Felicidades al maestro y que ustedes disfruten de
la lectura.
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