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El
tercer disco del rapero, "Sólo para
adultos" (Boa Music), se asienta sobre el
lado menos adolescente rabioso del hip-hop en
español. Los beneficios del uso del condón,
la integridad del "artista" frente a
las multinacionales, discursos metaraperos y la
inmigración son los mandamientos de este
sermón en formato trabalenguas.
¿Qué
compartís la familia del hip-hop en español,
más allá de los tópicos que
se manejan habitualmente?
Aparte del rap en sí, el grafiti y el skate,
compartimos una idea de autosuperación,
y la chulería exagerada, de la que huyo.
Somos un movimiento alternativo rebelde, ajeno
a los medios convencionales. No hay que estar
dormidos.
¿Y
lo de "Sólo para adultos" es
para alertar a los padres o a los hijos?
Para la gente que crea que el hip-hop es sólo
algo de niños. ¡Fuera las chiquilladas!
Nosotros somos el periódico de la calle,
la CNN del barrio. NO pretendemos tener la razón,
sino reflejar lo que pasa.
¿De
dónde te viene a ti el rap? ¿Es
algo natural en tu vida, una crítica común
a todos los que practicáis el rap en español?
Soy de Torrejón y ahí siempre ha
habido rap. A los 13 años me empecé
a animar, como muchos otros. Los que no conocen
dicen que no es algo nuestro, y es falso.
¿Y
lo de la violencia que conlleva o motiva el género
también son habladurías?
Hay de todo. Pero sí que hay cierta violencia.
Tiene que ver con que hay gente muy joven en esto.
Los que nos tomamos esto un poco más en
serio equilibramos la balanza.
¿Eres un cronista
que usa el hip-hop como medio o un rapero de denuncia?
Lo mío es la denuncia con formato de hip-hop.
El formato es el mío pero es lo de menos.
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