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reunido en un libro todo el trabajo de una vida (o
de gran parte de ella, espero), produce una muy grata
satisfacción. La posibilidad de seguir el recorrido
de todo un proceso creativo desarrollado en el tiempo
es, en este caso, una experiencia imprescindible para
ejercer un mínimo análisis de esa misma
trayectoria, sólo detectable desde su visión
conjunta. Ésa es, por lo menos, la sensación
que me produce el hecho de ver recopiladas, en este
libro, todas las canciones que he compuesto y se han
editado desde 1966 hasta hoy mismo.
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De alguna manera, este volumen es un punto y aparte
de mi actividad como autor de canciones. Vendrán
otras, "si el tiempo y la autoridad no lo impiden",
que deberán su existencia, sin duda alguna,
a las aquí reunidas. Como considero que todas
las canciones de un autor son, casi siempre, la misma
canción y que ésta nunca acaba de terminarse
como obra abierta que debe ser, he sentido la necesidad
de ir tocándolas y retocándolas con
correcciones algunas veces leves y otras, más
profundas; tanto que casi podrían ser adaptaciones
libres del texto original. No puedo evitar la necesidad
de transgredir y recrear músicas y letras ya
compuestas. Me inquieta pensar que esas canciones
pudieran quedar ancladas en un tiempo y en un espacio,
como si ya hubieran dicho todo lo que tuvieran que
decir. Necesito que sigan vivas, tanto que incluso
me resulta divertida la idea de que algunas de ellas
apenas se reconozcan, como si de canciones nuevas
se tratara, sin descartar la intención de volver
a grabarlas en un futuro próximo.
Todo esto me ha provocado la visión conjunta
de este almario musical que titulo Cuerpo del delito
y que, en ese sentido, sí que es delictivo.
Mea culpa, pero de esta manera y según mi entender,
a lo peor logro que se mantenga viva el alma que le
dio vida a ese cuerpo, tal vez.
Y disculpen la redundancia.
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